En un mundo donde las sombras danzan al ritmo de secretos y los corazones se entrelazan en un juego peligroso, Rachel se encuentra atrapada entre el pasado y el presente. La muerte de Henry desencadenó una serie de eventos que cambiarán para siempre la vida de todos los involucrados. Evand, ahora distante y misterioso, guarda secretos que amenazan con destruirlo todo.
Los padres de Rachel, atrapados en su ambición, podrían encontrar la redención o la perdición. Y Marisol, con su corazón roto y una venganza ardiente, está dispuesta a hacer pagar a Evand por su abandono. ¿Quién sobrevivirá a esta tormenta de pasiones y traiciones?.
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El Sórdido y Tenebroso Pasado de Rachel
Evand se acercó con suavidad y retiró con cuidado los mechones de cabello que caían desordenadamente sobre el rostro de Rachel, dejando al descubierto su piel pálida. Con ternura, comenzó a trazar un recorrido con sus labios a lo largo de su cuerpo, depositando un rastro de besos cálidos y húmedos que se centraron en su cuello, donde su aliento generaba una sensación de cosquilleo.
Rachel, con lágrimas corriendo por su rostro y un nudo en la garganta que apenas la dejaba respirar, suplicaba con una voz quebrada y llena de desesperación que la dejara en paz. Su llanto, profundo y desgarrador, parecía emanar de lo más hondo de su ser, reflejando una angustia intensa y una frustración palpable. Cada uno de sus gritos reverberaba en el aire, cargados de una desesperación que hacía eco en sus palabras, mientras su cuerpo temblaba de tanto suplicar.
Sin embargo, Evand, manteniendo su actitud imperturbable y distante, decidió desestimar por completo las súplicas que le dirigían. Su comportamiento era tal que parecía no haber prestado atención a ni una sola de las palabras que se pronunciaban ante él.
_ Evand, por favor, déjame ir _, imploró ella con voz temblorosa, mientras él desviaba la mirada, incapaz de enfrentarla. _ Evand, por favor, detente... Ya es suficiente, suéltame... _ Continuó, con un tono que combinaba desesperación y súplica, mientras intentaba liberarse de su agarre.
Las lágrimas comenzaron a fluir rápidamente de los ojos de Rachel. El estado emocional de Evand parecía estar profundamente alterado, y a pesar de los gritos que resonaban a su alrededor, no mostraba ninguna respuesta. La chica, sumida en un estado de pánico absoluto, se sentía atrapada entre el miedo y la desesperación; su única reacción era gritar con todas sus fuerzas y llorar de manera inconsolable. Era como si Evand estuviese ausente de su propia mente, como si su conciencia estuviera completamente desconectada de la realidad que lo rodeaba. En ese momento, no parecía ser consciente de sus actos ni de la situación tan crítica en la que se encontraba.
No obstante, la situación se volvió aún más angustiante. Evand comenzó a rasgar la blusa de Rachel, quien, en un acto de desesperación por liberarse, gritaba con todas sus fuerzas. Sus lamentos resonaban en el aire mientras las lágrimas corrían por su rostro, reflejando su angustia y miedo. En un intento por zafarse de su agarre, arañaba a Evand con sus manos. Cada movimiento era un grito silencioso por ayuda, como si esas acciones pudieran convencerlo de soltarla, aunque la desesperación parecía atraparla aún más en ese momento de horror.
_ Evand, por favor, suéltame _ le suplicó con voz temblorosa. La atmósfera se había vuelto cada vez más tensa y la incomodidad comenzaba a apoderarse de ella, haciendo que la situación se sintiera insoportable. _ Ya no puedo soportarlo más _ continuó, con una mirada implorante _. Te lo ruego, déjame ir, por favor.
Él no se daba cuenta de las repercusiones que tendrían sus decisiones. Al realizar esa acción, modificó de manera profunda y significativa el oscuro y tormentoso pasado de Rachel. Como resultado, todos esos recuerdos aterradores comenzaron a emerger nuevamente en su mente. La angustia y el sufrimiento que ella había estado esforzándose por mantener bajo control resurgieron de manera abrumadora, inundándola de imágenes y emociones que creía haber superado y dejado en el pasado.
_ ¡Ya no puedo más! Me estás causando dolor, ¡Mamá! Suéltame, anhelo estar con mi mamá... ¡Por favor, basta ya! Necesito que dejes de tocarme. ¡Basta! ¡Basta! ¡Basta! Te ruego, por favor, deja de tocarme. ¡Basta, basta, basta!
