『Capítulo 6』

El paseo por la fría habitación,

donde solo esta el dolor permanente de tu memoria,

sin ti el mundo solo es monocromía,

todavía añorando, sigo de rodillas rogando tu perdón.

Frente a esta puerta todavía espero,

pido a dios que entres y sonrías de nuevo,

aun sostengo la tierra mojada en mis manos,

rogando que tu fragancia guarden por años.

✽◈◈◈◈◈◈◈◈◈◈✽

El imponente sol, al fin caía, pintando el atardecer con matices rojos y naranjas, con una cesta en mis manos producto de la ultima cosecha del año, ingrese a la cabaña a paso lento, luego de un día trabajando en el huerto.

Deje el objeto sobre la mesa, tome una nueva taza de té caliente, mezclado con algunas gotas de aquellas infusiones, la condición de Nana Kara había mejorado notablemente, más en estos últimos días empeoró.

-¿Mamá Kara?-no recibí ninguna respuesta así que me dispuse a llamar de nuevo.

- Mamá Kara ¿Estas ahí?-Nada de nuevo\, el miedo se disparó dentro de mi cuerpo y entre en pánico.

Cuando al fin llegué frente a su habitación con mis manos temblorosas gire el pomo de la puerta, la empujé accediendo a la habitación apenas puse un pie, me quedé congelada, no podía dar crédito a lo que estaba viendo, intente hablar, sin embargo de mi garganta no salía nada, de un momento a otro se quedó seca, pero las lágrimas brotaban de mis ojos como lagos desbordándose e impidiendo ver con claridad.

Mis piernas comenzaban a flaquear, perdía toda la fuerza en mantenerme, con pasos lentos y temblorosos me acerque a la cama, ahí estaba mamá Kara acostada, con el rostro pálido, y un hilo de sangre desbordando desde su boca hasta la almohada.

Mi cuerpo se desplomó a un lado de la cama, mis manos buscaron las suyas, frío , era lo único que podía sentir, me enfoque en su rostro, sus ojos seguían abiertos, pero no se podía ver ni un rastro de vida, eran diferentes, ahora se veían opacos y en su cuello se notaban pequeñas marcas púrpuras, no pude más con ello, me lancé a llorar a su lado, la envolví en mis brazos y escondí mi cara entre las mantas.

-¿Por qué?-cuestione con voz apenas audible-¿nana?-las palabras se atascaron con el llanto.

En ese momento los recuerdos brotaron en mi mente, todos y cada uno de los que compartí con ella, desde los típicos como los buenos días, hasta los más especiales, desde que era pequeña hasta ahora, sin un orden, llegaban uno tras o otro.

La noche paso en un abrir y cerrar de ojos, obligándome al día siguiente a realizar el entierro. Su tumba junto a las de mis padres, ahora bajo ese rosal, se hallaban tres inscripciones Angus, Kesaba y ahora Kara.

Sin apenas fuerzas para caminar regrese a casa, con la respiración errática y las lágrimas secas en mi rostro me obligue a regresar a  casa. A solo unos pocos paso me percate de el individuo que se hallaba frente a la puerta de mi "hogar", ja ¿aún puedo llamarlo así, cuando ella ya no está? .

-Alisha, ¿Qué fue lo que pasó?¿Estás bien?-Se acercó a mi con una expresión de preocupación.

-Mamá Kara ella...e-ella...esta...muerta-Mi voz se rompió y comenzaron a caer sin ninguna intención de parar.

Me envolvió en sus brazos y aun temblando entre ellos escondí mi rostro en su pecho.

-Yo... en verdad lo lamento-Su voz impregnada de tristeza, solo logro que mi llanto continuará con más fuerza. Permanecimos así hasta que la noche cayó y el frío invernal calara en mis huesos.

Me aleje de él dispuesta a despedirme, pero sus mano sosteniendo mi brazo me impidio hacerlo.

-Alisha, yo...-Su ojos posados en los míos además de su rostro serio no me daban un buen presentimiento -te tengo una propuesta...Casate conmigo-Mis ojos se abrieron con sorpresa y el aire abandono mi cuerpo.

-Ahora que no está tu abuela no tienes a nadie más, podría pasarte cualquier clase de cosas terribles quedándote sola aquí sola. Sin embargo si aceptas mi propuesta te prometo que siempre estarás a salvo -Sujeto mis manos entre las suyas y me observo expectante. Sin embargo me mantuve en silencio, no sabía si esa seria la mejor decisión.

-Entonces, ¿ACEPTAS?-Sus ojos de un momento a otro perdieron ese brillo y se inundaron de esa profunda oscuridad, volviéndose fríos como un témpano de hielo.

No sabia si era debido al cambio tan repentino que respondí de manera inmediata.

-Si-sus expresiones se suavizaron y sus labios formaron una sonrisa perfecta regresando un poco de ese brillo, solo un poco, me envolvió en un abrazo depositando un beso en mis labios, sus sabor amargo y salado gracias a las lágrimas y a la sangre que había manchado mis labios gracias a mis manos heridas.

-Bueno que esperamos vámonos- Me separo y me jalo para bajar la colina, sin embargo me resistí con fuerza, se volteo a verme extrañado.

-¿Qué pasa?-Esa expresión seria de nuevo en su rostro.

-S-solo iré por algunas de mis cosa, son objetos que significan mucho para mi ¿sabes?-Me soltó y me apresure a ir por ellas.

Tome un pañuelo blanco el cual escondía un hermoso collar de rubíes. Rojos igual que los ojos de mi madre. Salí del lugar...salí de mi hogar.

-Bien vámonos-Tomo mi mano y bajamos juntos la colinas, encontrándonos al final de esta a un hermoso caballo de color negro.

Máximo me cargo y sentó sobre el imponente corcel, seguido de ello el subió, tomó las riendas y ordenó avanzar, el animal se apresuró y por primera vez cabalgó realmente rápido, como si estuviéramos escapando de alguien o algo, nos movíamos en la oscuridad de la noche con la luna como testigo de este momento, que no era nada alentador para mi.

Deje aquel lugar, mientras que algunos lo consideraban mi prisión, pero este no era el tan añorado "y vivieron felices para siempre".

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