Una ligera preocupación

Lloró delicadamente, apoyando su rostro en el antebrazo, mojó su cerquillo y las puntas de su cabello. Mirando de lado los santos y santas en sus pedestales y nichos. De pronto un rato después escuchó:

— Hola señorita.

— Hola, buenas tardes.

— Ya vamos a cerrar el templo.

— Ah, lo siento, qué hora es, disculpe... no me di cuenta. Estaba muy, muy concentrada — no quiso decir: muy asustada y triste.

— Sí, aquí vienen cristianos y no cristianos muy, muy... a veces muy mal.

— ¿Sí? De qué...

— Normalmente, desesperanzados, tristes, destrozados del alma y del corazón. Vienen, desde empresarios...hasta...me da pena decirlo, usted parece que está bien...

— Dígame. Quizá no tanto... estoy... – Baja su rostro. Ya había dado la décima o quizá la vigésima vuelta a toda la circunvalación de las áreas de los santos, y pilares, cuadros y altares.

— No precisa detallarme. La ví caminar y de nuevo sentarse e hincarse muchas veces y seguía así...hace casi cinco horas que está usted en este santo recinto. Pero, bueno, como le decía, he visto tanta gente venir aquí.

— ¿Empresarios, decía usted?

— Sí, algunos a punto de quitarse la vida... una vez un señor de unos cuarenta años, lo habían rescatado del balcón de su oficina a punto de arrojarse al vacío.

Fue salvado y luego escapó de que lo lleven al hospital y vino aquí a buscar fortaleza para su espíritu. Había perdido toda su fortuna en Wall Streat. Así... Muchísimos casos, muy diferentes pero terribles.

—Qué terrible, sí...

— Así es, señorita, por ejemplo una mujer abandonada por su marido que le dejó una deuda altísima y desapareció... en fin, mujeres abandonadas, perdidas, de la calle, ni se diga, juventud extraviada en todo sentido.

— Ay... que pena...

— Pero me imagino que usted es solamente alguna ligera preocupación. ¿Me engaño?

— Sí, una ligera preocupación.

— Bien, me alegro, espero que le haya pasado la tristeza.

— Sí, gracias.

— Voy a cerrar la puerta. Soy ayudante de esta bello templo.

— Gracias. Ya me voy.

Maeve, se pone de pie y sale por entre los banquillos.

Lentamente.

Sin espíritu que la sostenga. Se desmaya antes de llegar al umbral de la puerta del templo.

En su mente, lo último que vio fue como si haya pasado aquella ventana del Directorio del Banco, con la cortina volando y ahí perdiera el sentido y se hubiese precipitado a la avenida.

Acordó un rato más tarde, abanicada por aquel amable hombre de la iglesia.

— Señorita... se desmayó usted.

— Ah, ¿qué?

— Usted cayó al suelo. No pude llegar a sostenerla.

— Ay...

— ¿Le duele?

— Ay, aquí...– Se lleva la mano al sentido y luego atrás de la cabeza.

— Sí... tiene un chichón.

— Está golpeada. Fue muy fuerte — le dice una monja que aparece a su lado.

Maeve gime de dolor. Su rostro pálido. Huele el alcohol que le ponen a la nariz en un paño de franela.

Se mueve un poco, muy dolorida, luego asienta nuevamente su rostro en la almohada tibia.

— Se ha dormido – Dejémosla descansar más.

—Sí, cayó casi en el filo del asiento.

— Suerte no abrió herida.

— No trae cartera.

— Parecía ida, cuando hablaba conmigo.

El hombre y la monja le miran con pena. La cubren con la colcha suave. Y ella entra en el sueño.

Está acostada en una cama pequeña de un cuarto cercano a la sacristía.

El templo ha cerrado completamente.

Llega la noche y la metrópoli neoyorquina enciende sus luces.

Los rascacielos que rodean la Iglesia Católica de San Pedro, en pleno centro, son tan altos como aquel del banco en el cual Maevenia Blewitt estuvo esa mañana.

