Capítulo 16

Él, ángel de la muerte,

aquel ser poseedor,

del poder para las almas traer,

con su sola presencia causara temor.

El último ser que en tierra verás,

antes de al infierno ó al cielo llegar,

no importa donde te pretendas esconder,

su mandato por hades, habrá de obtener.

Ningún mortal lo hará demorar

aquel ser inmortal

que toda alma en pena temera,

de nombre...

P.O.V. THANATOS

El amanecer se alzaba por el horizonte, estábamos a solo unos minutos de llegar al campamento donde se encuentre su majestad, a decir verdad cuando fui informado de lo sucedido estaba realmente sorprendido, por mi mente no podía pasar que alguien tan calculador como él  estuviera en esta situación, pero así es como es, nunca sabes lo que te deparará el futuro.

-Doctor Thanatos, bienvenido, la tienda de su majestad está por este lugar-Me recibió un soldado del ejército.

-Gracias-Baje de mi cabello y entregue las riendas al hombre que me atendió.

-Los demás por favor acompáñenme-Indico otro hombre.

Lo seguí hasta una tienda, bastante común por fuera, sin embargo el interior tenía mejores artículos que los comunes, era de esperarse.

-Bajen mis cosas y colocarlas sobre esa mesa-Ordene a el sirviente que estaba esperando en la entrada, me acerque hasta su majestad Maxim, lo que era su anterior imagen había quedado sepultada, ahora su apariencia era la de un hombre débil, consumido por la fiebre que causó su herida, la pérdida de sangre dejó su tez pálida, igual que una hoja seca ahora sin poder hacer nada ha quedado, y en sus ojos todo rastro de vida se ha esfumado.

-Sí señor-Hizo una reverencia y procedió a hacerlo.

...............................

Termine el tratamiento y lo deje estable, todo peligro había pasado, deje administrado medicamento que mejoraría su condición. Dentro de poco ya estaría recuperado, tal vez uno o dos meses, pero por lo menos vivirá.

-Señor sus cosas han sido ubicadas en una de las tiendas-Habló el sirviente que estaba desde un inicio aquí.

-¿Han tocado algo?-Cuestione mientras comprobaba el pulso del rey.

-No señor-Comentó mientras me observaba atento.

-Muy bien-Di media vuelta y salí, caminando detrás del hombre que me indico el lugar en el que se ubicaba mi tienda.

-Puedes retirarte-Le dije mientras le daba una mirada de soslayo. Este solo dio una reverencia y se alejó.

Me acerque a tomar mis pertenencias y acomodarlas, era seguro que mi estancia aquí duraría hasta que su majestad pudiera estar de pie nuevamente.

Una vez que todo estaba acomodado, revise en mi bolsillo si los dos pequeños frascos seguían allí.

-En efecto aquí están-Suspire de alivio al comprobarlo.

-Señor Thanatos...-Llamó el mismo soldado de antes, fuera de mi tienda.

-¿Sí?-Respondí.

-Su señoría Pauli lo llama-Salí del lugar y de inmediato el hombre dio una reverencia.

-¿Sabes por qué?-Analize los alrededores, la mayoría de los soldados a esta hora se encontraban en el campo de batalla.

-Desea saber el estado de su majestad-Mencionó.

-Dile que si desea saberlo venga el mismo-Di media vuelta dispuesto a irme, sin embargo su llamado me detuvo.

-Pero señor...-Habló con nerviosismo.

-¿Acaso no has escuchado?-Le mire de reojo.

-Sí señor, lo lamento, ya mismo le informare-Se retiró a paso rápido.

Regrese adentro y comencé a preparar un poco de té. La fragancia de lavanda llegó hasta mi nariz, las flores secas que había colocado en esa pequeña bolsa aún conservaban su olor, esa fragancia que me trae tantos recuerdos.

-Si hago esto es por ti, no he olvidado mi promesa...AUNQUE MUERA NO LA OLVIDARÍA-Cerré mis ojos y por un momento sentí su presencia, gracias a ese magnífico aroma, era como si esa persona estuviera a mi lado.

........................

