『Capítulo 11』┉ Reglas 3/7〈Nunca cuestiones a un NIGHTMARE〉┉

Después de mucho tiempo cesaron los anhelos,

ahora tu corazón esta lleno con el regocijo oscuro que ellos traen,

pero querido humano, no todo lo que ves, recuerda siempre dónde estés...

encontrarás el camino marcado por ellos.

¡Si cariño! encontraras tu sueño hecho realidad,

más no olvides que hay un precio que pagar,

¡Oh! querido número humano nada es como se ve...

pronto desearás la salvación, más pronto de lo que crees.

Pero para ese entonces no habrá vuelta atrás,

y cuando venga el castigo divino pagarás...

✽◈◈◈◈◈◈◈◈◈◈✽

La intensa batalla por el trono al fin había cesado, en un inicio Finn tenía todas la ventaja, sin embargo con el paso de los días todos se convencieron que Maxim al ser más joven y también el único heredero de su difunta majestad, era el más adecuado para el cargo, así con el consejo de acuerdo se llevó a cabo su coronación.

El reino se llenó de colores y por las calles había regocijo, un nuevo rey indicaba un nuevo orden, todos esperaban que Maxim trajera prosperidad a esta tierra, este día indicaba que el poder de toda el reino estaría sobre sus hombros, la responsabilidad de proteger a su gente y amar a su pueblo.

Ahora la ceremonia había terminado, él se mantenía erguido con su usual porte imponente y seguro, si tan solo yo tuviera un poco de eso, si tan solo tuviera un poco de seguridad frente a todas estas personas. Plebeyos, nobles y realeza se hallaban para el festejo, todos dedicaron una reverencia a su nuevo regente.

No sabía muy bien qué hacer, todos hacían fila para saludarle, me encontraba a unos metros de él, incómoda y preocupada, no habíamos hablado desde el día de la muerte de su padre, siempre que lo buscaba algún sirviente o soldado me informaba que se encontraba ocupado, me preocupaba que él hubiera visto aquel incidente con Pauli y lo malinterpretara, tenía un debate mental en acercarme a él o esperar hasta mañana.

Todos los colores de los vestidos, trajes y capas que utilizaban, eran brillantes y hermosos, adornados con joyas y caros ornamentos, sin duda alguna nunca creí ver algo así, entre todo eso, sentí a alguien tomar mi mano y jalarme lejos de la multitud, lo reconocí al instante, su característico cabello castaño, sus pulcras ropas y su aura cálida...Pauli.

-Ven, te quiero mostrar algo- Hablo sin soltar mi mano, me guio por los extensos pasillos del palacio.

-¿Hum?¿Qué es?- Cuestione.

-Pronto lo sabrás, se paciente- Me dirigió una ligera sonrisa, y sin poder evitarlo también sonreí.

Me llevo de la mano hasta llegar a los jardines, se detuvo frente a la fuente, el mismo lugar donde me robó aquel beso.

-Cierra los ojos- Me pidió expectante.

-¿Por...- Me interrumpió.

-Vamos...solo hazlo- Beso el dorso de mi mano al hacer la pausa.

-Bien, solo no hagas nada extraño- Pedí, no quería que se repitiera el incidente del otro día.

-Hum ¡¿yo?!, me indigna mi bella dama- Enunció con fingido dolor. Un pequeña risa salió de mis labios.

-Deprisa ciérralos- Me instó.

Así lo hice con mis manos cubrí mis ojos y me quede en esa posición por unos minutos mientras escuchaba sus pasos alejarse, y un extraño traqueteo de metal.

-Bien...ahora ábrelos- Ordenó.

Quite lentamente aquel trozo de tela, y me sorprendí al ver el objeto que estaba a un costado de Pauli.

-¡Que hermosos!- Me apresure a llegar a su lado y observar más de cerca el hermoso presente.

Se trataba de una jaula hecha de plata con dos palomas dentro de ella, sus alas blancas se extendían y revoloteaban dentro de ella, era indudablemente hermoso.

