El doctor le da unas indicaciones a Sila, indicaciones que yo no puedo escuchar, ya que estoy en shock, después se retira.
—No puede ser. Felicidades entonces, Mara. ¿Llamo al príncipe Shin?.
—Señora, imagínese. Un heredero. Esto merece celebración.—dice sonriendo de oreja a oreja.
—No. No quiero que ninguno de ustedes diga nada. Esto nunca pasó. Yo veo como le digo a Shin. Ustedes ni murmurar sobre esto puedes. ¿Entendieron?.
Ellos asienten.
—¿Qué harás, Mara?. Shin tiene que saber. Estoy seguro que será feliz.
—No le diré hasta que se pruebe mi inocencia. Ustedes respeten mi decisión. Retírense.
De inmediato a que digo eso, ellos se van un poco decaídos.
Espero a que cierren la puerta y sonrío.
—¿Tú eres el que me estás haciendo sentir mal?.—le hablo a mi vientre.—Escucha, tu papá aún no puede saberlo. Por favor, no crezcas mucho por ahora.
Acaricio mi vientre y río. Cuando pueda saldré a pasear.
No, ahora trataré de salir.
Los guardias me tienen respeto y me los he ganado con comida. Quizás, me dejen salir.
—Chicos, ¿quieren merendar?.—pregunto.
Ellos asienten sonrientes.
—Quiero salir a pasear, ¿puedo?. Volveré pronto.
Ellos asienten y mandan a uno a vigilarme.
Creí que sería más difícil.
Iba caminando por los pasillos y al otro lado escucho la voz de Dominik.
—Esa maldita enfermedad me tiene enfermo. Vamos a la capital para distraerme.
—¿Y la señorita Marina?.—le preguntan.
—Déjala ahí, no me importa. Vamos.
Cuando ya no oigo pasos ni voces, me acerco y veo una habitación entre abierta.
Abro la puerta y con la mentira de cambiarme de zapatos y vestido, el guardia se queda afuera.
Entro y veo a Marina en la cama durmiendo.
Me tropiezo y sin querer boto unos libros. Con miedo a que despertara, los recojo.
No despierta, me acerco más y le muevo el brazo.
Tampoco despierta.
Debe estar en un sueño profundo.
Me siento a sus pies y le hablo.
—Marina, por favor. Di la verdad, ¿si?. No sé como pudiste revivir, no lo entiendo, pero por favor. Di la verdad. Escucha, quizás lo tomes como una ventaja por donde puedas manipularme. Pero, estoy embarazada de Shin. No sé cuantas semanas tengo. Marina, si sigues con las mentiras, condenarás a mi bebé. Mi bebé crecerá sin un padre. Piénsalo, Marina. Si es que me estás escuchando, por favor. Deja de mentir. Si no eres Marina, seas quien seas, por favor. Te lo suplico deja esta farsa.
—Señorita Maranatha, por favor. Salga.—habla el guardia.—yo lo hago de inmediato.
—Aquí estoy, no te preocupes.—salgo y le sonrío.—al final no encontré nada que ponerme. ¿Vamos al jardín?.
Paseé por el jardín, vi las rosas, demás flores, sentí el sol en mi piel.
—Respirar aire fresco me hacía falta...
Estoy muy relajada aquí, incluso me dio sueño.
Me siento en un sofá que hay y mi sueño incrementa hasta que cumple su cometido, dormirme.
"—Mara, hija...—escucho a mi mamá y abro los ojos. —Hija, ¿cómo estás?.—miro a mi alrededor y estoy en mi cuarto.
—Estoy bien, mami. ¿Qué pasa?.—ella baja la mirada.
—A tu padre, lo encontraron... Hija, tu papá falleció.—dice y me abraza rompiendo en llanto.
Así qué, este es otro recuerdo que se manifiesta en sueños...
Todo se distorsiona y ahora estoy en la escuela.
—Esa niña es hija de un drogadicto. Pobre, debe ser difícil.—dicen los profesores.—no me sorprende que sea tan problemática.
Todo se mezcla nuevamente y llego a un recuerdo de mi madre conversando conmigo.
—Mi amor, lo que más te pido es que me tengas confianza. Yo sé que no he sido la madre perfecta, pero, créeme que te voy a apoyar en todas. Estoy haciendo lo mejor que puedo, Mara. El día en el que quizás quedes embarazada, quiero que confíes en mí y me lo digas, yo voy a apoyar tu decisión sea cual sea. Otra cosa, ya me queda poco de vida, hija. Te pido, no, te ruego que si llegas a hacer madre, no seas como yo. Te amo mucho, princesa.
—Mara... Mara... despierta...
—¿Mamá?. "
Despierto y veo a Darían.
—Por fin despiertas. El guardia asustado me llamó, no despertabas con nada.—dice y me cubre con su chaqueta.—Hace frío y ya es noche. Debes cuidarte para así cuidar a tu bebé también.
—No eres quien para sermonearme tampoco. Creo que me relajé de más. Iré a la habitación ahora —bostezo.
Llegué a la "celda" y encuentro a Shin sentado con cara sería mirándome.
Casi se me baja el azúcar, la presión y todo pensando en que quizás se enteró de la noticia.
Darían lo mira serio igual y después se despide de mí acariciándome la espalda.
—Nos vemos, Señorita Maranatha.
Quedamos solos y él me mira de pies a cabeza.
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Comments
Angela Cortes
hay y ahora que pasará
2022-12-21
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