『Capítulo 8』

Sin saber nada comenzaron a amar,

 sin dudarlo él, su corazón le entrego,

 más pronto su amor se mezcló con el odio,

 con sus crueles actos desató la furia del cielo.

 ¡Oh querido! pronto tu falta pagaras,

 la recordaras y por ella sufrirás toda la eternidad,

 este es el fin, esperando por tu amor,

 ¿Qué harás para conseguirlo?¿su destino cambiaras?.

✽◈◈◈◈◈◈◈◈◈◈✽

P.O.V. Pauli

La biblioteca del palacio, tan relajante y silenciosa, sin duda alguna el mejor lugar para leer un buen libro, sin interrupciones, bueno eso hasta que cierta persona irrumpió en el lugar abriendo de un portazo.

-Sabía que estarías aquí-dio una exhalación y levante mi vista, encontrándome con el príncipe heredero y mi "amigo" desde la infancia.

-Necesito al primer ministro en el salón del trono, tengo un anuncio importante que hacer-Anuncio con una voz llena de regocijo y una gran sonrisa.

Esto es extraño, el no suele estar en el gran salón, y mucho menos tener algo "Importante que hacer".

-Estaré ahí en un momento- Retire mis lentes y cerré el libro. Él se dio media vuelta y se marchó.

"TAL VEZ AL FIN ATIENDA SUS DEBERES COMO HEREDERO DE LA CORONA" pensé y no pude evitar que se formara una sonrisa en mi rostro.

Aun espero el día en el que deje de ser una pieza más en esta guerra por el poder, porque así es como me ven todos, como algo que cuando deje de funcionar, de serviles, de ser de utilizad será desechado sin el más mínimo remordimiento, cuantas veces no me han ordenado a mí que me deshaga de esas "herramientas" inservibles, cuantas veces me he manchado las manos de sangre, cuantas veces he teñido mis ropas de carmín.

Aún recuerdo la primera vez que manche mis manos de ese líquido escarlata.

Apenas tenía 13 años, Maxim habíamos salido de caza junto con otros diez hombres, y su caballero real, un hombre joven pero sin duda alguna un fiero guerrero.

Yo como siempre cuando su alteza el príncipe heredero no estaba, me encontraba en la inmensa biblioteca del palacio, era lo mejor de este lugar, o al menos eso creía cuando aún era inocente, ahora mismo diría que es lo único bueno de este lugar.

Me mantenía leyendo uno de esos inmensos libros, pero tan glorioso. Cuando los gritos y murmullos llegaron a mis oídos me interrumpieron la lectura. Me levanté como un resorte y fui a investigar qué había pasado, esa fue una de las peores ideas que pude tener, debía haberme quedado a seguir con mis narices en esos libros polvorientos y desgastados.

Frente a mi estaba la imagen del príncipe heredero con una gran herida en su pierna derecha, de esta brotaba la sangre y manchaba sus ropajes blancos. Mi expresión fue de total asombro, como algo así podía haber pasado, mi mirada dejó de centrarse en Maxim y busco al rey, cuando al fin lo encontré quise huir del lugar lo más pronto posible, su expresión era una llena de furia, sus ojos ardían como llamas, su rostro rojo y de sus boca solo salían palabras llenas de odio y frustración.

Al príncipe lo llevaron a sus aposentos, junto con el médico real, para examinar la herida, las sirvientas corrían de un lado para otro trayendo agua, vendas, almohadones y comida. Los guardias y caballeros que lo habían acompañado se encontraban en la sala del trono siendo interrogados sobre lo sucedido.

Estaba inquieto, tenía el presentimiento de que algo muy malo iba a pasar, así que me mantuve cerca del salón, esperando que sucedería, sin embargo cuando todos los presentes salieron llevaban una gran expresión de alivio, a excepción de su majestad, que se mantuvo serio hasta llegar justo enfrente de mí.