Al escuchar los gritos, Evand experimentó de inmediato una intensa reacción en su interior. Sin pensarlo dos veces, tomó la decisión de detenerse en seco. Se alejó un poco de ella, inclinándose hacia un lado, mientras su rostro se transformaba en una mezcla de sorpresa y preocupación. Su mente se llenó de inquietud ante la situación, y su cuerpo parecía responder instintivamente al tumulto que resonaba a su alrededor.
_ No sé qué me ocurrió, lo lamento profundamente. Yo… yo no tenía la intención de hacerlo. De verdad... en serio… me siento muy mal por lo que pasó.
La joven, abrumada por sus emociones, comenzó a llorar sin consuelo. De repente, tomó la decisión de levantarse de la cama, corriendo impulsivamente hacia la puerta. Salió rápidamente de la habitación y no se detuvo hasta atravesar la entrada de la casa. Rachel se precipitó por la calle, avanzando a toda velocidad, recorriendo cuatro cuadras en su intento por alejarse lo más posible. A pesar de que la noche había caído, y la oscuridad envolvía todo a su alrededor, su mente no se ocupaba de los peligros que conllevaba correr sola en medio de la calle a esas horas.
En ese instante, la única idea que dominaba su mente era una imperiosa necesidad de escapar, una sensación abrumadora que la impulsaba a correr sin mirar atrás. Sin dudar ni un momento, se lanzó de lleno a la carrera, utilizando cada onza de energía que poseía. Sus pies parecían volar sobre el pavimento, y no se permitió detenerse hasta que finalmente llegó a la casa de su amigo Castiel.
Al llegar al lugar, su cuerpo estaba envuelto en una inquietud profunda, y su corazón latía con tanta fuerza que parecía que iba a salirse de su pecho. Con una determinación férrea y una rapidez casi instintiva, golpeó la puerta con fuerza, como si cada impacto pudiera marcar la línea entre la vida y la muerte. La urgencia de su situación la sobrepasaba; su mente se encontraba completamente enfocada en la necesidad apremiante de ser rescatada de la tempestad que la acechaba, una tormenta que no solo era física, sino que también amenazaba su bienestar emocional y psicológico.
Cada segundo que pasaba se sentía como si se extendiera hasta el infinito, intensificando aún más el profundo anhelo que la consumía por hallar aquello que tanto anhelaba. La espera se tornaba interminable frente a ella, y cada palpitar de su corazón resonaba en el silencio que la rodeaba, amplificando tanto su impaciencia como su esperanza. La angustia se transformaba en una carga cada vez más pesada, difícil de llevar, como si todo el peso del mundo descansara sobre sus hombros. Finalmente, en medio de esa tensión abrumadora, Castiel decidió abrir la puerta. Al hacerlo, sus ojos se encontraron con los de Rachel, y en su mirada se podía leer una profunda preocupación.
_ Rachel, ¿qué es lo que te ha ocurrido? ¿Cómo has llegado a estar así?
Ella se lanzó rápidamente hacia los brazos de él, envolviéndolo con un abrazo lleno de desesperación y necesidad. En ese instante, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, desbordándose sin control y cayendo en un torrente incesante. La ropa de Rachel, rasgada y desgastada, mostraba las huellas de las difíciles circunstancias que había atravesado. Castiel, al percibir el estado en que se encontraba, la miró con una mezcla de ternura y preocupación. Sin dudarlo, comprendió que lo más adecuado era llevarla consigo a su hogar, donde pudiera ofrecerle un refugio lleno de consuelo y seguridad en ese momento tan complicado que estaban viviendo.
_ Háblame, Rachel _ dijo él, mientras acariciaba suavemente su mentón con una mano. Ella, que se encontraba sola y enjuagando sus lágrimas, levantó la vista, sus ojos reflejaban una profunda tristeza. Él, visiblemente molesto, inquirió con una voz cargada de enojo: _ ¿Quién fue el miserable que te hizo pasar por esto?
_ Intentó abusar de mí..._ dijo con la voz entrecortada, apenas pudiendo articular las palabras debido a la conmoción que sentía.
Su tono tembloroso revelaba la angustia que la envolvía, mientras su mirada expresaba el profundo temor y la vulnerabilidad que experimentaba en ese momento. Era evidente que las emociones la dominaban, dejando su relato marcado por la fragilidad de su voz, como si cada palabra que pronunciaba fuera un eco de la terrible experiencia que había vivido.
_ ¿Quién? ... _ preguntó.
_ Evand... Evand trató de abusar de mí...
