P.O.V. MAXIM
En la calidez del atardecer una joven mujer acariciaba los cabellos ébanos de un pequeño niño, disfrutando de la compañía del otro, mientras observaban el ir y venir de la fina cortina que era ondeada por el viento primaveral, ambos reposan en aquel sofá de terciopelo, el pequeño solo podía detallar con sus dedos el objeto que tenía inscrito su nombre, sus mejillas coloradas de la emoción al ver aquel preciado tesoro.
-Sabía que te gustaría, fue hecho especialmente para ti-Hablo la mujer de cabellos dorados.
-Es increíble, debió haberte costado mucho madre-Sus ojos brillaban y sus manos apretaban el objeto de madera contra su pecho.
-Nada que no haría por ti, eres todo lo que me queda-Susurro mientras apartaba los cabellos de su frente, y lo apretaba más en su abrazo.
-Madre...-La llamó mientras dejaba a un lado el arco de madera de alta calidad, el cual había añorado desde hace tiempo.
-¿SÍ?-Respondió restándole importancia.
-Tú... ¿tú siempre permanecerás a mi lado?-La miro a los ojos buscando una respuesta.
-No cariño, en algún momento partiré. No puedo prometerte algo eterno-Su rostro mostro solo melancolía.
-Entiendo-Bajo su cabeza y con su pequeño puño apretó su camisa.
-Pero no dudes ni un segundo que eres lo que más quiero-Tomo la pequeña mano y la envolvió entre las suyas.
-Tú eres y serás lo único que atesoro en este mundo-Hablo el azabache sin dudar.
-Estas equivocado. En algún momento habrá alguien más que atesoraras, me temo que...más que tu propia vida. Sabes te puedes parecer físicamente a él pero jamás serás igual de vil y despiadado, no, tú sangre no será como la de él...como la de ellos -El rostro de la mujer poco a poco se deformo en uno consumido por la ira.
-¡¿DÓNDE ESTÁS MALDITA BRUJA?!-Un potente grito los hizo girar hacia la puerta, de donde parecía provenir el sonido, junto con unas fuertes pisadas.
Las puertas se abrieron con gran estruendo dejando pasar a un hombre de cabellos y ojos oscuros tan profundos como la misma noche, los mechones caían frente su rostro cubriendo su ojo izquierdo, con un traje plateado que relucía con los rayos del sol, y una capa roja que reposaba en sus hombros, su piel blanca con una cicatriz en su mejilla izquierda, y con ojos que brillaban igual que el fuego, se acercó hasta ellos.
-P-padre-Tembló el niño en los brazos de su madre.
-TÚ BRUJA... ¿CÓMO TE ATREVES?-Bramo con el rostro rojo de ira, y el ceño fruncido.
De un solo movimiento tomo a la mujer por el cuello y la levantó dejando colgar sus pies en el aire, mientras le estampaba contra la pared.
-Padre por favor suelte a madre-Las piernas del niño temblaban y su voz apenas contenía el llanto.
-¡PUSISTE AL REINO DE SALO VENTUS CONTRA MI!-Aplicó más presión en la mano que sostenía a la rubia.
-Y-yo no he hecho nada-Salió en un hilo de voz.
-NO MIENTAS-Los ojos del hombre se tornaron helados, como si sus sentidos se fueran y solo quedara una bestia.
-No estoy mintiendo, te lo juro-Luchaba por zafarse del agarre, clavando sus uñas en la mano de su captor y tratando de empujarlo sin embargo todo era en vano.
-¿Por qué creería en la palabra de una baja prostituta como tú?-Escupió las palabras haciendo énfasis de la última.
-SUELTA A MADRE-Habló con el mayor valor que pudo jalando la capa roja.
-CALLA, ERES IGUAL A ELLA, UN BUENO PARA NADA, NO SIRVEN MÁS QUE PARA SER SIMPLES ADORNOS, DEBERÍA LANZARLOS A LOS LOBOS-Su mirada perforó la del pequeño, se sentía indefenso igual que un conejo frente a un tigre.
-Suéltala-Ordenó un voz que acababa de ingresar a la habitación.
-¿TU QUE HACES AQUI? LARGO-Ordenó mientras le enviaba una mirada llena de desprecio.
-OH, claro apuesto a que a todo el consejo le interesara esta escena ¿No crees lo mismo?-Hablo con sorna el joven de trece años.
El rostro del agresor cambio a uno serio, mientras soltaba despacio el cuello de la mujer, que ahora contenía visibles marcas moradas y rojas. Y los pies de esta comenzaban a tocar nuevamente el suelo.