-Sabía que te gustaría- Hablo con un tono de superioridad.

-¡Que confiado! jaja- Voltee a verlo.

-Si no confío en ello, usted no tendría este presente- Explico y me mostro una sonrisa, una diferente de todas las anteriores, ya no estaba la soledad en sus ojos, ahora era puro regocijo. Me queda un momento anonada por la imagen, recordando la primera vez que lo vi, lo cautivante que era y sigue siendo, esos ojos café, su suave cabello castaño que caía suavemente, sus espesas pestañas y sus lentes que siempre utiliza cuando lee.

-...Al fin sonríes como antes- Salió como un susurro de mi boca, pero aun así fue audible para él.

-Al fin tengo un motivo para ello- Me dirigió una mirada llena de...¿ternura?.

-¿Y puedo saber cuál es ese motivo?- Cuestione.

-Tú- Respondió sin dudar ni un segundo.

Mis ojos se abrieron a más no poder y mi respiración se detuvo. El tomo mis manos entre las suyas y las acercó a su pecho. Sus mirada ardiente causó una terrible incomodidad en mí.

-Escucha Alisha, desde el primer día en que te conocí...-Fui inmediatamente interrumpido por una fuerte voz.

-ALISHA-Me sobresalte al escuchar aquello, esa voz provenía de nada más y nada menos que el ahora soberano de este reino.

-Maxim- Exhale con temor- ¿Qué sucede?- Mis piernas temblaban igual que un conejo asustado.

-Eso debería preguntar yo, ¿Por qué no estabas en la ceremonia?- Se acercó a paso lento hasta llegar a nosotros, sus ojos oscuros igual que el profundo océano, sin embargo no reflejaban ninguna emoción, era como solo ver cristales.

-Bueno yo...- Intente explicar sin embargo ninguna palabra salía de mi boca.

-No veo porque su majestad se debería de preocupar de ella, después de todo es solo su concubina, no su reina- Hablo el castaño, con el ceño fruncido.

-Le recuerdo que todo lo que es de mi propiedad me incumbe- Contraataco el rey.

-Hablas como si ella fuera un objeto- Me señaló.

-Y tu pareces no saber tú lugar ¿debo recordarte que solo eres un ministro?, podría reemplazarte con cualquier otro- Tomo mi brazo y me jalo, instando a caminar, así lo hice, hasta que nos alejamos lo suficiente del lugar.

Perdiéndonos en los inmensos jardines, tan espesos como bosques, pero no menos bellos. Me sentía asustada, no sabía exactamente qué ideas pasaban por la cabeza de él. Perdida en eso, no me di cuenta que se había detenido, logrando choca mi cara con sus espalda.

-¡Lo lamento, yo no me di cuenta y te he golpeado!- Me apresure a decir, de hecho me sorprende no haberme mordido la lengua con la velocidad en la que lo dije.

-Alisha...-Se giró y me miro, esos penetrantes pozos negros, que parecían ver cada fibra de tu alma.

-¿Si...?-Pregunte con temor.

-Nunca dudes que te he amado-Tomo mis manos y las llevó a sus labios, depositando un casto beso. Mi corazón se sobresaltó con ese solo gesto, latiendo sin parar. Su imagen era como un hermoso sueño, sus cabellos y ojos negros, su pálida piel, su alta estatura, el traje negro con ornamentos dorados, la larga capa que colgaba de sus hombros hasta llegar al suelo y la corona de oro y joyas que marcaba su estatus. Era como una perfecta pintura hecha en el mejor lienzo.

-Nunca lo he hecho- Respondí, le di un abrazo que él correspondió inmediatamente.

-Yo si...- Me pareció haber escuchado que el dijo.

-¿Qué?- Levante mi rostro para poder verlo.

-¿Qué cosa?- Me pregunto logrando dejarme confundida.

-No es nada- Decidí no darle importancia.

