—Extraño la música...—digo en voz alta. Quiero escuchar a Queen...
—Señora, ¿está lista?.—pregunta una sirvienta.
—Aún no...me faltan los zapatos.—digo y trato de que no se note que me puse el corset un poco más suelto de lo habitual.
—Eso lo haré yo, salga.—me dice la chica.
—No es necesario, en serio.—salgo con ellos puestos.
—Señora, creo que su corset está mal puesto...—dice la chica acercándose, yo camino rápido hacia la puerta y veo a Shin caminando por el pasillo.
—Príncipe Shin, buenos días. ¿Desayunemos juntos?.—pregunto para que la sirvienta no me interrumpa por lo de antes.
—Si, querida. Desayunaremos juntos. Vamos.—me toma de la mano y nos dirigimos a la mesa.
Estábamos comiendo mientras el silencio reinaba en la sala, cuando Shin hace un comentario desagradable y fuera de lugar.
—Veo que estás engordando. No llevas ni un día aquí y ya estás comiendo como un cerdo.—dice seriamente y me mira a los ojos.
—¿Y?, ¿que tiene que esté engordando?. ¿Tienes algun problema con eso?.—le miro enojada.
—Solo que si antes no me provocó tocarte, ahora me haces desagradable hasta a la vista.—dice suspirando.
—Créeme, las unicas cosas desagradables de aquí, eres tu y tus comentarios fuera de lugar. Permiso.—me levanto de la mesa y me meto toda la tostada a la boca.—me levo mi comida pada mi habitazion. (Me llevo mi comida para mi habitación).—hablo con la boca llena y le sonrío a Shin.
—Tú...eres—el príncipe iba a hablar, pero yo le interrumpo ya sin comida en la boca.
—Es desagradable, ¿no?. Como tus estúpidos comentarios gordofóbicos que no van al caso.
—Aquí es cuando me pregunto, ¿qué clase de princesa eres?. Eres una maleducada, Marina.
De solo escuchar el nombre de mi princesa, el arrepentimiento se hace presente en mí.
—Príncipe Shin, lamento toda esta escena. Ruego por su perdón. Hice algo desagradable y...
Shin me interrumpe.
—¿Te golpeaste la cabeza?. Eres bastante extraña, mujer. No vuelvas a pedir perdón en mi presencia.—se levanta y camina hacia mí.
Toma mi cara entre sus manos y me obliga a mirarlo a los ojos.
—No seas idiota. Ahora eres mi mujer, no debes ni puedes pedirle perdón a nadie. Y cuando digo nadie es nadie, ni a mí.—dice con sus luceros azules puestos en los míos.—Qué te quede claro, mujer. Ahora, siéntate y comes en la mesa, no en tu habitación.—me ordena.
Yo obedezco, pues recordar a mi princesa me hace ser la mejor versión de ella.
—¿Sabes por qué te digo lo del perdón?. Pues no me gusta que lo pidan. Como siempre digo, si cometiste algo erróneo deberías aceptar las consecuencias de tus actos. Yo jamás pediré perdón por todo lo que he hecho, mi castigo es el remordimiento y el odio de los demás hacia mí. Tengo claro que algún día pagaré por todos mis pecados, y aceptaré cualquier cosa que venga, con la misma valentía, fuerza y conciencia con las que hice todas esas cosas.
Shin después de decir aquello, sigue comiendo como si nada.
—¿No te arrepientes de todo lo que hiciste?.—pregunto y le miro curiosa. Él con una mirada triste, pero tratando de mantener una mirada fiera, responde.
—No, no me arrepiento de nada. Absolutamente de nada.—suspira y mira hacia un cuadro de una mujer.
—¿Quieres hablar de ello...?—pregunto tocando suavemente el cubierto y poniéndome en una postura de que estoy interesada en lo que diga.
—No. No voy a hablar de ello contigo. Come que en un rato es nuestra boda solo con mis costumbres y cultura.
—Bien. En caso de que quieras hablar, estoy aquí.—él asiente y sigue comiendo.
Después de desayunar, me volvieron a vestir y ésta vez con un vestido mucho más incómodo.
—Querida, muévete un poco para allá.—me dice la creadora y diseñadora del vestido.
—¿Puedo ver a Shin...Ay— aprieta más el corset.
—Según nuestra cultura, el novio no puede ver a la novia con el vestido antes de casarse.—dice la señora mientras amarra las cuerdas del corset.
—Eso me parece...bien.—absurdo, tonto...
—Querida, espera aquí. En unos minutos te vendrán a buscar para el matrimonio. Nos vemos, cuídese.
Tal y como dijo aquella mujer, vinieron a buscarme y nuevamente me tengo que casar.
Pude ver caras conocidas, agradecí al velo, pues por el, ellos no pudieron reconocerme.
Aunque Marina era muy enfermiza y no salía mucho de las cuatro paredes de su habitación, cuando ella cumplía años, por deber debía salir y presentarse.
Ellos la conocen y me conocen a mí. Pues no había momento en el cual nos separáramos.
—Cuanto tiempo, princesa Marina.—me saluda una de esas víboras mal habladas.—Es decir, princesa consorte.
—Lo mismo digo, Señorita Bleer Willer. Ha pasado tiempo desde que nos vimos. Me alegro que se encuentre bien.
—Por lo que veo no es solo un rumor. Dicen que usted ha cambiado mucho. Que su forma de caminar incluso es más vulgar.—dice la rubia.
Yo al escucharla arreglo mi postura.
—¿Sabes que es lo que yo veo, Señorita Willer?. Que sigue siendo una chismosa de primera. No he oído ese rumor. Pero si lo vuelvo a escuchar, ya sabré de dónde salió.—aparece Shin detrás de ella.—Ahora, agradecería que me dejara hablar con mi princesa consorte a solas.—le mira frío.
—Un placer saludarle, Príncipe heredero.—La rubia hace una reverencia y se aleja nerviosa.
—Yo misma me la iba a quitar de encima. No necesitaba tu ayuda.—le diga más relajada.
—De allá.—apunta a una esquina del salón.—no se veía aquello. Parecía como si esa víbora estaba a punto de devorar a su presa. No te dejes intimidar, muy pronto gobernarás a todos los de este salón. Vamos, que ahora comenzará nuestra ceremonia. Por cierto, te ves decente.
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Comments
marisol castillo palacios
por cierto te ves decente jajajaja que malo
2024-08-05
1
Frutillitas
me está estresando el pinche príncipe 😤😤 ya que empiece la madriza de la prota 😁😁😁
2024-06-17
0
Angela Cortes
muy buena historia seguiré leyendo
2022-12-21
1