personajes de historietas

Llegamos a la humilde morada del señor Robert, que de humilde solo tiene la graba.

Ya he estado con anterioridad con mi antiguo jefe en esta casa. Si pienso en ella como tal, debería referirme a ella como puerta, ventana y un pequeño jardín. Pero no, esta casa por no decir castillo, es del siglo veinte pasados.

Al parecer, y según nos contó el propietario, fue heredada de generación en generación por su familia paterna. Cuanta con innumerables habitaciones, invernadero, salones de baile porque al parecer uno era mala educación, si pienso en la cantidad de baños que posee este lugar no quiero imaginar lo que se gasta en papel higiénico.

También sé que hay lavandería, caballerizas, piscinas al aire libre como cubiertas, canchas de deportes de todo tipo y hasta una arquería. En definitiva, todo lo que puedes encontrar en un castillo medieval solo que reformado y con tecnología de punta y no me refiero a la cañería.

Se puede decir que es un tesoro digno de recorrer. La última vez que vine me perdí y luego de tres horas fui encontrada por una de las empleadas, casualmente cabe destacar.

No entiendo como este matrimonio puede vivir en semejante lugar, pero al pareces es algo que les gusta y sobre todo tener invitados. Mi jefe aparca el coche en la entrada donde un tipo que parece un valet recibe las llaves para llevarlo a comer avena. Ni que fuera un carruaje.

Siempre me sorprendo por la magnificencia del lugar, y eso que no mencione el jardín exótico que se puede ver ni bien pones un pie en el lugar. Miro a mi lado la montaña masculina, que tiene la vista perdida en su celular, al parecer no es fácil de impresionar.

—Buenos días, el señor Robert y la señora Magdalena los espera en gran comedor —anuncia Jaime, el mayordomo. Obvio que ese no es su nombre, pero se parece tanto al de la propaganda de aquel jugo que en mi mente le he puesto ese nombre—. Por favor síganme —dice y posando sus manos en su espalda se gira y nos guía por interminables pasillos hasta que llegamos al nombrado “gran salón”.

—Muchas gracias —digo despidiéndome del pingüino, recibiendo un asentamiento de cabeza como despedida.

Mi jefe no se inmuta en ningún momento, todo esto parece no sorprenderlo. El matrimonio nos recibe con una cálida sonrisa y nos invita a tomar asiento.

Mientras charlamos de distintas cosas, el almuerzo fue servido. Un desfile de camareros fue ingresando con diferentes manjares que fueron dejando en la gran mesa.

No éramos los únicos comensales, ya que los hijos del matrimonio junto con sus parejas y otros que al parecer eran más parientes nos acompañaron.

Como yo ya había desayunado copioso mi apetito era nulo y me sentía que si no comía mínimo un bocado de cada platillo servido seria como una falta de respeto para la anfitriona.

Por lo tanto, me dedique a charlar mientras picoteaba por aquí y por allá. Cada tanto cruzaba mirada con mi jefe que claramente estaba incomodo. Miro a su lado y me percato que la hija del matrimonio estaba muy cerca de mi jefe.

Disimulé que se me había caído una servilleta y cuando me agaché para levantarla pude ver como la descarada esa manoseaba a mi Hulk.

Al acomodarme nuevamente en mi lugar con la servilleta entre mis piernas, mi jefe me mira de manera que me hace pensar que suplica ayuda. Pero como anteriormente él me había dicho que yo solo era una simple empleada más, pues que se arregle solito con su problema.

Sonrío y veo como cada vez traga más seguido y mira para todos lados. La conversación fue pasando de tema en tema y ahora nos encontramos hablando de la campaña publicitaria que estamos por presentar.

Eso le da pie a mi jefe para tomar la palabra y disimuladamente deshacerse de las manos molestas de su acompañante.

Luego de eso pasamos a otra sala donde nos sirvieron te, café acompañado con diferentes postres y confituras. Mi estomago estaba que rebalsaba por lo que solo preferí tomar un té.

Aproveché ese momento para agradecer la invitación y darle el presente que traje en nombre de la empresa para la señora Magdalena que lo recibió gustosa y quedo admirada por la fina pieza que posaba en sus manos.

Cerca de las cuatro de la tarde, pudimos escapar. No puedo negar que venir a este lugar me fascina. Es como estar en un cuento de hadas, pero como no soy ninguna princesa la playa es el lugar en el que me encuentro más a gusto.

Volvemos al hotel en un silencio sepulcral. Cada tanto miro a la inmensidad que se encuentra a mi lado, notando su cejo contraído. Quisiera delinear su expresión con mi dedo y así tratar de quitar esa expresión.

Al darme cuenta por donde va mi pensamiento, me concentro nuevamente en el camino.

