El rey Anjegor y sus soldados volvieron al reino heridos pero triunfadores.
Y el sobrino del rey Anjegor quién había liderado a los rebeldes venía como un preso más entre los que habían capturado, y en su rostro no se veía arrepentimiento sino que en su mirada se podía ver el odio y el deseo de venganza.
Su orgullo y su altivez eran su fuerza y el odio que sentía por su tío el rey Anjegor había sido sembrado muy profundo por su padre el hermano mayor del rey Anjegor, en el corazón del muchacho. Y caminando muy erguido le exigía respeto cuando el soldado le ordenaba avanzar en la fila de los capturados en la guerra contra el reino de Zouquibia.
La gente del reino salió de sus casas a contemplar a sus héroes y les aplaudían y les lanzaban pétalos de flores a su paso y vitoriaban al rey Anjegor por su victoria.
El reino de Zouquibia estaba feliz, porqué el peligro enemigo había pasado o al menos uno de los más peligrosos había sido derrotado.
Hubo una gran fiesta para celebrar la victoria y la música y los bailes sonaban por todas las calles del reino. Había abundante comida en las mesas que nunca se acababa a pesar de qué la comían y la felicidad tomaba todas las casas del reino de Zouquibia donde se respiraba la paz.
Y el niño que había sido el soplon que ayudó al rey y a su ejército fue aplaudido por las gentes del pueblo y agradecidos con el niño le llevaban regalos.
Todo el miedo qué los había hecho esconderse y temblar, se había ido y solo quedaban risas y alegría en las casas y en las calles.
Muy pronto llegó el tiempo de la cosecha, los árboles y los campos estaban llenos de frutos y una mañana a los pies de la cama del rey Anjegor había una canasta llena de deliciosas frutas.
Pero esa canasta no venía de su reino, sino de donde el rey tenía anclado su corazón.
Anjegor sabía que aún le quedaba un poco más de una hora para que su fiel sirviente Máximo viniera a sus habitaciones con su desayuno, así que Anjegor se apresuró a abrir el portal y entrando en él, encontró que su mujer Rosalinda estaba en el jardín, ella estaba recolectando la fruta madura.
Al ver al rey Anjegor, Rosalinda corrió hacía él y se colgó de su cuello, Anjegor la abrazó fuerte de su cintura y la hizo girar en círculos y mientras lo hacia un remolino con las hojas de los árboles y la hierba seca se levantaba a su al rededor con un exquisito olor a flores silvestres y a eucalipto la naturaleza festejaba mientras ellos se besaban hablándose de amor.
No tengo mucho tiempo mi amor, pero quiero ver a nuestros hijos...
Y ellos también quieren verte Anjegor, no puedo creer mi amor que ya vayan a cumplir dos años, ¡ha crecido tan rápido!
El tiempo ha sido benigno conmigo Rosalinda, he podido disfrutar de tu amor a manos llenas y de nuestros pequeños hijos, ustedes han sido mi felicidad.
Cada vez que vengo a ti mi vida suma vida y mi amor por ti se engrandece, no puedo agradecer más al destino haberte puesto en mi camino Rosalinda.
Soy muy feliz desde el día en que te conocí mi hermosa Rosalinda y estoy tan agradecido por ser el padre de tus hijos...
Amo sentir tus brazos rodear mi espalda y cuando tu boca se adueña de la mía siento una sed que solo tus besos pueden saciar...
Mi sed se sacia en ti, contigo sé lo que es la felicidad...
Anjegor robaba todo el tiempo posible para estar con su familia y cada oportunidad que se le presentara para ver crecer a sus hijos, el rey Anjegor amaba verlos sonreír y al jugar con ellos en el jardín les enseñaba sus raíces y la historia de su reino.
Aunque sus hijos eran muy pequeños Anjegor podía notar los dones especiales que poseían y que fueron depositados en ellos. Sus pequeños hijos eran su orgullo y parte importante de su alegría.
Y cada día de esos dos años sin guerra su pueblo vivía en paz y no habían sobresaltos ni rumores de guerra así que sus noches eran para amar y dormir al lado de su amada Rosalinda.
Todo en su vida era tranquilidad y luz en la vida del rey Anjegor de Zouquibia.
Pero en el reino de los humanos donde vivían Rosalinda y sus hijos un suceso sacudia a todo el reino.
El hijo del rey Darío había muerto y la esposa de su hijo no le había dado un heredero. El luto en el reino fue muy grande, su rey solo había tenido un hijo con la reina quién había fallecido dos años atrás por una grave enfermedad, el reino sintió que no había esperanza para el pueblo.
Sin un heredero la casta real se terminaría y su amado rey Darío quedaría como una leyenda de paz, justicia y prosperidad.
Había una gran tristeza en el reino.
La hermana menor de la reina era la concubina secreta del rey.
Aúnque todo el reino sabía del gran amor que los unía.
