Lluvia de dolor

Anjegor no se movía del jardín de la casa de Rosalinda su mujer y de sus hijos, no quería irse de allí, porque eso significaría que ya no volvería a verla, al menos no para estar con Rosalinda como mujer.

Ese era un dolor demasiado profundo para soportarlo, él  seguiría siendo el padre de Mabel y de Arkenor, pero no el dueño del amor de su amada Rosalinda.

Esa pena carcomia el alma de Anjegor  y no le dejaba moverse de allí, su alma estaba anclada y sus pies clavados en aquella tierra que muchas veces visitaba para besar a su mujer y para hablarle de amor al oído a Rosalinda.

Habían sido catorce años, llenos de dicha y maravillosos recuerdos.  Un reino floreciente y una familia secreta eran sus tesoros más valiosos, Anjegor creía tenerlo todo, a una mujer que él adoraba y a la que venía cada noche y tenía dos hijos hermosos que brillaban por sí solos con sus grandes dones y talentos .

En sus planes nunca existió casarse con otra mujer, para Anjegor solo existía Rosalinda y nadie mas.

Pero su pueblo y los tres Reyes vecinos que buscaron su apoyo y se pusieron bajo su mando, dándole el primer lugar entre los Reyes le daba a Anjegor un honor y ponía sobre sus hombros una obligación a la que no podía decir que no.

Y la princesa elegida era la mujer que debía tomar por esposa, ella era parte del pacto y según las reglas y las leyes todos los reinos la princesa  más hermosa entre los reinos  y la más apta, debía ser  la reina perfecta para acompañar a un rey como  el poderoso Anjegor  rey de Zouqibia.

Después de que Anjegor cumpliera parte del pacto y aceptara el convenio al acostarse con la princesa elegida, el pacto entre los reinos del Norte y su reino fue consumado, Anjegor  decidió aprovechar que la princesa Flor de Loto dormía para ir a hablar con su mujer Rosalinda y explicarle lo que había sucedido.

Pero de las ansias que tenía Anjegor de hablar con Rosalinda, olvidó cambiarse o darse un baño y quitarse de su piel el perfume de la que era ahora era su esposa y nueva mujer.

Rosalinda olio el perfume y leyó en su mirada lo que había pasado, y en su corazón y en su consciencia dio  por terminada la relación con el padre de  sus hijos.

Aunque Anjegor  no le dijo nada  de lo que pensaba a Rosalinda  si le pedía con sus ojos algo que para Anjegor significaba seguir viviendo.

Pero Rosalinda no aceptó la  propuesta hecha sin palabras, Anjegor solo quería que Rosalinda  lo siguiera amando mientras él como rey cumplía con su pueblo.

Pero Rosalinda dijo no...

Anjegor se sentía deshecho y sin fuerzas, herido en lo más profundo de su alma y su corazón sangraba derramando su dolor sobre la hierba que cambiaba su hermoso  color verde a uno amarillo y naranja, como si la hierba se estuviera muriendo a su al rededor   y todo sucedía  al escuchar llorar a Rosalinda en la misma habitación que durante años sirvió de refugio para su amor.

Anjegor y Rosalinda eran una sola alma  y por eso él  podía sentirla aunque los dividieran las paredes de una habitación.

Mi amor...

No me dejes marchar sin decirte que te amo,que daría mi vida por ti;  déjame estar en tus brazos una vez más...

El corazón de Anjegor caía como lluvia en aquella tierra y del dolor que sentía en su pecho  la lluvia se volvía nieve y sus ojos seguían llorando.

La súplica que  Anjegor le hacía a Rosalinda  se podía escuchar en la habitación dónde ella  lloraba como el canto triste de un ruiseñor, el cántico lastimero de una triste ave que podía traspasar un corazón.

¡Papá!

Dijo una voz en la puerta de la casa

¡Mabel!  Mi hermosa hija...

¡Papá será mejor que te vayas!

Mamá está sufriendo mucho porque tú  ya no la quieres...

¡No Mabel no!

¡Yo la adoro! Adoro a tu madre...

¿Entonces papá, porqué  te casaste con otra mujer?

