CAPÍTULO 4

No sé qué hora nos quedamos dormidos, solo sé que me despierta el sonido de mi celular, lo escucho lejano y no quiero abrir los ojos, cuando trato de estirarme me duelen partes de mi cuerpo que hacía tiempo no sentía, sonrió y siento el brazo de Theo sujetándome de la cintura, está tumbado de espaldas con la sabana cubriendo muy poco, uno de sus brazos bajo su cabeza y el otro manteniéndome a su lado, mis piernas enredadas con las de él, estoy prácticamente tumbada en su pecho y me permito preguntarme sinceramente como me siento.

La respuesta no tarda en llegar, me siento un poco incómoda, pero en su mayoría me siento bien, no voy a permitir que el pasado me domine por siempre.

Si él notó las pequeñas cicatrices en mi espalda, mi estómago o mis muslos, fue demasiado educado y encantador al no mencionarlas, pero fui consciente de que no se sintió asqueado en ningún momento, beso cada una de ellas, quizás inconscientemente, pero lo hizo.

Mi teléfono vuelve a sonar sacándome de mis pensamientos, así que remuevo a semejante hombre tratando de no despertarlo, pero no hay remedio.

- Theo –se gira más hacia mí y su otro brazo también me atrapa- Theo despierta, debo levantarme.

- Claro, lo siento –murmura antes de soltarme y una pequeñísima parte de mí quiere volver a enrollarse con él, pero me levanto y me envuelvo en una sábana antes de buscar mi celular por toda la habitación.

Me tomo unos segundos preciosos para admirar la belleza del hombre que duerme frente a mí, no me equivoqué, una cara hecha por los ángeles y un cuerpo forjado por las llamas del infierno, porque eso solo puede estar hecho para pecar.

De nuevo el maldito tono de llamada, camino hasta el salón de la suite y recojo mi bolso, saco el celular, es Nadia.

- Hola –bostezo.

- ¿Dónde estás? –está casi gritando- Debes venir, todas estamos casi listas, la boda es en una hora y media y tu vestido sigue colgado.

- Claro, lo siento, me quede dormida… dame veinte minutos.

No. No me voy sin despedirme, no crean que soy tan desagradecida.

Me acerco a la cama y Theo tiene los ojos cerrados, pero está despierto, está dejándome decidir si me despido o no, es tan considerado que pienso en irme y dejarlo así, como un sueño, pero me permito ser egoísta, decido que, para mí, alguien que no tiene más que cicatrices no hay nada mejor que soñar despierta.

Me trepo sobre su oh tan maravilloso cuerpo y él sonríe como el gato que se comió al ratón.

- Así que veinte minutos –dice refiriéndose a la llamada y asiento mordisqueando su oreja.

- Tiempo más que suficiente para una ducha de despedida.

- No hay tiempo que perder.

Me arrebata la sabana que me envuelve dejándome nuevamente a su merced y comienza a mordisquear y lamer mis pechos de camino al baño.

Robert detestaba mis pechos, porque son digamos, bastante grandes, y él solía decir que solo los usaba para insinuarme con todos los hombres, Theo parece encantado con ellos y no se da cuenta de la batalla que me está ayudando a librar en este mismo instante.

Entramos a la ducha y me da la vuelta dejándome frente a la pared de baldosas, maldice y sale por un momento, sé lo que busca, cuando vuelve está más que listo y me toma desde atrás sin ningún miramiento, grito su nombre, desde que entre a esta habitación lo que más he gritado ha sido su nombre y eso también lo tiene encantado.

- Te sientes maravillosa –gruñe moviéndose aún más rápido- Me encantas, me fascinas, eres una diosa.

- ¡Theo, maldita sea! –grito y me dejo caer contra su cuerpo mientras él sigue moviéndose. No tarda demasiado y luego me gira para besarme en los labios con una suavidad para la que no estoy preparada, lo beso de vuelta, porque no sé qué otra cosa podría hacer en el mundo, porque sí, cuando un hombre como Theo entrega todo, una solo se limita a recibirlo.

