viaje inesperado

Mientras bailábamos con mis amigas en la despedida de soltera de Marion, no podía evitar sentir que me observaban. Cada tanto buscaba eso que me hacía sentir observada hasta que cuando me fui a buscar algo para beber miré hacia la zona vip del bar y me encontré con esos ojos negros.

Idiota, pensé. Tomo mí trago sin apartar la mirada de esa montaña que se lo ve despreocupado mientras observa todo, pero no puedo evitar sentir su mirada colocada en mí y para corroborar lo espío y me encuentro nuevamente con esos ojos negros.

Seguimos bailando hasta que las embarazadas se quejan de sus pies y ahí decidimos que ya fue suficiente.

Cada una vuelve a su casa, mañana es el día más importante de nuestra amiga y su boda sera en la playa, cosa que nos llevara algunas de horas en la carretera para llegar a destino.

Llego a mi departamento y el descarado de Scott todavía está aquí.

—¿Qué haces aquí todavía? —pregunto mientras me dirijo al baño, necesito una ducha.

—Creí que debíamos hablar —dice siguiendo mis pasos.

—Te hago un lugar en mi agenda para la semana que viene y te mando un mensaje con la fecha y el lugar de encuentro —digo ingresando al baño y deteniéndome en la puerta para enfrentármelo—. Ahora te agradecería que cuando salga no estes, de verdad necesito descansar que por si no lo recordabas mañana se casa Marion y Adrián.

—Pero... —murmura cabizbajo, noto algo de arrepentimiento, vergüenza o no se.

—Mira cariño, no necesito que digas nada, lo nuestro, lamentablemente, ya estaba acabado —digo colocando una mano en su hombro—. Tú y yo lo sabemos bien.

—¿Tienes otro? —me pregunta y lo miro sorprendida.

—No te confundas, que nunca te falte el respeto —digo sincera— sé que mi trabajo me absorbe y eso logro distanciarnos, pero tu falta de fidelidad y confianza llevo al límite nuestra relación.

—No era mi intención —dice arrepentido.

—Lo sé, pero lo hecho, hecho esta —digo y le dejo un beso breve sobre sus labios—. Por los viejos tiempos, adiós.

—Sabes que siempre te querré —dice, tratando de retenerme.

—Yo también, fuiste mi primer amor, pero por lo visto no éramos el uno para el otro —digo y sierro la puerta.

Preparo la tina, necesito relajarme. Lleno a tope de agua y me sumerjo en ella olvidando las penas. Me tomo mi tiempo para bañarme, acicalarme y luego de secarme unto mi cuerpo con crema.

Al salir el silencio que se planta en el departamento hace que mis ojos se inunden de lágrimas. Ame con todo mi corazón a ese idiota que me cambio por sexo barato. Ahora debo pasar página y preocuparme por mí.

A la mañana siguiente me levante a los saltos, me quede dormida. Luego de llorar como idiota, cosa que necesitaba, me levante y cargando mi maleta con la ropa que necesitaría para el evento salgo corriendo de mi departamento para subirme a mi coche con destino a ese hermoso hotel donde se daría la boda de mi amiga.

Pisando el acelerador, arriesgando a que la policía me detenga por sobrepasar el límite de velocidad me dirigí a la costa.

Al llegar casi corrí para hacer mi registro y unirme a mis amigas que ya estaban con Marion.

La boda fue hermosa, Sylvanas recibió el ramo de la novia como si fuera una premonición en ser la siguiente novia, solo que con el pequeño detalle que nuevamente se encuentra soltera tanto como yo.

La noche la termine despatarrada en mi habitación de hotel, el cansancio acumulado más sumado todo el alcohol que había tomado me dejo medio muerta en la cama.

Por la mañana me despierta el molesto ruido de mi celular al no dejar de sonar. No puede ser que siendo fin de semana no pueda librarme de ese aparato despreciable, y si hablo de mi jefe porque es el, el que interrumpe mi preciado sueño.

—Señorita Diaz al fin atiende —escucho que dice Hulk.

—La señorita Díaz no se encuentra disponible, deje su mensaje después del piiii.... —digo y cuelgo la llamada.

¿Qué se cree que por ser domingo le voy a dar bola? Si fuera la mitad de lo que era mi antiguo jefe, siquiera lo pensaría.