Me observó con esos fríos ojos, entonces puso su mano sobre mi hombro y pronunciación en voz baja.

-Es hora que pruebes tu utilidad, Pauli- Temeroso solo pude asentir.

-Necesito hablar contigo en privado- Enunció mientras quitaba su mano y continuaba su camino hasta su despacho. Lo seguí.

Una vez dentro cerró la puerta y me indico que tomara asiento.

-Lo que te pido hacer es muy fácil, espero y no me decepciones, de lo contrario, el que pagará las consecuencias serás TÚ- Su mirada se volvió fría y oscura, mi piel se erizo sin embargo intente mostrarme sereno, al menos por fuera.

-Este humilde siervo estará honrado de obedecer las órdenes de su Majestad- Incline mi cabeza en muestra de respeto, aun no sabía cuan despiadados eran los NIGHTMARE, pero habría de aprender...

En lo que parecieron horas de sufrimiento y terror para mi, su majestad explicó cada detalle de su orden.

-Estoy seguro que no fallarás-Fue lo último que dijo antes de salir del lugar.

Me levanté del asiento, mis piernas temblaban, aún no sé cómo voy a realizar aquello. Mi vida dependía de ello, el miedo se propagaba por todo mi sistema, tenía nauseas de solo pensar en lo que iba a hacer. Pero aun así salí del palacio hacia los campos de entrenamiento, mis manos sudaban cuando más me aproximaba.

Al fin localicé a la persona que buscaba a la única persona que me salvaría de esta encrucijada.

Keith, el caballero real de su alteza Maxim, un hombre de unos veinte años de cabellos brillantes como el sol y ojos verde bosque, procedente de una familia noble.

-Hey con que el pequeño juguete de su alteza al fin salió de su montón de libros-Hablo con sorna mientras me observaba llegar a aquel lugar. Al escuchar aquello los demás soldados y caballeros comenzaron a reír.

-Podría hablar contigo un momento-Estaba realmente nervioso por dentro pero intente actuar los más calmado posible.

-Muy bien libro de cuentos-Ellos sabían muy bien que yo permanecía en el palacio solo para ser el juguete humano del próximo heredero al trono.

Nos adentramos al bosque, esquivando las ramas de los árboles, arbustos, charcos de lodo y raíces. Cuando al fin llegamos a un lugar los suficientemente apartado, di media y lo encare, respire profundo y dejé fluir todo.

-Keith, ¿Qué harías si tu superior te ordenara hacer algo que no quieres?- Apreté mis manos.

-Bueno, yo creo que acataría su orden, nuestros superiores siempre hacen lo que consideran correcto, pero, ¿Por qué me preguntas eso?- Me miró a los ojos con una expresión seria.

-Por...no es nada-Mis hombros se tensaron y mi respiración se detuvo un segundo, estaba aterrado, como nunca en mi vida lo había estado, ni siquiera el día en el que casi muero me sentía así.

Pero tenia que hacerlo, debía hacerlo, era su sirvo, lo había prometido, yo lo seguiría por siempre, por que el me dio una segunda oportunidad, el me mostro la luz cuando todos me abandonaron, no tenia otra opción, le debía mi obediencia absoluta.

Se acercó a mí y me envolvió en un abrazo, mis músculos se relajaron, cerré mis ojos y...sosteniendo en mi mano aquella daga que el rey me había regalado, la clave en su pecho sin vacilar.

Sus ojos se abrieron con sorpresa y su cuerpo cayó a mi lado, la sangre se resbalaba por sus ropas dejando caer gotas al suelo, mire sus ojos que me miraban demostrando el profundo dolor y la traición, solo unos segundos después dio su última respiración.

Jamás olvidaría esa mirada, ese sentimiento tan horrible de culpabilidad aún se encontraba en las profundidades de mi pecho. Yo maté a Keith, el caballero real, el hombre que juro que defendería a Maxim con su propia vida, sin embargo aquella vez falló, causando que el adorado príncipe se lastimara, el hijo de su majestad, el último recuerdo que le queda de la antigua reina después de su muerte, lastimó la posesión más preciada del rey.