_ Evand... ¿cómo es eso? No te estoy entendiendo _, dijo, claramente confundido y desconcertado.
_ Evand se volvió loco. Él intentó abusar de mí, _ dijo ella, visiblemente asustada, mientras su cuerpo no dejaba de sudar y temblar.
Su voz temblaba con cada palabra, y sus ojos reflejaban el terror que sentía por lo ocurrido. A su alrededor, el ambiente parecía volverse opresivo, como si la atmósfera misma estuviera impregnada de su miedo. Ella luchaba por controlar su respiración, pero las imágenes de aquel momento oscuro seguían asaltando su mente, haciéndola sentir aún más vulnerable.
_ Estás demasiado tensa _, comentó él con un tono de preocupación en su voz.
Su mirada penetrante se posó en ella, como si pudiera captar la tensión que se apoderaba de su cuerpo.
_ ¿Puedo quedarme contigo? No quiero volver a casa _, preguntó, mientras sus palabras salían entrecortadas y su voz se entrelazaba con un ligero temblor provocado por el miedo que la invadía.
_ Por supuesto, no hay ningún inconveniente. No olvides que esta también es tu casa _ le comentó, mientras la observaba con una expresión que reflejaba tristeza y comprensión.
_ Gracias _ dijo, sin mostrar entusiasmo.
_ Ven, permíteme llevarte a tu habitación para que puedas descansar un poco _ le expresó con suavidad, mientras la ayudaba a levantarse del sofá, asegurándose de que estuviera bien apoyada en su brazo.
_ Está bien _, respondió.
Al llegar a la habitación, Rachel cruzó la puerta y, sin mirar atrás, vio cómo Castiel se alejaba rápidamente. Con un suspiro de cansancio acumulado, decidió dejar de lado todo lo que había acontecido. Optó por tumbarse en la cama, sintiendo el suave contacto de las sábanas contra su piel. En ese momento de tranquilidad, la fatiga la envolvió de tal manera que, en cuestión de minutos, se quedó profundamente dormida, entregándose al abrazo del sueño.
...<3:30 de la Madrugada>...
Rachel se encontraba en un profundo estado de sueño, completamente sumergida en el suave abrazo de la cálida colcha que cubría su cama. Esta prenda acogedora parecía envolverla en una burbuja de calor y seguridad, aislándola del gélido aire que se colaba por la ventana. Su respiración era un ritmo sereno y pausado, casi hipnótico, mientras el suave murmullo del viento que soplaba afuera se filtraba en la habitación, creando una atmósfera de tranquilidad y paz que le brindaba un descanso reparador.
Sin embargo, tras unos instantes de paz y tranquilidad, esa serenidad fue súbitamente alterada por la irrupción de una pesadilla. De forma inesperada, comenzaron a aflorar en su mente visiones perturbadoras, rompiendo su estado de calma y llevándola a un torbellino de inquietud y angustia. La sensación de reposo que había experimentado se desvaneció, dejando en su lugar un mar de pensamientos desasosiegos que la envolvían por completo, arrastrándola a un estado de ansiedad del cual parecía difícil escapar.
...
_ ¿Qué estás haciendo? _ preguntó.
_ Yo... no, en realidad no estoy haciendo nada... _ respondió aquella voz, con un tono grave.
_ ¿Entonces, por qué has entrado en mi habitación? _ preguntó Rachel, mirando a la persona frente a ella con una mezcla de confusión y inquietud.
_ No estoy seguro... _ respondió.
_ ¿Qué es lo que estás haciendo en este momento?
Aquel joven comenzó a desabrocharle los botones de la camisa con lentitud y cuidado, como si cada movimiento fuera importante. Sus dedos se deslizaban suavemente por la tela, deshaciendo uno a uno los cierres que mantenían la prenda cerrada. La atmósfera se volvió densa y cargada de emoción, mientras el sonido del metal de los botones al abrirse resonaba en el aire. Cada gesto estaba cargado de intencionalidad, y el ambiente se impregnaba de una mezcla de nerviosismo y expectación.
_ No estoy haciendo absolutamente nada_ respondió, mientras continuaba desabrochándose la camisa.
_ ¡Suéltame! _ imploró ella con voz temblorosa.
_¡No!
_ Por favor, te pido que me dejes en paz.
_ Solo deseo jugar contigo _, expresó con una voz cargada de insinuación.
_ No, por favor, no quiero jugar. Te pido que te vayas, por favor. _ Suplicó
_ Oh, Rachel, no te hagas la víctima _ dijo mientras le tocaba suavemente el pecho _ porque sé que tú también lo deseas.
