La enfermera ingresa a la habitación de la tía Diedre.
— Acuéstese señora, le pondré un suero.
— ¿Todavía otro más?
Su médico entra en ese momento.
— ¿Cómo está?
— Aquí me tiene doctor, ya me siento mejor.
— Tuvo una descompensación muy fuerte. Descansará hasta mañana, le iba a dar el alta esta misma tarde, pero esperábamos a su mayordomo, para que firme en ausencia de que la otra persona familiar suya, no pudo venir, y el señor no llega, hasta el momento y ya cerraron la recepción, es importante su presencia, además precisa usted descansar y estar bien, el asunto de la espera de ese familiar la tiene muy inquieta y prefiero que mañana, pueda ya ir para su casa.
— Está bien doctor.
— Seguramente la tardanza de su mayordomo, es por que está buscando ese familiar que dijo vive aquí.
— Noo...¿ah?
— Entonces que descanse mejor, mañana temprano supongo que ya su pariente esté aquí y no precise que el mayordomo firme. Duerma bien.
— Ah, bien, doctor gracias.
Doña Deirdre, queda algo extrañada.
¿El Médico entendió o cree que buscan un familiar residente aquí? Seguramente escuchó o entendió mal.
Bueno, mientras tanto supone que su fiel mayordomo de años está muy atareado buscando a su sobrina.
"Pobre Hugh, cómo estará cansado de caminar buscando a Maeve".
Sus ojos se cierran por el efecto del medicamento que va en el suero.
Mientras tanto en un bar de la 5ta.Avenida.
En una mesa separada más al fondo, un hombre sentado frente a Hugh, da la espalda hacia la puerta en tanto que se ve a Hugh encendiendo un habano, sí, el mismo señor Hugh, el vejancón, alto, de cabellos grisaceos, peinados acompañando su frente amplia, bate lentamente el whisky con el hielo, usando su dedo mayor, como si nada de sus encargos, valieran la pena para él.
Su acompañante, al que nadie vería el rostro, pues mira hacia la pared y un gran espejo, enciende también un habano y repite lo que hace Hugh y elevan las copas que suenan al toparse, sonando un tlin, tlin, perfectamente armonioso que le da el toque al silencio, discreción y perfección del mejor tipo de espionaje.
— Así que esa es la historia, muy interesante, debo entonces hacer que se borroneen los eventos extraños de esta o cualquier salida vuestra.
— Sí.
— Dime cuánto será mi paga.
— Es aquí donde tengo que hacer un acápite especial.
No deberás preguntarme ni intentar saber lo que opino al respecto de nada económico.
Ninguna influencia puede hacer variar costos. Cabalmente el costo aquí es inestimable.
— Oh, eso es muy subjetivo. Quiere decir, es como un juego de la vida, ¿Lo que valga el destino?
— Eres muy inteligente. Por eso mismo te hablé.
— Mmm...pero siempre hay que poner un cierto parámetro.
— No me hagas tratar como si esto es algo peligroso para ti o peor para mí. Si puedes cumplirlo di si o mejor no te metas.
No os puedo decir un monto pues es muy, abstracto el monto de tan inconcebible para cualquier humano que no es común.
— Por mi santo, mi ángel y mi demonio, eso suena a fantástico.
— Sí.
—¿Puedo saber un aproximado?
— Considero que no es sano para iniciar una negociación, contando que tú no eres parte del plan sino solo un servicial que trabajará para mí.
— Un profesional.
— Lo tomé en cuenta, se que estudiaste investigación detectivesca.
— Entre otras materias, sí, es una de mis principales.
— Por eso te elegí, vi algunos de tus servicios que hallé de verdad importantes para esta comisión.
— Brindemos entonces.
Toman un trago a seco y piden que les sirvan a sus copas. El garzón se retira discretamente.
— Estaremos tratando con un ser humano y respeto esa situación.
— Lo se.
— No es solo saberlo, es considerarlo como que si se tratara de trabajar para obtener el diamante más valioso del planeta.