- Gracias por todo –dice mientras se recuesta contra la pared contraria- Espero volverte a ver, quizás en otra vida.

Me doy la vuelta para no responderle y en lo único que puedo pensar es en que quisiera más bien haberlo conocido mucho antes… en esta vida.

Termino de ducharme y cuando salgo de la cabina lo dejo de pie exactamente en el mismo lugar, le doy un último vistazo antes de salir, como dicen los artistas, inmortalizando el recuerdo y me marcho.

Cuando llego por fin al salón de eventos, a la habitación donde nos van a maquillar y peinar, me encuentro a Nadia dando saltitos desesperados, me rio de ella.

- ¿Dónde demonios estabas? –me mira aún en mi vestido de anoche y con el cabello mojado- Tú, mala mujer, yo aquí preocupada y tú acabas de salir de la ducha de quien sabe qué galán.

- Nadia, si un hombre así se cruza en tu camino y te mira como él me miro todo este tiempo… Tiras tu matrimonio por la ventana solo por una hora bajo ese cuerpo –le digo subiendo al auto- Gracias al cielo que yo no estoy casada y que fue mucho más que una simple hora.

- No me digas que encontraste a tu príncipe azul –miro a Nadia como si estuviese loca y me rio de ella.

- Yo no estoy buscando ningún príncipe azul –digo sentándome frente al espejo y de inmediato un par de manos comienzan a secar mi cabello para el peinado.

- Somos amigas, desde hace tres años, muy buenas amigas y te admiro demasiado, la mujer que eres a pesar del monstruo que trato de destruir tu vida… -la miro y ella no dice más al respecto- Eres la mujer más fuerte que conozco y me alegra mucho tenerte aquí conmigo, en el día más especial de mi vida –un par de lágrimas corren por su mejilla y la abrazo- Solo deseo poder devolverte el favor alguna vez, ser tu madrina en una boda con el hombre más afortunado del mundo al tenerte.

- Nadia, yo debería estar animándote en tu día, soy una pésima amiga, no llores, si algún día encuentro al indicado, sé que estarás en primera línea para verlo.

- Ahora de prisa, mi padre y mi hermano vendrán por mí en una hora, tú irás con mi hermano, él es el padrino.

- Caro, no hay problema, estaré lista enseguida.

Cuarenta minutos después estoy de pie frente al espejo envuelta en la fina y elegante tela de color rosa crema y lo único que puedo pensar es en la maravillosa noche que pasé, hace mucho que no me sentía tan cómoda con un hombre, me concentro en mi peinado sencillo y en mis labios color carmín, en unos pocos minutos mi mejor amiga estará casándose con su gran amor, me siento tan orgullosa de ella cuando la veo entrar a la habitación ataviada en un vestido enorme estilo princesa de Disney, completamente blanco y cubierto con encajes y brillantes, un escote de corazón y guantes hasta los codos, su cabello esta suelto y cubierto con un largo velo y una tiara, sus labios apenas color rosa, luce preciosa y se ve feliz.

- Mi hermano acaba de llegar por ti –asiento tomándome el resto de mi champaña y abrazo a Nadia antes de salir.

Veo un chico de espaldas en la puerta junto a un señor mayor que debe ser su padre.

- Hola, tú debes ser el hermano de Nadia.

- Si, Theod… -se da la vuelta tendiéndome la mano y ambos quedamos en shock, trágame tierra y escúpeme tan lejos como sea posible, él se recupera primero y me da una sonrisa completa que amenaza con hacer que me desmaye, se acerca a mi oído antes de susurrar- Realmente hice algo muy bueno en otra vida para tener tantísima suerte.

Me permito entrar en pánico por un momento, acabo de salir de la cama del hermano de Nadia… uno que, si no me equivoco, está casado. Santa mierda.

- ¿Qué demonios es esto? –él me mira entre una risa y una pregunta, me le acerco y lo jalo del brazo antes de chillarle en el oído- Tú estás casado, que mierda…

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