El acerco su rostro más al mío, logrando dejarme las mejillas coloradas. Con su mano sostuvo mi mentón impidiendo moverme, se acercó y conectó sus labios suaves con los míos.

Me aparte, aun conservando el sentimiento cálido, sus ojos brillaban como estrellas en la oscuridad de la noche.

-Es momento de regresar- Enunció mientras se desprendía de mi abrazo.

-Espera...yo...necesito preguntarte algo- Decidí hablar, intentando tener un poco de fuerza de voluntad.

-¿Qué es?- Preguntó restándole importancia.

-¿Por qué has estado distante conmigo?- Solté de una vez aquello que me atormentaba.

-Son solo suposiciones tuyas- Hablo.

-Pero es que...-Trate de protestar.

-He estado ocupado con lo de la ceremonia, tienes que entender que aunque yo quisiera verte no podía- Justifico con el semblante serio, logrando dejarme apanada por ser tan vacilante.

-Lo siento- Mi vista se volvió al suelo evitando su mirada, soy realmente tonta, la sonrisa que tenía antes se esfumo.

-No te preocupes...vamos no pongas esa cara, sonríe- Me dedicó una de sus inusuales sonrisas, pero más hermosas que las de cualquiera.

-Bien, esa es la mujer de la que me enamore- Su semblante se relajó.

-Maxim, ¿algún día dejaremos de tener cosas que nos separen?- Pregunte ansiando tener una respuesta positiva, hemos pasado por tantas cosas, desde la muerte de nuestros seres queridos hasta el repudio que me han tenido los nobles.

-Por supuesto, tú y yo estábamos destinados a estar juntos- Con eso logró, que una muy conocida calidez llenara mi pecho.

-Algún día haremos de este mundo uno ideal, ya lo veras, haré todos tus sueños realidad- Yo quiero creer que eso será posible.

Juntos regresamos al gran salón, no es apropiado que el festejado no está presente.

Maxim me llevo del brazo todo el camino, sin apartarse ni un solo momento de mí, me sentía muy feliz, y aún más al ver todas las caras de sorpresa de los nobles al verme con su majestad, era extrañamente divertido.

Me coloco una silla justo al lado de su trono, demostrando mi posición, las expresiones de los demás estupefactas.

Era un tanto extraño, pero también emanaba un sentido de poder a través de mi cuerpo, el verlos desde abajo como ellos me miraron a mí, cada día desde que ingrese a esta palacio, los acosos, burlas y desprecio.

Así paso la celebración tranquila hasta que, un estridente grito llegó hasta nuestros oídos.

Todos se sobresaltaron y el silencio sepulcral inundó el lugar, las dudas se arremolinaban en los susurros de los invitados, Maxim se levantó del trono y ordenó a los guardias ir a investigar, a los demás estar alertas cuidando este salón.

Y así lo hicieron, pasaron unos insufribles minutos hasta que regresaron los guardias y con ellos un hombre.

Estaba atado de manos, fue lanzado por los guardias en un segundo al suelo frente a nosotros, dejando un hilo de sangre en sus labios partidos.

-Su majestad este hombre fue encontrado por una sirvienta hurtando en uno de los salones- La voz fuerte del capitán de caballeros se extendió por el lugar. Dejando a todos conmocionados aguantando sus respiraciones.

-Que osadía de su parte- Habló su majestad con una sonrisa ladina, sin embargo sus ojos eran fríos como el hielo. -Su majestad le suplicó clemencia.- Habló el hombre.

-¿Te atreves a decir tales estupideces después de lo que has hecho?-Su tono mordaz provocó un enorme silencio en el lugar.

-Perteneces a la casa del barón Fouler ¿No es así?-Cuestiono pensativo.

-S-si su majestad-Respondió el hombre con el rostro pálido.

-Bien, haciendo mención de tus crímenes, robo en el palacio real, has deshonrado a tu patria, no solo tú, la casa del barón también por criar a tan despreciable ser, por ello son sentenciados a la horca-Enunció tajante.