✽◈◈◈◈◈◈◈◈◈◈✽

Y yo siendo la herramienta más confiable del príncipe fui asignado a matarle, fui asignado a deshacerme de esta herramienta defectuosa, deficiente, inútil, eso fue lo que me dijo su majestad.

✽◈◈◈◈◈◈◈◈◈◈✽

Después de matarlo a él me encargue de muchos más, han sido tantos que incluso he perdido la cuenta.

Todo aquel que pisara un pie en este palacio bañado de sangre escarlata no saldría....o al menos, no con vida.

Saque todos esos recuerdos desagradables de mi cabeza, y me concentré en llegar a la sala del trono.

Ya cerca de esta me percaté de que había demasiados murmullos al menos más de los habituales, entre al lugar, y de inmediato el aire me abandono, mis ojos se abrieron con asombro y mi pecho se estrujo.

Frente a mi tenia a Alisha vestida con ropajes finas y joyas adornando su hermoso cuello, sin embargo su mano se encontraba sujeta a la de...Maxim.

Sus sonrisas llenas de felicidad, solo lograron que mi pecho se apretara más.

-Bueno ahora que todos estáis aquí reunidos, tengo un anuncio importante que dar- Alzó su vista observándonos a todos con superioridad.

-Es un día de dicha para todos, puesto que hoy, yo MAXIM NIGHTMARE, tomare como concubina real a Alisha-Sus palabras fueron como veneno para mí, él,¡¿Él?! ¿de todas las personas del mundo ella lo tenía que escogerlo?.

Los aplausos no tardaron en escucharse por todo el salón.

Mis puños se cerraron, intentando controlar mi ira, intentando que esta no se notara en mi rostro.

Sabía mejor que nadie, absolutamente nadie se podía interponer en el camino de los regentes, sin embargo tenía tantas ganas de tomar a Alisha y llevármela lejos, muy lejos de este lugar, de que ella fuera mi mujer, no la de él, sin embargo eso sería cavar mi propia tumba, él ya la tomó como concubina, lo acaba de hacer oficial, ja concubina...esas palabras tan amargas, ahora ella no era más que un objeto más, una...herramienta más, ahora ella es el nuevo juguete de Maxim, y cuando este se canse, la botara igual que a la basura.

La nueva pareja, se acercó hasta mí, pude ver claramente la sorpresa reflejada en los ojos de la inocente chica.

-Por un momento creí que esperaríamos dos horas hasta que acabarás ese libro- Hablo el pelinegro en broma.

-YO no soy tan irresponsable como tú-No pude evitar lanzar unas palabras mordaces.

-Bueno te quiero presentar a Alisha- Su mirada pasó de la mía a la dama a su lado.

-Ya nos conocíamos cariño, Pauli me ayudó hace unos meses a vender unas cosas -Le informo con una sonrisa, solo causando que mi rabia y dolor aumentara.

-Ya veo-Su mirada se volvió fría, sin embargo seguía con su sonrisa perfecta.

-Bueno yo tengo cosas más importantes que hacer, si me disculpan-No aguantaba un minuto más, di media vuelta y me apresure a salir del salón.

-Adiós...-Fue pronunciado débilmente por la dama de cabellos dorados.

Habían pasado ya un año, un año con este sufrimiento, con este dolor cada vez que la veía y esta sonreía y besaba a ese hombre, levantándome cada mañana deseando que esto solo fuera una pesadilla, sin embargo al recorrer el palacio recordaba la cruda realidad.

Sin embargo lo que escuche esta mañana me rompió por completo el corazón.

Ella, la mujer que amo está esperando un bebé del primer príncipe.

