[Maraton 1/4 -Club ♣
(conocidos como Tréboles, flores o bastos) -]
Al final de nuestro camino,
parece que nuestras almas no se han reunido,
más a la espera estoy,
hasta que este letargo haya acabado.
De la última pieza que bailamos,
solo quedaron dos almas en pedazos,
la noche se volvió oscura,
y mi corazón frío anhelo tu compañía.
Hasta que mis ojos te puedan vislumbrar,
con tu dulce encanto,
que la luna sea testigo,
de lo que este corazón ha sentido.
Que es sincero y duradero,
como el amanecer en nuestro encuentro,
quedará grabado con un sello,
para que en este mundo y en los venideros
estemos cerca y así perduremos,
por ahora me conformo,
con tu recuerdo...
con la efimera ilusion de tu regreso.
P.O.V. Finn
El pasto crujía y mojaba mis botas mientras lo atravesaba, camino a mi "santuario" como me gustaba llamarlo, una sala perteneciente al ala norte del castillo, un lugar asignado para mí por mi "padre", un lugar en el cual no me encontraría con mi difunto hermano.
Recorrí los extensos pasillos adornados con telares y pinturas de generaciones pasadas, los rostros de nuestros antepasados, hasta llegar a la enorme puerta de ébano, con un enorme ave, la cual era aprisionada por unos barrotes forjados con la más fina plata del reino, esta había sido tallada por un mes entero en la espera de ser perfecta, el dibujo que la representaba a la perfección, a ella, a la única mujer que ha sido dueña de mi alma.
Introduje la llave en la cerradura, cuando el metal crujió, la saque y guarde en mi bolsillo, con un empujón me adentre en el lugar, coloque el seguro, y me senté en uno de los asientos cubiertos con terciopelo.
-Tus favoritos, querida ¿me extrañaste?-Pregunte sintiéndome eufórico de estar nuevamente aquí, donde nadie nos molestaría.
-sabes...yo te extraño cada segundo de mi vida-Mi pecho se estrujo, y ese conocido dolor me invadió otra vez.
-¿POR QUÉ ME HICISTE ESTO? ¿Por qué...? ¿POR QUÉ LO ELEGISTE A ÉL?-Me levante invadido por la furia, mirando sus mechones rubios.
-¿POR QUÉ LO AMASTE? Y NO A MI-Mi mente se puso en blanco, mientras mis manos temblaban por la furia contenida, cada vez que veía sus hermosas orbes mis sentidos se descolocaban, los mismos ojos que me salvaron pero de igual manera me destruyeron, arroje al suelo los pinceles de diferentes tamaños que usaba para retratarla.
-Lo siento querida, pero no creo aguantar mucho más, extraño tu aroma, tus brillantes ojos, tu voz suave como la seda, que sanaba mi corrompido corazón-Baje la voz, ahora solo emitiendo un susurro, intentando en vano que mi voz no se rompiera.
-Querida ¿Por qué me hiciste eso?-Mis manos tomaron uno de los tantos lienzos que contenían su retrato.
-Mi amor, porque me has abandonado-Con las yemas de mis dedos trace la figura, desde sus hermosos cabellos dorados, que irradiaban luz, pasando por su piel con algunos rasguños o cicatrices provocadas por todo el daño que él la ocasionaba, su nariz respingada, los pequeños labios rosados, y finalmente a esos orbes brillantes, que una vez me miraron con ternura y amor, más ahora solo me queda el recuerdo de esos maravillosos momentos.
-Sabes jamás te he dejado de amar, aun así junto a ti no puedo estar-Mis párpados se cerraron, con las esperanza de que todo esto fuera una terrible pesadilla, que al abrirlos de nuevo ella estuviera frente a mí extendiendo su mano para que la acompañara en ese baile eterno.
¿Cuándo comenzó este sentimiento? me pregunté a mi mismo ¿en qué momento ella se volvió más necesaria que el aire? ¿Cuándo me intoxique con falsas esperanzas? ¿Si nos volvemos a encontrar nuestro cruel destino podría cambiar?. Bueno en a cuanto ello...todo comenzó en el momento en el que la dolorosa agonía invadió mi cuerpo.
Yo, un hijo del regente y de una concubina, alguien de sangre mestiza. Siempre comparado con mi hermano mayor, el príncipe heredero, donde quiera que fuese no podía ser nada más que su sombra. Incluso para mi padre, yo no podía serle de utilidad, NO, yo solo podría ser un reemplazo, por si a mi hermano le sucedía algo, alguien innecesario, un extra, sin ser amado o indispensable para nadie. ¿Mi madre? bueno en cuanto a ella, murió después del parto, por lo que una nodriza se hizo cargo de mí.
