Capítulo diecinueve
Problemas con la policía
Emanuel ya había llamado a su abogado. Aun así, su padre era muy astuto. La versión del abogado de Orlando a la policía era que Emanuel se había obsesionado con Vanesa desde que se habían conocido. Incluso había sido él quien había obligado a Vanesa que dejara de ver al Decano por celos. Que la orden de restricción solo fue para calmar a Emanuel de sus celos enfermizos. Y que cuando su padre se dio cuenta de que, aun así, no podría detenerse, decidió irse para evitar problemas. Que solo había vuelto cuando escuchó preocupación por parte de sus amistades, ya que su hijo empezó a preguntar por su relación con la señorita González en el pasado. Una relación que solo había existido en la cabeza de Emanuel.
Según el abogado de Orlando, Emanuel había sido evaluado de pequeño, porque no tenía amigos y era una persona con un desorden de personalidad. Era muy inteligente y obsesivo, por lo que creían que se había obsesionado con su amiga de la facultad y que había vuelto porque ella se había recibido finalmente. Incluso había pedido tenerla a cargo como tutor durante su pasantía.
El abogado de Orlando también presentó pruebas de las relaciones anteriores que Emanuel había tenido. En todas ellas, las mujeres se parecían a Vanesa, según ellos. Además, Emanuel había tenido una conducta sexual promiscua durante sus estudios en Dinamarca, que según un psicólogo que ellos habían contratado se debía a la obsesión que aún tenía con Vanesa.
También dijo que Orlando solo había vuelto porque le preocupaba su hijo. Le había recomendado volver a Dinamarca cuando se juntaron a hablar. Pero que este no lo escuchaba, por lo que había llamado a Vanesa a su casa para pedirle que lo convenciera de volver a continuar sus estudios en Dinamarca. Ya que ella sería la única persona a la que Emanuel escucharía, pese a la restricción que Orlando tenía porque solo quería el bienestar de su hijo.
Pero que cuando él los había visto juntos imaginó algo que no era y enloqueció. Y que cuando Emanuel agredió a su padre inventó lo del asalto sexual para confundir a la policía para que no lo culparan por desfigurarle el rostro. Que robó medicación del hospital y que drogó a Vanesa en su casa. Que manipuló la evidencia para que pareciera que Orlando la había drogado. Y que Emanuel la había confundido a ella con tantas mentiras.
—Señor Romero, ¿son o no estás, fotos de su computadora portátil? —preguntaba el investigador cuando le mostraba fotos de Vanesa a Emanuel.
—¿Usted no tiene fotos de sus amigos en su computadora? —preguntó Emanuel.
—Ya le dije que debe decir sí o no —le respondió el investigador.
—Y yo le dije que a preguntas simples, respuestas simples, y a preguntas incriminatorias no voy a dar respuestas obvias —le recordó Emanuel.
—O sea que usted confirma que resulta sospechosamente enfermo tener carpetas con fotos de una persona guardadas, como tiene usted las fotos de la señorita González —dijo el investigador.
—No. Yo le dije que junté las fotos para hacerle un obsequio para su cumpleaños. Es usted el que especula con que estoy obsesionado con ella, y de hacer cosas que no hice en realidad. En vez de estar hablando conmigo, debería estar preguntándole a mi padre por qué drogó a mi amiga e intentaba que le hiciera sexo oral por la fuerza —dijo Emanuel tranquilamente.
No solo su padre, Emanuel también era un hombre muy inteligente. Por lo que no iba a dar el brazo a torcer.
—Entonces, si no está obsesionado con la señorita González ¿Por qué tiene la fecha de cumpleaños de ella de contraseña en su computadora y en su móvil? —preguntó el investigador.
—¿Por qué cree que esos números son por el cumpleaños de Vanesa? No se ofenda, pero si tiene tanto tiempo para especular con números ¿Por qué no se tomaron el tiempo de revisar las cámaras de la ciudad para ver que estuvo haciendo mi padre durante las tres horas previas a que yo llamara a la policía? —respondió Emanuel.
—Entonces el que la fecha de nacimiento de la señorita González coincida con los ocho dígitos de su computadora portátil es coincidencia y que los cuatro dígitos de su celular, también sean del mes y día en que ella cumple los años, también son coincidencia. Es impresionante cuantas coincidencias hay en su vida doctor Romero —dijo con ironía el investigador.
—Sinceramente, no entiendo por qué se empeña en querer condenarme por algo que no hice. En vez de culparme por algo que sabe que si hice como golpear en el rostro a mi padre. Pero bien, si tanto quiere saberlo se lo diré. Si mira mi computadora verá que debajo hay una etiqueta que corresponde al código de barra. Ahora solo deben quedar un par de números, pero los primeros 8 dígitos eran esos, por eso los usé —dijo Emanuel tratando de poner en ridículo al investigador—. Y ya que tiene tanta curiosidad por saber de mi relación con Vanesa, le diré que mi celular si tiene la contraseña por su cumpleaños, pero no por lo que usted cree. Si no que cuando íbamos juntos a la facultad, una vez la invité a comer. Como llovía y no tenía para el taxi para volver a casa, le pregunté si podíamos pagar a medias la comida y ella se enojó. Pensaba que yo la había invitado porque era su cumpleaños. Y como yo no lo había recordado, la loca tiró mi celular al piso y se mojó. Tardé una semana en conseguir a alguien para repararlo. Después de eso le cambié la contraseña y puse su fecha de cumpleaños. No me imaginaba que iba a terminar preso por eso o le aseguro que la habría vuelto a cambiar —dijo Emanuel burlándose del investigador.
—Considero que no se encuentra en posición de hacer bromas señor Romero —dijo el investigador.
—Y yo juzgo que he sido demasiado paciente con todos ustedes. Estuve dispuesto a que registraran mi departamento, mis cuentas y que hurgaran en mi privacidad. Además, ni bien ocurrió el hecho, llamé a la policía y a urgencias para que aquel hombre fuera asistido pese a no merecérselo. Tal vez me equivoqué al no llevar a Vanesa a emergencias, pero temí por su vida y no sabía si tenía tiempo de llegar al hospital porque su pulso era muy débil. Pero les avisé que ella se encontraba en mi casa. Aun así, yo estoy aquí esposado y no ese hombre —dijo Emanuel mostrando su desconformidad.
En ese momento el abogado de Emanuel entró y tuvieron que dejarlo ir. Por lo menos ese día.
Autora: Osaku
Todos los hechos y personajes de esta novela pertenecen a la ficción. Cualquier semejanza con la realidad son pura coincidencia.
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Comments
Meli_33608✨🙈🇩🇴♌
🤔 Yo tengo también, hasta una de fondo de pantalla que nos hicimos en mis 15 /CoolGuy/
2024-12-01
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Meli_33608✨🙈🇩🇴♌
El se lo está pasando de lo lindo con el policía 🤣🤣🤣
2024-12-01
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Meli_33608✨🙈🇩🇴♌
🤣🤣🤣 Esto me dió risa y ni siquiera se por que 🤦🏻♀️
2024-12-01
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