Capítulo 14

No sabía que los calabozos eran tan cómodos.

Es una habitación normal con vigilancia en la puerta. Miro el techo y recuerdo mi vida de hace una semana.

—Era todo tan bueno. ¿En que momento?...

Golpean la puerta y entra Shin.

—¿Estás cómoda?.—pregunta.

—Estoy supercómoda, más de lo que imaginaba. Este calabozo es bastante cómodo.

—Es que no es un calabozo. Es una habitación. No quería meterte en una apestosa jaula.

—¿Y eso?.—pregunto y le miro curiosa.

—Está bien. Lo admito. No quería que la mujer que me gusta estuviera en una celda. Aparte, a pesar de que tengo mis dudas, quiero creerte. Porque muchas cosas que dijiste me resonaron un poco. Sobre todo esa vez en la boda, cuando te encontré con ese viejo y estabas asustada.

Shin se acerca y se sienta en la cama.

—Estoy tan confundido. ¿Acaso un muerto puede volver a la vida?.

—Lo mismo me pregunto. Te puedo asegurar de que Marina estaba muerta. Ella antes de morir me pidió que la sustituyera como tantas veces lo habíamos hecho. Su última petición fue esa.

—¿Cómo explicas el hecho de que esté ahora reclamando su puesto de esposa?.

—No lo sé. Quizás contrató a una doble de Marina. Shin, te aseguro que ella no es mi princesa.

—No hablemos de esto, ¿si?. Quiero hablar contigo sobre nosotros.—dice y me mira.

—¿Sobre nosotros?.—pregunto nerviosa.

—Maranatha, quiero que después de esto...de que se muestre tu inocencia...quiero que te cases conmigo como Maranatha. Y si eres culpable...Mara, escapemos juntos.

Mi corazón se detiene por un momento y le miro sorprendida.

—Shin, no nos vamos a lo extremo. Si ellos logran culparme...no quiero estar escapando. Me quedaré y seguiré luchando por mi inocencia.

—Eso es una de las cosas que me gustan de ti...eres decidida. Me encantan las personas decididas.

Me mira y se acerca a besarme. Yo le doy vuelta la cara y él me toma del mentón.

No lo voy a negar, quiero besarlo. Pero, ahora no debo pensar en esto.

—Sé que quieres...no te contengas. Yo te puedo leer cual libro.—dice y acaricia mi brazo.

Al decir aquello se tensa y después me mira. Yo asiento y noto que se relaja.

Maranatha cierra los ojos, yo sonrío y la beso.

No quiero ser brusco, no quiero que se asuste.

La toco como si con mi tacto tuviera miedo de romperla.

Con cuidado la empujo a la cama besándonos. Cuando ya estamos desnudos, me detengo en seco al recordar cuando la lastimé.

—No quiero interrumpir, pero... ¿Tú quieres esto?.

Ella me mira y asiente sonriendo. Sus ojos brillan como si hubiera esperado que preguntara solo para aceptar.

Al tener su consentimiento, procedo a hacerla sentir bien y cómoda.

No quiero que sea como nuestra primera noche.

....

Despierto y ahí la veo, durmiendo al lado mío.

Por fin, despierto a su lado. Le abrazo por la espada y beso su hombro.

Ella despierta y me sonríe.

—Buenos días.—dice y yo le doy un beso en el cabello.

—Buenos días.—le sonrío.

Ella me mira y se sonroja mientras se cubre con las sábanas.

Yo suelto una carcajada.

—¿Qué pasó?.—le pregunto y ella se voltea quedando frente a mí.

—Es solo que estoy avergonzada.—dice y evita el contacto visual conmigo.

Tomo su cara entre mis manos y la beso.

—Mírame a los ojos.—le digo y ella lo hace.—Mara, te prometo que no voy a dejar que te culpen. Te voy a defender con mi todo el poder de la corona y el imperio.

.........

—Y eso fue lo que escuché, padre.—digo mientras miro el piso.

—¿No la tiene en una celda?. Ese príncipe... ¿Qué más escuchaste, Marina?.

—Cuando me enteré en que habitación la tenía, fui y quise entrar a verla para ver si era verdad el rumor. Cuando iba a entrar, escuché que el príncipe... la culpaba... le dijo que la tenía en una habitación solo porque era una mujer.—miento.

—¿No estás mintiendo?.—yo niego con la cabeza.—¿Desde cuándo ese hombre es tan compasivo?.

—Padre, ¿por qué haces esto?. Digo, ¿es cierto lo que dijo Maranatha?.

—¿Qué dijo esa zorra?.—pregunta mi padre el rey Dominik.

—Que usted... trató de violarla...—digo con miedo.—que usted quiere acostarse con ella y está celoso del príncipe.

—Sabes muy bien que yo quiero ayudarte, cariño. Todo lo he hecho a sido por ti. —se acerca y acaricia mi mejilla.

—Padre, usted me prometió muchas cosas y aún no las cumple. Ya no sé si creerle. No quiero hacerle más daño a Mara.

De mi mejilla baja a mi cuello y lo aprieta.

—Ya conseguiste alejar a Maranatha de Darían, ¿que más quieres?. Ese fue el trato. Tú te mueres por someterte a un estado de nervios, Maranatha se casa con otro hombre y deja a Darían. Ellos te creen muerta, apareces y reclamas el trono que te pertenece. Maranatha queda sola o muerta. Antes de que suceda lo segundo, será mía. Esa fue la promesa.

—Ese es el problema.—trato de quitarle la mano.—usted me dijo que alejaría a Maranatha de Darían, no sabía lo de después. Me mintió.—él aprieta más.—por favor, no puedo...

—Es mejor que me hagas caso o tu madre sufrirá las consecuencias.

.........

Ha pasado un mes, y aun no descubro nada.

Y si Maranatha si es culpable...

No, Mara es inocente.

He estado un poco enferma estos días...

No veo a Shin desde la última vez. Siento que lo extraño.

Otra cosa, hoy por fin pedí para que me viniera a examinar un doctor.

Le pedí a Sila que para no preocupar a Shin, lo pidiera a escondidas.

—Señora Maranatha, el doctor ya está acá.

—No me digas Señora, Sila. Ahora estoy como prisionera.

—Para mí siempre será mi Señora. Oh, es cierto. También el joven Darían vino a verla.

—Dile que si quiere verme, que sea con el doctor y contigo aquí. No quiero estar con él a solas.

En eso, entran el doctor y Darían.

.......

Mientras el doctor me revisaba, yo hablo con Darían.

—¿Qué quieres?, es extraño que quieras verme.—le digo riendo.

—Después de lo que pasó, quería saber como estabas. ¿No puedo preocuparme por ti?. No te encontraba en ningún lado, nadie me informó lo que pasó. Hasta que vi a Sila y a Marina. Fue como ver un fantasma, me asusté.

—Resulta que Marina nunca murió, ¿puedes creer eso?.

—Lo mismo pensé, estoy confundido. Al menos, puedo saber que estás bien.

El doctor hace un sonido de asombro y ríe.

—Está mejor que bien la señora, señor.—el hombre mira a Darían.—Felicidades, hombre. Vas a ser padre.

—¿Qué?.—decimos los tres a unísono.

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Soledad Rodas

Soledad Rodas

ahora si se pudrió todo

2022-10-22

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