Pase toda mi vida intentando ser querido por mi padre, intentando ser mejor, más nunca lo conseguía, en cualquier actividad solo era uno más. Solo podía obtener comentarios como "El segundo príncipe no es tan brillante como su majestad" "¡No puedo creer que sean hermanos!" "Lo único que prueba su linaje es su cabello azabache" "jamás será rival para el príncipe heredero" "¿así apunta al trono?" "es claro que ni su majestad lo considera digno" "por supuesto que alguien con sangre plebeya jamás se le otorgara tal honor" "¿qué se puede esperar del hijo de una concubina?". Mi corazón puro y limpio pronto se vio rodeado de desesperación, solo anhelaba un poco de amor, ¿por qué nunca me fue concedido? ¿Qué pecado he cometido? ¿Es por esta "sangre sucia" como ellos lo llaman? ¿Es por el simple hecho de mi existencia?. ¿Quién me salvó de esa agonía?, bueno fue la única mujer a la que he amado, aun puedo recordar el momento exacto en que nos conocimos.
El día de mi séptimo cumpleaños, me desperté emocionado, con la esperanza que mi padre lo recordará, que me visitara, me envolviera en sus brazos y susurrara un "te quiero hijo", lo esperaba a pesar de saber que nunca antes había sucedido, lo deseaba desde el fondo de mi alma, sentía que este día sería diferente, que todo cambiaría. Así que decido lo espere en el jardín principal, en aquel quiosco adornado con las flores, ordene a las sirvientas traerme té para hacer más cómoda la espera, pronto el día se fue consumiendo abriendo paso al atardecer pintado con sus colores naranjas y rojos, nadie había paseado por el lugar, nadie me había buscado, ni mi hermano, ni mi...padre.
-Lo olvidaron...de nuevo-Apreté mis puños que reposaban sobre mis piernas, doblando la costosa tela.
-Lo olvidaron madre-Mi pecho comenzó a doler, mientras las lágrimas acuosas amenazaban cada segundo con salir, cada vez más insistentes. Pensaba que esta vez lo recordaría ¿es por esta sangre sucia? ¿no soy digno de su presencia? creo que solo soy una piedra en su camino, y bueno alguien insignificante no se merece nada ¿no es así?, ¡¿no es así?! ¿de qué sirve que siga vivo? ¿de qué sirve que siga respirando? la respuesta, creo que después de todos estos años es clara, de absolutamente nada.
Me levanté de golpe y regrese a mi habitación, tome los pinceles, el lienzo blanco, y las botellas de pintura, regrese y lo coloque todo, dispuesto a pintar. Solo deseaba desahogarme, sacar todo este dolor, pensar por un momento que mi existencia era de utilidad, que era querido, amado, indispensable, tome el pincel y lo hundí en la pintura, sacando el líquido carmesí y distribuyéndolo por el lienzo, deleitándome en ver como el puro blanco se manchaba de ese oscuro color.
-Hermoso-Di un salto en mi sitio al escuchar esa voz a mis espaldas.
-¿q-qué?-Pregunté mientras giraba para encontrarme con la dueña de esas palabras.
-Dije que es hermoso, no había visto a alguien pintar con tanto sentimiento, yo creo que serás el mejor pintor-Pronunció con voz suave como la seda.
Quede perdido en su palabras, admirando sus rasgos dulces, sus suaves ondas doradas, que caían igual que la miel, pero sobre todo sus ojos, fue la primera vez que alguien me miró con admiración y ternura, fue en ese momento que sin saberlo ella capturó mi corazón.
Pero el mundo nunca es justo, Oh, por supuesto que no lo es, siempre que creemos que todo está bien, llegan la dura y cruel verdad, aquellas que hubiéramos preferido ignorar y enterrar en el fondo del océano. Aquella mujer de sonrisa inocente, estaba ya comprometida con mi hermano, ella sería la próxima reina de Stellae, aquella joven mujer de catorce años, Rainy Aeternum, la segunda princesa del reino de Salo Ventus.
Aquello desgarro mi corazón poco a poco, con el pasar de los años el verla con alguien más, solo logró destrozarme, hizo cautivo a mi corazón. Pero no fue tan doloroso como saber que ella amaba a mi hermano, a pesar de que el la trataba tan cruelmente, ella lo seguía amando.
Aunque lo deseara con toda mi alma, sus ojos nunca me miraron como a él, no importaba cuanto lo intentara, no conseguía capturar su corazón, cada que sus hermosos orbes se encontraban con los de él brillaban más que cualquier estrella, lo reconocía, era amor, ¿cómo lo sabía? bueno porque así mismo la miraba yo.
Me mantuve a su lado, junto con Maxim, protegiéndolos a ambos, tenía fe en que algún momento ella correspondería a mis sentimientos y seriamos felices juntos, Oh, pero qué estúpido era.
Ella enfermó años después, no podíamos encontrar una cura para ello, yo buscaba desesperadamente una forma de mantenerla con vida, la necesitaba, NO, la necesito.