-Eres tan repugnante como ellos, no veo el día de deshacerme de ti-Soltó por completo a la rubia y se alejó unos pasos para encarar a la nueva visita.
-Pues no creo que sea muy cercano, pero síguete esforzando-Mostró una sonrisa ladina mientras caminaba hasta quedar al frente de su mayor.
-Estúpido, quédate con esas escorias-Se acomodó la capa y se encamino a la puerta a paso veloz.
-Oh ¿me estas invitando a permanecer contigo? siento rechazar tu oferta-Mostro una mueca de fingida tristeza y se secó una lágrima falsa.
-Tsk-Fue lo último que salió de la boca del padre del pequeño antes de abandonar el lugar.
Al hacerlo el ambiente se aligero y el pequeño se permitió respirar de nuevo, corrió para abrazarla el torso de su progenitora, ella lo tomó en brazos y regresó al sofá que antes ocupaban.
-Gracias-La voz antes dulce de la joven ahora era ronca y grave.
-No es nada, ya me entere lo que sucedió en la corte, lo lamento-Habló él su salvador, aquel hombre joven pero de gran espíritu, poseedor de cabellos negros como todos los de su linaje.
-No te preocupes, era algo que tarde o temprano sucedería-La joven de cabellos dorados no mostró ni un atisbo de tristeza, aunque ella deseara llorar no podía, todas las lágrimas se habían secado hace tiempo.
-¿Por qué no regresaste? sabes que él no te necesita-Cuestiono mientras tomaba asiento en un sillón frente a ellos.
-Él no, pero mi hijo sí-Afirmó.
-Escucha sé que...-Fue interrumpido por la joven dama.
-Él se merece el trono-Perdió todo el brillo en sus ojos mientras esas palabras salían de su boca y su mirada era dirigida al pequeño que pertenecía en sus brazos.
-¿Madre?-Cuestionó el pequeño sin comprender nada.
-Él se merece todo lo que yo anhele, lo convertiré en el mejor, nadie le arrebatara lo que le pertenece, no será humillado jamás, me encargare de ello...el no cargara con este deshonroso pasado-Sus palabras con cada segundo se hicieron más frías, y su mirada ya no reflejaba esa ternura, frente a sus ojos ya no estaba aquel ser que había nacido de sus entrañas, era como si estuviera atrapada en sus recuerdos.
-Haa- Desperté de un salto, me había quedado dormido, sobre la mesa, mis ojos enfocaron los objetos que se posaban en ella, las plumas, pergaminos y tinta.
Me había quedado dormido mientras revisaba nuestra estrategia y las modificaba, no tenía justificación quedándome así justo a unos días de que comience la batalla, ¿qué pasaría si alguien entraba en la tienda?, la respuesta es obvia, moriría.
La noche estaba por terminar, llevamos tres días cabalgando, pero al fin llegamos a la frontera, mañana dará comienzo la batalla.
Hace mucho que no estaba así, nervioso hasta la médula, padre me enseñó a encerrarme en una barrera protectora para que nadie viera a través de mí, pero en esta situación no puedo con ello, mi cabeza era un desastre ¿y si no lo logro?¿tengo lo que se necesita para poner un pie en esas arenas movedizas? ¿Salvar al reino o dejaré que sea tomado por Luce Procul?.
Además en estos últimos meses mis recuerdos son cada vez más confusos en lo que respecta a esa mujer y su hija, ¿quién es ella? ¿por qué esta aquí? ¿Esa niña es mi hija bastarda?. Le he preguntado a las personas a mi alrededor qué tipo de relación manteníamos esa mujer y yo, al hacerlo solo lograba una mueca de sorpresa, y la misma respuesta "ELLA ES LA MUJER QUE USTED TRAJO AL PALACIO, SU CONCUBINA, Y MADRE DE LA PRINCESA LÚA". A Pesar de ello ni si quiera sabía bien el momento en el que la conocí, todo era muy borroso y efímero.
Prepare mi armadura y me la coloque, un caballero designado por mi sostenía mi espada con la cabeza baja, esperando a que la tomara, subí a mi cabello ya ensillado y comencé a cabalgar.
