Capítulo trece
Mi miedo más profundo
Después de tener relaciones sexuales, Vanesa y Emanuel se sumergieron en una discusión sobre su pasado. La verdad quería salir a la luz, pero ellos tenían que estar dispuestos a verla. Lo que ninguno de los dos estaba dispuesto a hacer todavía. Por lo que ese día no pudieron llegar a ningún tipo de acuerdo y ella se fue de su casa.
Pasaron casi un mes sin hablarse. Y las cosas hubieran seguido de la misma manera si no fuera porque una mañana fría de agosto entró un paciente a la guardia de Vanesa presentando un paro cardio respiratorio. Ella convocó al equipo de terapia intensiva para que la ayudaran. Hicieron todo el procedimiento indicado y trató de realizar RCP junto a la enfermera de la guardia hasta que los demás llegaran.
Fueron al sector de internación mientras seguía tratando de reanimarlo. Sin embargo, tras media hora de intentar todo lo conocido, no pudo hacer que ese corazón volviera a latir, y por primera vez desde que había estudiado medicina vio a un hombre morir. Pese a todos los esfuerzos que hizo, ella y su equipo no pudieron salvarlo.
—Yo hablaré con los familiares. Tú ocúpate de eso —le dijo el médico de terapia y Vanesa miró la hoja que decía acta de defunción. Aún estaba en shock.
Sin embargo, era su obligación llenarla y para esto necesitaba la firma de Emanuel. No quería tener que hablar con él. Ya que demasiado mal se sentía por haber perdido a un paciente, pero esa también era una de sus tareas y tenía que hacerlo pronto para que los familiares pudieran encargarse del resto.
Por lo que se dirigió al piso donde estaba el doctor Romero. Entró a la oficina y lo vio sentado en su escritorio revisando la computadora. Se acercó y le pidió que le firmara el acta y la dejó sobre la mesa. La voz de un hombre que le era familiar, pero no era su amigo, le dijo que esperara. Ella miró al escritorio, el decano Orlando estaba sentado en la silla de Emanuel.
—¿Qué hace usted aquí? —preguntó ella sorprendida y un poco atemorizada.
—No sabía que tenía que pedirte permiso para venir a visitar a mi hijo —dijo él con su característica y egocéntrica manera pedante de hablar.
La cual en su juventud había enamorado a Vanesa, pero que ahora le causaba repulsión. Él se levantó de la silla con la hoja en la mano. Haciendo que ella retrocediera. No quería tenerlo cerca.
—Tranquila, no lo ibas a poder salvar, tenía dos válvulas completamente obstruidas y ya había tenido tres ACV —dijo mientras se acercaba más y más a ella, dejándola como un animalito acorralado contra la pared, esperando que el lobo viniera a devorárselo.
—Aléjese de mí o voy a llamar a la policía —dijo ella como si estuviera convencida, aunque ya no tenía más espacio para retroceder.
—¿Y qué les vas a decir? ¿Qué te perseguí hasta tu trabajo y me metí en la oficina de tu jefe? —dijo él y dejó la hoja sobre el escritorio—. Tu tutor es mi hijo y yo no te busqué. Tú entraste así que puedo decir que eres la que me está hostigando. ¿No fueron esas las palabras que usaste cuando me acusaste? —dijo él y la agarró del cuello.
Vanesa empezó a llorar y le pidió por favor que la soltara. Lo amenazó recordándole que estaban en un hospital y que ella podría gritar si lo deseaba.
—No va a ser hoy ni ahora, pero vas a ser mía. Y vas a pagar todo lo que me hiciste —le dijo en el oído como si lo disfrutara y luego la soltó.
Ella cayó al suelo y él salió de la oficina. Se sentía transgredida, ultrajada y vulnerable. No quería estar cerca de ese hombre de vuelta. Emanuel entró y la vio llorando. Ya le habían dicho que el paciente había muerto y pensó que eso la tenía mal.
—Tranquila, no ibas a poder salvarlo. Tenía dos válvulas completamente obstruidas y ya había tenido tres ACV, además estaba anti coagulado —dijo él leyendo la historia clínica sobre su escritorio.
Ella lo miró aterrada. Él había usado casi las mismas palabras que su padre. Empezó a temblar y a sentir que le faltaba el aire. Estaba teniendo un ataque de pánico.
—Necesito irme —dijo sin mirarlo, pero con la voz entrecortada.
Él le aseguró que podía hacerlo sin problemas. No había problema de que dejara la guardia, después de todo él se iba a encargar. Por lo que Vanesa podía tomarse el resto del día.
—¿Vas a estar bien? —le preguntó, pero ella parecía no escucharlo. Salió de ahí casi corriendo, en pánico.
Caminó unas cuantas cuadras y vio un bar abierto y entró. Pidió un “tía maría” en la barra y se sentó a pensar. ¿Qué haría ahora? ¿Por qué él había vuelto? Tendría que cambiar de pasantía, pero era imposible cambiar de tutor en este momento. Además, si él quería, podía encontrarla como lo había hecho antes. Se sentía muy frustrada y le temblaban las manos.
Un muchacho se le acercó y le preguntó si la podía invitar con un trago. Ella le dijo que no. En ese momento no quería ver a otro hombre que no fuera el cantinero.
Cuando se dio cuenta de la hora que era llamó a una de sus compañeras para que la fuera a buscar. Ya que sentía que sola no podría llegar a casa. Porque había estado bebiendo todo el día. El teléfono no sonaba o eso creía ella. En realidad, era porque estaba tan ebria que no podía presionar la tecla de llamada.
Un tipo se le acercó y se ofreció a llevarla a casa. Ella le dijo que no varias veces y finalmente él desistió. Vanesa se sentó en el suelo. Su cuerpo se sentía muy pesado, sus ojos se cerraban. Había sido un error beber tanto, pero ahora solo quería dormir. No le importaba en qué cama ni en dónde. No podía seguir resistiendo el deseo de su cuerpo de abandonar la lucidez y sumergirse en el mundo de los sueños. Lo necesitaba, era el único lugar donde veía a Emanuel y se sentía feliz por ello.
Autora: Osaku
Todos los hechos y personajes de esta novela pertenecen a la ficción. Cualquier semejanza con la realidad son pura coincidencia.
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Updated 51 Episodes
Comments
Dalia Barco
Vanesa es una alcohólica gafa...
2024-09-18
0
Milcaris
Cuánto dolor, sufrimiento y miedo esconde Vanesa.
2024-05-25
2
Λlι Cαя∂ιηαlι✨ ♥️
Hay dios porque la persigue y que mal que no pueda tener a nadie que la ayude . Ojalá que su imprudencia no le traiga más problemas 😱😱😱🥺🥺🥺🥺
2024-04-22
1