Más todo fue en vano, su cuerpo se fue debilitando cada vez más, y cuando el médico dijo que no le quedaba tiempo, yo entre en pánico, golpee al doctor hasta dejarlo inconsciente, descargue toda mi ira, toda la que tuve acumulada por tantos años, me levante y abrí las puertas de un golpe. La observe ahí postrada en una cama, sabiendo que esta imagen era efímera, que por más que rogara que ella se quedara a mi lado no lo haría.
-Rainy-Pronuncie en un susurro mientras mis piernas se movían por sí solas hasta quedar a su lado. Ella me sonrió, y en ese momento...me rompí.
Mis hombros temblaron y llore como un niño, llore como cuando tenía siete años.
-Por favor no me dejes, te lo ruego-Apreté sus manos entre las mías, buscando desesperadamente su calor.
-F-finn, recuerda que somos mortales-Hablo con dificultad, con su voz ahora más gruesa y quebrada, mientras limpiaba las lágrimas que resbalaban por mi rostro.
Ella solo me miro con ternura aun conservando su sincera sonrisa, la única que me haría enloquecer. Yo era su fiel siervo, si ella me ordenara, matar a miles de personas, yo lo haría...lo haría, porque yo siempre seria ciego a sus deseos, incluso si tuviera que dar mi vida por ella, no lo dudaría ni un segundo, porque mi amor por ella jamás acabara, ni en esta, ni en otras vidas.
-Puedo...puedo pedirte algo-La mire destrozado por completo, sintiéndome débil, como no lo hacía en mucho tiempo. Ella asintió.
-Si esta es la última vez que te veré, permíteme ser egoísta, permíteme darte un beso-Le roge.
-Sí-Susurro y por primera vez en toda mi vida me miró como a él.
Me acerque lentamente, observando cada uno de los detalles de su rostro, sus ojos con esos halos negros debajo, sus pálidas mejillas, y sus labios.
Me deleite con su olor y me perdí en sus ojos mientras nuestros alientos chocaban, permitiéndome cumplir mi más anhelado deseo, la bese lentamente, recordando cada segundo, permitiéndome memorizar el sabor de sus labios, ya que esta sería la última vez que la tendría en mis brazos.
Ella se separó y me observó atentamente, una sonrisa se instaló en mis labios, ese beso había reemplazo todo el frío que me había invadido en esos años.
-Te amo-Declare, me sentía patético por jamás habérselo dicho, por hacer que este sentimiento me quemara cada vez más, por solo conformarme con permanecer cerca de ella.
-Yo t-también...te amo-Pronuncio con su débil voz. En ese momento mis ojos se abrieron con sorpresa mientras que los de ella se cerraban, colapso entre mis brazos dando sus último suspiro.
Desde ese momento odie con todo mi ser al destino que nos había tocado, si tan solo ella no se hubiera comprometido con mi hermano esto no hubiera pasado, si tan solo ella me hubiera elegido a mí, pero ya no servía recordar eso, era en vano, el pasado no puede ser cambiado, ahora solo nos queda moldear nuestro futuro.
-Amo-Desperté de mi ensoñación con el llamado de mi sirviente.
-¿Qué sucede?-Cuestione irritado por la interrupción.
-La señorita Estefanía desea hablar con usted-Se oyó detrás de la puerta.
-Ya voy-Tome las llaves y salí del lugar, dispuesto a encontrarme con esa mujer. No tuve que caminar mucho pues se encontraba en mi despacho.
La joven mujer me recibió con una sonrisa mientras corría hasta mí, me envolvió en un abrazo al que correspondí. Se separó y me miro un tanto preocupada.
-¿qué pasa querida?-Le pregunte, ella solo miro hacia el suelo.
-t-tengo algo muy importante que decirte-Susurro.
-Adelante-La inste a seguir.
-E-estoy embarazada, serás padre-Hablo rápido y nerviosa.
-¿estás segura?-Cuestione sorprendido.
-Si, la doctora me lo ha dicho hoy-Enrollo un mechón rubio de su cabello.
-¿Solo ella lo sabe?-Recordé el momento en el que ella me traiciono, el momento en el que me dijo que estaba embarazada, que tendría a Maxim.
-Si-Bajó la cabeza, como si esperara lo peor.
-Muy bien, estoy muy feliz por ello, pero...deberías descansar, vamos regresa a tu habitación-Le di una mirada amable con una sonrisa. Mientras ella brincaba, deposito un beso en mi mejilla. Se separó y corrió a su habitación.
-Ven aquí-Llame a un sirviente que estaba parado a un lado de la puerta.
-¿Que desea mi señor?-Dio una reverencia.
-Desaste de esa mujer y del bastardo que lleva-Le mire de reojo.
-Como ordene señor-Su voz monótona denotaba la experiencia que tenía en resolver estos asuntos, claro desde que comenzó a trabajar para mi.
-Pero hazlo fuera, no quiero manchas de sangre en la habitación, ah y busca a otra mujer-Mencione con una mueca de asco.
-Así lo haré-Se levantó y salió, cerrando las puertas.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 26 Episodes
Comments