Una tarde llegaron al palacio tres visitas sorpresivas para el rey Darío, el rey recibió al primero que fue el cardenal Bellesti, éste venía con una petición unánime para el rey.
Su Alteza, el pueblo y toda la Iglesia desea pedirle algo su majestad...
¿Que desea mi pueblo Cardenal Ballesti?
Desamos todos su Alteza que la princesa Anelis y usted formalicen su relación privada, entendemos que por su hijo no podían hacerlo...
Pero aúnque todos lamentamos muchísimo el fallecimiento de nuestro amado príncipe, es hora de que su relación salga a la luz y la princesa Anelis se convierta en su reina majestad...
El silencio reinó por unos segundos en el gran salón y luego de un profundo suspiro el rey le contestó: ¡Estoy de acuerdo cardenal!
Que la boda entre la princesa Anelis y yo se prepare cuánto antes...
Para nadie es un secreto mi gran amor por Anelis, así que ya que nada impide que todos lo sepan, es hora de casarme con ella...
Les agradezco a todos encarecidamente que me permitan hacerlo...
¡Nos alegra su Alteza que nuestro deseo también haya sido el suyo!
Marchándose el cardenal Bellesti después de hacer una reverencia, el cardenal se fue muy contento con la noticia de la boda de su majestad el rey con la princesa Anelis, esa era la respuesta que el cardenal Ballesti había venido a buscar.
Ahora era el turno de recibir a dos extraños visitantes.
Eran dos ancianos que parecían venir del campo, aunque sus vestiduras eran finas, sus modales no lo eran.
Su Alteza, mis respetos...
¿En qué puedo ayudarles? Preguntó el rey
Le agradecemos que nos pregunté su Alteza, pero no carecemos de nada...
Pero nosotros si podemos ayudarlo a usted su Alteza...
¿Ayúdame a mí, en qué si me permiten preguntarles?
Sacando una manta la mujer se la entregó al rey, al verla el rey Darío se puso muy tenso y les preguntó: ¿Dónde encontraron esta manta?
La llevaba su hija cuando nos la entregó la reina su esposa...
Le contestaron los ancianos
¿Qué significa eso?
El rey Darío le había dado la manta a su amada Anelis y ella con mucho cariño la guardó para cubrir a el hijo de ambos al nacer. Y al verla en manos de aquellos extraños ancianos su corazón se contricto en sus adentros.
Su Alteza, su esposa la reina hizo traer a una niña y...
Nos dió la pequeña y hermosa niña a nosotros, la hija de su majestad y de la princesa Anelis...
Le dijo el anciano
¿Está viva? Preguntó muy alterado el rey Darío
Sí su Alteza, ella vive y se llama: Rosalinda...
¡Rosalinda, como la madre de Anelis!
Sí su Alteza, así la nombró la princesa Anelis cuando nació y así le quisimos llamar también nosotros...
La reina nos puso sentencia de muerte sobre nuestras cabezas si alguna vez alguien se enteraba de la existencia de la niña y nos pagó mucho dinero para llevarnosla lejos de aquí...
Y como comprenderá no podíamos aparecer por aquí con o sin la niña ¡o nos matarían por orden de la reina su esposa!
¿Dónde está? ¡Díganme! ¿Dónde está mi hija?
Ella vive al otro lado del bosque amado rey Darío, muy lejos del pueblo y de la gente que pueda hacerle daño...
Según nos enteramos ella se casó y su marido murió...
Tiene dos hijos, gemelos, un niño y una niña...
Rosalinda se parece a su madre la princesa Anelis...
Le afirmó la anciana
Sí su Alteza, ella es tan bella como su madre y tiene el lunar real que la confirma como su legítima heredera...
Le confirmaba el anciano
Lo que estaba escuchando el rey Darío de aquellos ancianos le devolvía la vida y lo hacía muy feliz. Él se iba a casar con su amada Anelis y se había enterado ese mismo día que la hija de ambos estaba viva.
Anelis después de nacer la pequeña niña sufrió una fuerte hemorragia que casi le cuesta la vida.
Y ahora el rey podía entender que la supuesta muerte de su hija y la hemorragia que dejó estéril a Anelis, todos esos tristes acontecimientos habían nacido de los celos de su esposa y del odio que le tenía a su hermana por enamorar al rey su esposo.
El rey Darío no podía estar más contento ese día con todo lo que había escuchado y lo que le esperaba al encontrar a su hija y saberse abuelo.
Esas noticias no solo alegraron el corazón del rey Darío sino que todo el reino se regocijo al saber que su amado rey Darío tenía una heredera, la hija que supuestamente había muerto y que era el fruto del gran amor de su rey y la princesa Anelis que desde un principio debió ser la esposa de su rey Darío sino fuera por el engaño de su padre y del rey padre de Anelis.
Ahora todo para el rey Darío parecía llenarse de luz y su tristeza cambiaba de rostro por alegría y esperanza.
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Albalu HS
qué pasará ahora con Rosalinda?
2024-04-19
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