Las luciérnagas empezaron a bailar entre las hojas de los árboles y los botones de las flores se abrieron felices al escuchar la melodía de los besos de dos amantes que se hablaban de amor.
Las mariposas azules se unían a las flores blancas y parecían escribir un te amo en la hierba, aquel espectáculo hermoso se convertía en el momento perfecto para amar.
Las manos de Anjegor recorrían tiernamente la suave piel de su amada Rosalinda, la realidad que estaba viviendo debía ser disfrutaba sin ninguna prisa.
Habían pasado muchos días donde solo en sus sueños podía vivir el amor con Rosalinda, demasiados días llorandola y buscando en el lago un alivio para su pena.
Por fin después de agonizar sin ella podía estar abrazando su cintura y entrelazado entre sus piernas.
El cabello largo y suave de su mujer Rosalinda se enredaba entre sus dedos y sus manos felices se perdían en su abundante cabellera.
Podía oler el perfume de su piel y besar sus mejillas haciendo suspirar a Rosalinda.
Anjegor no quería apresurar el tiempo tampoco perder un segundo con ella, quería poder recorrerla por completo una y otra vez, deseaba perderse en su cuerpo amandola hasta enloquecer.
Para Anjegor aquella hierba envuelta en sedas era la cama perfecta para derramar su amor en su amada Rosalinda.
¡Mi vida, deseo que no pase el tiempo ni que se mueva el universo hasta que nuestro amor nos inunde a los dos por completo!
Rosalinda, te agradezco tanto mi amor que me dejaras amarte, envolver mi alma en el dulce sabor de tus besos y ser feliz...
Te doy las gracias por tus besos, por que ellos me dan vida y hacen que mi sangre vuelva a correr por mi cuerpo con ese maravilloso calor que me hace desear estar contigo por siempre...
Te he extrañado a muerte y en tus brazos vuelvo a vivir...
Te amo Rosalinda, tú eres la dueña de todo mi ser...
Las caricias suaves del amor se volvían fuego tortuoso entre los dos amantes, no había prisa para culminar un acto tan precioso.
Era una oportunidad única para los dos y debían vivirla palmo a palmo como si fuera la última.
Ninguno quería pensar en quién o quiénes los esperaban.
Tampoco en qué podían estar pensando sus hijos.
Rosalinda había hecho un pacto con el lago mágico y mientras ella estuviera amando al rey, el tiempo no pasaría para los que la esperaban.
Su fiesta de cumpleaños estaba aún en preparativos, unos preparativos que tenían sorpresas de parte de sus padres.
El rey Darío tenía una propuesta para su hija y deseaba comentarsela a su hija Rosalinda durante el festejo.
Mientras la reina Anelis, madre de Rosalinda tenía otros anhelos para su hija y para sus adolescentes nietos.
Grandes regalos, peticiones y propuestas esperaban a la princesa Rosalinda mientras sin que nadie más que sus hijos lo supieran, Rosalinda de hallaba en los brazos de su amado Anjegor en el día de su cumpleaños, como solía suceder cuando estaban juntos.
El amor florecia y se volvía más fuerte entre Anjegor y la madre de sus hijos Mabel y Arkenor.
Eran momentos maravillosos donde las hojas de los árboles cantaban dulces melodías mientras las gargantas de Anjegor y de Rosalinda hablaban de su amor cada vez más intenso y más apasionado, lo que salía de ellos era un profundo amor.
No había razón para preguntarle a la luna si era feliz, porque sus mejores rayos de luz iluminaban el lugar, no era necesario hablar con el viento si quería bailar porque su dicha se sentía entre las ramas acariciandolas y haciéndolas bailar.
El lago de cristal era feliz de nuevo, había vuelto el amor del rey Anjegor y ese amor llenó de ternura y dulzura todos los nuevos recuerdos que serían guardados para su Alteza el rey Anjegor.
