La fiesta de cumpleaños de Rosalinda estaba llena de pretendientes a su mano, todos esos hombres habían sido invitados por el reu Darío su padre.
Para Darío la mejor alianza que podrían hacer en esos momentos donde el hambre asomaba su cruel rostro en algunas comarcas en su reino y algunas comarcas cercanas a su reino ya la estaban sufriendo.
Siendo rey, Darío conocía de que entre lps reyes y príncipes habían hombres de basta experiencia en solucionar éste tipo de males y ellos estaban dispuestos a crear una poderosa alianza entre reinos y vencer lo que se avecinaba en todos los reinos.
Los días pintaban un color gris, había llovido muy poco y la sequía hacía estragos en las comarcas y un mal que preocupaba a muchos lo traían las plagas que azotaban los cultivos como un enemigo peligroso al que no sabían como combatir.
Y la esterilidad de las tierras y la escasez de sus frutos preocupaba a todos.
Darío pensaba que tanto su hija Rosalinda como sus nietos podrían traer esperanza a su nación y a los reinos aliados, todos esperaban que al unirse pudieran combatir un enemigo en común y salir de una de las peores crisis que podría haber sufrido la tierra.
A Rosalinda y a Mabel las esperaban pretendientes nobles, como reyes y príncipes.
A Arkenor un compromiso real.
Esa era la solución que vislumbraba el rey Darío.
Mientras en su cabeza rondaba los mejores pretendientes y la mejor y más hermosa princesa para comprometer a su gallardo nieto Arkenor.
Su esposa Anelis le traía a su hija y a sus nietos una sorpresa.
¡Hija mía, te deseo un grandioso cumpleaños!
Una vida venturosa y que todos tus sueños se cumplan...
¡Gracias mamá!
¿Pero porqué me traes esa flor casi muerta?
¡Para qué le des vida!
Le respondió Anelis con una gran sonrisa
¡No comprendo mamá!
¡Es muy fácil hija mía!
Solo mira...
Mabel y Arkenor, acerquense también, quiero que me ayuden, traje más plantas casi sin vida, están fuera de la habitación, traigan las masetas y démosle vida juntos...
Arkenor miró muy extrañado a su hermana, pero Mabel parecía entender lo que pretendía su abuela, lo que todos ignoraban era que Anelis no buscaba averiguar algo, sino mostrarles algo.
Cuando hubieron traído las cuatro masetas con las plantas Anelis puso cada una frente a sus nietos, una ante Rosalinda y una ante ella.
¡Bien, ahora solo hagan lo que yo!
Rosalinda y sus hijos se miraban confundidos, pero obedientes observaron lo que hacía Anelis.
De pronto las manos de Anelis se pusieron sobre la tierra seca moviendo su mano como si le transmitiera vida a la tierra y luego un rayo de luz envolvió a la planta y la planta seca recobró la vida y se llenó de fruto.
¿Qué esperan?
¡Vamos hagan lo que me vieron hacer, o si lo prefieren háganlo como ustedes saben hacerlo!
Arkenor y Mabel se sorprendieron de que su abuela pudiera hacer lo que ellos hacían y sin chistar lo hicieron como solían hacerlo y sus plantas recuperaron su vigor y dieron abundante fruto.
¡Ahora tú hija mía!
Le pidió Anelis
Abuela, mamá no puede hacerlo...
Le dijo Arkenor
Te equivocas Arkenor, tu madre puede hacer eso y más...
Pero al igual que yo lo ha escondido para no ser vista como un ser extraño...
¿Es verdad eso mamá?
Le preguntó su hija Mabel
Mamá tiene razón...
Dijo Rosalinda y pasando su mano suavemente sobre la planta, la vida volvió a la planta y se llenó de flores.
Yo creí que había recibido éste don por estar con tu padre, aunque cuando niña yo solía hacer florecer las plantas que se veían tristes como me sentía yo, pero dejé de hacerlo y olvidé que podía hacerlo hasta que conocí a tu padre...
