CAPÍTULO 16

    Camille.

- No necesito a nadie aquí conmigo.

- Celina, por favor, me sentiré mejor al saber que hay alguien contigo.

- Pues cómprame un perro.

- Celina… te ayudará, una señora que se encargará del que hacer y la comida, podrás descansar y hasta puedes retomar la pintura.

- No es lo mismo, me gusta enseñar pintura, no quedarme aquí sola siempre.

Suelto un resoplido y miro a Celina con ganas de estrangularla.

- Vas a tener ayuda y punto, puedes centrarte en el cuarto del bebé –digo y eso capta su interés, sonrío- No creas que no he pensado en eso, mi oficina es compartida con mi habitación, cambiemos de habitación, estoy libre hoy y mañana, puedo vaciar mi oficina, comienzas a trabajar en ella y luego cuando el parto este más cerca, cambiemos de habitación.

- Está bien, trae a quien decidas a que me atienda como a una lisiada –dice enfurruñada- Camille, eres la mejor hermana del mundo, lo sabes, te adoro con mi alma.

- Ya cállate y desayuna, mujer cursi –le doy un beso en la frente cuando me voy a lavar los platos.

- Me cayó bien, Theodore, por cierto… no quería marcharse anoche, debiste invitarlo a pasar.

Me da una mirada pícara y una sonrisita socarrona, le lanzo el paño de secar los platos, ella suelta una risita.

- Está para remojarlo en chocolate y chuparse hasta los dedos.

- Celina por amor a Dios, tengo ojos, está como se le da la gana… -me rindo y me siento frente a ella, se pone seria- Es un buen tipo, lo juro, pero no estoy lista.

Me sujeta las manos y asiente, comprende, sé que comprende.

- Lo siento, no quiero presionarte a nada.

- No lo haces, realmente es bueno, demasiado bueno, ojalá hubiera llegado antes, mucho antes.

- Los ojalas, no existen, pero las segundas oportunidades sí.

- Lo sé, si yo te dijera que conocí a Theodore accidentalmente hace cuatro años… -ella me mira asombrada- Él fue quien chocó mi auto.

- No te lo puedo creer.

- Pues al principio ni yo misma me lo creía, pero así fue, que iba yo a pensar que me lo encontraría tanto tiempo después y que sería el hermano de mi mejor amiga.

- Y que te lo tirarías.

- Eres terrible –gimo- Pero ya en serio, Theo… me gusta, es increíble, me atrae más allá de lo físico, él… Quisiera conocerlo por completo, lentamente, quisiera permitirme enamorarme de él.

- Pero…

- Me asusta demasiado, no él, ni siquiera tengo miedo de equivocarme, solo… No estoy lista y no quiero lastimarlo, parece que le gusto tanto como él a mí, no se merece una simple ilusión, no sería justo.

- Pues díselo, hermanita, porque ilusionado ya está.

El día se pasa volando entre sacudir el polvo, vaciar la habitación para él bebe y ordenar todo en un rincón de mi habitación para que sirva de oficina mientras tanto, Celina está emocionada, buscando colores y tapices, me gusta verla feliz.

Mi teléfono suena, es la agencia que contacte para contratar a la señora que ayudara a Celi, me informan que llegara el domingo a las ocho de la mañana, me parece perfecto, así puedo ver por mí misma si es lo que necesitamos, me doy un baño y me visto para ir a mi clase de defensa personal.

- Celina, me voy –digo tocando la puerta de su habitación.

- Suerte, patea sus traseros.

Mi auto sigue en el taller, así que me voy trotando y llego al gimnasio en media hora, con la lengua colgando del cansancio.

- Lo sé, debo correr más –digo a Jacob, mi entrenador, cuando me ve entrando- No digas nada, solo déjame respirar.

- Eres floja, pero te ves sexy como el infierno –dice coqueto como siempre- Faltaste a tus clases esta semana.

- Tuve que cuidar de Celina, estuvo indispuesta –digo recuperándome y dejando el bolso en mi casillero.

- Basta de charla, vamos al ring.

Cuando desperté en el hospital después de lanzarme con Robert por las escaleras, lo único que sentía era miedo, miedo de que el infierno continuara, de que arriesgar mi vida no hubiera valido la pena, que el monstruo siguiera acechándome por siempre, más cuando supe que estaba vivo, por un momento pensé en rendirme, porque si volvía a casa con él, esta vez quien iba a morir, era yo.

Entonces el doctor me dijo que yo estaba bien, pero que lamentablemente no había podido salvar a mi bebé, que la caída había sido muy fuerte, yo no sabía si llorar o estar aliviada de no traer un niño al infierno que estaba viviendo, yo no sabía que estaba embarazada, pero en ese instante, llena de dolor por un niño que no tenía la culpa de nada, comprendí que no iba a perder nada más por culpa de un malnacido al que le gustaba golpear mujeres.

Di mi declaración, había evidencia en la casa de que había sido maltratada, y Olivia, tan buena como siempre, testifico lo que había visto mientras estuve casada con ese infeliz.

Necesite terapia todos los días durante meses, para poder dormir una noche completa, tuve que aprender a no correr de cualquier hombre que me hablara en la calle, a no enloquecer por cualquier accidente diminuto, a no tener miedo de cometer un error, porque ya no habría monstruo para castigarme.

Y con el paso del tiempo, jure no ser más la víctima, juré que, si alguien se proponía lastimarme de nuevo, estaría preparada y podría defenderme, no es justo que aun después de cuatro años, vuelva a tener una crisis por una botella rota.

Ataco el saco de box con furia, tratando de drenar mi rabia, mi dolor, mis miedos, ésta ha sido una terapia para mí, una que me ayuda a mantenerme en control, que me ayuda a no sentirme indefensa ante ningún hombre, que me permite disfrutar un poco más de la vida.

Pasan los minutos y para mí son solo segundos volando, segundos en los que Jacob me permite simplemente golpear, hasta que siento que pone una mano en mi hombro y me detengo.

- Es todo, vamos a entrenar en serio –dice y se posiciona frente a mí, ataca de cada forma que se le ocurre y me defiendo todo lo que puedo hasta que siento mis piernas y mis brazos temblar por el esfuerzo.

- No puedo más, déjame arrastrarme de vuelta a casa.

- Tienes visita –señala la banca y veo a Theodore esperándome, me da una sonrisa que no comprendo del todo y se pone de pie cuando camino hasta la orilla.

- Hola –digo pasando por debajo de las ligas y saltando frente a él, una rodilla me falla y casi caigo contra su pecho, pero me sostiene de la cintura.

- Te tengo.

- Sí, me tienes –me quedo viéndolo un momento antes de separarme rápidamente- Gracias, por cierto ¿cómo llegaste aquí?

- Fui a tu casa, Celina me dijo que estabas aquí.

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