El cumpleaños de la princesa

Los días pasaban y mi corazón no encontraba la alegría, todos los días iba a buscar a Rosalinda a nuestra casa, pero solo el silencio respondía a mi pregunta: ¿Dónde estás mi amor?

Mis días se volvían noches desde que amanecía y el sol no saludaba mis días, la mujer que era mi esposa y que estaba a mi lado no era la mujer que yo amaba, no había sentimientos de amor  en mi corazón para ella.

Todos en la corte esperaban que la reina mi esposa anunciara la feliz noticia de un heredero.

Mientras soñaban con eso, yo pensaba en mis hijos, Mabel y Arkenor.

Los extrañaba mucho, ellos eran los hijos de mi amor por Rosalinda, los herederos de mi basto y enorme amor por su preciosa madre Rosalinda.

La sufría cada vez que la soñaba y levantándome de la cama iba a buscar consuelo bajo nuestras mantas.  Su aroma aún seguía allí y cada noche le robaba al tiempo un poco de su recuerdo.

Y volvía a mi cama fría y con la reina mi esposa con la triste pena de no estar en los brazos de mi amada Rosalinda.

Luchaba con mi dolor mientras debía fingir ante el rey padre de mi esposa Flor de Loto que era feliz al lado de su hija.  El rey era un hombre muy respetado entre los Reyes del Norte  que formaban la unificación y podía convertirse en un peligroso enemigo si no veía a su hija feliz.

Así que yo debía ser un buen marido y tener una relación fraternal por la bella esposa que el reino me había condenado a tener.

Podría ser feliz al lado de una buena mujer como lo era mi esposa, pero nunca podría  serlo si mi corazón estaba  lleno de amor por otra mujer.

Mi amada mujer era Rosalinda,  la madre de mis  hijos Mabel y Arkenor, a quiénes yo  les elegí sus  nombres y los tuve en mis brazos al nacer y los vi crecer hasta convertirse en sabios adolecentes...

¡Mis hijos! Mabel, mi hermosa hija, eres tan bella como tu madre, tan dulce y tan determinada y firme en tus convicciones...

Mi hermosa princesa, ¿qué debes estar pensando de tu padre ahora?

Tus preciosos ojos me miraron  esa vez con tanta tristeza y desilusión al saber que  estuve con otra mujer...

Y que la haría mi esposa; me dolió el alma  decepcionarte...

Mabel, perdóname hija mía, tenía que hacerlo...

Perdóname Arkenor, mi príncipe, mi gallardo hijo que teniendo tanto parecido a mí jamás podrás negar que eres mi hijo... ¡Mi Arkenor!

He sido castigado con perderlos por enamorarme de una bellísima humana...

¿Cómo podía evitarlo? Con tan solo ver sus ojos me sentí hechizado...

Y aunque  me juré no besar los labios de Rosalinda, labios que me embelezaban, me vi prisionero de tan exquisito sabor al besarnos.

Amarte Rosalinda fue traspasar mi verdad, yo era rey de Zoquibia  y  no debía amar a una humana y entendía en mi mente que no podía hacerlo, aún  así te amé, y amarte Rosalinda fue lo más hermoso que podía haber vivido...

Después de amarte ya no pude alejarme de ti...

Y cuando me dijiste que tendríamos a nuestros hijos supe que viviría solo para ti, y por ellos...

Mi mundo, mi familia...

Pero cuando te fallé, mi mundo que eras tú, se desmoronó ante mis ojos y me quedé sólo, hecho pedazos y  arrepentido por  dejarme llevar por mis ojos...

Sé que pronto seré nuevamente padre, el heredero a la corona que a pedido mi pueblo estoy seguro que ya crece en el vientre de la reina.

Su vida traerá  la esperanza para todos los reinos y evitara futuras guerras, el príncipe  debe nacer...

Lamento que la reina sea una mujer tan noble y tan buena, no merece mi frialdad, pero no puedo amarla...

Tengo el corazón lleno de ti Rosalinda...

