Huir nunca fue una opción, al menos no para mí. Eso lo descubrí cuando lo intenté, bueno, al menos lo hice.
Quise escapar rápidamente de esta casa luego de descubrir que había transmigrado en el personaje secundario que iba a morir en manos de un asesino. Tomé todas las cosas de valor que tenía a mano, porque pensé que las podría vender y como era alguien que había vivido en la miseria durante mucho tiempo, sabía como enfrentar al mundo y defenderme.
Pero…
Cuando logré salir de la mansión en la que residía me di cuenta de que este mundo era similar al mío, así que sin preámbulos tomé un taxi y me dirigí hacia el aeropuerto, lejos de esos chicos psicópatas, del asesino y de la bella heroína. Sin embargo, antes de que pusiera un pie en el aeropuerto, un sujeto inmenso de cabeza rapada se me acercó y sin previo aviso me alzó como un costal de papas, ignorando todas mis protestas hasta subirme en un auto negro.
Aunque creí que estaba siendo secuestrada y estaba tratando de buscar la menor oportunidad para escapar, tuve que olvidar todos mis planes, luego de que escuché hablar a aquel sujeto.
— Joven Cale, ya tengo a la señorita, sí, no se preocupe, la cuidaré — comentó mientras me miraba por el espejo retrovisor.
¡Cale! ¡Oh, no!
Así que no estaba siendo secuestrada…
Y esa fue la triste historia de mi fallido escape.
Ahora me encontraba siendo regañada por el que se supone que es mi hermano.
— Catalina, ¿qué estás tratando de hacer al ir al aeropuerto? — cuestionó arrugando sus cejas — ¿Acaso ibas a buscar a papá? ¿Por qué no puedes entender que ellos están ocupados y vendrán dentro de una semana? Sé que el jueves es tu cumpleaños y querías que estuvieran aquí, pero, entiende mujer que no pueden…
Deje que pensará lo que quisiera porque en realidad no había pensado en alguna excusa sobre mi escape. Sin embargo, estaba algo interesada en saber como fue que me localizó.
Es decir, ni siquiera pude poner un pie en el aeropuerto, eso no era lógico, por el jodido cielo.
— ¿Cómo me encontraste? — le pregunté mirando el traje negro que se pegaba como una segunda piel a su cuerpo.
Solo ahora me tomaba el tiempo para evaluar la apariencia de este hombre que se hacía llamar mi hermano.
Él tenía una apariencia ruda, pero, del tipo sexy, al menos para mí, aunque su expresión facial daba bastante que desear porque parecía como si siempre estuviera enojado debido a la forma arqueada de sus espesas cejas que resaltan el color de sus ojos azules que eran muy diferentes al color casi negro de mis ojos.
Cale Conte en el apartado de personajes fue presentado como un abogado prometedor, era el futuro heredero de un bufete de abogados de gran prestigio en el centro de la ciudad, su edad parecía estar alrededor de los 23 o 25 años, su altura era de 1.80 cm.
Y eso era todo lo que sabía de él.
Aunque ahora podía añadir otra cosa: sus serios problemas de ira.
Porque el chico enfrente de mí al escuchar mi pregunta parecía un volcán listo para estallar.
— No seas bruta Catalina, ¿cómo más te voy a encontrar? — negó con la cabeza — Acaso te olvidas de que mantienes un rastreador en tu cuerpo desde los diez años debido a todas tus travesuras.
Mi cara debió verse ridícula en este momento porque el hombre enfrente de mí hizo un amago de sonrisa que rápidamente lo cubrió con un ceño fruncido.
— ¿Un rastreador? ¿Cómo un GPS? — cuestioné para mí misma llena de incredulidad dándome cuenta de que todos mis planes de huir se fueron al más allá.
— Ya deja de perder el tiempo — comentó aquel chico mientras levantaba una ceja — Soy tu hermano mayor y debes hacerme caso niñata — me siguió sermoneando — Espero que te sirva de lección esto y no ocasiones más problemas, ¿entendido?