¡Porque tenía que hacerlo Mabel, yo no soy un hombre cualquiera, soy un rey!

Y renunciaste a mamá....

¿Por amor a tu reino o por amor a esa mujer?

¡Yo no he renunciado a tu madre Mabel, yo me moriré  sin ella!

Amo a tu madre con todas mis fuerzas , y no me quiero ir de aquí  hasta que  ella me escuche...

¡No lo hará papá!

Mamá es una mujer de convicciones muy firmes y si te casaste con otra,  ella ya nunca más querrá  ser para ti...

Le dijo su hijo apareciendo detrás de su hermana Mabel

¡No me digas eso Arkenor, no me hieras así hijo mío!

No lo hago papá, es la verdad y tú lo sabes... Mamá ya no será para ti, porque te casaste con otra mujer...

¡Tenía que hacerlo!

¡Era  mi deber!

Insistía Anjegor

Nosotros lo entendemos papá, y te perdonamos por tomar a una princesa en lugar de a nuestra mamá por esposa...

Hijo mío, yo debía hacerlo, no podía decir que no...

Pero eso fue para mamá  la forma de decirle que ya no la amabas...

¡Yo la amo, y dejar de amarla es algo que  nunca va a pasar Arkenor!

Yo no sé vivir sin Rosalinda...

Anjegor se veía terriblemente triste, su rostro bañado en lágrimas y la nieve sobre su cabeza lo hacía lucir como un triste árbol sin hojas y a punto de caer.

¡Lo sentimos mucho papá!

Lo sentíamos por ti y por mamá, y entendemos que como rey de Zouquibia  tuviste que hacerlo...

Y como  tus hijos te pedimos que nos  prometas algo papá....

Que no nos vas a olvidar...

¿Ustedes también me despiden?

¿Quieren que nunca más  vuelva?

No papá; pero con tu nueva esposa vendrán también otros hijos y nosotros no...

¡Ustedes son mi sangre, mis amados hijos! Hijos de mi amor por Rosalinda  y eso no va a cambiar nunca, ni por una corona ni por una esposa por obligación  o por otros hijos...

¡Ustedes son lo que yo  más amo!

Hijos de  la dueña de todo mi ser...

Pero soy un  rey y deben entender que  me debo a mi pueblo también,  por eso lo hice, porque tengo que protegerlos a ellos también  y darles seguridad y  paz...

Se unieron tres pueblos y sus reinos necesitaban de nuestras protección y ayuda, ¿qué más podía hacer?

Yo sabía que  ese podría ser mi destino, que podría llegar a suceder...

¡Yo no planee nada de esto!

Pero me enamoré de su madre y le entregué mi corazón y mi vida por completo...

Soy suyo...

Pero en mi reino existen deberes y obligaciones reales y yo siempre supe que esto  podría suceder...

No le mentí a tu madre Arkenor; no lo hice...

Su dolor era muy grande y Anjegor no pensaba irse sin que Rosalinda lo escuchara

¡Rosalinda!

Gritó Anjegor

¡Mi amor siempre voy a ser tuyo, mi amor siempre será tuyo y aunque no me creas, te amaré por siempre solo a ti!

En todo momento estaré pensando en ti mi amor...

Papá; tú esposa despierta, debes volver...

Le dijo  Arkenor

Tus dones se desarrollan cada vez más fuertes  hijo mío...

Papá, ve con tu esposa la princesa...

Le pidió Arkenor

Y cuando puedas; ven a vernos papá...

Le pidió su hija Mabel

Pero el corazón de Anjegor estaba anclado y sin importar lo que parara con la princesa Flor de Loto, él no se iría sin hablar con Rosalinda.

Anjegor necesitaba que  ella escuchara sus razones y que comprendiera que jamás quiso lastimarla, que todo eso era parte de sus deberes reales.

Anjegor deseaba recuperar a su mujer Rosalinda y que  ella lo perdonara y le diera otra oportunidad ya que  sin Rosalinda a su lado Anjegor se sentiría morir.

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Comments

Albalu HS

Albalu HS

qué triste realidad, lo que más le dolió a Rosalinda fue que él no fuera y le contará antes lo que tenía que hacer😢😢😢

2024-04-19

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