El aire matutino y los primeros rayos del amanecer chocaban contra mi rostro, estábamos frente al ejército enemigo, todos los hombres en fila esperando órdenes, las banderas azules del reino de Luce Procul se alzaban al igual que las rojas que nos pertenecen, todo permaneció en absoluto silencio hasta que yo di la primera señal para atacar, pronto los soldados se movieron y una nube de polvo se formó, los gritos de batalla, los cascos de los caballos y el sonido metálico de las escapadas al chocar era lo único que se escuchaba.
Habían pasado unos meses desde que comenzó esta guerra, estábamos luchando arduamente por hacerle frente a un ejército dos veces mayor que el nuestro. Me mire al espejo de plata, mis músculos ardían, bajo mis ojos unas sombras oscuras crecían a cada día, mi piel se veía más pálida, mis cabellos estaban desordenados, mi ropa y armadura tenían manchas carmín.
-¿No dormiste?-Pregunto el castaño mientras entraba a la tienda y se sentaba en una de las sillas.
-Por favor Pauli ¿parce que he dormido?-Le dedique una expresión molesta.
El solo sonrió con ironía y negó.
-¿Quieres que le diga a alguien que te prepare un baño?-Cuestionó.
-Creo que me vendría bien uno, sí-Observe mis ropas sucias, solo quiero quitarme esto.
-Ahora vuelvo-Se levantó y salió de la tienda dejándome solo.
Me acerque el arco de madera que tenía mi nombre escrito, no podía dejarlo, era un regalo de ella, lo tome y detalle con las yemas de mis dedos su figura.
-Parece que te has quedado absorto en tus pensamientos-El sonido de sus pisadas acercándose me hizo voltear, había regresado más rápido de lo que pensé.
-Solo...estaba recordando a mi madre-Coloque el objeto de vuelta en su lugar y tomé asiento en una de las sillas.
-Ahora que lo dices, nunca la conocí ni supe de ella-En sus ojos brilló una chispa de curiosidad, me hizo un poco de gracia y no pude evitar formar una ligera sonrisa, siempre me agrado eso de él, ese espíritu curioso y con ganas de conocer todo.
-A menudo ambos nos quedábamos encerrados en una de las alas del palacio, no salíamos mucho, ella fue mi única familia, era igual para ella-Los mire a los ojos, y lo comprendí, él quería saber más que eso.
-Lo que estoy a punto de contarte no se lo he dicho a nadie más, es algo que ya muy pocos recuerdan-Advertí.
-No te preocupes sabré guardarlo-Su rostro serio me confirmó que era sincero.
-Su madre, mi abuela aunque jamás la llame así, estaba casada, su esposo era un mercader, en una ocasión mientras este viajaba a entregar mercancía al reino vecino, ella se convirtió en una amante del rey, de esa unión nació mi madre, al enterarse de su embarazo mi abuela dejó de visitar al regente intentando en vano encubrir su pecado, su esposo se enteró, supongo que fue bastante doloroso para él, dejó a su mujer tener a su bebé, sin embargo nunca la vio cómo su hija, si no como una prueba de la traición, la odiaba, a menudo la golpea hasta dejarla varios días en cama, cuando cumplió nueve años ellos cayeron en la pobreza, así que esa mujer recordó la posición de su hija, la llevó al palacio e informo a su antiguo amante de lo sucedido, al final la vendió a su padre por una buena suma de dinero y el rey obtuvo una descendiente más. -Aquello me dejó un mal sabor de boca.
-El peor lugar en el que pudo haber caído-Asentí.
-Exacto, mi abuelo ya contaba con herederos, dos varones y una dama, así que mi madre no era necesitada, los momentos en que su padre convivía con ella o le mostraba atención eran minúsculos, pasó su vida en ese lugar como una existencia más, hasta que se acordó una alianza con mi reino, para sellar ambos reinos estuvieron de acuerdo en que se realizará un matrimonio, así se asegurará que ninguna parte rompiera las normas, mi padre la desposó sin embargo él nunca la amo, mi nacimiento solo aseguro un heredero para él no fue nada más, hasta el final de sus días vivió resguardada en una jaula de oro-Me dolía el pecho, yo fui una de las causas de las que ella nunca fuera libre.
-Trágico, igual que la vida de muchos-Fue lo único que pronuncio.
-Su majestad, el agua está lista-Hablo un sirviente desde fuera de la tienda.
-Ya voy-Me levanté y salí, en verdad necesitaba limpiarme toda esta suciedad.
-¿Listo?-Ya me había limpiado y cambiado ahora solo estaba ajustando mi armadura.
-Si vamos allá-Asentí y montamos nuestros corceles.
