Capítulo tres
—Disculpe, espéreme por favor —pidió Julia, mientras trataba de cerrar la puerta de su departamento y su vecino subía al ascensor al abrirse este.
—Lo siento. Ya se cerró —exclamó Fred, al ver que la chica corría al ascensor y este estaba a medio cerrarse.
Fred no le sostuvo la puerta a Julia y esta se molestó. Ya había empezado mal el día.
—Maldito, desgraciado —insultó ella molesta, mientras miraba su reloj—. Voy a llegar tarde.
Se dio cuenta de que no podía seguir esperando el ascensor, ya que había muchos pisos y era probable que tardara en llegar hasta donde estaba ella de nuevo, en ese horario. Se había quedado toda la noche limpiando y se había olvidado de poner la alarma en su teléfono celular.
Le quedaba poco tiempo, por lo que trató de pensar con lógica. Después de correr como una maratonista y de atravesar innumerables situaciones bizarras, llegó a la entrevista de trabajo que tenía en la empresa Stephen Son. Llegando al edificio, y luego de pasar por recepción, Julia vio que un hombre entraba al ascensor y se apresuró. Parecía una desquiciada corriendo hacia él.
—Espere —suplicó levantando la mano—. No cierre la puerta.
Julia llegó a entrar antes de que se cerrara. Ya que el hombre dentro había presionado el botón para sostener abiertas las puertas del ascensor. A diferencia del otro sujeto, este por lo menos había tenido esa gentileza.
—Muchas gracias, señor —aseguró ella, feliz de que su suerte por fin estuviera cambiando—. Hoy no tuve una buena mañana. Creo que es un día de locos.
Ella ni siquiera había mirado a la persona que estaba a su lado en el ascensor y que había sido el responsable de que pudiera subir.
—¿Día de locos? —preguntó George, al ver a la joven no la reconoció de entre las caras de sus empleados.
¿Quién sería la niña que había subido con él al ascensor de su empresa?
¿Ella no sabía que él era el CEO?
—¿A qué piso se dirige? —preguntó George mirándola con más detenimiento mientras se acercaba a la botonera.
—Quince, por favor —dijo la joven mientras se acomodaba el cabello.
Por fin tuvo la gentileza de mirar al hombre frente a ella. Automáticamente, se sonrojó, la simetría en el rostro de ese hombre era impresionante. Su mandíbula, nariz, boca, todo en él, parecía perfectamente diseñado para una pintura de Da Vinci.
Por otro lado, a George no le interesaba saber de la vida de esa niña. Sin embargo, le había entrado curiosidad. A diferencia de lo que solía hacer con sus empleados, trató de sacarle conversación.
—¿Por qué no es su día? Señorita… —preguntó más curioso, al poder examinar el rostro angelical de la joven. En verdad era muy bella, haría linda pareja con Nick, pensó él.
—Julia, un gusto —dijo ella y le dio la mano como para saludarlo.
Él la miró de manera sorprendida. Esta chica era una caja de sorpresas. Le dio la mano y dejó que ella hablara.
—Para empezar, me desperté tarde porque mi reloj supuso que era bueno dejar de funcionar justo hoy. Mi edificio, pese a tener veinte pisos, tiene solo un ascensor funcionando, en el que, si te aprietas como sardinas enlatadas, entran cuatro personas como mucho —dijo ella descargando un poco su malestar—. Uno de mis vecinos, no sé por qué, no me esperó cuando le pedí que me ayudara a dejar el ascensor abierto, y cuando salí de mi casa tuve que bajar los veinte pisos por las escaleras de emergencia. Aun así, cuando venía en un…
George dejó de escucharla, esa chica hablaba demasiado. Se arrepintió de preguntarle después de cinco pisos. Aunque no podía negarse que se llevaba una buena vista, era una niña hermosa. Probablemente, tenía dieciocho años, por lo que lo mejor era no mirar tanto. No quería tener problemas legales. Ninguna mujer, por más hermosa que fuera, estaría en su cama si no tenía edad suficiente para hacerlo.
—No puedo —se dijo George a sí mismo, lamentándose al darse cuenta de que le gustaba mucho. Tal vez en un par de años ella seguiría por ahí, se consoló a sí mismo.
—¿Qué es lo que no puede? —le preguntó Julia, desconcertada, mientras interrumpía su relato.
George no se había dado cuenta de que lo había dicho en voz alta. Por suerte para él habían llegado al piso quince y la pequeña preciosura charlatana tuvo que bajar.
—Gracias por todo —indicó Julia mientras bajaba—. Adiós.
Ella lo saludó y él no pudo evitar sonreír. Después de saludarla, la puerta se cerró.
—Qué niña más curiosa —exclamó George, y se dio cuenta de que el perfume de la muchacha había quedado en el ascensor junto a él, una mezcla de miel y vainilla. Combinación poco habitual en una chica tan joven—. Y huele delicioso.
George conocía mucho de mujeres. Solía dormir con una distinta cada fin de semana. Aunque sus hermanos a veces lo molestaban un poco por ello. Ya que él era la cara visible de la empresa de su padre. Y al no ser un hombre que se comprometía podía traerle problemas. Sin embargo, hasta el momento había sabido mantener su vida sexual de su vida profesional, lo suficientemente apartadas como para disfrutar de los placeres de la compañía de una preciosa mujer entre las sábanas y llegar temprano a su trabajo.
Al bajar del ascensor, lo esperaban en la sala de conferencias para la reunión con los inversionistas de los laboratorios. Sin embargo, al entrar descubrió que su hermano no había llegado. Otra vez se había enojado con él por rechazar su oferta de ir juntos al trabajo. Fred aún se comportaba como un niño, a veces. Lo que le parecía gracioso a George.
Su secretaria entró y le dijo que su hermano tenía un inconveniente, por lo que no podría subir a la reunión y que esperaba que él se pudiera hacer cargo de todo. Sin embargo, si requería de su presencia de manera urgente, debía llamarlo.
Autora: Osaku
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Updated 95 Episodes
Comments
Graciela Peralta
ya empezamos con los problemas
2023-10-14
7
Maris Benitez
jejeje 😆😆😅😅😅 jejeje le gustó Julia pero le pareció que era Muy joven pará el de 18 años ,el cuántos tendría ? 🤔🤔🤔🤔
2023-08-24
1
Ana Maria Marin Alvarado
gracias empezaré a leer esta novela creó k va a estar muy buena 👌
2023-07-11
1