Capítulo veinte
Mi pesadilla
Vanesa despertó en el hospital. Estaba recostada en una cama. Tenía una vía puesta en su brazo y un equipo estaba monitoreando sus signos vitales. La enfermera colocaba algo en el suero cuando ella le sostuvo el brazo.
—¿Qué pasó Mercedes? Llámalo al doctor Romero, por favor —dijo Vanesa sin poder moverse.
—Lo siento doctora González, el doctor Romero está con licencia. Vino a buscar unos papeles temprano, pero recién se fue —dijo la enfermera y le mostró discretamente que en la puerta había un policía.
—¿Quién es? —preguntó Vanesa sin entender que era lo que ocurría.
—Es un oficial de la policía que está haciendo guardia. Al parecer alguien intentó lastimarla y la están cuidando —dijo la enfermera mientras la miraba nerviosa—. El abogado del doctor Romero quiere verla, ya que no dejaron que el doctor la vea, pero la policía nos dio la orden de que cuando usted despierte nadie entre a su habitación.
—Entonces hagamos como que sigo dormida —le dijo Vanesa y cerró los ojos.
La enfermera le dijo al oficial que la doctora González seguía inconsciente y que el abogado podía pasar.
—Al parecer Emanuel por fin encontró a una chica inteligente —dijo el abogado mientras se sentaba al lado de la cama de Vanesa.
La enfermera le ofreció un café al oficial de policía y comenzaron a hablar. Este dejó de poner atención a Vanesa al ver que ella no se movía mientras el abogado revisaba su teléfono sentado a su lado.
—Van a venir a hablar contigo. Emanuel necesita que lo ayudes. Es necesario que pidas que te hagan pruebas de fluidos, intoxicación y embarazo. Aunque sabemos que Orlando no es tan tonto como para dejarlos en ti, tienes que mostrar temor y duda. Llámame después de eso. No trates de hablar con Emanuel —dijo el abogado y después de poner una tarjeta debajo de la almohada de Vanesa se fue.
Ella sabía de lo que era capaz Orlando y no dudaba que Emanuel estuviera en problemas después de haberla ayudado a salir de la casa de su padre. Así que iba a esperar a que la próxima enfermera se acercara para dar a conocer que se había despertado, para poder hacer lo que el abogado le había pedido.
Recuerdo…
—Dame una oportunidad —dijo el Decano Orlando mientras la sujetaba contra la pared en la entrada de la residencia de Vanesa.
—Me está lastimando, basta por favor —dijo ella intentando soltarse.
—Estoy cansado de que juegues conmigo —dijo él agarrándola del cabello y obligándola a entrar a su coche.
—¿A dónde me quiere llevar? ¿Está loco? —le preguntó ella tratando de abrir la puerta del auto para bajarse.
—Vamos a ir a un motel —dijo él mientras ponía el coche en marcha.
Ella logró abrir la puerta, pero él la obligó a entrar nuevamente. Puso la traba y la agarró del cuello. La besó por la fuerza en los labios. Mientras ella trataba de soltarse se dio cuenta de que no podría salir de esa situación forcejeando. Le devolvió el beso y lo abrazó, él se relajó un poco, aunque seguía sujetándola. Ella trataba de pensar cómo hacer para escapar, pero no se le ocurría nada. Tenía que ganar tiempo, pero él no iba a querer solo besos, así que ella acercó su mano a su entrepierna y lo acarició.
—Si chiquita. De esto se trata, déjate llevar —dijo él excitado.
Ella tenía náuseas del asco que sentía al besarlo; sin embargo, esa era la única forma de retrasar que él la llevara de la puerta de su casa. Ella alcanzó su teléfono celular y mientras él tenía los ojos cerrados activó la grabadora.
—Decano Orlando, ya no quiero seguir estando con usted —dijo ella con la voz suave.
—Tu cuerpo no dice lo mismo —dijo él tremendamente excitado.
—¿Qué tengo que hacer para que deje de acosarme? —preguntó ella mientras él la besaba en el cuello.
—Nunca voy a dejar de buscarte. Vas a ser mía por siempre —dijo él mientras manoseaba sus pechos.
—Si tenemos sex* como usted quería y le doy mi virginidad ¿Podría por favor dejar de venir a mi casa todas las noches? —le preguntó ella con lágrimas en los ojos, le costaba mucho hacer eso.
—Mi amor, nada me va a bastar. ¿No entiendes que estoy loco por ti? —dijo él y sacó su erección del pantalón para que ella lo masturbara.
Vanesa se había dado cuenta de que la puerta estaba cerrada con el seguro para niños y que el botón estaba del lado de Orlando. Se acercó más a su entrepierna y cuando él se descuidó, con una mano apretó el botón para abrir la puerta y con la otra apretó sus testículos con toda la fuerza que pudo. Él gritó y ella corrió hasta la puerta de su casa y rápidamente entró.
Se encerró en su habitación y lloró por más de una hora. Le temblaba todo el cuerpo. Tenía mucho miedo de las represalias que el Decano podía tomar contra ella. Por lo que al otro día le pidió a una de sus compañeras que la acompañara a la comisaria. Hizo la denuncia y le colocó una orden de restricción. A partir de ese día no volvió a caminar sola o estar sola en público hasta que supo que él se había ido del país. Todas las noches tenía pesadillas con él y con las cosas horribles que él amenazaba con hacerle.
...Fin del recuerdo
Ahora debía hacer lo mismo y no quedarse sola, nunca. Al saber de su regreso no había tomado las medidas necesarias para protegerse y él se había aprovechado de eso. Incluso era capaz de lastimar a su hijo con tal de conseguir lo que quería. Eso la asustaba mucho más.
Ella hizo todo lo que el abogado le pidió y después de que la policía le tomara declaraciones y se fueran pidió un teléfono prestado y llamó al abogado de Emanuel para avisarle.
Autora: Osaku
Todos los hechos y personajes de esta novela pertenecen a la ficción. Cualquier semejanza con la realidad son pura coincidencia.
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Comments
Λlι Cαя∂ιηαlι✨ ♥️
Creo que ésto va de Guatemala a guate peor 😱😱😱
2024-04-22
2
esterlaveglia
me engancho la historia y espero que el viejo enfermo termine preso 🤬
2024-04-08
1
Graciela Peralta
que pasara ahora con ella
2023-10-06
2