Me acomodo en la reconfortante cama y nuevamente trato de conciliar el sueño cuando mi celular nuevamente comienza a sonar. Tapo mis oídos con una de las tantas almohadas que me acompañan, pero no logran que eso borre el sonido cansador de mi teléfono al sonar, debería apagarlo.

Lo tomo, pero al no ver lo que hago contesto la llamada.

—Señorita Diaz, si vuelve a cortar la llamada juro que en este momento firmo su carta de despido —escucho que grita Hulk, ¿Se habrá puesto verde?

—Por si no se ha dado cuenta es domingo —gruño al teléfono sin apartar mi cara de la almohada.

—Mi tío siempre me decía que usted estaba para el en cualquier momento del día ya sea día de semana o fin de semana —murmura y veo que sabe diferenciar una persona de otra.

—Si, su tío como bien dijo —respondo inmediatamente sintiendo que el alcohol se sube a mi cabeza o a mi garganta—. Usted no es como su tío, no se merece siquiera que le dé la hora.

—Cecilia, si no quiere que la despida, la espero en el aeropuerto en media hora —espeta y no entiendo porque debería estar en el aeropuerto.

Siento que algo no anda bien y me levanto apresurada de la cama, para correr al baño y vaciar mi estomago en el inodoro.

Luego de lavar mi cara y cepillar mis dientes vuelvo a la habitación para percatarme que la llamada no fue cortada, mierda.

—Lo siento, creo que deje un clon en el inodoro —digo tomando el teléfono.

—La escuché, como le dije, la necesito inmediatamente aquí —insiste.

—Pero no estoy cerca, mínimo necesito cinco horas para llegar —digo y escucho un gruñido, ahora si se convirtió. ¿Cómo se verá su pecho musculoso cuando su camisa se rompa por la presión?

—¿Cómo puede ser que se encuentre tan lejos? Acaso no recuerda la reunión que tenemos mañana temprano con el señor Robert —menciona y fue como un balde de agua fría. De pronto ya me encuentro despabilada.

—¡Mierda, mierda! —grito y me levanto buscando mis pertenencias por la habitación—. Lo había olvidado, la boda de mi amiga ocupaba mi mente —grito.

Miro la playa desolada y se me ocurre una idea.

—¡No me importa la boda de su amiga! ¡Tenemos un viaje que tomar! —claro ahora se acuerda de hacer su trabajo, resoplo—. Vuelve a resoplar y le prometo que cuando la tenga en frente hare que resople deveras.

—¿Podría venir a buscarme? —pregunto evadiendo sus palabras.

—¿Cómo? ¿Usted está loca? —pregunta.

—Si, puede ser. Hay que estar loco para aguantarlo a usted —digo y me percato que lo dije en voz alta— estoy en un hotel donde la playa es enorme —hablo inmediatamente tratando de que no haya oído mis palabras.

—Mándeme la ubicación y veremos que podemos hacer, en cuanto a no aguantarme eso se puede solucionar —dice y corta la llamada.

Me tiro de espalda en la enorme cama y suelto un grito. Mierda y más mierda, debo mover el trasero.

Me levanto y junto las pocas prendas que traje y las meto en mi maleta. Me doy una ducha rápida y salgo de la habitación del hotel. Me dirijo al restorán del bar y pido un café negro como los ojos de mi jefe, para llevar.

Hace media hora que le mande la ubicación a mi jefe y suena mi teléfono con un mensaje de Hulk anunciando su pronta llegada.

Salgo disparada hacia la salida, rumbo a la playa. Bajo mis lentes de sol que llevo sobre mi cabeza, el sol está en su punto más alto y hace arder mis ojos.

Tirando de mi maleta y haciendo equilibrio para no derramar mi café llego a la playa justo a tiempo cuando el jet de la empresa aterriza frente a mí.

La gente que pasea por la costa me queda mirando mientras yo me siento como la princesa que vienen a rescatar.

—Buenos días —saludo subiendo al avión, tratando de disimular la resaca.

—Buenos días señorita Diaz —saluda la azafata.

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Comments

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

valgame tanto le urge a Grande que hagan su trabajo qué hasta fue x ella

2024-08-17

2

lisbeth mijares

lisbeth mijares

me encanta la historia 🤣

2024-06-21

2

Anonymous Carmen diaz

Anonymous Carmen diaz

Es una historia pero Ceci no lo aceptes respétate el no lo hará

2024-05-31

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