Capítulo diez
Julia y Fred pasaron toda la mañana haciendo cálculos y probándolos en la computadora. Cuando menos lo pensó, el estómago de la joven hizo ruidos. Solo entonces se dio cuenta de que ya era la hora de almorzar.
—Si quiere, puede irse a almorzar, doctora Montoya —dijo Fred.
Ella todavía no podía acostumbrarse a que él le diga así.
—No, no se preocupe, doctor —dijo ella avergonzada.
—No hay problema. Yo me quedaré revisando algunos datos que quiero poner a prueba —dijo él mientras seguía tecleando en su computadora.
—Me incomoda irme mientras usted sigue trabajando —dijo ella mientras buscaba su billetera—. ¿Qué le parece si traigo algo para los dos y almorzamos aquí? Así podremos seguir trabajando.
—Eso sería bueno —dijo él mientras buscaba dinero en su billetera y le daba a Julia para que comprara su comida. Aunque detrás de las palabras de amabilidad del doctor Stephen Son se escondían otras intenciones.
Julia fue al comedor de su trabajo y se encontró con la secretaria que el día anterior la había tratado de despedir. La mujer la llamó de manera amable. Aun así, Julia no era de las que perdonaban con facilidad. Por lo que solo hizo un gesto y después de recoger la comida volvió al laboratorio con el doctor Stephen Son.
—Aquí están los dos almuerzos —dijo ella al entrar por la puerta del laboratorio.
Fred tenía dos frascos en la mano y se encontraba haciendo una mezcla con ellos.
—Pregunté en la cocina qué es lo que usted suele comer y me dieron esto —dijo Julia mientras sacaba la comida de los envoltorios. Le había traído langostinos con arroz.
—Gracias, doctora. ¿Por qué no trae dos refrescos de la nevera mientras yo termino con esto? —preguntó Fred.
Julia miró al doctor Stephen Son, parecía estar muy concentrada. Así que solo salió a traer lo que le había pedido. En el camino le apreció ver al hermano del doctor, por lo que se escondió en uno de los baños. Una vez que se sintió segura, volvió al laboratorio.
—Aquí traje dos. Uno de naranja y el otro de mango. No sabía cuál prefería —dijo Julia mientras los miraba. El doctor Stephen Son ya estaba sentado esperándola para almorzar.
—¿Le molesta si tomo el de naranja? Soy alérgico al mango —le dijo él de manera amable.
—Sí, claro. No hay problema —dijo Julia y abrió el refresco de mango y comió a gusto su ensalada.
—¿No se quedará con hambre? —preguntó Fred al ver lo que Julia se había traído para ella.
La verdad era que el dinero que le había dado él, era poco para comprarle su almuerzo, por lo que ella había tenido que escoger algo que estuviera dentro de su presupuesto. Aunque no le importaba, ya que era vegetariana. Aun así, sabía que pronto le daría hambre de nuevo.
—No se preocupe. Estoy bien —dijo ella mientras ordenaba la mesa para volver a trabajar.
De pronto, Julia empezó a sentirse rara. Algo no estaba bien en su cuerpo.
—¿Se encuentra bien? —le preguntó Fred al ver que ella empezaba a temblar.
—Sí. Es solo que creo que debo ir un minuto al baño —dijo ella y él le indicó dónde se encontraba el baño del laboratorio.
Ella fue hasta ahí y se lavó la cara. Aun así, un calor desconcertante invadía su rostro como si le quemara la piel.
—No, por favor. Ahora no —dijo ella y tuvo que desabotonarse la camisa.
Su cuerpo ardía, estaba en llama y su pulso se había acelerado.
—Julia, ¿todo está bien? —preguntó Fred desde la puerta. Ella se había demorado mucho.
—Creo que no puedo… —dijo ella y se tuvo que agachar. Sentía cómo sus músculos se contraían.
—Julia —dijo Fred, y al no escuchar respuestas por parte de su asistente, entró al baño.
Ella estaba en el suelo en posición fetal, su camisa estaba abierta y se veía su ropa interior.
—Dime qué te ocurre —dijo Fred mientras la ayudaba a incorporarse.
—No puedo… —dijo ella con una voz seductora—. Necesito hacerlo.
Después de decir eso, comenzó a desnudarse. Fred le agarró la mano para que ella no se quitara la falda.
—Ayúdame, por favor, me quema —dijo ella mientras se aferraba a él como si quisiera besarlo.
—¿Dónde te quema? —preguntó él tratando de zafarse de los brazos de Julia.
—Todo el cuerpo —dijo con la respiración entre cortada.
—Bien, no te toques. Te daré algo que te ayudará —dijo él y la ayudó a salir del baño.
Fred no tenía escrúpulos. Había utilizado a Julia como conejillo de indias para sus experimentos. Sus pruebas no estaban dando los resultados que esperaba, por lo que iba a hacer cualquier cosa para probar que su droga funcionaba. Era la única manera que encontraba de acelerar el proceso para que pudiera salir al mercado.
—Venga, doctora, siéntese aquí —le dijo él mientras la ayudaba a caminar hasta la silla—. Le aseguro que pronto pasará.
Ella hizo lo que él le pidió y se sentó, pero su cuerpo le pedía otra cosa.
—Necesito que me bese —demandó ella mientras lo miraba con deseo.
—Lo sé, pero eso es solo por la droga —dijo y le dio un vaso con agua—. Ahora beba, después de un rato se le pasará.
Fred se mostraba apático ante ella. En cambio, Julia se sentía desesperada por tener contacto físico con él. No sabía qué más hacer para satisfacer su deseo y calmar el calor que la incendiaba por dentro.
—Por favor —dijo ella rozándole la mano y acercándola a su pecho—. Mi cuerpo lo pide.
Fred le quitó la mano y tragó saliva. No pensó que Julia sería capaz de hacer eso. Ella se puso de pie y lo tomó de la camisa.
—Dígame cómo se siente —dijo él tratando de apartarla—. Tal vez podamos buscar una manera para ayudarla.
—Me quema, me quema todo el cuerpo —dijo Julia mientras avanzaba al punto de dejar al doctor Stephen Son contra la pared. Ella tomó la mano del hombre y la acercó a su entre pierna—. Debe tocarme…
Autora: Osaku
Todos los hechos y personajes de esta novela pertenecen a la ficción. Cualquier semejanza con la realidad son pura coincidencia.
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Updated 95 Episodes
Comments
Mirla Loyo
guao!!🤣
2024-06-26
2
Orgaimez
que bajo, eso no sirvió
2024-05-28
1
nora beatriz ramirez gonzalez
ay que cabron
2024-04-13
1