Pasada la tarde nos detenemos frente a una puerta enorme, al abrirse lo primero que veo es un gran camino que nos lleva hacia la casa. Hay un estanque iluminado rodeado de pasto, una sala de descanso y jardineras con flores de colores.
-¡Llegamos!- me dice emocionado. Un hombre un tanto mayor sale de la casa y me abre la puerta mientras saluda al joven Brener quien se acerca y me saca del auto en sus brazos para entrar a la casa. -¡Bienvenida a tu nuevo hogar!- Sigo sin poder salir de mi asombro por el tamaño que tiene esta casa, veo todo a mi alrededor y me da un poco de miedo tocar algo y que se rompa porque no podría pagarlo. -¿Te gusta?- Me pregunta y yo solo contesto con un tímido y ronco -¡Si, señor!-.
-¡Vamos bonita! No me digas señor, mi nombre es Robert, ¿cuál es mi nombre?- Me dice coqueto mientras me mira. – Ro-Robert- digo tartamudeando. El solo sonríe y me da un beso en los labios. Continuamos con el recorrido para mostrarme la casa, al final me lleva a una de las habitaciones y pasamos directo a la ducha.
Estaba sumamente temerosa por lo que sucedió en el auto por lo que al sentir su cercanía solté un grito que no provocó más que risa en el. -Tranquila bonita, lamento haberte asustado hace un rato, sólo te traje para que puedas tomar un baño tranquilo y después a cenar ¿De acuerdo? -Yo solo asiento y lo veo salir del cuarto de baño.
Al salir después de asearme me lleva de la mano a un vestidor y cuando lo abre me quedo con la boca abierta viendo la cantidad de ropa, zapatos y accesorios que hay. -Puedes usar lo que quieras, todo es tuyo.-
-¿Mío?- pregunto sorprendida. – La habitación es tuya y todo lo que hay aquí también, mi bonita se merece todo.- Dice sonriendo y me abraza por la espalda.
No creo jamás haber visto algo similar, no tengo muchos recuerdos de cuando estaba en casa con mis papás, ha pasado tanto tiempo. Robert sale de la habitación y empiezo a llorar en silencio, tratando de aceptar mi nueva vida con un desconocido.
Robert
Mi nombre es Robert Brener, tengo dieciocho años y soy hijo de uno de los empresarios más prominentes a nivel mundial. Mis padres viven en una constante guerra de infidelidades, por lo que no soy capaz de creer en el amor. Mi padre gusta de la diversión con mujeres de alquiler o bien compradas y mi madre gusta de acostarse con lo primero que pase frente a ella. Su matrimonio se debe a un acuerdo comercial en el que ambas familias se beneficiaron en todos los sentidos.
Para Joshua Brener (mi padre) mi elección de no creer en el amor ha sido su mayor orgullo, dice que es una debilidad para un hombre de exitoso. Desde que cumplí los doce me ha formado para ser un gran hombre de negocios, capaz de dirigir y mantener el legado familiar.
Hace tiempo, encontró un lugar en donde ponen a disposición jóvenes, que no son más que huérfanos y huérfanas que han sido entrenados para el cumplir las necesidades de quién adquiere sus servicios. Con una edad suficiente para resistir y satisfacer cualquier orden que se les imponga, son el producto más popular actualmente entre los millonarios. El viejo me había prometido conseguir a alguien que aliviara mi soledad como regalo de cumpleaños y hoy es el día.
Voy en camino por el regalo que me dio mi padre por mi cumplir la mayoría de edad. Entro a ese viejo internado dirigido por un montón de ratas que reclutan niñas y niños pequeños para convertirlos en auténticos maestros del placer, capaces de encajar con la gente de estatus elevado sin dar a notar su procedencia.
Ya en la oficina saludo al director Blanco y al maestro Zein quienes se encargan de hacer una lista de prospectos de acuerdo con las especificaciones del adquisidor. -¡Bienvenido joven Brener!- Saludo de forma cordial al director. -No esperábamos que necesitaran de nuestros servicios tan pronto- Y sí, está es mi cuarta vez aquí. Mi padre me ha regalado tres jovencitas que no han sabido satisfacer mis necesidades y heme aquí, a punto de conocer a la cuarta.
Me dan el expediente de quién se irá conmigo a casa y lo primero que veo es su fotografía. Una linda niña castaña, de ojos muy brillantes color miel, una mirada muy inocente y profunda que me dejó completamente hipnotizado. -¡Esta pequeña ha sido elegida personalmente por su padre, quedó maravillado!-. Dice el señor Blanco muy emocionado. Sigo leyendo su expediente y no está nada mal. Tiene casi quince, es la mejor en todas sus clases básicas, literatura, historia, filosofía, ciencias, política, etiqueta, idiomas, música, deportes; tiene algunos problemas con matemáticas, pero no creo que hay ningún inconveniente. En un momento se abre la puerta y entra esa bonita niña. Es más alta de lo que imaginé, su cuerpo se ve muy bien desarrollado para su edad y tiene una sonrisa que me deslumbra con su brillo.
Estoy tan emocionado y nervioso que me cuesta tomar su mano mientras la llevo a mi auto. Ya en marcha, seguimos sin decir ni una palabra pero ¡Maldición! No puedo contenerme más, quiero acercarme a ella y sentir su aroma. Aparco el auto a orilla de la solitaria carretera y me acerco a ella diciéndole lo mucho que me emociona que sea mi regalo y sobretodo lo mucho que los pervertidos del internado elogiaron sus habilidades.
Se ve muy asustada y nerviosa lo que hace que me sienta aún más extasiado. Lo único que quiero en este momento es hacerla mía pero trato de contenerme, aún es muy pequeña para eso. Acaricio su suave rostro y siento como su cuerpo se tensa de inmediato. ¡No, eso sí que no, ella me pertenece yo soy su dueño y no se puede negar ni siquiera a eso! Trato de sostenerla pero no funciona así que recurro a darle una bofetada para que se tranquilice. Creo que me pasé de fuerza. Empiezo a sacudirla tan fuerte como puedo, está niña me vuelve loco, apenas nos conocimos hace unos minutos y ya estoy perdiendo la razón; puedo notar que su vestido está rasgado y siento debo soltarla o haré algo de lo que me arrepentiré después. Le dejo en claro quien manda y consigo que se calme, la beso, seco sus lágrimas, la acomodo y le pongo mi saco encima, ese vestido roto es una tentación. Antes de ponernos en marcha envío algunos mensajes a mis empleados para que preparen algunas cosas para cuando lleguemos a casa.
Sigo conduciendo y me doy cuenta de que se ve tan frágil y dolida, por alguna razón me gusta verla así.
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Comments
Rosalinda Quintanilla
creo que Robert no tiene valores, de que sirve ser rico, si su autoestima está por el suelo
2024-06-24
1
MADIVA
Gracias! espero te guste lo siguiente
2022-10-03
6
Nina CT
Segundo capítulo y me está gustando
2022-10-03
1