Theodore
Me encanta Camille.
Nunca una mujer me había encantado tanto, me intriga, me hechiza, me vuelve tonto, sueño con ella, la deseo, más allá de su cuerpo, la quiero a ella, a sus comentarios mordaces, a sus sonrisas fáciles y a las que me cuestan más, quiero sus miradas de lujuria y las que solo son de sorpresa.
Y justo ahora, cuando mis manos la sujetan de la cintura y parece verme solo a mí, estoy completamente perdido por ella.
Ella se separa de mí y estoy como en una especia de trance en el que a lo lejos la escucho preguntar qué hago aquí y luego me escucho responderle, con el cerebro medio apagado al verla, no me enorgullece admitirlo, pero repito, me vuelve un tonto, chasquea los dedos frente a mí.
- Lo siento, dime.
- Voy a cambiarme –se ríe y señala la banca- Puedes esperarme allí, no me tardo.
El tipo que estaba con ella en el cuadrilátero se me acerca y me evalúa con la mirada sin decir nada, luego se marcha.
Camille se tarda unos veinte minutos y vuelve duchada, usando unos jeans ajustados y una bonita blusa floreada, lleva tenis y el cabello húmedo suelto.
- Lo siento, no tenía planeado salir.
- Te ves perfecta –suelto poniéndome de pie, le tiendo el brazo para que me pase el bolso y pone los ojos en blanco, pero igual lo lanza en mi dirección- Recuérdame, jamás hacerte enojar, preciosa.
- Es más divertido si te das cuenta en el momento –agita las pestañas en mi dirección.
- Celina se ve mucho mejor.
- Sí, hay días mejores que otros.
- Podemos invitarla a comer o al centro comercial, para que no esté sola –digo y ella asiente- Podemos simplemente llevar unas películas que le agraden, si no es abuso invitarme.
- Mejor, me parece bien –dice sonriéndome- Pero que sepas que le gusta toda la mierda cursi.
- Bien, puedo manejarlo, eso seguro.
- Ven mañana entonces –dice y asiento abriendo la puerta del auto para ella y dejando su bolso en el asiento trasero antes de subir- Buscaré las películas, tú solo trae algo de comer, ella generalmente está restringida, así que para nosotras palomitas naturales, tú puedes traerte lo que quieras.
- ¿Te llevo a casa o quisieras ir a comer algo, algún sitio? –la miro y ella duda un poco, pero no la presiono.
- No quiero que te hagas ilusiones conmigo, Theodore –dice de repente y asiento recordando las veces anteriores que me ha dicho que no busca amor- No quiero lastimarte, ni mucho menos, digo, me gustas, y me gusta pasar el tiempo contigo, pero no puedo hacer promesas, no creo en el amor, no como los demás.
- Entiendo –digo sin entenderla ni un poco, pero respetando sus pautas- No voy a presionarte por más.
- Gracias, realmente me gustas mucho como para jugar con tus sentimientos, así que, si esto es involucrarse demasiado, solo dímelo.
- Solo somos dos personas que se agradan, pasando el rato, saliendo, viendo películas, teniendo sexo, no tiene que volverse tedioso.
Maldigo internamente, pero si es lo que ella quiere, entonces es lo que tendrá, y yo, a la final, tampoco estoy urgido por un compromiso, es lo más sensato, pasarla bien, que dure lo que tenga que durar.
- Tienes razón, no es sensato involucrar el corazón –me mira esperando que continúe- Tú no crees en el amor, yo no creo en el compromiso, ni en el matrimonio, así que es perfecto.
- Bien, solo disfrutemos lo que sea que esté pasando –dice sonriendo- Llévame a la feria, quiero algodón de azúcar.
- En seguida, estaría bien una manzana acaramelada.
Conduzco a la feria mientras ella pone algunas canciones en la radio y de vez en cuando se le escapa un tarareo o un verso, no tardamos demasiado en llegar, bajamos del auto y parece una niña, sus ojos brillan cuando ve las luces en todos los puestos de dulces y atracciones.
- Voy por el algodón, si quieres puedes esperar por mí, traeré tu manzana –dice y niego tomándola de la mano y jalándola a la fila de la boletería.
- Jamás debes venir a la feria y no subir a los juegos –me mira asombrada y luego sonríe, una sonrisa enorme y hermosa.
- Bien.
Realmente, me encanta Camille.
Camille
Me siento en el paraíso, siempre me han encantado las ferias, aunque solo vine un par de veces con Celina y nuestros padres, hace demasiados años ya, luego de que todo se fuera a la mierda, no volvimos. Después paso lo de Robert, lo de Celina, ella no puede subir a los juegos, así que no volví.