P.O.V. PAULI

-¿Qué él?¿qué?-Pregunté aún sin creerlo.

-Lo que ha oído señor-Contestó el soldado algo temeroso.

-Vete-Me masajeé la sien, mientras le daba un ademán.

-Sí señor-Se retiró.

-Este estúpido doctor, ¿quién se cree que es?-Intente mantener la calma.

Me levanté de la silla y camine hasta la tienda del doctor que atendió a Maxim, si no mal recuerdo se llama ¿Thanatos? creo que ese mismo nombre lo he escuchado hace mucho, pero ¿dónde?, bueno eso es lo de menos, ahora solo importa saber cómo se encuentra Maxim.

-Doctor Thanatos ¿Puedo hablar con usted?-Lo llame desde la entrada de su tienda.

-Claro, adelante-Respondió monótonamente.

-Quiero que me dé un informe de la salud de su majestad-Hable una vez estuve adentro, el olor a lavandas inundaba el lugar, por alguna razón era relajante.

El doctor se encontraba sentado frente a una pequeña mesa adornada con un mantel blanco con una orilla bordada, sobre él había un juego de té.

-Por supuesto pero antes, ¿no desea un poco de té?-Me señaló la fina porcelana frente a él.

-No gracias-Respondí de inmediato, solo me quería largar de este lugar, este tipo, a pesar de ser de una posición más baja me mando hasta aquí.

-Oh, por favor tome asiento, esto que estoy a punto de decir es muy delicado-Su expresión denotaba preocupación.

Decidí sentarme, solo serían unos minutos y volvería a la batalla. El inmediatamente me sirvió en una pequeña taza con trazos delineados de color plata, dejó el objeto frente a mí, desprendía un olor delicioso, ahora veo porqué los rumores, todo el mundo decía que sus conocimientos de herbolaria eran magníficos. Tome un trago, el líquido se resbalo por mis labios hasta mi garganta, y por un momento todo pareció desvanecerse, relamí mis labios saboreando hasta la última gota de esta exquisitez.

-Muy bien, ahora dígame-No debía olvidar porque estaba aquí.

-Verá la condición de su majestad es muy delicada, en realidad no estoy seguro que aguante mucho más-Con sus manos apretó un poco más la taza, y apretó sus labios, estaba claramente asustado. Seguía bebiendo de mi taza, esto era adictivo, no deseaba decir ni una palabra.

-Creo que lo mejor será informar de esto a su alteza Finn-Espeto.

-Muy bien, yo lo haré, gracias por su trabajo-Me levanté y dejé la taza vacía. Di media vuelta y justo cuando estaba a punto de salir su voz me detuvo.

-Una cosa más...-Hablo casi en un susurro, mientras sus hombros temblaban.

-¿Si?-Regrese mi vista a él.

-Pfff...jajaJAJAJJAJA-Estalló en carcajadas, dejándome con los ojos abiertos.

-¿De qué se ríe?-Estaba realmente confundido con su repentino cambio.

-Veo que conserva la evidencia con usted, me rio de lo estúpido que es por supuesto-Lo dijo como si fuera lo más normal del mundo, insultar a su superior ¡Qué osadía!.

-¡¿QUÉ?!-Cerré mis puños, y casi grité debido a la furia,

-Belladona...¿le suena familiar?-Se secó las lágrimas que había salido gracias a sus fuertes carcajadas.

-No sé de qué habla-Le mire serio.

-Oh my, estoy completamente seguro que lo sabe-Una sonrisa ladina se formó en su rostro.

-Pues se equivoca-Asegure, sin embargo podía sentir el sudor frío en mi espalda, y mi pierna derecha temblar casi imperceptiblemente.

-No, no, estoy en lo correcto, después de todo, usted tiene varios frascos en su bolsillo-Señaló mi saco que era cubierto por la capa negra que reposaba en mis hombros.

-Y...bueno resulta una gran casualidad que su majestad haya sido envenenado con belladona ¿No?-Su tono estaba impregnado de burla.

-Me pregunto ¿qué pasaría si todos se enteraran de este hecho?-Me miro a los ojos buscando una respuesta.