Como aún me encontraba llena de estupefacción debido al descubrimiento que había hecho, solo pude asentir para luego levantarme con pasos nerviosos y regresar hasta la que se suponía que era mi habitación, aunque me perdí un poco debido a lo grande que era la casa y anduve deambulando por los pasillos durante algún tiempo al final pude llegar.
Pero…
¿Cómo podía tener un rastreador dentro de mi cuerpo? ¿Esto era algo lógico? ¿A dónde fue todo eso de los derechos humanos? ¿En dónde quedó mi privacidad?
No pude evitar suspirar antes de echarme en la acolchada cama.
— Porque no pude leer un libro sobre romance dulce antes de morir, así no estuviese rodeada de tantas personas con serios problemas mentales — murmuré.
Sin tener nada que hacer me puse a revisar la habitación y por suerte encontré un montón de diarios en orden de edad, parecía que a esta chica al igual que a mí le gustaba escribir su día a día.
Como no tenía nada más que hacer, me puse a leer cada uno de estos. Aunque sabía que estaba invadiendo la privacidad de alguien y que a mí no me gustaría que hicieran lo mismo, no tuve más opción que hacerlo porque no podía andar a oscuras, sin saber quién era realmente, después de todo ahora yo era esta Catalina Conte, la cual es una niña rica y no una huérfana como yo que era una hija más de la calle.
Leí durante mucho tiempo, pero, cuando terminé de leer el más reciente, no pude evitar suspirar porque existían demasiadas coincidencias entre esta chica y yo.
Muchas, en realidad, era como si está fuera mi vida.
Y lo más curioso fue que con cada palabra que leía tuve una imagen mental de la situación como si yo la hubiera vivido realmente.
Para empezar la letra era muy similar, los gustos y disgusto exactos, al leer sus pensamientos sobre algunas situaciones que habían sucedido en su día a día pensé que yo hubiese actuado igual, esto era demasiado espeluznante, era como si siempre hubiese sido Catalina, no, era como si ella fuera la yo de una realidad alterna.
Las diferencias entre nosotras eran muy pequeñas, casi inexistentes y estás radicaban en nuestro entorno familiar. Porque la Catalina Conte de este mundo tenía una familia que la amaba demasiado cuando yo siempre he estado sola sin nadie alrededor.
Al leer su vida me sentí un poco triste porque no entendía la razón por la que alguien con la personalidad de Catalina sería asesinada de una manera espantosa. Tampoco podía entender el motivo por el que había transmigrado, pero, me prometí a mí misma que haría lo posible para vivir.
En este momento acepté que yo era la Catalina de este mundo, que ahora su vida me pertenecía y mi promesa para ella era cumplir todos sus sueños, que también eran mis propios sueños, tratar a sus seres queridos como si fueran los míos.
Desde este momento ya no nos dividiría como personas diferentes porque desde este instante éramos la misma persona.
Yo soy Catalina Conte y esta era mi vida.
De pronto, el celular que se encontraba en mi bolso empezó a zumbar sacándome de mis pensamientos.
¿Quién me estaba llamando?
Vacíe mi bolso encima de la cama porque en mi proceso de huida había guardado demasiados objetos que según mi percepción eran de valor.
Miré el identificador de llamada, el cual decía “Amor”.
¡Oh, No!
Yo no quería un novio, tampoco uno que no conocía.
Lo siento, pero, debíamos terminar porque en realidad, mientras leía aquel diario, descubrí que este novio que recién hacía acto de presencia solo era alguien con el que salía debido a la presión social.
Abrí la llamada con algo de incertidumbre mientras planeaba mis próximas palabras.
— Catalina, gracias al cielo contestas, te he estado enviando un montón de mensajes, pero, no me contestaste ninguno, creí que te había pasado algo — dijo rápidamente — Sé que solo llevamos dos días de salir y estoy siendo algo paranoico…
Aunque el chico tenía una voz dulce y sabía que yo solamente era alguien más que se había despertado en este cuerpo, no quería engañar los sentimientos de nadie, por ende no podía seguir manteniendo esta relación, así que esto sería como quitar una bandita.
