2 Barbie Malibu

Salgo de esa oficina pensando en las palabras del idiota engreído, casi me hago pis cuando lo tuve a milímetros de mi cara. Juro y perjuro que no me había dado cuento de su tamaño. Es una mole.

Su cuerpo formido parece una montaña y para ser sincera quisiera ser alpinista y escalar cada roca de su odioso cuerpo.

Sacudo la cabeza para borrar esos pensamientos confusos y camino de nuevo a mi oficina y ponerme a trabajar.

Mis años junto a mi antiguo jefe me enseñaron todo acerca de la empresa y al manejo de todo. Cada vez que él se ausentaba ya sea por enfermedad o algún evento familiar, siempre acudió a mí. Su confianza en mí era ciega y gracias a eso puedo decir que me siento parte de todos los logros que se fueron dando con los años.

Ahora es muy distinto que tu jefe este incapacitado a que no quiera hacer su trabajo con la excusa que se está incorporando a esta empresa. Es ridículo solo pensarlo.

Mientras me concentro en lo que tengo en frente y taconeo irritante llena mis oídos para después escuchar como estocada mi pueta. Levanto la mirada para encontrarme con una versión morena de barbie malibu. Silicona, silicona y más silicona con un toque de silicona por aquí y otro por allá.

—Buenos días, soy Lorena —chilla la silicona con patas lastimando mis oídos—. El señor Grande me espera.

Casi me rio al escuchar el apellido de mi nuevo jefe, Grande. Le va justo con su tamaño ¿Qué otra cosa también le ara justicia a su apellido o su tamaño? Nuevamente desvariando y tan temprano.

—Por favor sígame —le indico el camino a la oficina del SR: “Grande” juro que no me quiero reír. Toco la pueta y escucho un adelante—. Señor —digo asomando mi cara, y lo veo parado en frente del gran ventanal con vista a la ciudad ya sin su saco, solo con la camisa haciendo más evidente lo formido de su cuerpo, alpinismo necesito tomar clases—, Lorena ya ha llegado —anuncio y la tipa esa me hace a un lado para pasar por mi costado casi tirándome en el proceso.

—¡Querido! —chilla la barbie malibu, corriendo a sus brazos.

—Hermosa —dice el recibiéndola y me mira— Vete y que nadie nos interrumpa —dice, la tipa esa me mira con un toque de suficiencia que irrita mi humor.

—Como lo ordene señor “Grande” —digo enfatizando su apellido para que note la burla en mis palabras. Su mirada se oscurece y escapo antes de ganarme una carta de despido.

A paso rápido me dirijo nuevamente a mi oficina. Antes de ingresar puedo escuchar la risa chillona de la barbie malibu esa.

Cuando me estaba nuevamente concentrando en mi trabajo, unos ruidos se empezaron a escuchar desde el otro lado de la pared que separa mi oficina de la de mi jefe.

Cabe destacar que mi oficina es como un cubículo, se podría decir que las paredes son como de cristal solo que sin la transparencia. El grosor no supera los diez centímetros. Por lo tanto, no solo escucho cuando una lapicera cae al piso, sino que también escucho cuando, claramente, lo que pasa ahí es muy claro. Ese descarado está teniendo sexo en horas de trabajo y lo peor de todo que ahora entiendo porque me pidió que me encargara de todo. El muy holgazán solo vino a la oficina a fallarse a su novia.

Los gemidos exagerados, sumados a los gruñidos de mi jefe no me dejan concentrarme. Miro la hora y traro de aguantar, con suerte en cinco minutos esto se termina y puedo seguir con mi trabajo.

Cinco minutos ni que ocho cuartos, llevan ya dos horas en la misma cantaleta y al parecer tienen para rato. Frustrada y excitada porque hay que ser de piedra para que la imaginación no vuele y esos gemidos no me existen. Tomo mi bolso y soltando un bufido salgo de la oficina, necesito un café fuerte para soportar todo lo que me espera y todavía no es la hora del almuerzo.

Paso de largo y me dirijo al ascensor, en frente de la oficina hay un bar que sirven café. Me dirijo ahí atendiendo las llamadas que ya desvié a mi celular y mientras espero que me atiendan tomo apuntes.

Me traen mi pedido y salgo nuevamente a la oficina cruzándome en la entrada con la barbi esa. Es increíble lo que el fijador logra en el cabello de las personas porque ni despeinada esta.

Con una sonrisa falsa se despide de mi moviendo sus garras en mi dirección y contoneando sus caderas falsas, saliendo del edificio. Todos la miran como si fuera una celebridad, ruedo los ojos al pensar en la chanchada que debe ser la inmaculada oficina de mi ex jefe.

Subo a mi piso nuevamente tomando una llamada muy importante de un cliente que siempre me focino hablar con él. La riqueza en sus palabras y sabiduría lo hace una persona digna para tener una conversación amena.

Salgo del aparato metálico sonriendo mientras escucho como, Robert indica sus ideas para la próxima campaña publicitaria que desea para su nuevo producto que será lanzado al mercado en seis meses.

Entro a mi oficina y grito del susto tirando mi celular y mi café. Mi jefe se encuentra muy cómodo en mi silla, nuevamente, pero esta vez su pecho este desnudo dejando a la vista la exquisita fisionomía que deseó aprender a escalar.

—¡Mierda! —grito y miro a mis pies para tomar mi celular nuevamente— Lo siento señor Robert, una enorme rata se ha cruzado en mi camino y me ha dado un susto de muerte —digo fijando mi mirada en el que dice ser mi nuevo jefe—, enseguida le agendo una cita para ultimar los detalles para la nueva campaña publicitaria y le mando un carreo para con las fechas posibles de reunión.

