Camille.
- Celina está aquí, llegó con una crisis, me pidió llamarla –dejo de respirar por un momento- No logro calmarla, necesito que venga.
- Voy de inmediato –cuelgo y miro a Theo- Por favor llévame al hospital, es una emergencia.
- Claro.
Siento la mano de Nadia en mi hombro y trato de mantener la mente en positivo, todo ha estado bien, todo va a seguir estando bien, Celina es fuerte y quiere luchar por ese bebé que viene en camino, debo ser fuerte para apoyarla.
- Estaremos allí en diez minutos –dice Theo y asiento en silencio.
- Va a estar bien, ambos.
- Lo sé –cierro los ojos brevemente y elevo una oración por mi hermana y mi sobrino/a.
Llegamos y recorro el hospital en tiempo récord hasta llegar al ala de cardiología, veo al doctor Horacio llevando equipo médico.
- Doctor, mi hermana…
- Ven conmigo.
- Estaremos aquí –dice Nadia y Theo asiente- Ve rápido.
Sigo al doctor y entramos a una habitación privada, Celi está recostada en una camilla, tiene oxígeno puesto.
- Tuvo una crisis fuerte, no logramos estabilizarla sin colocarle oxígeno, Celina está entrando en el cuarto mes de embarazo, ya no es posible retroceder en este punto –ambas asentimos, estuvimos de acuerdo en su momento- Todo puede ir cuesta abajo desde aquí, o mantenerse lo más estable posible.
- Usted solo diga que hay que hacer para que el proceso sea lo más seguro posible –Celina trata de hablar, pero el respirador se lo impide.
- Celina necesita reposo, no puede trabajar por el resto de su embarazo, lo más probable es que el último mes necesite internarse para ser monitoreada día y noche.
Celina se quita la mascarilla y me miro, mira al doctor.
- No tenemos el dinero, Camille trabaja duro para ambas, no tenemos la manera de pagar por un mes completo aquí y luego el parto, cualquier emergencia.
- No debes preocuparte, todo va a salir bien, conseguiré el dinero.
- Señoritas lo siento mucho, solo les digo lo que podemos hacer, mientras tanto siga con el tratamiento que lleva, y manténgase relajada, no puede trabajar, debe comer sano y descansar.
- Doctor, debo ayudar a mi hermana a pagar las cuentas.
- Celina, el doctor tiene razón, debes descansar.
- Pero Camille.
- Celina, si quiere tener la oportunidad de ver crecer a su hijo, entonces valore un poco más su estado de salud, no es un juego, su vida y la de su hijo, corren peligro.
- Está bien.
- Volveré en un momento a darle el alta.
- Gracias doctor.
Nos quedamos a solas y Celina deja escapar un par de lágrimas.
- Lo único que siempre he sido para ti, es una carga –dice y niego mientras me acerco a ella y limpio su rostro.
- No digas eso ni en broma, Celi, eres mi hermanita, somos tú y yo contra el mundo recuerdas.
- Sé que sí, pero yo soy la culpable de que tengas que trabajar tanto, comprar mis medicamentos, pagar el seguro, haberte casado con ese animal por mí, para darme educación y una buena vida.
- Celi, lo volvería a hacer, volvería a pasar por todo y jamás serías una carga para mí.
- No quiero causarte más problemas.
- Entonces vas a descansar mucho y ser fuerte –digo y ella asiente, el médico entra y le quita el oxígeno.
- Está lista para marcharse a casa –le entrega algunos medicamentos- Recuerde el tratamiento y descanse todo lo que pueda.
- Muchas gracias, doctor.
Salimos y Celina está un poco más tranquila, la ayudo con su bolsa y ella pone los ojos en blanco, pero se deja ayudar.
- Ven, voy a presentarte a alguien –digo mirando a Theo de espaldas junto a Nadia.
¿A quién? –pregunta curiosa mientras su mirada se desvía a Theo, sin saber que es a él.
- Theodore –lo llamo y se gira de inmediato- Te presento a mi hermana menor, Celina, Celina él es Theodore Williams, el hermano de Nadia y un buen amigo.
- Wao, Camille, pero qué dicha –Celina se queda pasmada un par de segundos en los que juro que siento arder mi rostro y Theo solo sonríe pícaro, ella le tiende la mano- Celina Fitz, tú debes ser el guapetón que tiene a mi hermana volando bajo.
Nadia y Theo sueltan una risita mientras que yo no podría estar más avergonzada, Theo me mira sonriente, y aprieta la mano de mi hermana, traidora.
- Ojalá y fuera cierto lo que dices, si por mí fuera, no seriamos solo amigos –me guiña un ojo y le da una sonrisa a Celi que la hace suspirar.
- Bueno bueno, pero que es toda esta tensión sexual llenando el aire apestoso del hospital –chilla Nadia abrazando a Celina- ¿Cómo está él bebe de madrina?
- Estaremos bien –contesta Celi y sonrió al verla tan segura de sí.
- Lo estaremos –asiento y nos vamos al auto.
Theo nos lleva a un bonito restaurante y Celi está más que maravillada, luego me mira mal.
- Estoy mal vestida.
Mira su vestido sencillo de flores y sus sandalias de tacón bajo, lleva el cabello castaño suelto y un poco revuelto, pero se ve muy bella, sus ojos azules como los míos brillando como zafiros, estoy por decírselo, pero Theo chasquea la lengua.
- Estás equivocada, seré la envidia de todos los hombres al entrar acompañado de tres hermosas mujeres.
- Eres un lambeculo –chilla Nadia y yo me rio mientras le doy un apretón en la mano, unas gracias silenciosas, pero firmes a las que corresponde con una sonrisa.
Mi hermana sonríe diosa y empoderada y baja mucho más conforme con su apariencia, mientras que yo sonrío y elevo una súplica al cielo, lo único que pido, es que ella esté bien.
- Estará bien –dice Theo mirándome fijamente- Es fuerte.
- Gracias por animarla, debe sentirse fatal, el médico dijo que no puede trabajar, que debe quedarse en casa.
- Nadia me hablo un poco de su enfermedad, lo siento tanto, sé que el pronóstico no es el mejor, pero estoy aquí para lo que necesites.
Asiento y entramos detrás de las chicas, un hombre mayor nos recibe y cuando ve a Nadia se deshace en atenciones, Theo, tan eficiente como siempre hace saber a hombre quien está a cargo y le da una mirada de pocos amigos, el señor titubea mientras nos muestra una mesa al fondo.
- Siempre hacía eso con cada amigo o pretendiente que tenía –dice medio en susurro- Era tan molesto entonces… ahora lo encuentro sumamente divertido.
- Nunca lo imagine celoso –digo y ella pone los ojos en blanco.
- Siempre fuimos los dos, mis padres nos enviaron con mi difunto tío a estudiar aquí, él tenía diez años cuando lo enviaron, yo tenía seis, así que por cuatro años solo hablábamos por teléfono, luego a los diez, me enviaron a mí, y él se encargaba de cuidarme todo el tiempo, luego de graduarse de la universidad, se fue a España, yo volví a casa, fueron buenos tiempos, él es el mejor hermano, lo extrañé demasiado mientras estuvo lejos.
- ¿Se irá de nuevo? –pregunto concentrada en la conversación.
- No lo haré por ahora –responde él y me sobresalto avergonzada- Sigo aquí, claro que si –sonríe- Y no quiero estar en ningún otro lugar.
- Lo siento.
Celina se desternilla de risa y Nadia solo lo fulmina con la mirada y le gruñe un cerdo.
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