—Apenas lleguemos al hotel debe empacar sus pertenencias —lo escucho murmurar y suelto un suspiro. Me hubiera gustado quedarme solo un rato más para disfrutar de la playa y una buena cerveza fresca, ya se está sintiendo el bochorno del calor.

—¿Hay alguna posibilidad, siquiera, de poder quedarnos un rato más? —pregunto. Se que mañana tenemos una montaña de trabajo por hacer, pero.... no todos los días puedes disfrutar de un lugar así.

—Hay mucho trabajo en la empresa —dice y lo miro, si claro como si fuera el, el que lo hace—. Aunque no lo crea, también trabajo.

—Si claro. ¿De quién es el turno mañana? —ironizo refiriéndome a las mujeres que diariamente lo visitan en su oficina. Teniendo en cuenta que hace prácticamente dos días que no le succionan el mal humor, esa oficina va a parecer una escena de Scary Movie.

Una parodia por demás de exagerada si tenemos en cuenta lo chillonas que suelen ser sus amantes.

—¿Quiere anotarse en mi lista? —pregunta de pronto y lo miro incrédula, definitivamente la falta de sexo le a nublado el juicio.

—Ni que fuera la última coca cola del mundo —respondo y el solo ríe. Si, definitivamente la falta de succión le ha estropeado las neuronas—. Debería sacar turno al médico, apuesto que su nivel neuronal debe haber caído sistemáticamente por la falta de sexo.

—No sería mejor que se encargue de eso y evitamos una catástrofe —dice y el coche se para, me pongo nerviosa, pero veo a mi alrededor para percatarme que ya llegamos al hotel.

—Podría haber aceptado los servicios de la hija de Robert y en este momento no estaría tan desesperado por volver a la ciudad a acudir a sus tan esperadas citas diarias —evado sus palabras plantándole otro camino.

—¿Quién dijo que los evadí? —pregunta dejándome anonadada—. La espero en el lobby del hotel a las veintidós horas, disfrute de la playa ese momento que le concedo —concede y baja del vehículo.

Saliendo de mi confusión, bajo del vehículo y me percato que la descarada que manoseaba a mi jefe hace unas horas, baja de un coche y se adentra al hotel de la mano de mi jefe.

¿Y yo pensando que necesitaba que lo rescaten? Creo que la que necesitara ser rescatada sera esa mocosa.

Perdida en mis pensamientos me encamino a la playa. Me acerco a la barra y pido una cerveza bien helada. Tomo tranquila mi cerveza mientras veo el mar en su máxima extensión.

La playa está repleta de gente, niños jugando, divirtiéndose. Parejas de las manos caminando de un lado para el otro compartiendo este lugar tan maravilloso y yo acá como una estúpida tomando una cerveza para enfriar mi sangre, porque sería muy hipócrita que no admita lo que causa esa montaña que tengo como jefe.

Hace tan solo unos días que terminé con Scott y nunca me sentí tan desolada como me siento ahora al saber que esa mocosa disfruta de lo que estoy muy segura que puede ofrecer mi jefe.

Suspiro y cansada ya de este lugar que dejo de tener ese color tan bello al sentirme más sola que una ostra y vuelvo al hotel.

Subo a mi habitación, estoy por ingresar cuando escucho que la puerta de la habitación de mi jefe esta por ser abierta. Inmediatamente ingreso esperando que no me hayan visto y pego la oreja a la puerta, parezco una vieja chismosa.

—¡Es increíble que el gran Sebastián Grande no pueda tener una maldita erección! —grita la mocosa esa y me quedo de piedra ¿Cómo puede ser eso posible?

—Puedes dejar de gritar y entrar, te juro que no sé lo que pasa, pero de todos modos puedo complacerte —gruñe esa mole que ahora descubro que en realidad su nombre es Sebastián.

—No quiero tu lengua quiero ese enorme pene duro como una roca dentro de mi —escupe la mocosa que al parecer no lo es tanto—. Si sabía que la vejez ya te había atacado me quedaba en mi casa a jugar con mis dedos.

Escucho pasos y un portazo. Mi habitación parece vibrar. Y luego de un momento escucho un fuerte ruido como si hubieran roto algo en la habitación de al lado.

No quiero ni pensar que estará haciendo mi jefe porque estoy más que segura que se debe haber convertido en ese personaje de historieta para romper todo a su alrededor.

Ahora lo que me preocupa es el hecho de que, frustrado su succión de mal humor, yo seré la que tenga que lidiar con esa mole y su carácter de mierda.

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Comments

Nicky C May

Nicky C May

🤣🤣🤣 la ceci ya lo dejo inservible para otras

2025-01-17

0

Rosa PaveZ

Rosa PaveZ

😂😂😂😂 llegó tú olma de zapato

2024-12-27

0

Marlet Ramirez💕

Marlet Ramirez💕

Se enamoro jajajaja 😂

2024-09-19

2

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