Finalizo la conversación telefónica echando humo por los ojos y fuego por las orejas. Me planto frente a la mirada penetrante de mi descarado jefe que al parecer no piensa cubrir ese pecho esculpido, Dios.

—¿Enorme rata? —pregunta poniéndose de pie, intimidándome en el proceso por su enorme físico.

—Mmm... —murmuro retrocediendo, queriéndome fundir con el machimbre de las delgadas paredes de mi ordinaria oficina.

Se acerca tanto a mí que puedo ver a detalle cada cuadro de su musculatura, el poco bello que cubre su pecho y cierro los ojos cuando su respiración talla mi piel.

—¿Qué hacía que no estaba trabajando? —pregunta con esa voz algo ronca que afloja los tornillos oxidados del Titanic—. Que yo sepa la hora del almuerzo no es hasta la una.

—Yo... —juro que quiero concentrarme, pero ahora no solo su respiración se hace presente en mi piel, sino que su aroma varonil esta impregnando mis fosas nasales y basto solo eso para identificar el aroma a sexo que desprendía para contener la respiración y mirarlo ignorando lo intimidada que estaba hace un momento— ¿Eso cree? —espeto empujando su fuerte pecho, error; la corriente que tuve que ignorar recorrió todo mi cuerpo— me paso todo el día, desde que llegue, haciendo su trabajo, hablando con gente importante que se supone que usted debe atender pero que no puede por andar de.... —mientras retrocede con la mirada divertida por mi arranque de furia mi dedo no deja de picar su pecho escultural.

—¿Por andar de qué? —se atreve a preguntar con ese tono que me achica.

—Por andar de calenturiento con esa gata en celo que no dejaba de chillar como moto vieja —suelto y parezco la esposa que le reclama a su marido una infidelidad, ridículo—. ¿Cómo quiere que me concentre en mi labor si sus cosas se pueden escuchar claritas? —lo veo contraer el cejo y mirar a sus lados alejándose levemente de mí, respiro.

—¿Qué tanto escucho? —pregunta sin mirarme.

—Todo —murmuro, si digo en detalle cada cosa que escuchaba mi bochorno crecería y ya no podrá mirarlo a la cara, aunque de la forma en la que se encuentra ¿Quién podría?

—Bien —dice para dejarme con la boca abierta, ¿De verdad que no piensa hacer su trabajo? Mejor busco la manera de que lo haga—. Para la hora del almuerzo vendrá Camila y si no quiere escuchar nada le recomiendo que sea puntual en la toma de su comida.

Dice y sale de la oficina dejándome pensativa. Miro el piso y noto mi café esparcido en él, tomo el pote y lo desecho en la papelera y llamo a servicio para que limpien el desastre y me acomodo en mi lugar para concentrarme en mi trabajo.

Trato de hacerlo, pero de mi mente no deja de venir esa advertencia que me indica que mi jefe nuevamente estará follando con alguna otra versión de barbie malibu. Gruño por lo bruto y holgazán que es. Esto es el colmo, porque mejor no se va a un hotel o burdel, la facha que cargaba esa tipa no creo que haya salido de otro lado.

Llega la hora del almuerzo y cuando me estoy por retirar aparece la susodicha, Camila. De verdad que me da risa. ¿De dónde saca estas copias plastificadas de intento de mujer? ¿Tanto Botox dejaran algo de sensibilidad en la piel?

Antes de escapar de los gemidos extravagantes de mi jefe y ese gato de feria, la acompaño hasta la oficina de mi jefe y anuncio su llegada.

No espero mucho, solo me hago a un lado y escapo como si de un campo minado se tratase.

Salgo a toda prisa del piso, juntándome con mis compañeros que también bajan a almorzar sorprendiéndose de que me reúna con ellos. Por lo general nunca como, solo tomo una fruta o algún batido de la cocina, pero la advertencia de m jefe me lleva a correr espavorida.

—¿Todo bien con el nuevo jefe? —pregunta Valeri y veo el interés en los demás por escuchar mi respuesta.

—Es un idiota con lujo de detalle, solo utiliza su puesto para fornicar, pueden creer que esta mañana estaba con una y ahora se quedó retozando con otra —digo, plantando la semilla del chisme.

—¿No me digas? —pregunta asombrada y rio internamente, chismosa. Asiento en respuesta— pobre de ti y esas paredes delgadas de tu oficina —dice, compadeciéndose de mí.

No respondo y me quedo pensando, si así serán todos los días ¿Tendré que cambiar mi oficina? Maldito idiota.

Luego de comer una ensalada en la cafetería del edificio subo nuevamente a mi labor esperando que la estirada esa ya se haya ido y que pueda trabajar lo que resta de mi día en paz y tranquilidad.

Llego y antes de poner un pie en mi oficina puedo ver como los estantes que contiene carpetas y están apoyados en la pared que divide mi oficina a la de mi jefe, tiembla y las cosas que se encuentra ahí. Miro la pared y parece que se va a caer de cómo se mueve a la vez que los gemidos y gruñidos que se escuchan atraviesan el ambiente.

Diosito dime que hice para merecer esto. Esto está totalmente fuera de lugar, no puedo soportar trabajar así.

Dejo mi bolso sobre mi escritorio y me dirijo a la oficina de mi jefe, respiro hondo antes de ingresar he interrumpir esa puesta triple x que se desarrolla en esa oficina.

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Comments

Bettzi Iseth Nieto Peralta

Bettzi Iseth Nieto Peralta

autora, como que te gustan los tipos grandes. ésta es la tercera novela que leo, de tu autoría, y en todas los hombres son enormes

2024-12-27

1

Janet Garzón Martínez

Janet Garzón Martínez

ceci es la amiga de Marion de mi vecino el gigolo

2025-01-17

0

Anonymous

Anonymous

😂😂😂😂

2025-03-12

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