Viví quince felices  años amandote, siendo tan feliz contigo, que aunque quiera olvidarte; ¡No puedo!

Pero a partir de ahora ya no volveré más  a nuestra casa, porqué cada vez que  vengo me caigo un poco más en el abismo de la tristeza, y mi pueblo necesita a su rey, así que ahora me despido con el alma de mi vida en esta casa contigo...

Quiero que sepas mi amor, que te amaré siempre Rosalinda...

Mientras el rey Anjegor se despedía de  su vida en aquella casa dónde fue tan feliz con su mujer Rosalinda y sus hijos Mabel y Arkenor,  la reina  su esposa confirmaba su embarazo.

El anuncio al pueblo se daría tan pronto el rey se enterara.

Al volver Anjegor de su triste despedida   recibió la noticia que ya él  suponía,  se le dio la noticia de su heredero entre felicitaciones al rey y una gran fiesta.

Todos se reunieron en la plaza frente a su Palacio para festejar al futuro príncipe.

La reina sonreía feliz tomada de su brazo, mientras el rey Anjegor saludaba a su pueblo con su mano en alto y en su corazón recordaba el nacimiento de sus hijos Mabel y Arkenor.

Recordaba el rostro feliz de Rosalinda y los besos que él le dio al convertirse en padres.

Todos esperaban que fuera un varón y Anjegor estaba seguro de que lo sería.

Mientras en su reino las cosas seguían su curso y el embarazo de la reina era  vigilado de cerca, Rosalinda y sus hijos caminaban por el reino del rey Darío, acercándose al pueblo y ganándose sus corazones.

¡Su majestad la princesa es muy buena! Mi hermana le agradece sus favores, sus pequeños ya están bien  gracias a los médicos reales que usted envío para que los atendiecen...

Ahora hasta parecen otros; jaja, y todo gracias a usted princesa...

Me alegra escuchar eso Lady Margaret, y sabe bien que si usted o su hermana necesitan de mi ayuda pueden acudir a mí...

Gracias su majestad... Ser viudas es una desgracia y que su majestad la princesa Rosalinda nos comprenda ha sido una bendición...

Rosalinda sonrió sabiendo que lo que decían del padre de sus hijos no era verdad...

El padre de Mabel y Arkenor estaba vivo y nunca había sido su esposo, sino era un rey de otro mundo y ahora se hallaba casado con otra mujer.

Ella prefería no pensar en Anjegor porque cada vez que lo hacía su corazón sangraba de dolor.

Rosalinda seguía amando a Anjegor y conforme pasaban los años su hijo Arkenor se parecía más a su padre.  Algo que Rosalinda no podía negar.

Anjegor era el dueño de su corazón.

Rosalinda se convirtió en la princesa del pueblo y el cariño que profesaba por la gente le era devuelto por las personas que ella ayudaba.

Para su cumpleaños se preparó una gran fiesta donde sus padres festejarian a su lado su primer cumpleaños juntos.

Pero antes de la fiesta Rosalinda ella  se veía triste.

Mamá..

Si Mabel...

Mamá; ¿estás triste por papá no es así? ¿Quieres ver a papá? Arkenor y yo podríamos llevarte, volveríamos en unos minutos, justo antes de tu  fiesta...

Nadie se enteraria de que nos fuimos..

Rosalinda miró el rostro de sus hijos y sabiendo lo bien que la conocían les  dijo que sí.

Un portal se abrió y los tres llegaron a una gran plaza, caminaron entre la gente hasta llegar dónde podrían ver al rey.

Anjegor levantaba en sus brazos a su hijo el heredero a la corona y su bella esposa lo miraba con amor.

Al verlo Rosalinda dijo: ¡Vámonos! Ya no hay nada para mí en él...

Dando media vuelta Rosalinda se marchaba sin darse cuenta que unos ojos la miraban desde lejos y su corazón al verla otra vez caía a sus pies hecho pedazos.

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Albalu HS

Albalu HS

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2024-04-19

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