—Señora, soy Sila.—golpean la puerta.—ábrame por favor.
Yo le abro y entra la chica, y atrás de ella veo a Darían quien mira hacia dentro.
Vuelvo a cerrar la puerta y me siento en la cama.
—Está estresada, señora Marina. Le voy a preparar un baño para que saque tensiones.
—Está bien, y para sacar tensiones...también necesito que lo alejen de mí, siento que me volveré loca.—digo y golpeo una almohada.
—El señor me dijo que hoy quería pasar la noche con él y que debo asearla. Asi que le preparé un aceita de rosas para que huela bien y su piel sea suave.
—No es necesario, no creo que pase la noche con él, bueno, no de ese modo.—suspiro.
—Le hará bien a su piel. Si no quiere pasar la noche con él, no la pase, pero al menos debería darse un momento para usted y así relajarse.—sonríe Sila y se va a preparar el baño.
Esta chica realmente me cae bien.
—Señor, creo que debería levantarse e irse a su habitación. La señora debe estar esperando por usted.—dice Millard.
—Hombre, sabes que no me cae bien. No puedo siquiera mirarla, me da asco. Es una mujer de ese país.—digo suspirando.
—Dejemos las formalidades, Shin. La guerra terminó hace mucho tiempo. Aún sigues pensando en lo que pasó, ya olvídalo de una vez.
—¿Olvidarlo?, no pidas imposibles. ¿Estás demente?, como voy a olvidar lo que me hicieron.—me levanto y le empujo a la pared.—Millard, si estuvieras en mi lugar... si a ti te lo hubieran hecho...—aprieto mi puño, después me relajo y suspiro.—iré a la habitación.
Camino por el pasillo y veo al nuevo guardia en la puerta.
—Deberías ir a dormir. De aquí, yo me puedo hacer responsable de mi mujer.—le digo y miro que en su cuello trae el colgante de Marina.
—Está bien, su imperial majestad heredero. Llámame en caso de cualquier cosa.—dice y se va rápidamente. Yo abro un poco la puerta y me dispongo a escuchar lo que hablan dentro.
—Realmente ese baño hizo que me relajara. Muchas gracias, Sila.—habla Marina.
—No hay de qué, señora. Mmm... Si quiere hablar sobre lo que le preocupa, soy todo oídos. Yo soy una tumba.
—Sila, alguna vez... ¿Has sentido que te sientes atrapada?. Es decir, que sientes que no hay salida... Que tu mente y corazón se pelean por tener la razón. Tu mente dice, has lo correcto... por tu bien. Aguanta todo y bríndale honor a tu nación, a tu familia y a tu nombre. Pero tu corazón dice, se libre por una vez en tu vida. Arriésgate a ser tu misma. Y después vienen los peros, esos peros que te ahogan y que te hacen sentir que ese debate entre corazón y mente, nunca terminarán.
—Señora, y si en vez de escuchar a su mente y a su corazón, escucha atentamente a lo que usted quiere... Porque estoy segura que no quiere nada de lo que dijo, quizás quiere algo diferente. Como el dar honor a su nombre y ser usted misma con toda la libertad que se merece.
Yo entro y les miro.
—Sila, puedes retirarte.—dice Marina y la chica obedece de inmediato.
—Veo que te diste un baño. ¿Lo disfrutaste?.—pregunto y me siento en la cama.
—Sí, estuvo bien. Shin, yo...no me siento preparada para consumar. Lo que dije hace un rato... Yo...
—Está bien. No te voy a obligar tampoco... Durante la cena...—veo que Marina se tensa.—¿Estás bien?. Estabas temblando.
—Ya estoy mejor, no te preocupes.—me sonríe y después se sienta a mi lado sin decir nada.
Yo le miro y veo como su bata se desliza dejando su hombro descubierto.
—Shin...—me dice algo, pero no la logro escuchar.
Su piel se ve suave y delicada...
Quizás no me había detenido a mirarla, pero es bastante agradable a la vista.
Sus ojos ligeramente verdes y sus labios rojos...
¿Debería decirle que puedo ver su escote?.
—¿Entiendes?. ¿Shin?.—su voz me despierta del trance.
—Eh... sí.—digo mientras desvío la mirada a la cama.
—¿Entonces mandarías de vuelta a Darían?.—pregunta con emoción.
—¿Qué?, no. Ni lo pienses, Marina.—digo manteniendo mi mirada fija en sus ojos.
—Pero, ¿por qué?.—dice con desilusión.—Ya te expliqué que mi madre corre más en peligro que yo. Acá te tengo a ti, Shin. Tú me mantendrás a salvo. Estoy segura que eres mil veces mejor que Darían.
Uh, halagos... mi debilidad.
—No, ya te dije que no.
—Pero dijiste que entendías.—habla enojada.
—Si, te dije que entendía. Pero es imposible que mande de vuelta a Darían. Yo no puedo estar cuidándote día y noche, mujer.—suspiro y procedo a cambiarme a pijama.
Marina enojada, se acuesta y me da la espalda.
—Enojándote conmigo no hará que cambie de parecer.
"Pero tu corazón dice, se libre por una vez en tu vida."
—Demuestra que puedes cuidarte sola... solo así podría reconsiderar tu petición. Hasta entonces, Darían se queda.—digo y golpeo su hombro suavemente para que me dé espacio para acostarme.—¿No dirás nada?.
—No, déjame dormir.
Qué genio tiene esta mujer.
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Comments
Soledad Rodas
mmmm ya no es invisible a sus ojos... esto se está poniendo bueno
2022-10-22
4
🌟💙Kikielfish 💙🌟
soy nueva lectora y me está encantando la historia
2022-10-20
0