Capítulo once
En su cama otra vez
Emanuel le comentó a Vanesa que existía la posibilidad de que se fuera nuevamente del país. Al darse cuenta de que podía llegar a perderlo una vez más. Sintió una angustia que le destrozó el alma. No quería que pasara de vuelta, por lo menos no sin decirle lo que sentía por él. Ya no le quedaba tiempo y aunque él la rechazaba, incluso si su amistad se perdía, no podía seguir comportándose como una cobarde. Se había lamentado el no decirle la verdad por más de tres años.
Sin darse cuenta se puso a llorar mientras él le acariciaba el rostro. Hacía seis meses que se habían reencontrado y se sentía muy a gusto con él, no solo era su amigo, sino que también el dueño de sus deseos. No quería que ya se fuera, aunque fuera egoísta, quería retenerlo.
Él ni siquiera había llegado a decirle por cuánto tiempo se iría esta vez. Cuando Emanuel la levantó del suelo entre sus brazos y la llevó a su dormitorio. La recostó sobre la cama y le pidió que se quedara a dormir. Si bien recurrentemente le pedía eso, ella no se quedaba desde que había soñado con él. La segunda vez que se quedó a dormir tuvo un extraño sueño en el que ella terminaba llorando por él. Esto había hecho que estuviera muy angustiada más de una semana.
Aunque no recordaba mucho de ese sueño. Sin embargo, sabía que en él, ella sufría mucho y aunque sus lágrimas no le permitían ver a Emanuel, sentía que él también estaba sufriendo. Esa sensación le generaba una angustia muy fuerte. Si bien no había estudiado psicología, Vanesa creía que tenía que ver con la imposibilidad de volverse compatibles. Ya que todavía no le decía que ella seguía teniendo una orden de restricción para su padre.
¿Qué clase de familia iban a ser si ella se quedaba al lado de Emanuel? ¿Cómo él podría aceptar a una mujer que le había arruinado la vida a su padre?
—¿Qué vas a hacer? —le preguntó él reposando sobre ella, en la cama y devolviéndola a la realidad.
Las sábanas eran suaves y el ambiente olía a vainilla. Incluso había unas cuantas velas prendidas en ambas mesas de luz. ¿Él había preparado todo eso con la intención de estar con ella?
—Si me quedo no vamos a dormir. ¿Está bien eso para ti? —le preguntó ella un poco nerviosa.
Lo que más había deseado era volver a estar con él, pero no sabía si para él sería satisfactorio, ya que ella no había vuelto a estar con nadie. Y, según había escuchado en el hospital, Emanuel había tenido a varias detrás de él. Por lo que seguramente ella no era la primera en su cama desde su regreso. Lo que hacía que sintiera celos de cualquier mujer que él hubiera besado en el tiempo que no estuvieron juntos.
—No voy a obligarte a hacer nada que no quieras —le dijo él y se acercó más a ella como si sus palabras y sus acciones no tuvieran el mismo sentido. Estaba claro lo que esperaba hacer con ella esa noche.
La tensión sexual entre ellos se sentía cada vez más atrapante. Ella quería y era obvio que él también, mucho más que Vanesa incluso.
¿Podrían seguir siendo amigos después de eso? ¿Evitaría que se fuera? ¿Podría satisfacer sus deseos con nada de experiencia?
Vanesa tenía sus manos sobre el torso de Emanuel. Podía sentir cómo el corazón de este se aceleraba con cada pequeño movimiento que ella hacía con sus manos. Lo miró a los ojos por un instante y se dio cuenta de que sin importar lo que hiciera, este iba a ser el fin de su amistad. Las cosas iban a cambiar esa noche si es que tenían sex*, o si solo le pedía que le llamara un taxi.
Sin pensarlo por mucho más tiempo lo besó en los labios. Una extraña calma se apoderó de ella. Se atrevió a dejarse llevar y se abrazó a su cuello. Pequeños vestigios de besos entre ellos venían a su mente. Era extraño, algunos parecían fragmentos de sueños y otros parecían vivencias. Lo que sea que fuera le gustaba mucho. Ya que era él, y solo él el dueño de todos sus deseos y fantasías. Sus emociones estaban ligadas a ese hombre. Incluso la decisión de no elegir una especialidad aún.
Deseaba no detenerse y poder permanecer toda la noche en sus brazos, atada a sus caricias y llena de sus besos. Sentir el aroma de su perfume mezclado con el olor de su propio cuerpo.
A ella le sorprendía que aún él usara el mismo perfume que cuando se conocieron. Su piel era áspera en el rostro por los pequeños vestigios de barba que intentaban salir, pero sus manos eran suaves. Emanuel era realmente hábil al tocar sus sen*s bajo toda esa ropa. Incluso sabia como evadir su sujetador sin ningún tipo de dificultad.
Él era bueno en todo y en el sex* parecía tener mucha experiencia. A diferencia de ella que por los nervios no podía ni desabrocharle el cinto del pantalón.
La realidad era que no había tenido tiempo de practicar, pero no le importaba estando en los brazos de Emanuel. La oscuridad de la habitación no le permitía verlo con claridad, aun así, estaba segura de que ese rostro parcialmente escondido era el que deseaba ver cuando se sumergiera en su interior.
Vanesa había imaginado muchas veces con ese momento. Incluso había tenido sueños húmedos pensando en él. Con sus ojos, su mirada tan penetrante; con su aroma y el sudor que su cuerpo desprendía cuando estudiaban en la facultad. Un olor que debía desagradable, pero que a ella le encantaba sentir. Por lo que muchas veces decía estar cómoda sin ventilador, solo para que él transpirara y pudiera sentirlo.
¿Tan obsesionada estaba ella de él? ¿Valía la pena todo lo que estaba dispuesta hacer por alguien que solo quería lastimarla? ¿Qué tanto conocía en verdad a Emanuel?
Autora: Osaku
Todos los hechos y personajes de esta novela pertenecen a la ficción. Cualquier semejanza con la realidad son pura coincidencia.
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Updated 51 Episodes
Comments
Λlι Cαя∂ιηαlι✨ ♥️
Creó que ella va salir muy lástimada y el aunque se arrepienta, esperó que ella no lo perdone 🤬🤬🤬🤬
2024-04-22
2
esterlaveglia
muchos malos entendidos 🙄🤦♀️🤷♀️
2024-04-08
1
Adriana Sanchez
Ok entonces por lo borracha que estaba no se dio cuenta que era el papá con el que se acostó 🤦🏻♀️ hay estúpida, ya ni quiero pensar 😡😡
2024-01-26
3