-Sería acusado de traición por supuesto, eso es ahora, un TRAIDOR-Se encogió de hombros.

-¿Cómo sabe esto?-Me quedé quieto gracias al temor que sentía, y podría jurar que mi rostro se había tornado pálido como una hoja.

-¿En verdad desea que se lo diga?-Me miró sorprendido y yo solo asentí.

-Bueno, primero descubrí el olor de la belladona en usted, antes que el ejército partiera, después me entero que se majestad ha sido gravemente herido, eso despertó mi curiosidad, así que me dispuse a buscar la causa de su malestar, en una de sus copas encontré, bayas de belladona, supongo que su intención no era matarlo con ellas, solo dejarlo lo suficientemente confundido para que lo hiriera de gravedad en batalla, ahora dígame ¿ME EQUIVOCO? -Cerró sus ojos y juntos su manos, mientras esperaba que le respondiera, mantenía una actitud relajada.

-No, está en lo correcto, no creí que alguien fuera averiguarlo, después de todo, los doctores siempre son muy inútiles, pero veo que me he equivocado con usted-Exhale y le mire con burla como él lo había hecho conmigo.

En un rápido movimiento tire la mesa a un lado, el exquisito líquido y la fina porcelana impactaron en el suelo, escuchando un estruendo, me alegra que a esta hora los soldados están en batalla. El intento alejarse, sin embargo solo logró levantarse antes que mi espada quedará contra su garganta.

-Pero no sucederá de nuevo-Una sonrisa surgió de mis labios al saber que estaba a punto de deshacerme de mis mayores problemas.

-¿Una última palabra antes de morir?-Le pregunté, intentaba ver el temor en sus ojos, pero estos se mantenían serios, vacíos, ni una pisca de miedo a la muerte en ellos.

-Sí, quiero saber que lo llevó a traicionar a su reino-Suspiro pesadamente, su respiración logró empañar el reflejo de la cuchilla que se acercaba peligrosamente más y más a su carne.

-Él no la merece, ni su cariño, ni su devoción, ni siquiera un solo de sus cabellos-El recordar todo eso me hacía enfurecer, el que ella fuera tan estúpida para no darse cuenta que él no la ama, y seguir estando a su lado, sin voltearme a ver sin darme ni una mirada, pero eso cambiaría, si el desaparece, ella me amara estoy seguro, y si no es así la obligare a que lo haga.

-¿Se refiere a Alisha?-Hablo con apenas un hilo de voz.

-Así es, ella...cof, cof-Mi garganta comenzó a arder como si unas llamas brotaran de ella.

-¿Qué le pasa primer ministro?-Cuestionó.

-N-nada-Incluso decir una maldita palabra me dolía como el infierno. Deje caer la espada y llave mis manos a mi garganta, no soportaba esto.

-¿Se siente bien?-Preguntó con fingida pena.

-Cof,n-no, COF-Cada vez el dolor se hacía más insoportable, incluso costándome estar de pie.

-bueno veo que no, jaja ¿Quiere que le diga algo?-Se alejó, mientras se burlaba de mí.

-Usted si es tan estúpido como pensé, esto fue tan sencillo, en el té que acaba de beber había veneno-Cerró los ojos y mostró una expresión como si estuviera complacido con ello.

-agh, eres un maldi...cof,COF, COF, COF-La sangre pronto brotó de mis labios y las tos se intensificó.

De su saco sacó un pequeño frasco con un líquido dentro. Mis piernas no pudieron más y caí al suelo.

-Mire, este frasco, contiene el antídoto ¿Lo quiere?-Me miró mientras lo agitaba como si se tratara de una pequeña campana. Asentí aunque sabía que él no me lo daría. En vano cubría mi boca intentando en vano detener el líquido carmesí que salía con cada tos, mientras mi garganta se iba desgarrando por la intensidad del sonido que expulsaba.

-Jajaj bueno, bueno creo que los papeles se han invertido-Se inclinó hasta llegar a mi altura, aun con el frasco en las manos.

-Ahora Pauli, quiero saber ¿Cuánto rogaras por tu vida? -Sus pupilas se oscurecieron y su tono fue mordaz.

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