Capítulo veinte
Al otro día en el trabajo, Julia y Fred discutían sobre su proyecto.
—Doctora, ¿está segura de querer ser usted la que lo pruebe? —preguntó él a Julia, le preocupaba que ella se sintiera obligada a hacerlo.
—Si doctor, ya deje de preguntarme —dijo ella sonriendo—. Solo quisiera saber por qué tiene que haber una cámara.
Eso la incomodaba porque le recordaba a Mauro. Aun así, sabía que haría igual lo que el doctor le pidiera. Quería ayudar a todas esas personas que sufrían por culpa de los afrodisiacos que otros les daban sin su consentimiento.
—Le prometo que una vez que transcribamos todos los datos, borraremos su contenido —trató Fred de tranquilizar a Julia.
—Está bien —dijo ella mientras se sentaba en la silla especial que habían conseguido—. ¿Qué debo hacer primero?
—Te daré un afrodisiaco y esperaremos que haga efecto. Una vez que este esté actuando en tu organismo, usaremos la medicación que nosotros creamos para tratar de contrarrestar los síntomas —le explicó mientras le colocaba los seguros en las piernas.
—Démelo —indicó Julia antes de que le asegurara los brazos. La idea era que quedara inmovilizada para que no pudiera lastimarse en el proceso.
—Te daré uno de los menos agresivos. Tenemos de tres tipos —le explicó él.
Ella lo tomó y después de que él terminara de restringirla en la silla se quedaron esperando.
—¿Cuándo me voy a dar cuenta si me hizo efecto? —preguntó Julia nerviosa por la situación. Habían pasado diez minutos y no sentía ningún cambio que pudiera relacionar con algo más que ansiedad por estar frente a una cámara.
—No tengo certeza —dijo Fred mientras miraba el reloj.
—Doctor Stephen Son, se supone que sabemos este tipo de cosas —dijo ella insatisfecha.
—Es que eso depende de la persona. Hemos probado los veinte tipos de afrodisiacos que se consiguen en el mercado y tardaron entre diez y treinta minutos en presentar los síntomas —explicó Fred.
Julia se quedó pensando por un minuto con quien había probado los afrodisiacos, el doctor Stephen Son. Ya que veinte eran muchos.
—¿Te sientes lucida? —preguntó Fred sacando a Julia de sus pensamientos.
—Por el momento, sí —indicó ella mientras miraba sus restricciones.
—Mientras esperamos colocaré unos cables que están conectados a este equipo —le dijo mientras Julia miraba el monitor a su lado—. Eso nos dirá cuando tu respiración, ritmo cardiaco y presión sanguínea comiencen a alterarse.
—Entiendo —Julia empezaba a sentirse acalorada después de que el doctor Stephen Son rozaba su cuerpo con los electrodos—. Creo que está empezando.
—Dime todo lo que sientas —dijo Fred para que todo quedara registrado.
—Ahora estoy mareada —le explicó ella mientras él buscaba el medicamento que juntos habían creado.
—Bien. Tome esto, debería calmar los síntomas —le dijo Fred mientras que le ponía la pastilla en la boca a Julia y le daba un vaso con agua, con un sorbete para que ella bebiera.
Julia empezó a sentir que le costaba respirar y lo dijo. Eso se sentía muy mal, una presión en su pecho que la ahogaba.
—Aquí la máquina dice que estás bien. Es solo la sensación por el afrodisiaco —le explicó Fred.
—Me quemo —repitió Julia, su interior parecía arder. Necesitaba que alguien la refrescara—. Por favor, ayúdame.
—Aquí estoy, solo tardará unos cuantos minutos —le explicó Fred sin acercarse.
Julia no podía controlar sus impulsos y empezó a tratar de soltarse.
—Te estoy diciendo que me quemo —dijo Julia con una voz muy sensual—. Ayúdame, haré lo que sea que me pidas si me quitas esto.
Ella no podía soportar esa sensación, quemaba al punto de obnubilar sus pensamientos. Como si estuviera ebria e insolada a la vez.
Fred empezaba a ponerse nervioso al ver que ella sufría. Estar sujeta a la silla parecía alterar más a Julia. La vez anterior no había sido tan agresiva con sus peticiones. ¿Sería porque era otro afrodisiaco?
—¿Por qué no está funcionando? —preguntó Fred en voz alta mientras buscaba entre sus apuntes.
Julia comenzó a llorar, él le pidió que se tranquilizara y respirara profundo, pero ella solo suplicaba.
—No me hagas esto, ayúdame por favor —pidió Julia con desesperación.
Por lo que Fred se dio cuenta de que ella no podía seguir soportándolo y la desató. La tomó entre sus brazos y la llevó a la ducha y se quedó dentro con ella.
—Lo siento Julia —dijo tratando de mostrarse fuerte, pero en el fondo no lo era. No quería ver a una mujer en ese estado.
—Ayúdame Fred —dijo ella aferrándose a él.
—Tranquila, aquí estoy Denis —dijo él y recordó cómo la joven y encantadora mujer se marchitó de un momento a otro.
—Doctor… Doctor… —dijo ella al verlo abrazándola.
—Julia —dijo él saliendo de sus pensamientos de manera abrupta.
—Creo que estoy mejor —dijo ella más tranquila—. Ya puede soltarme.
—¿Segura? —preguntó él preocupado por ella.
—Sí, segura —dijo ella con una tierna sonrisa—. Veamos cuanto tardó la medicación en hacer efecto.
Julia salió de la ducha empapada. Tomó una toalla y comenzó a secarse. Él salió del baño para permitirle cambiarse, ya que se transparentaba toda su ropa interior.
Él parecía bastante decepcionado. Si una mujer en peligro hubiera tomado esa medicación después de haber sido drogada con ese tipo de afrodisiaco, habría podido ser abusada de todos modos. Por el hecho de que sus efectos tardaban demasiado en desaparecer.
—Porquería de mierda —dijo Fred enojado.
Julia salió del baño y lo vio descargarse contra la pared. Le había dado un golpe y su mano estaba sangrando.
—Doctor Stephen Son —Julia estaba sorprendida de cómo se veía él, parecía otra persona.
Ella ya se había cambiado la ropa, pero él seguía empapado.
—Va a enfermarse si se queda con la ropa húmeda. ¿Por qué no entra a cambiarse? —ella no se animó a preguntarle la razón de su frustración tan grande.
Él entró al baño y después de ponerse la ropa seca, salió. Julia lo esperaba con el botiquín de emergencia para curar su herida. Sin decir nada tomó la mano del doctor Stephen Son y tras terminar de colocarle la venda luego de desinfectarle la herida, se fue un rato para darle su espacio. Volvió con dos cafés y al verlo él ya estaba transcribiendo los datos.
—Tome —le dijo Julia al doctor al pasarle su café caliente. Él la miró como si estuviera preocupado.
—Doctor Stephen Son —dijo ella con una sonrisa—. Intentémoslo de nuevo mañana.
Fred la miró confundido. ¿Ella entendía lo que pasaba?
—No doctora. No puedo volver a arriesgarla —dijo Fred a Julia.
Autora: Osaku
Todos los hechos y personajes de esta novela pertenecen a la ficción. Cualquier semejanza con la realidad son pura coincidencia.
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Updated 95 Episodes
Comments
Graciela Peralta
que pasara ahora con ella
2023-10-14
6
Maritxu
quién es Dennis, Fred la mencionó?? 🤔🤔😳😳
2023-06-15
1
SANDRA MELGAR
ropa seca
2023-04-27
1