Rosalinda abrió la puerta de su casa hallandose ante ella a una imagen innegable, la mujer frente a ella era su viva imagen, Rosalinda estaba paralizada y no sabía que pensar ni de qué decir y mucho menos qué hacía toda esa gente en sus carruajes elegantes frente a su casa.
Al ver la sorpresa en el rostro de la joven madre, la mujer frente a ella habló: Me dijeron que habías muerto al nacer, ¡pero yo nunca lo creí!
Mi corazón me decía que estabas viva, que lo que me habían dicho no era verdad, pero habían muchos interesados en que tú no existieras, que era mejor para ellos hacerte morir...
Pero mi hermana no pudo hacerlo, no pudo matarte, te dejó vivir y me hicieron creer a mí que tú habías muerto, haciendo pasar a otra bebé por ti...
Tú padre y yo hemos sufrido mucho todos estos años al creerte pérdida y hoy...
¡Hoy te tengo frente a mí, mi Rosalinda, me siento tan feliz de encontrarte!
Tu padre y yo por fin vamos a casarnos, es como un sueño maravilloso el que me ha despertado esta mañana con la noticia de que estás aquí y que tengo nietos también...
La princesa Anelis hablaba emocionada sin percatarse de lo que estaba sintiendo o pensando Rosalinda.
Rosalinda queriendo confirmar lo que aquella mujer le decía, escuchandolo claramente de sus labios le preguntó: ¿Quién; quién es usted?
¡Yo soy tu madre Rosalinda, tu verdadera madre, y tu padre es el rey Darío!
¡Eso no puede ser!
Se supone que yo soy la hija bastarda del príncipe, hijo del rey Darío...
No hija mía, ¡Todo fue una mentira!
Tú eres hija del rey Darío y mía, la futura esposa del rey Darío y tú mi amor, mi bella hija, serás coronada el día de nuestra boda como legítima heredera al trono y tus hijos serán príncipes amados en el reino de Darío su abuelo...
Ya no estarás sola ni tendrás que vivir más escondida...
Todos en el reino saben de ti y de tus hijos, y los proclaman como príncipes y desean conocerlos...
La princesa Anelis lloraba de la emoción de tener a su hija a poca distancia de sus brazos y deseaba con todo su corazón poder abrazarla.
Rosalinda era el nombre de mi madre y yo fui quién te nombró así al nacer...
Rosalinda no podía creer lo que escuchaba mientras sus hijos sonreían felices al saber que eran de sangre real y no solo por su padre el rey de Zouqibia sino por parte de su madre y de sus abuelos en la tierra.
Mamá, el rey tu padre llora desde su carruaje, ¿no deseas que te abrace y que nuestra abuela pueda sentir a su hija en sus brazos?
Le decía Mabel, queriendo que su madre reaccionara con alegría ante tan maravillosa noticia
Sabías palabras de mi pequeña princesa...
Le dijo la princesa Anelis acariciando la mejilla de la muchacha
¡Mabel! Ese es mi nombre ¿y el de su majestad cual es?
Anelis, así se llama tu abuela cariño...
Anelis ...
¡Que hermoso nombre! Y el nombre de mi callado hermano es Arkenor...
¡Que nombre tan maravilloso! Parece elegido por un rey...
Mabel y Arkenor se miraron y sonrieron, un rey había elegido el nombre de ambos, el rey Anjegor, su padre había elegido sus nombres.
Darío no pudo esperar más y salió de su carruaje. Al caminar hacía su hija un impulso lo tomó y abrazando a Rosalinda lloró al tenerla en sus brazos, contagiando a todos los que lo miraban.
¡Te amo hija mía y agradezco al cielo que estés viva y que me hayas hecho abuelo!
Tus hijos son tan hermosos, una bella princesa y un gallardo príncipe...
No puedo estar más orgulloso ni más feliz al encontrarlos...
Anelis tu madre siempre dijo que estabas viva y que la niña en aquella tumba no eras tú...
Hoy agradezco equivocarme y te pido hija mía que vengas con nosotros y tomes tu lugar en el reino de tu padre...
Tus hijos serán mi tesoro y yo los protegere y a mi lado tendrán el lugar que merecen como príncipes, hijos de sangre real...
Al escuchar lo que le decía su padre el rey Darío, Rosalinda recordó lo que había hecho Anjegor y sin pensarlo dos veces contestó: Acepto irme con ustedes y tomar mi lugar a su lado y mis hijos también vendrán gozosos conmigo para ser coronados como príncipes...
Mabel y Arkenor estuvieron de acuerdo en irse a vivir en el Palacio real con sus abuelos.
El abrazo que deseaba darle Anelis a su hija se lo dio Rosalinda a Anelis y le dijo ante todos: ¡Gracias mamá porqué nunca renunciaste a mí, en tu corazón siempre me mantuviste viva!
Tu amor me dio la libertad de amar y gracias a eso que herede de ti, tengo dos preciosos hijos, tus nietos.
La dicha embargo a todo el reino, la princesa Rosalinda venía a vivir entre los suyos y sus hijos también habían aceptado ser parte de la corona y habían acogido al pueblo como suyo.