— Dime.
— Nuestro personaje principal vale demasiado, no deberás asustarla, ni enamorarla, tampoco y peor que se dé cuenta en lo mínimo que estarás tras de sus pasos.
— Esos de sus pasos, preciso a lo menos una mínima referencia de los primeros lugares posibles hacia donde se haya podido dirigir.
— Tengo.
— Me dices que su familia tiene una relación con Arizona y Arkansas en tiempos pasados.
— Pero ese no es el camino a iniciar, ese es digamos así, uno de los objetivos. Ahora hay que comenzar por Nueva York.
— Está bien, para eso no tengo valla que se me ponga en el frente.
— ¿Estas entonces estimando el costo de tu trabajo?
— Sí, claro que lo consideré desde lo primero que me contaste, por eso quiero ya mismo saber las cuestiones logísticas.
— Mira, hay entre nosotros una buena diferencia de edad, eres muy joven y por las características personales, también te elegí.
— Qué bien.
— Por eso te dije que no la enamores, por lo menos mucho. Sin bargo son los atributos físicos y de edad que consideré que te elevan puntaje positivo.
— Eso qué quiere decir en términos de lo económico para iniciar mi trabajo.
— No me agrada que hagan precios iniciales, pero te diré que no te faltará dinero, vivirás como ejecutivo de banco de alto alcance, tendrás lo mejores automóviles y demás medios de alto precio.
— Bien.
— ¿Tiempo estimado?
— No lo hay. Deberás accionar elasticamente. Las situaciones podrán variar según los sucesos que no acerquen al punto final.
— Cuando comienzo.
— Ya mismo.
— Qué es lo primero.
— Borrar todo vestigio de lo sucedido desde que salimos de Pittsburgh.
— Perfecto.
— En este momento debo prepararme para volver a mi situación que cumplo como en esta familia.
— Prefiero no preguntarte más detalles de esa situación propia.
— Te llamaré Philipp.
— Preferiría Tony.
— Qué coincidencia...
— De qué.
— Leí una historia en que un Tony, un mafiosa se enamora perdidamente de una mujer extraviada.
— Ah, no quiero comparaciones, respeto, pero lo mío es otra historia, aunque tenga puntos en común.
— Te llamaré entonces Tony Philips.
— Ok, entonces, debo iniciar ya mismo. Me acobardan las charlas demasiado largas.
— Ok, vamos entonces. Acompáñame hasta donde crea conveniente por hoy.
Beben lo último del vaso y se levantan y salen. Fuera les aguarda un fino automóvil, suben y se alejan por las calles atestadas de gente en el fin de semana neoyorquino.
En la vivienda de Joe, Dinah y Bongui, bajan y van al apartamento en que Maeve está alojada.
— Veamos a la huésped de Joe – dice Bongui.
Maeve espera acompañada de Joe.
— Hola Bongui.
— Hola Joe, aquí traigo ropa, está muy sin gracia tu amiga, decidí que la llevaremos al show, porque tú quieres ir al estreno. Que se ponga estas ropas.
Bongui mira detalladamente a Maeve. Le pide que se ponga de pie. El cuerpo de ambas es muy similar.
— Mi ropa no le hizo, soy más alta que ambas.
— Sí, solamente dispongo de estas piezas, espero que le gusten. Que se ponga esas botas y la minifalda, la blusa le quedará bien... vamos. que se cambie rápido.
Tengo escasas dos horas y media, les doy veinte minutos para que estemos saliendo, me atrasé por el tocado que llevo.
— Me quedo yo y la arreglo rápido, ya estoy lista.
— Está bien, mi taxi, estará en la puerta en media hora. Allí les das los tickets y nosotras entramos en hora a camerinos.
Bongui sube corriendo a su apartamento. Dinah apresura a Maeve que no sabe como comenzar e inmediatamente le aplica maquillaje.
Maeve estará de pronto transformada.
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