Corren los automóviles y la ciudad que une el día con la noche comienza su jornada nocturna.

Más allá, en el predio del hospital, doña Diedre ha recuperado de su malestar. Hablan al mayordomo para que ingrese en su habitación.

— Hugh, que ha pasado.

— Señorita Diedre, usted se puso mal.

— No entiendo...

— Se había aproximado a la ventana y en eso Maeve se le aproximó por detrás, entonces usted perdió el equilibrio...

— Por qué, ¿el equilibrio dices?

— Señorita Diedre, no quisiera decirle esto, pero...

— Qué cosa, qué cosa, por qué titubeas. Dime.

— Lamento decirle, que Maeve se fue...

— Cómo dices.

— Sí madame, se fue.

— Dónde, pero por qué...

— Ella, ella...

— Ella qué...

— Ella la quiso empujar.

— Ay, señor, cómo así, por Dios.

— Sí señorita Diedre.

— No puedo creerlo.

— Comprendo señorita, sé que usted la quiere mucho, tan buena que es usted con ella, que fue siempre, la cuidó desde sus siete años, con tanto cariño. Y a mí me consta.

Doña Diedre se lleva la mano al pecho.

— Discúlpeme, usted, yo, creo que soy el culpable...de que se haya ido.

— Por qué... pero, sigo sin creer, por qué dices eso.

— Le llamé la atención, usted se desmoronó, nadie venía, y le dije que era una mala sobrina. Ella se enfureció. Aseguró que le iba a pagar caro yo y también usted. Entonces salió de allí, sin decir más y por atenderla a usted, no supe de ella. Y hasta el momento no vuelve.

Doña Deirdre queda sin palabras. Llora delicadamente, luego entra en llanto mayor.

— Enfermera por favor, por favor, agreguen este medicamento a mi patrona, es un calmante que ella utiliza, pues siempre precisa algo que la haga dormir, si no, entra en depresión. Ha tenido un gran susto ella.

Las enfermeras obedecen.

El rostro de Hugh parece sonreír por entero.

Al poco rato, doña Diedre ronca extrañamente.

Las enfermeras se agitan.

— Es así... luego le pasará... no se preocupen.

Hugh tiene unos 61 años, es un antiguo mayordomo que trabaja en ese cargo por más de veinticinco años. Presentó sus documentos en tamaño de cédula de identidad y otros datos.

Mientras doña Diedre dormía, eso en la tarde, hubo salido un momento diciendo que iba a buscar a la sobrina de la señora y no la encontró.

En realidad fue a una farmacia cercana y compró un fuerte medicamento que ahora acababan de agregarle al suero y comenzó a entrar en la vena, gota a gota..

Mientras ella roncaba, él sonreía de piernas cruzadas, sentado próximo a la ventana, que abrió y permitía que el viento frío de la noche de comienzos de otoño vaya directo a la espalda de doña Deirdre.

Así llegó la media noche.

— Ah...— Maeve se movió un poco y abrió los ojos. Miró hacia el techo. Era un lugar muy raro aquel.

Se recostó y cubierta con la colcha de media estación, se sentó y apoyó en la pared. No estaba nadie en ese cuarto próximo a la sacristía.

Se quiso poner más cómoda y al moverse, su cabeza golpeó la pared y le dolió el chichón que se había levantado más atrás de la sien derecha.

Del dolor, prefirió acostarse de nuevo.

No pensaba nada. El dolor era fuerte.

Y volvió a dormirse.

...***...

