Llegando al palacio me dispuse a hablar con Shin sobre quien era en realidad...
—Shin... ¿Podemos hablar?—pregunto entrando a su despacho.
—Pero, que sea rápido. Tengo que atender unos asuntos.—dice y me mira con atención.
—Es que...yo...—digo nerviosa, realmente quiero contarle, pero me da miedo.
Al mirar sus ojos, en mi mente se puso la visión más horrorosa que haya imaginado... era yo siendo asesinada por Shin.
No, no puedo aún. No estoy preparada.
—Apresúrate.—me ordena Shin.
—Yo... ¡Quiero consumar contigo!.—digo mientras el rojo sube a mis mejillas.
Mara, ¿que acabas de decir?.
Shin se queda boquiabierto y suspira.
—Está bien. Si tú quieres...¿está bien esta noche?. Lo digo porque te ves desesperada.—habla Shin y comienza a golpear con la punta de sus dedos suavemente el escritorio.
—Sí. Esta noche suena bien. Iré a esperar a mis padres...—digo incómoda y salgo corriendo a la sala de invitados.
No sé en qué me acabo de meter.
Yo y mi bocota... Que terrible. Tendré que decir que ando con mi periodo o algo.
Bajo las escaleras y de nuevo mis ojos se posan en aquel colgante.
Darían...
—Señora, su familia ha llegado. Iré a decirle a nuestro señor.—dice un sirviente mientras asiente y sube las escaleras.
Dejo de mirar el colgante y veo las caras de los padres de Marina.
Me siento tan intimidada por la presencia de ambos, que hago una reverencia.
—Levanta tu cabeza. Nos descubrirán si no.—dice la madre de Marina.
—Mariela, creo que estás exagerando.—dice Dominik.
Darían me mira incómodo.
—Oye, saluda a la princesa imperial Consorte Marina.—le habla Mariela al chico.
Mi antiguo amor se acerca y besa mi mano.
No pude evitar sentir una ola de electricidad por todo mi cuerpo.
—Estoy a sus órdenes, princesa consorte.—dice y me mira con una chispa de tristeza en sus ojos.
—Cariño, ¿estás bien?.—escucho detrás de mí la voz de Shin.
—Si, estoy bien.—me volteo dándole una sonrisa forzada.
—Vamos a la sala. Ahí podemos hablar mejor.—dice el príncipe guiándonos.
Cuando llegamos nos sentamos todos, incluyendo Darían.
—Bueno, les pedí que trajeran a un hombre de confianza porque no puedo arriesgar a mi esposa a colocarle un guardia de mi nación.—habla y se levanta.—Como sabrán he recibido muchos ataques últimamente y como manera de proteger a la madre de mis futuros hijos, decidí que es mejor que alguien fiel a la princesa, la cuide.—se acerca a Darían.—me gustaría saber tu nombre.
—Mi nombre es Darían, su imperial majestad heredero.—se levanta y da una reverencia.
—Rey Dominik, ¿cómo sabe que es hombre de confianza?.—pregunta Shin.
—Ese chico se crio con mi amada hija y su criada personal. Los tres tenían casi la misma edad. Darían se reclutó en mi guardia real con la intención de proteger a Marina. Es quien sacó la mayor clasificación en combate cuerpo a cuerpo, en combates con espada y armas con pólvora. Tiene la mejor resistencia de su generación de caballeros. Además, hizo un curso intensivo en las cascadas del norte. También agregar que en la clasificación de caballeros es un 10 en espionaje. Es mi caballero con historial y calificaciones perfectas. Es todo un prodigio.
Wow, realmente es grandioso.
—¿Dice usted que se crio con mi Marina?. Cariño, ¿es cierto?.—me pregunta.
Más conmigo que con Marina, la verdad.
—Es cierto. Él antes de irse a reclutar, me juró lealtad, respeto y protección.—digo y le miro.
También me juró amor.
—Bien, entonces se quedará como guardia personal de mi esposa. Debes protegerla hasta dentro del palacio.—le dice.—Ahora vamos a cenar. Darían cenará con nosotros.
A la hora de cenar, nos sentamos de esta manera en la mesa.
En mi mente se ve algo así...
Mientras Shin y Dominik hablaban de política, Darían tenía sus ojos puestos en mí.
Estaba comiendo cuando siento unas caricias en mi muslo.
Veo, y es Darían.
¿Qué pretende?. Shin está a mi lado, si lo ve, lo mata.
Discretamente, le quito la mano y hago como que nada pasó.
Después de unos instantes, volvió a acariciarme.
Shin, me mira extraño y toma mi mano por abajo de la mesa.
—¿Está todo bien?.—pregunta frunciendo el ceño.
Mis ojos se cristalizan al pensar que vio algo.
Dominik me mira como si juzgara cada parte de mi, así mismo pasó con Mariela.
Mi pulso se acelera y mi cuerpo tiembla indicando un episodio de angustia.
—Disculpen. Yo...—respiro profundo y me marcho hacia la habitación.
No quité nunca los ojos de ella, me mantuve pendiente de cada cosa que hacía.
Estaba extraña, estaba nerviosa y sus movimientos eran torpes.
Parece que la presencia de sus padres la hacía ponerse así.
Cuando noté que su respiración era irregular y su cuerpo temblaba, tomé su mano para darle a entender que no debía temer, que yo estaba aquí, que estaba con ella y de parte de ella.
Le pregunté que si estaba todo bien, pero ella solo se tensó más y escapó.
Me estaba levantando, pero su guardia fue más rápido que yo y la siguió.
De alguna manera me sentí incompetente.
Él la conoce desde antes, y yo... de hace solo unos días.
Quizás él sepa manejar la situación, pues la conoce mejor que yo.
—Me retiraré, iré a ver a mi mujer.
Me levanto de la mesa y me voy a mi despacho.
Me recuesto en el sofá y miro el techo.
—Millard, quiero los antecedentes de Darían. También ve a despedir a los padres de Marina. Dile que ella no se siente bien y que no quiere ver a nadie.—suspiro.—Ah, y primero dile a Sila que vaya a ver a Marina.
—Si, señor.
Respira, respira, respira.
Cuando abro los ojos veo a Darían apoyado en la puerta.
Suspira y la angustia pasa a ser rabia.
—Tú...—me levanto y le pego una cachetada.—¿Estás loco?. Maldita sea, Darían.
—¿Qué pasó?. ¿Por qué me golpeas?.—dice con una sonrisa arrogante.
—¿Y preguntas?. Si Shin hubiera visto, estarías muerto y no solo tú, me habría asesinado a mí también. ¡Porque ese maldito viejo, habría abierto su asquerosa boca!.
—Pero nada de eso pasó. Tranquila, Maranatha.—dice y toca mi mejilla.
Yo con un golpe, rechazo su caricia.
—No vuelvas a decirme de esa manera. Yo me llamo Marina. ¿Sabes qué?. Vete al diablo, idiota arrogante. No has cambiado nada.—a empujones lo saco de la habitación.—No vuelvas a dirigirme la palabra, Darían.
—Sabes muy bien que aún sientes algo por mí.—dice por el otro lado de la puerta.
—No, yo no siento nada por ti. Todo lo bonito que sentía por ti... murió el día que me dejaste ir.
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Comments
Soledad Rodas
uuuu palabras hirientes
2022-10-22
5