bipolar

Termino de arreglarme y a la hora indicada, solo faltando un minuto me dirijo al lobby. Llego y ni señales de la mole. Estoy por acomodarme en uno de esos pomposos sillones a esperar, pero una fragancia ya conocida para mi me detiene para voltear y encontrarme con la mirada de mi jefe.

En ella puedo ver ira contenida, su respiración es errática, mientras que sus dientes rechinan por la presión que ejerce al apretar tanto la mandíbula. Quisiera escalar esa enorme montaña y tallar una sonrisa como la que tenía en la playa.

Salgo de mis pensamientos al ver que esa enorme masa muscular se voltea y dirige sus pasos apresurados, pisando fuerte y de manera tosca a la salida. No lo pienso demasiado y salgo casi corriendo detrás suyo.

No sé porque, pero tengo el leve presentimiento de que ese mal humor se debe a mí. Lego al coche que nos llevara hasta el aeropuerto y subo en el sin mediar palabra alguna. De hacerlo creo que perderé algo vital.

Ahora el problema más grande radica en el hecho de que mi coche quedo en el hotel donde se realizó la boda de mi amiga. ¿Cómo hago para decirle que me deje en el mismo lugar que me recogió sin que me mate en el proceso?

Mientras abordamos el avión privado de la empresa, miro su espalda culturas. Rocas y rocas por explorar. Llego a ese lugar que con cada paso que da se mueve sincronizado y por lo ajustado de su pantalón se puede apreciar lo redondito que es. Una obre de arte perfectamente tallada.

Suspiro y desvió la mirada ¿Qué hago apreciando el trasero de mi jefe? Sera que su enfermedad es contagiosa y ahora la infectada soy yo. Seguro, debería hacer una prueba. Dos más dos es... cuatro. No, todo bien.

Termino de ingresar al avión, saludo a la azafata que es la misma que nos acompañó cuando vinimos hasta aquí y por la mirada de susto que carga ya se debe haber percatado que la mole viene de mal humor.

Faltaría que ahora deba ponerme en campaña de encontrar una succionadora del mal humor para no ser víctima de una catástrofe. Refunfuño por lo bajo maldiciendo la hora en la que mi ex jefe decidió jubilarse.

Me siento en una butaca que está al lado de la de mi jefe. Tengo ganas de encerrarme en el baño y salir cuando lleguemos, así de cagada de miedo estoy.

¿Si le digo ahora, que debo aterrizan en la playa se convertirá en Hulk? No, muy probable que se convierta en Venom y me coma la cabeza. Mierda debo dejar de ver tantas películas.

Haciendo tripa corazón y apretando el trasero para no hacerme del dos, miro a mi jefe que para mi suerte luce menos enojado.

—Señor... —mierda, si su mirada matara ya estaría a cuatro metros bajo tierra y yo solita me encargaría de cavar la fosa.

—No me llames así —murmura entre diente.

—Sebastián neces...

—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunta cambiando su semblante, cortando mis palabras para que me dé de frente con algo por ser tan burra. Pienso rápido y miro los papeles que sobresalen de su portafolio.

—De los documentos que ha firmado de la empresa —contengo la respiración esperando que se crea mi mentira. Pero antes de darle la posibilidad de pensar en mi respuesta termino con mi petición—. Como le decía, necesito aterrizar donde me recogió, mi coche quedo en ese hotel.

—No —dice, claro y fuerte.

—¿Cómo? —pregunto idiotamente.

—Lo que escucho, mañana mando a una grúa para que lo traiga —decide deliberadamente. Gruño un insulto.

Cruzada de brazos y enojada como una niña pequeña me quedo comprimida en mi lugar. Lo peor no sé porque me molesto si de antemano debería saber que esa mole hace lo que se le antoja.

Decido no darle muchas vueltas al asunto y aprovechar que el viaje se demora alrededor de tres horas y me acomodo para echarme un sueñito.

—¿Por qué no usas la habitación para dormir más cómoda? —escucho que pregunta y levanto la mirada.

—No me corresponde —digo, sabiendo de sobra que ese cuarto es para el no para mí, después de todo soy una simple empleada.