Mamá, no sé que secreto se oculta tras éstos dones, pero el padre de mis hijos no ha muerto, él es un rey de otro mundo y tiene grandes poderes...
Por eso mis hijos heredaron muchos de sus dones y son capaces de hacer mas cosas de las que yo he podido hacer...
¡Me imaginé eso hija mía!
Porqué te fuiste y aunque nadie notó tu ausencia yo pude sentir que no estabas aquí...
Yo tampoco sé que provoca esto en mí, y siempre temí preguntarle a mi madre, pero recuerdo que un día la vi hacer lo que yo y ella no me dijo nada, solo me pidió hacer lo mismo que yo le pedí hacer a ustedes...
Mi hermana Anenya no tenía estos dones, y creo que le fueron negados porqué habría hecho mucho mal si los hubiera tenido...
Pero ahora que sabemos que tenemos en nosotros ésta gracia, debemos usarla para ayudar a nuestro reino y así no tendrán que casarse...
¡No queremos casarnos ni comprometernos aún!
Exclamaron Arkenor y su hermana
No serían solo ustedes mis queridos nietos, tu padre quiere casarte Rosalinda, está muy angustiado por lo que se ve venir sobre la tierra, pero juntos podremos cambiar esa realidad...
¡Y lo haremos en secreto!
Visitaremos las comarcas y pondremos vida en sus tierras y les pediremos que lleven de esa tierras a otras comarcas, incluyendo a los reinos vecinos...
Y veremos florecer nuestra tierra y nadie tiene que saber como sucedió, solo se sentirán agradecidos con el rey Darío y la familia real...
Y tú mi sabio nieto podrás realizar los planes que sugeriste para irrigar las tierras y tú mi hermosa Mabel les enseñarás a crear productos para vender y tu madre y yo les abriremos mercado entre los reinos...
¡Esas serán las mejores alianzas que éste reino pueda tener y nadie los alejaría de mí!
Acabo de encontrarlos y quiero tenerlos conmigo...
¡Nosotros también mamá, queremos quedarnos contigo!
Además mamá, yo sigo amando al padre de mis hijos y aunque no pueda estar con él, porqué a tenido que casarse para unificar reinos y ahora tiene un heredero a la corona...
Lo seguiré amando mientras viva...
¡Te comprender hija mía!
Yo amé a tu padre para siempre y mi corazón nunca podrá ser de nadie más. Pero, aunque me duela decir esto...
Algún día y no muy lejano, amada hija, tendrás que cumplir con el deber real de casarte con alguno de los poderosos reyes que hoy nos acompañan...
Rosalinda hija mía, trata de encontrar entre todos ellos a uno que puedas llegar a apreciar y que puedas considerar amigo...
Porqué si será necesario por nuestro reino y por la corona, una alianza que le permita a tus hijos casarse y convertirse en grandes monarcas...
¡Perdona hija, pero ese es tu deber!
Con mirada triste Rosalinda comprendió lo que pudo sentír Anjegor ante sus sentimientos y su deber con su reino y asintiendo Rosalinda se preparó para conocer entre sus pretendientes al más óptimo para aceptarlo como su futuro esposo.
Sus hijos la miraban y comprendieron también su destino y apoyando a su madre abrazaron a Rosalinda quién con lágrimas en los ojos besó sus frentes.
¡Siempre estaremos juntos!
¡Siempre mamá, por siempre juntos!
A aquel abrazo se unió Anelis quién les dijo: ¡Siempre contarán conmigo, yo nunca me alejare de ustedes!
A Rosalinda le esperaban muchos retos emocionales y uno de ellos y el más duro de enfrentar era el de alejarse para siempre de Anjegor.
Él era el rey de Zouquibia y ya tenía una esposa que lo amaba, Rosalinda lo pudo ver y un hijo que necesitaba a su padre, ella ya había disfrutado de quince años felices a su lado, ahora debía dejarlo todo en el pasado y mirar a su futuro en el reino de su padre el rey Darío.
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