Capítulos
1 To Regent Square
2 Deirdre Blewitt y Maeve Blewitt
3 Movimientos inmobiliarios
4 To New York City Bank
5 Manhattam a la vista
6 Now in the: City Bank of New York
7 Una veta de oro puro
8 Miss Maevenia Blewitt
9 Estaba bien vestida y sola
10 Una ligera preocupación
11 Algo ha pasado
12 Extraviada
13 Manhattan
14 En un Bar de la 5ta. Avenida
15 Broadway
16 El Teatro Schubert de Nueva York
17 No Puede Ser
18 El Destino Caprichoso
19 Buscando a una feligresa
20 En Régine
21 Fortuna Extraordinaria
22 Miss Deirdre: esa ambición quedó conmigo
23 Itziar, ¿qué?
24 ¡Tuyo es el Mundo!
25 Modelo exclusiva ¿?
26 No Existen las Casualidades
27 Cómplice Maravilloso
28 Un maletín ¿?
29 Ese Hotel frente al Templo ¿?
30 Besos sabor a Wiski
31 Sacristán o lo que fuese
32 Cuál es la Estrategia ¿?
33 Sueños
34 Dinah y Runny en South Bronx
35 Deme la Bendición
36 Completamente Fascinado
37 "Eres lo Primero"
38 Estamos entre Hombres
39 En Studio 54
40 Salud a la Fama y al Dinero ¡!
41 Quiero Tu Boca
42 El Precio de la Fama
43 Justos y Francos
44 Comienzo de mi Amistad
45 Hugh en Times Square
46 Very Important People
47 Una Semana de Vacación
48 Entre Copas de Martini
49 Solamente Esta Casa Antigua
50 Cuánto Lujo
51 Es Un Plan
52 Fascinación Inmediata
53 Una Confesión
54 Sorpresas
55 Qué Juego Es Este ¿?
56 Una Cena Muy Especial
57 Para el Amor...
58 Jogging, a Trotar
59 Buen Amanecer
60 En Qué Nos Metimos ¿?
61 Oh Regalito ¡!
62 Compromiso Firmado
63 Heredera del Olvido
64 Entrevista
65 Compañeros de Hotel
66 Cambio de Rumbo
67 Good morning New York ¡!
68 Gracias por Comprenderme
69 ¿Joe?
70 Me Enamoré de Ti
71 En la Academia de Tiro
72 Deirdre Blewitt, Esclavizada
73 Lujo y Glamour
74 Qué Revista ¡!
75 Invitaciones para Almorzar
76 Serán bien Atendidas
77 El Portón y Las Mariposas
78 Intimidad Peligrosa
79 Lindo Día Soleado
80 Quién Invita el Almuerzo ¿?
81 Una Oferta de Poder
82 Amorosamente Entregado
83 Sucedió por Coincidencia
84 Una Agencia Publicitaria
85 Ya Habrá Tiempo
86 Un Gran Amor
87 El Tesoro en Oro Puro
88 En el Empire State Building
89 Una Tarjeta Bancaria Master Charge
90 Un Juego Nuevo
91 Momento Invalorable
92 Corre Atrás
93 Ni Un Solo Centavo
94 Dei...
95 Oh...
96 Suspendan mi Viaje
97 Un Joven Rubio
98 Aquel Cortinaje
99 Enviarlo Al Oeste
100 La Puerta Batiente
101 Vudú
102 Un Regalo y una Pelea.
103 Ella Se Está Casando ¡!
104 Ella Volverá
105 Let's All Chant
106 Entre París y Nueva York
107 ¡A Escena!
108 La Linterna
109 El Sótano Secreto
110 Studio 54
111 Pronto en Nevada
112 "M.O.H." (Novela Corta Interna, de la obra "Herederos De Tu Olvido").
113 De Modelo a Magnate ¡!
114 En la Mansión Blewitt
115 Algún Tiempo Después
116 Algodones y Espías
Capítulos

Updated 116 Episodes

1
To Regent Square
2
Deirdre Blewitt y Maeve Blewitt
3
Movimientos inmobiliarios
4
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5
Manhattam a la vista
6
Now in the: City Bank of New York
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Una veta de oro puro
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Sueños
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En Studio 54
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Quiero Tu Boca
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Ella Volverá
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