No pude más, salí del palacio, tome un cabello y cabalgue lo más rápido que podía, mi pecho dolía horrores, era como si me estuvieran clavando tantas dagas a cada segundo, mis manos apretaban con fuerzas las riendas, dejando mis nudillos blancos en un intento vano de sacar todo ese dolor e ira.

Cabalgue sin un rumbo fijo, intentando controlar todo este tornado de emociones.

Sin embargo en un segundo el caballo se detuvo de golpe, casi logrando que cayera de la montura, inspeccione el lugar...esta parte del bosque jamás la había recorrido, era más oscura y silenciosa.

Logre localizar lo que parecía una pared con rosas que se aferraban con fuerza a esta, rojo y negro era lo que veía.

Casi hipnotizado me quede apreciando la hermosura de este lugar, sin embargo un ruido me puso de nuevo alerta, una clase de pasadizo se había abierto entre la pared, algo completamente extraño, sin embargo la curiosidad me invito a explorar el lugar. Me adentre en él, todo lo que veía era oscuridad, con mi mano los bordes intentado guiarme, el olor a humedad llego hasta mi nariz, percibí a lo lejos una luz y supuse que debía ser la salida.

Pero al llegar, me percate de mi error. La luz en realidad era debido a una abertura en el techo que dejaba pasar la luz a un estanque, que se ubicaba debajo de esto, pero eso no era lo más impresionante del lugar, NO, lo eran las paredes, hechas de oro, y con piedras preciosas incrustadas, que al igual que el exterior tenía rosas carmín escalando en ellas.

-¿Qué haces aquí?- La voz logró sorprenderme, ni siquiera había escuchado pasos, voltee para descubrir de quién procedía.

Una anciana con ropajes dignos de un rey se encontraba frente a mí, su expresión era serena.

-Yo...encontré el lugar por casualidades y...- Me interrumpió.

-¿CASUALIDAD? o ¿DESTINO? jovencito-Mostró una sonrisa.

-Si no me equivoco lo que tú quieres es Venganza, el pequeño polluelo descubrió una verdad muy venenosa- Se acercó más, sus expresiones eran ilegibles, a pesar de todo el tiempo que llevaba conviviendo con tantas personas, aún no podía saber lo que pensaba esta mujer.

-Como lo...- La sorpresa invadió mi rostro y las palabras se atascaron en mi garganta.

-Yo te podría ayudar- Dio media vuelta- pero, hay un precio a pagar, dime polluelo que estás dispuesto a sacrificar por ver tu deseo cumplido- Se acercó al estanque.

-Yo...no estoy seguro-Dudé, no sabía si ella estaba intentando engañarme.

-Dime ¿acaso no deseas ver a ese hombre lejos de tu amada?- Me miró y enarcó una ceja.

-Por supuesto que sí- Sin pensarlo mi voz fue decidida y fuerte.

-¿Entonces?- Habló divertida.

-te daré...diez años de mi vida- Sentencie.

-HECHO- Enunciado en voz fuerte y desapareció en una nube de humo negro, quedando en el lugar que ella antes ocupaba un grueso libro.

Me acerque y lo tome, la pasta era gruesa, de un color negro con una luna de plata en el centro.

Lo abrí y me sorprendí al encontrar todas las páginas en blanco, a excepción de una.

La única hoja estaba escita en un lenguaje antiguo que solo había visto pacas veces, con curiosidad comencé a leer, sin embargo todo lo que contenía eran solo frases incoherentes, decepcionado deje el libro en el lugar en que estaba y salí de allí, cabalgando de vuelta al palacio.

Sin embargo en cuanto desmonte, solo venían a mi memoria imágenes difusas, de estar recorriendo el bosque.

-Debe ser por todo el trabajo-Afirme, sin darle importancia.

Haría todo lo posible para tener el corazón de Alisha y ella no debería olvidarlo, por ella seria la mayor ilusión o su peor pesadilla.

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