El lago guardaba cada segundo de amor y lo escribía en su memoria para que en los días de tristeza o en los días de ausencia de la única mujer que amaba el rey Anjegor esos recuerdos felices lo envolvieran y le dieran consuelo y aliento para vivir.
El lago sabía que el rey Anjegor no podía vivir en ninguno de los dos mundos con el amor de vida, debido a que él era rey Zouqibia y ella una princesa humana.
Anjegor desconocía del linaje real de Rosalinda y mucho menos que ella era la hija de un rey.
Y qué por eso el lago mágico abrió sus aguas y sus secretos a una mujer de corazón tan noble como la princesa Rosalinda.
El lago de cristal aplaudida el amor de un rey que se deshacía amando a su mujer humana, ella era su secreto más preciado del que conocía de su verdadero linaje solo el lago mágico.
Anjegor vivía sus sueños en la piel de su mujer Rosalinda y como un lirio que careció de agua vivía de nuevo.
El amor los llevaba a un paraíso escondido que se derramaba tan intensamente olvidando todo lo que los dividía y aferrandolos a un sentimiento compartido.
Una vez derramado todo su ser en Rosalinda, Anjegor tenía algo que pedir...
Mi amor, no puedes desaparecer de mi vida de nuevo...
¡Moriré como un lirio sin agua, como un pez sin su mar! ¡Tú me devolviste la vida que había perdido desde que te fuiste!
Rosalinda desde ahora en adelante, nunca más me separare de ti...
Te amo más que a mi vida y moriré si no te vuelvo a amar...
Anjegor amor mío, te dejo mi amor con el lago, por ti y por mí, esto será lo mejor...
Besando a Anjegor Rosalinda cerró lo ojos y al abrirlos se halló en su habitación del Palacio de sus padres y sus hijos estaban a su lado también.
¡Mamá!.
¿Y papá?
¿Como llegamos aquí?
Sus hijos se sintieron trasladados de repente de su antigua casa en el bosque en segundos como si hubieran cerrado los ojos por unos segundos y al abrirlos hallarse en la misma habitación de la que salieron.
Mabel y Arkenor sabían que habían pasado más de dos horas desde que su padre se había llevado a su madre y tres horas desde que ellos se hubieran llevado a su madre a Zouquibia para que viera por unos minutos a su padre y después de que su padre los vio y se llevara a su madre de su lado ellos no supieron nada.
Arkenor y Mabel temían lo que había pasado con su ausencia, pero al abriese la puerta los Reyes abuelos entraron felices a felicitar a su madre por su cumpleaños y le decían que la fiesta estaba por empezar.
Mabel y Arkenor estaban confundidos, pero no solo ellos se hallaban confundidos.
Anjegor llamaba a Rosalinda y la buscaba por todas partes.
¡Rosalinda!
¡Rosalinda!
¿Mi amor dónde estás?
Oh lago que viste mi pena y que la trajiste a mí, ¿cómo pudiste llevarte de mi lado mi felicidad?
Anjegor suplicaba una respuesta del lago, pero la que escuchó vino de Rosalinda: ¡Te veré en mi próximo cumpleaños!
¡No! ¡Es demasiado tiempo!
¡Traela de vuelta!
¡Escucha mi pena y dejamos escondidos en tu regazo, pero no la escondas de mí otra vez te lo suplico!
Pero sus ruegos no fueron escuchados porque existía un pacto entre la princesa Rosalinda y el lago, algo que el lago consideraba irrompible siendo ella de sangre real.
El lago mágico la había recibido y aceptado al conocer su linaje, ningún ser que no tuviera sangre real podía estar en sus aguas y eso nunca lo consideró en su mente el rey Anjegor.
Ni tampoco pensó en porqué el lago la había aceptado siendo un privilegio sólo para los reyes de Zouquibia, para los herederos al trono.
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Comments
Albalu HS
este capítulo es todo un poema , gracias escritora, de verdad es un deleite leerte 👍
2024-04-19
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