Pero hoy puedo permitirme disfrutarlo, vivirlo al máximo, Theodore compra un montón de boletos, tantos que su bolsillo está repleto, hacemos fila en las máquinas una tras otra, gritando y riéndonos en todo momento, el me lleva de la mano y no me siento incómoda, no después de haber aclarado todo con él, estamos en la misma página, así que no debo preocuparme por hacerle daño, solo de vivir.
Llega de repente con un algodón de azúcar en forma de flor y lo coloca frente a mí.
- Para la hermosa dama de blusa floreada –me rio mientras lo tomo y veo que él lleva uno tradicional de color azul que se le está pegando todo en la barbilla cuando trata de comerlo.
- Eres un desastre, pareces un niño comiendo eso.
- Pareces una niña desde que llegamos aquí, así que no me juzgues.
- Vamos –lo tomo de la mano en un impulso repentino y vamos a la rueda de la fortuna, es lo más tranquilo pare comernos esto y disfrutar la vista.
No hay demasiada gente así que subimos antes de que comience a andar y se sienta frente a mí, mirándome de vez en cuando y tratando de comerse su algodón.
- Esta ha sido una noche maravillosa –digo sonriéndole y limpiando su mejilla- Gracias, me ha encantado.
- Creo que ambos lo hemos disfrutado, así que gracias, tenía muchos años sin venir.
- También yo, desde la muerte de mis padres, murieron cuando tenía doce, Celi tenía siete, ya no los recordamos lo suficiente.
Nos quedamos en silencio un momento y luego le cuento un poco sobre mí, de cómo mi tía nos recibió gustosa hasta que se agotó el dinero del testamento y la empresa quedo en la quiebra.
- Tenía veinte cuando se declaró en banca rota, tuve que conseguir trabajos de medio tiempo mientras terminaba de estudiar, así podía ayudar con la comida y pagar la escuela de Celina.
- Fue difícil me imagino, encargarte de tu hermana pequeña y hasta de tu tía.
- Lo fue, dure años trabajando para poder pagar los préstamos estudiantiles, las cuentas.
- Celi trato de ayudar consiguiendo algunos trabajos, fue cuando comenzamos a notar su enfermedad, comenzaron los medicamentos, las cuentas del hospital, estudios, cometí demasiados errores –digo mirando a la nada y el no pregunta, no lo hace, solo aprieta mi mano, pero yo le cuento, porque por primera vez quiero hablar sin tener la obligación de hacerlo- Me casé a los veintidós, era joven, estúpida y creí que estaba enamorada, creí que me había sacado la lotería… creí tantas cosas.
- Lo siento –dice aun sin saber nada, aunque por su cara, creo que se lo puede imaginar todo.
- Él era el hombre perfecto, apuesto, ordenado, atento, luego de la boda, paso a ser de ordenado a obsesivo, de atento a controlador, se volvió un completo infierno, resulta que lo que parecía ser un hombre en completo control no era más que un monstruo al que le gustaba dirigir el caos a otros, a través de los golpes y la manipulación.
- Camille… -puedo sentir algunas lágrimas silenciosas, él las limpia.
- Me amenazaba con hacerle lo mismo a Celina, tuve tanto miedo que la envié a vivir sola, le pagué las habitaciones universitarias porque la quería lo más lejos posible de él, hasta que un día, después de dos largos años, se acabó, no pude soportarlo más, un socio de él, tiró vino sobre mi vestido, se disculpó, se marchó y fui yo quien recibió un castigo, uno que termino de quebrarme.
- Dime, por favor, que el maldito es ahora comida para los gusanos.
- No tuve tanta suerte, lo lancé por las escaleras, me lancé con él, mejor dicho –me mira asombrado- Solo sufrió algunas contusiones, dicen que hierba mala nunca muere, yo perdí más que él, eso seguro –digo rozando mi vientre por instinto y Theo parpadea un par de veces- Pero lo arrestaron, claro que ahora han pasado poco más de cuatro años, y le van a dar fianza por buena conducta, quizás ya esté libre por ahí.
- Es una mierda, una completa mierda –dice agitado y veo una lágrima traicionera correr por la esquina de su ojo, le sonrió y la limpio.
- Estoy mejor cada día –él asiente- Ese día en tu casa, lo siento mucho, estaba algo ebria y no puede evitar el miedo.
- Jamás te disculpes conmigo por algo así –me sujeta el rostro y me besa suavemente- Jamás.
- No cambies conmigo ahora que lo sabes, por favor.
- Lo prometo, preciosa.
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Comments
Leticia Nilda Gutiérrez de Sarango
que duro l,e toco pasar por todo eso pero con ayuda se está sabrá salir adelante.
teo es un hombre comprensible.
2024-10-26
0
anais angie paola molina chacon
Me gusta tu novela autora, ella es una mujer que a pesar del maltrato que muchas mujeres en el mundo viven supo salir de ese círculo vicioso
2023-01-08
4