— Lo siento — contesté — Creo que salir fue un error, no creo estar preparada para esta relación.
— Catalina ¿Qué estás diciendo? ¿Acaso estás jugando conmigo? — cuestionó con voz grave.
— Terminamos — dije con voz seria antes de colgar.
Me sentí liberada.
Observé la hora en la mesita al lado de mi cama antes de bajar a buscar algo de comida.
Cuando llegue a la mesa del comedor, un hombre vestido como esos mayordomos que aparecían en las películas hizo acto de presencia, casi grité cuando lo vi, porque apareció de la nada, haciendo que me pregunte si esto era algo de mayordomos porque aquellos que aparecían en las películas o series que me gustaba mirar en mi tiempo libre hacían lo mismo.
— Señorita, ¿desea cenar ahora o espera al joven Cale? — preguntó con voz grave haciendo que el bigote en sus labios temblará con cada movimiento que hacía.
— Esperaré a Cale — anuncié — Quiero hablar con él — señalé viendo sus ojos opacos, casi translúcidos.
— Cómo desee, le daré aviso de inmediato — comentó.
— ¡No! — exclamé antes de que se fuera — Deja que mi hermano termine lo que tenga que hacer.
— ¿Hermano? — susurró confundido antes de asentir y alejarse con rumbo desconocido.
Mientras veía el interior de la casa y trataba de familiarizarme con el lugar, no pude evitar sorprenderme como una chica de campo al ver las decoraciones y los lujos que destacaban en el interior, aunque en mi anterior vida había visto casas lujosas, ninguna se podía comparar con esta, definitivamente estaba a otro nivel.
— ¿Me buscabas? — cuestionó alguien a mi espalda.
— Sí, hermano — mencioné haciendo que se sorprendiera por qué desde que era una niña hasta la edad adulta debido a que no compartía ningún lazo sanguíneo, en raras ocasiones lo llamaba hermano.
Mi madre y su padre se casaron cuando tenía cinco años, aunque no podía decir que la relación entre Cale y yo era mala, porque lo quería, sin embargo, debido a la diferencia de edad, además de su carácter tan espinudo, la mayor parte del tiempo discutíamos.
— Quiero disculparme, sé que he sido inmadura y te he hecho preocupar con mis travesuras, pero, te prometo que de ahora en adelante cambiaré.
— ¿Acaso piensas que soy bruto, Catalina? — comentó levantando una ceja, parecía que le gustaba hacerlo — Siempre dices lo mismo, pero, al final, cometes otra burrada.
— Esta vez será diferente — señalé con una sonrisa.
— Te creeré cuando vea resultados, ahora comamos — comentó mientras caminaba hacia el comedor.
La cena transcurrió de manera amena, al menos, así me parecía porque no sabía que locura pasaba por la cabeza del chico enfrente de mí.
Después de todo, aunque parecía normal, claramente su forma de ser era impredecible por algo, era uno de los candidatos a asesino, por esa razón estaba tratando de enmendar nuestra relación, al menos no deseaba que mi hermano en un futuro se canse de mí y decida que no necesitaba seguir ocupando oxígeno.
Mientras comía trate de demostrarle que ahora era una buena niña, no tan caprichosa como en el pasado.
Cuando termino la cena, me sentí tan satisfecha porque nunca en mi vida había comido tantas delicias en una sola noche, en el pasado consideraba que las papas fritas eran celestiales, ahora, no creía lo mismo, porque aquellos platos místicos que no recordaba sus nombres se consideraban mi comida favorita.
— Gracias — susurré cuando una joven de aspecto delicado empezó a recoger la mesa.
— Ahora le agradeces a la servidumbre — comentó mi hermano mientras bebía una copa de vino — No lo has hecho desde los siete años — añadió risueño — ¿Qué clase de juego estás jugando? ¿De verdad quieres estudiar actuación? Pienso que tienes un futuro prometedor.