-Si ganamos esta batalla apuesto a que nos volveremos leyenda-En sus ojos brillaba la ilusión, "que tonto" pensé.
-Si ganamos esta batalla será por el bien del reino-Asegure, no debía hacerse ideas equivocadas.
-Cómo diga su majestad-Bajo su cabeza. Me aleje y me adentre en la batalla.
Las espadas chocaban creando estruendosos sonidos metálicos, la sangre saltaba de todas mis direcciones, manchando la tierra y hierba que alguna vez fue un lugar limpio.
Mi vista se volvió borrosa, debido al cansancio, estaba en una lucha doble, contra Luce Procul y contra desplomarme por el cansancio.
La noche creaba un ambiente engañoso, los soldados no dejaban de llegar en todas mis direcciones apuesto a que querían mi cabeza, bloquea sus ataques compensando su fuerza con mi rapidez, así lo hice hasta que en algún momento una flecha se incrusto en mi pecho, el dolor se esparció en ese lugar, y la sangre prono manchó la tela, con mi mano intente sacarla, cada que la jalaba un espasmo de dolor recorría mi cuerpo, logre sacarla por completo aunque también trajo consigo un buen trozo de piel.
Con mis movimientos intente recuperar el tiempo que había perdido, pero era doloroso, mi visión no era buena, así que recibí otro corte por parte del general enemigo, apuesto a que se dio cuenta del estado en el que estoy.
La nueva herida en mi torso era aún más dolorosa y difícil de soportar que la anterior, con una mano aplique presión en ese punto y con la otra bloqueaba los golpes, en ese momento una patada impacto contra mi logrando tambalearme igual a una frágil rama, la apertura se desgarró más, mi músculos se comprimen por la nueva sensación y mi dientes estaban apretados fuertemente suprimiendo cualquier grito de dolor.
Agite mi cabeza intentando ignorar el dolor, regrese el ataque con una nueva fuerza, la espada cortó parte de la cara del general destrozando su ojo, los pedazos que quedaban del miembro colgaban y la sangre se escurría por su rostro la imagen era asquerosa.
Lanzó un fuerte grito y llevó la palma de su mano hasta la zona herida, se arqueo de dolor, aproveche y lance otro golpe, este dejó un corte en su brazo, sacudí la espada intentando que la sucia sangre de este hombre no quedará impregnada en ella.
Cuando regresó a su sentidos me golpeo logrando dejarme en el suelo, el aire me abandonó y me costó volver a respirar, aún más gracias al pie de este desgraciado que impactó en mi torso, la sangre salió como una cascada, aplicó más presión, sentía mis huesos romperse, y el dolor nublar mis sentidos, mi mente se quedó en blanco.
Y de pronto un recuerdo vino a mi mente, una mujer rubia de ojos azules que acariciaba mis cabellos mientras me miraba con ternura, descansaba entre sus brazos rodeado de un arboles ambos descansábamos en la hierba, el sentimiento de estar completamente lleno, uno que no recordaba, en ese momento no me faltaba más, mi mano se extendió hasta tomar sus mejillas y unir sus labios rosas con los míos "delicioso" pensé, una sonrisa adorno su rostro, "ALISHA" susurre.
La tierra y sangre estaba pegada a mi cara, luche por tomar mi espada, él aplicaba cada vez más fuerza, la sangre se comenzaba a desbordar por mis labios, el sabor metálico permaneció.
Cuando al fin pude tomarla, corte parte de su pierna, salto y quito su extremidad de mí, me levante tan rápido como pude, él por su parte se retiró. Busque a mi caballo y con las pocas fuerza que me quedaban lo monte de regreso al campamento. Al llegar me encontré con Pauli dando algunas órdenes a los soldados, al verme su expresión cambió a una preocupada.
Me ayudo a llegar a la cama en mi tienda, cuidando no lastimar más, ordenó traer al doctor, sin embargo cuando llegó nos informó que podía hacer muy poco, ya que no tenía los conocimientos necesarios.
Pauli perdió la paciencia y mandó un pergamino solicitando la presencia de los mejores doctores del reino. Es gracioso no sé qué sería de mi sin él, me conoce mejor que nadie, ha pasado tantos años junto a mí, se convirtió en mi mano derecha, en mi hermano, en la única persona que podría llamar mi igual. Mis parpados comenzaban a pesarme más y mi vista se tornaba más borrosa, hasta que todo fue oscuridad.
Si hay algo de lo que jamás me arrepentiré es el haber cumplido la promesa que le hice a madre y tener a Pauli a mi lado.
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