—No me contradiga y aproveche a dormir dignamente —sin ánimos de discutir me levanto y me dirijo a paso seguro a ese cuarto que desde que trabajo para la empresa no tengo la menor idea de cómo es.

Ingreso y me quedo con la mandíbula desencajada. Esa cama es digna de la realiza. Me siento en ella para aprecias lo suave y mullida que es. Desato mis tacones y me arrastro sobre ella como gatita en selo, solo me falta maullar y ni bien mi cara toca la almohada la desgraciada me manda al quinto sueño.

Debo estar soñando, porque definidamente no soy alpinista y esa montana con la mirada oscura igualita a la de mi jefe me está mirando. ¿Desde cuándo las montañas tienen rostro? ¿O será que se trata de una versión renovada de la película Ricky Ricón?

De pronto me encuentro entre los musculosos brazos de esa mole que me agarra para alejarme de él, trato de apegarme más a él riendo y quejándome.

—Deja que talle una sonrisa en tu montañosa cara —digo tratando de llegar nuevamente a su rostro, pero me aleja y yo rio divertida al ver la expresión que tiene—. Vamos Sebastián, solo un poco... —digo tratando de convencerlo.

—Solo si primero me das lo que quiero —expresa ese rostro cincelado por el viento, mi montaña favorita.

—¿Si te lo doy, tú me darás el tuyo? —pregunto y comienzo a car por el vacío gritando su nombre.

—Despierta —escucho que me dicen y golpean levemente mis mejillas.

Lentamente salgo de ese sueño que se convirtió en pesadilla al caer por el vacío. Mi corazón late desbocado, y el susto se planta en mi cuerpo al sentir todavía la presión de caer sin fin.

Miro esos ojos negros que me confunden y me abalanzo sobre el abrazándolo. De inmediato su cuerpo se tensa haciéndome acordar de esa montaña y de lo pequeña que me sentía a su alrededor, pero con una seguridad que o sentí en ningún otro lado.

—No me dejes caer —murmuro y siento como una de sus manos se posa en mi espalda, logrando calmarme de forma inmediata.

—Solo fue un sueño —susurra, pero no me aparta, solo me acaricia hasta que mi corazón errático vuelve a latir con normalidad.

¿Qué fue todo eso? No puedo evitar pregúntame. ¿Qué significado tendrá ese sueño?

—Lo siento —digo sintiéndome más tranquila, libero a mi jefe.

—No pasa nada, ya estamos por aterrizar —dice cambiando su semblante al mismo de siempre, se aparta y sale de la habitación.

Bien, ahora no solo es Hulk, Venom, o una montaña apetitosa, también es bipolar.

Salgo de la habitación sintiéndome rara, ese sueño de veras que lo fue, pero la sensación de caída no se aleja de mí y de veras quisiera agarrarme de esa enorme roca para sostenerme y que me ayude a alejar ese sentimiento de mí.

Me acomodo nuevamente en mi lugar y miro disimuladamente a esa mole que mira su celular con atención.

No tardamos en aterrizar y de la misma manera en la que subimos a este avión, en silencio, así fue el camino hasta que me dejo en mi departamento.

—Mañana vendré por usted —dice la mole, rompiendo el mutismo en el que habíamos caído.

—No es necesario —murmuro.

—Lo sé, pero de todos modos lo hare —dice sin siquiera mirarme y bajo de ese vehículo algo confundida.

Me encamino a mi departamento para entrar y quedarme pensando en el alocado fin de semana que tuve. Desde la boda de mi querida amiga con su vecino hasta esta reunión con el cliente que me mostro una nueva cara de la mole que es mi jefe, pero que me desconsienta con sus contestes cambios de humor.

Espero que la que le succiones el mal humor haga bien su trabajo mañana porque si no será todo un desafío aguantar su carácter de mierda.

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Comments

Marlet Ramirez💕

Marlet Ramirez💕

Creo que nunca se a enamorado y ahora no sabe que le pasa.

2024-09-19

2

Lourdes Mendez

Lourdes Mendez

bipolar si muy bipolar nos salio Sebastian

2024-08-17

1

lisbeth mijares

lisbeth mijares

me encanta la historia 😍

2024-06-21

2

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