— Ninguno hermano, te dije que cambiaré un poco, no necesitas molestarme o cortaré tu cabello cuando duermas — amenace haciendo un puchero.
— Parece que tu cambio no durará demasiado — sentenció serio — Solo trata de no meter a nuestra familia en problemas — murmuró — Sí, matas a alguien y te descubren, dejaré que te pudras en la cárcel como lección para que en otra ocasión aprendas a no dejar evidencia.
Cuando termino de hablar no pude evitar verlo boquiabierta.
Esas son palabras que le puedes decir a tu hermana menor. Ya veo porque eres uno de los sospechosos, tu forma de hablar es muy siniestra hermano, más que un abogado de futuro prometedor pareces un criminal.
— Me voy a dormir — comenté mientras me levantaba y me acercaba a Cale con algo de nerviosismo, mientras él me miraba con aquellos ojos tan parecidos al azul del cielo, deposité un beso de manera fugaz en su mejilla.
— Buenas noches, hermano, ten dulces sueños — dije mientras me escapaba como si mi trasero estuviera en llamas sin ver su reacción, mi cara se sentía ardiente y mi dignidad como chica ruda se vio perjudicada. Pero, era necesario hacer aquello porque deseaba que este hermano mío, si era la persona que me iba a asesinar en un futuro, me viera como alguien dulce e inofensivo.
¡Dios! Todo lo que tenía que hacer para sobrevivir.
Cuando subí a mi habitación entré a la ducha rápidamente sorprendiéndome de nuevo debido a la cantidad de ropa que tenía guardada en el armario.
Busque una bata de dormir antes de bañarme.
Al salir del baño sequé me largo cabello negro con el secador hasta dejarlo esponjoso, cuando todo estuvo listo me acosté a dormir esperando que mañana sea un nuevo día.
Sin embargo, en medio de la noche recibí un mensaje de texto que me hizo despertar de inmediato porque era de la protagonista informándome que mañana vendrá.
Rose Queen: No respondiste mi mensaje, ya pedí permiso, mañana iré a verte.
¡Oh, no!
Era demasiado tarde para responder y decirle que morí.
Decidí no responder y seguí durmiendo, ya mañana le diría que mi teléfono se había arruinado o algo.
Pero…
A la mañana siguiente, demasiado temprano para que salga el sol, alguien tocó mi puerta.
Era Dmitri el mayordomo que tenía esa habilidad que todo mayordomo debía tener para pasar desapercibido.
— Señorita, la joven Rose se encuentra abajo esperando por ust…
— Catie, aquí estoy, déjame pasar — dijo interrumpiendo al mayordomo por completo.
¡Oh, no! La protagonista estaba aquí.
¿Por qué su “mañana” difería del mío? Eran las cinco de la mañana por el amor de dios, no podía con su entusiasmo por mi bienestar.
Parecía que ninguna persona era normal en este libro.
Sí…
Debí haberle respondido.
Cuando abrí la puerta una chica alta de cabellera castaña y cuerpo delgado me esperaba, sus ojos verdes me miraban con entusiasmo y sus labios se mantenían arqueados.
— Catie — susurró antes de abrazarme — Te he extrañado tanto.
Sus brazos se sentían cálidos que no pude evitar devolverle el abrazo.
— Pasa, Rose — invité haciendo que ella me soltara y se acostará en mi cama.
— Tu cama sigue igual de suave — mencionó en voz baja antes de tomar al osito rosa que se encontraba encima de mi cama — Sigues teniendo el oso que te regalé, creí que lo habías botado — señaló animada.
La protagonista delante de mí luce tan diferente que no sabía cómo actuar.
¿Qué debo hacer? ¿Qué debo decir? Esperando respuestas de manera urgente en línea.
Esperando respuestas de manera urgente en línea.
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Comments
Elisa Patico
te doy crédito por intentarlo, yo haría exactamente lo mismo jajaja
2025-03-05
0
Jenifer 🤓💫
Esta genial 👏👏👏😁
2023-10-04
2
Jenifer 🤓💫
😅😂
2023-10-03
1