-Su majestad le imploro, solo yo fui el que cometió este acto, deje a mi familia vivir-El hombre bajó la cabeza.

-¿Qué acaso...?-Sus cejas se fruncieron.

-¡SU MAJESTAD!-Dije con la voz más fuerte posible, interrumpiendolo.

-Habla-Me observó con sus ojos igual de helados que cuando veía al hombre.

-¿Qué acaso no tiene compasión?¿No siente remordimiento por llevarse las vida de inocentes?¿Dígame mataría a la familia de este hombre sabiendo que no han cometido ningún pecado?¿Es tan despiadado?...Por favor, perdone a su familia-Me incline en la última oración pidiendo, no, suplicando.

-Bueno como han intercedido por ti, perdonaré la vida de la casa Fouler, sin embargo serán despojados de su título y sus tierra, degradados a plebeyos. Ahora apártenlos de mi vista-Apartó sus ojos de mi y lo declaro a todos los presentes.

-Como ordene su majestad-Habló el capitán de caballeros.

Me encontraba recorriendo los fríos y oscuros pasillos del palacio junto a Maxim, la celebración había acabado realmente tarde, de hecho solo faltaba una o dos horas para el amanecer, mis parpados estaban cansados y mi cuerpo a punto de colapsar.

Ambos entramos en la habitación yo solo deseaba dormir lo más pronto posible.

Sin embargo me detuve al sentir un fuerte apretón en mi brazo.

-¿Te das cuenta cómo te has comportado?-Su expresión enfadada me atemorizo.

-¿Qué?-Apenas y logre articular.

-Me acabas de dejar en ridículo frente a todo el reino-Esa mirada...la reconocía, era la misma que aquella noche en la que deje mi amado hogar.

-P-pero yo solo...-Intenté justificarme, pero fue en vano no lograba pensar en algo racional.

-¿Es que acaso no conoces tu lugar?-Su agarre se intensificó.

-Maxim-Lo llame. Estaba a punto de pedir perdón, pero ¿Por qué? Yo no he hecho nada malo, solo pedí por esa pobre familia.

-¿Por qué me dices eso?¿no fue el hecho de que yo te retara en el bosque, la causa de que te interesaras en mí?-Mi cabeza estaba llena de dudas.

-Tienes razón, eso fue antes, cuando yo no era el rey, ahora las cosas han cambiado-Me arrojo al suelo como si fuera un simple trapo.

-¡¿Qué ha cambiado?!, solo eres tu el que ha cambiado, ¡¿es que ni siquiera una vez puedo alzar mi voz?!, ¡¿es que no puedo decir nada?!, ¡¿quieres que sea una maldita muñeca?!- Le reproche y corregí mi postura, dejando mi ira salir, mis ojos eran como dos llamas consumidas por la indignación.

Sus ojos se oscurecieron y su ceño se frunció, en tan solo un segundo me lanzó una fuerte bofetada, que me lanzo de nuevo al suelo.

Me quedé sin palabras, mi cuerpo temblaba por completo, las lágrimas amenazaban con salir, mis mejilla palpitaba y automáticamente lleve mi mano a ella para calmar el dolor.

-Será mejor que no me vuelvas a contradecir o a de lo contrario haré que te arrepientas-Fue lo último que él dijo antes de salir de la habitación cerrando de un portazo.

-My lady...-Hablaron luego de unos minutos, me incorporé de nuevo, regresando al porte digno que tanto me habían enseñado.

-Le recomiendo no hacer enojar a su majestad, los Nightmare pueden ser más despiadados de lo que usted pueda imaginar- Sus orbes grises hicieron contacto con los míos. Me quede admirada una vez más al ver su raro cabello blanco como la nieve.

-Está bien, seguiré tu consejo...Thanatos- Susurre mientras me secaba las lagrimas restantes.

Ahora que el destino se ha alterado, ¿es posible encontrar un final feliz en este monocromo lugar?.

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