Hubo gran gozo con la boda real y la coronación de la princesa Rosalinda y de sus hijos. El reino tenía esperanza en la heredera del rey Darío y la reina Anelis y en sus gentiles hijos a los que recibieron con corazón abierto.
Mabel y su hermano Arkenor se sentían agusto en un lugar dónde no tenían que esconderse y podían ser llamados por sus legítimos nombres; ¡príncipes!
Mientras Rosalinda y sus hijos disfrutaban de su nueva vida como parte del reino de su padre el rey Darío y se dedicaban a conocer a su pueblo.
Anjegor ya se había casado, las fiestas de su boda real ya llevaban diez días y estaban por terminar.
Anjegor estaba ansioso por volver a ver a su mujer Rosalinda y a sus hijos Mabel y Arkenor, deseaba que el festejo de su boda con la princesa Flor de Loto terminara para correr a ellos.
Los extrañaba muchísimo y deseaba hablar con su amada Rosalinda y mucho más tranquilos y llegar a un acuerdo de amor entre los dos.
Ya había hecho varios planes y deseaba exponerselos a Rosalinda y que ella aceptara al menos uno de ellos.
Anjegor deseaba tener la oportunidad de convencer a su mujer de perdonarlo por tomar a otra mujer por esposa.
Llevaba muchas opciones en su cabeza para proponerle a Rosalinda y en su corazón su amor por ella a punto de desbordarse.
Los dos días que faltaban para que terminara la celebración de su boda terminaron y ese era el momento que Anjegor estaba esperando, los tres Reyes del Norte se irían con sus grandes comitivas y él podría ausentarse para ir a buscar a Rosalinda.
En la mañana mientras su esposa aun dormía salió de la habitación real y se marchó a un punto discreto del jardín y abrió un portal, Anjegor iría por Rosalinda y no aceptaría una negativa de su parte, su mujer Rosalinda volvería a sus brazos que agonizaban por sentirla.
Una vez ante el portal Anjegor se dijo: ¡Me estoy muriendo sin ti Rosalinda y cada día lejos de ti a sido para mí una prisión tortuosa!
¡Te amo más que a mi propia vida Rosalinda y no concibo vivir la vida sin ti a mi lado, mis hijos Mabel y Arkenor me necesitan mi amor y es por ellos que te pediré que me perdones y recibas mi agónico corazón en tus brazos!
Al traspasar el portal Anjegor encontró mucho silencio en la casa así que empezó a buscar señales de vida en la casa.
Pero no había nadie allí, ni su mujer Rosalinda ni sus hijos tampoco, y buscando por la casa tampoco halló allí a las mujeres a las que él encomendó cuidar de su mujer y de sus hijos.
Desesperado Anjegor empezó a gritar el nombre de su mujer: ¡Rosalinda! ¡Rosalinda! ¿Mi amor dónde estás?
Pero el eco de su voz era quien le respondía y nadie más.
¡No puede ser!
No logro sentirlos...
¿Dónde están?
¿Dónde estás mi amor, a dónde te fuiste?
¡Rosalinda! ¡Contéstame! Mi amor si puedes sentirme o escuchar mi voz, dime dónde estás he iré a ti...
Pero eran los árboles los que respondían a su llanto desesperado y los que le devolvieron el sonido de su voz...
El nido de amor que compartío por quince años con su mujer Rosalinda estaba vacío y solo el silencio y la ausencia lo llenaban y el dolor de Anjegor lo llevó a dejarse caer en la misma cama que sirvió de abrazo para su amor con Rosalinda, y se volvía refugio para las lágrimas que caían como lluvia de los ojos del rey Anjegor de Zouqibia.
Su corazón estaba destrozado, había perdido a la mujer que amaba por no haber tomado la decisión correcta.
Rosalinda se había ido y él no lograba sentirla, ni a sus hijos tampoco. Eso significaba que había mucha distancia entre ellos y no solo en espacio y tiempo, sino en dolor.
La puerta al corazón de su mujer se había cerrado y todo por su culpa.
Anjegor lloraba culpandose por dejarse llevar por sus ojos y por sus instintos, dejando de lado por unos instantes su amor verdadero.
La amargura de sus lágrimas conmovian la naturaleza a su al rededor que se cubrió de un manto de fría nieve que hacía lucir aquel bello lugar como una pintura triste y gris.
En el reino de Zouquibia la reina su esposa no comprendía a donde había ido el rey su marido y lo buscaba sin que Máximo el sirviente del rey Anjegor tampoco supiera que había sido del rey.
Pero Anjegor sufría mucho abrazado a la almohada que aún olía al perfume que usaba Rosalinda en su cabello.
¡Oh mi amor, ¿dónde estás?
¡Mi Rosalinda perdóname!
Las lágrimas del rey mojaban la almohada y su nariz grababa aquel aroma impregnadolo en su alma herida.
El rey Anjegor lloraba recostado en la cama dónde amo muchas veces a su mujer Rosalinda y su recuerdo rompía en mil pedazos su triste corazón.
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Updated 41 Episodes
Comments
Albalu HS
este rey se dejó llevar por el deseo cuando le trajeron carne fresca y cayó como hombre que es😡
2024-04-19
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Rosa Maria Gavilán Capetillo
Estoy de acuerdo, la hirió y quería seguir como si nada.
2024-03-04
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