_ Por favor, suéltame... ¡Mamáaaa! _ Gritó
_ Puedes alzar tu voz y gritar todo lo que quieras, pero te aseguro que, sin importar cuánto esfuerzo pongas en que te escuchen, nadie será capaz de oírte...
_ Por favor, suéltame... Te lo pido, déjame en paz... No me toques, por favor... Ya, por favor, deja de tocarme... Mamá... Quiero a mi mamá, ¡detente! ¡Basta ya! ¡Ya es suficiente! ¡Por favor, basta! ¡Basta, basta, basta!
El joven no se detenía en su intento de acercarse a ella, desoyendo por completo los gritos angustiosos de la niña. Persistía en su conducta inadecuada, acariciando sus pechos y besando cada rincón de su cuerpo sin mostrar ningún tipo de vergüenza ni consideración. Este actuar provocaba en Rachel el resurgir de una herida del pasado, una cicatriz emocional que había logrado mantener bien oculta desde su niñez.
_ Desde hace un tiempo considerable, he experimentado un profundo anhelo por ti que ha ido creciendo en mi interior. Ahora que inesperadamente se me ofrece esta extraordinaria oportunidad, estoy decidido a no dejarla escapar.
Él empezó a desabrocharse los pantalones, un acto que parecía despreocupado. A su alrededor, la pequeña Rachel, llena de energía y con una actitud decidida, comenzó a patearlo y a arañarlo con sus pequeñas manos, que apenas podían hacerle daño. La situación se tornó tensa en un abrir y cerrar de ojos, cuando él, intentando deshacerse de los pantalones, se encontró con la firme resistencia de Rachel. Ella, decidida a defenderse, le propinó una fuerte bofetada en la cara, un acto de valentía que sorprendió a ambos. La determinación de la niña era palpable, contrastando con la actitud despreocupada del hombre.
_ Ahora sí me has llevado al límite de mi paciencia, pequeña. _ Comenzó a luchar con ella con todas sus fuerzas. _ Esta noche, serás completamente mía, maldita niña...
Rachel se incorporó de repente, su cuerpo empapado en sudor. Cada gota brillaba bajo la tenue luz de la habitación, dejando un rastro húmedo en la piel de su frente y recorriendo su espalda. La sensación de calor la envolvía, como si hubiera salido de un intenso sueño que la había atrapado en un mundo ajeno. Su corazón latía con fuerza, marcando un ritmo acelerado que resonaba en sus oídos mientras trataba de recobrar el aliento. El aire en la habitación parecía denso, y ella se sintió envuelta en una mezcla de desconcierto y ansiedad, recordando lo qué la había despertado de esa manera tan abrupta.
_ ¡Noooooo! _ exclamó con un grito lleno de desesperación, la angustia y el horror resonando en cada una de sus palabras.
Su voz se elevó, reflejando la intensidad de sus emociones, mientras una ola de inquietud invadía su ser.
Su piel se encontraba tensa en su totalidad, como si cada fibra de su ser estuviera en estado de alerta. Las manos de ella temblaban sin cesar, denotando una ansiedad profunda que la consumía. Su rostro era completamente pálido, casi como si le faltara la vida. Al escuchar sus gritos desgarradores, Castiel no dudó ni un instante y corrió hacia su habitación. Una vez que cruzó la puerta, se detuvo un momento para mirarla, captando la vulnerabilidad en su mirada. Sin pensarlo más, se acercó y la envolvió en un abrazo reconfortante, intentando transmitirle calma y seguridad en medio de su tormento emocional.
_ Calma, calma, estoy aquí a tu lado. No te inquietes, lo que sucedió fue solo una pesadilla, algo que realmente no tiene relevancia. La situación ha vuelto a la normalidad y ahora puedes sentirte a salvo... Todo va a estar bien...
...
Rachel estaba cómodamente acomodada en el sofá de la sala, con la mirada fija en la pantalla del televisor, donde estaba siguiendo con interés el programa que se emitía. La habitación estaba iluminada suavemente por la luz del aparato, creando una atmósfera acogedora. En ese momento, Castiel estaba saliendo de su habitación, cerrando la puerta detrás de él. Su expresión era relajada, y llevaba una camiseta sencilla y unos pantalones cómodos, listos para disfrutar de un rato en común. La escena se desarrollaba en un ambiente tranquilo y familiar, donde ambos compartían ese instante de calma.
_ ¿Ya te sientes mejor? _, preguntó Castiel con voz suave, mostrando preocupación en su rostro.
_ Sí, muchas gracias _ respondió, mientras una leve sonrisa se dibujaba en su rostro...
Unos minutos después de aquel momento, Castiel y Rachel se encontraban cómodamente sentados en el sofá, disfrutando de una serie en la televisión. La atmósfera era tranquila y relajada, con el sonido de la pantalla llenando el ambiente. Sin embargo, la paz se vio interrumpida por un repentino y persistente llamado a la puerta, que resonó en la sala, sacándolos de su ensimismamiento.
Castiel, con una expresión decidida en su rostro, se adelantó con confianza y, con un tono firme, expresó.
_ Yo me encargaré de abrir. _ Su gesto transmitía seguridad, como si estuviera dispuesto a asumir la tarea sin titubear.
Castiel se levantó del sofá con una determinación que se podía sentir en el ambiente. Sus movimientos eran firmes y decididos mientras se dirigía hacia la puerta. Al abrirla, se encontró de inmediato con Lissa, quien lo estaba esperando exactamente al otro lado, como si hubiera estado allí todo el tiempo, preparada para un encuentro que parecía haber sido anticipado.
_ Hola, Lissa... _ dijo él, mientras la miraba fijamente.
_ Hola, Castiel. Te agradecería mucho si me permitieras pasar, por favor.
_ Por supuesto, adelante, no dudes en pasar.
_ Está bien.
Al poner un pie dentro de la casa, Lissa enfocó su atención en el sofá, que ocupaba un sitio destacado en el centro de la sala. Para su sorpresa, allí estaba Rachel, sentada con una actitud despreocupada, su rostro adornado con una expresión que transmitía tanto serenidad como un sentido de familiaridad. En ese momento, la presencia de Rachel parecía envolver el ambiente, infundiendo en el espacio una combinación de calidez y un atisbo de curiosidad.
_ Rachel, amiga, ¿qué te trae por aquí? _ preguntó Lissa con una expresión de sorpresa en su rostro.
_ Se trata de una historia bastante larga _, comentó, soltando una ligera risa que insinuaba que hay un trasfondo mucho más profundo y complejo detrás de lo que estaba diciendo.
_ Evand intentó aprovecharse de ella _ declaró Castiel de forma tajante, sin vacilar ni andarse por las ramas.
Su voz sonó con una claridad inquietante, como si cada palabra fuera un eco de la gravedad de la situación. La tensión en el aire se palpaba, y sus ojos reflejaban la seriedad del momento, dejando en claro que no estaba dispuesto a ocultar la verdad ni a suavizar los hechos.
_ ¡¿QUÉ?! _ gritó Lissa, visiblemente furiosa. _ Cuando me encuentre con ese maldito de Evand…_ hizo una pausa, tomando un respiro profundo para calmarse, y con un tono de indignación continuó _ te juro que le haré pagar por lo que sea que te hizo. _ Luego, se giró hacia su amiga, dejando entrever un destello de preocupación en su mirada, y le preguntó con curiosidad: _ ¿Y tú cómo te sientes?.
_ No tan bien como para estar completamente tranquila _ expresó, dejando escapar un profundo suspiro.
_ Tranquila, amiga. Te comprendo perfectamente y sé exactamente cómo te sientes en este momento...
Al escuchar las palabras de su amiga, Rachel se sintió invadida por una oleada de indignación que no pudo contener. Cada frase que salía de los labios de su compañera resonaba en su mente, alimentando un creciente sentido de descontento y frustración. La injusticia de lo que estaba escuchando la afectaba profundamente, y su corazón se agitaba mientras sus pensamientos comenzaban a entrelazarse con un fuego interno que ardía en su interior.
_ Afirmas que conoces perfectamente cómo me siento y que tienes la capacidad de comprender mis emociones. No obstante, si estuvieras en mi lugar, enfrentándote a la misma situación que yo, ¿realmente podrías captar la magnitud y la intensidad de lo que estoy viviendo en este momento?.
Ella, con una clara nota de irritación en su voz, manifestó: _ Desearía poder decir que las cosas que comentas no me afectan en absoluto, pero sería una total y absoluta falacia. Ustedes son mi familia, y a pesar de eso, a menudo me hacen sentir como si fuera una persona sin importancia, como si cada día me recordaran esa sensación al menos cien veces.
Lissa experimentó una profunda herida en su corazón a causa de las palabras de Rachel. Cada frase dicha por Rachel resonaba en su mente, causando una sensación de dolor que le resultaba difícil de sobrellevar. Mientras tanto, Rachel no parecía comprender la magnitud del impacto que sus palabras estaban teniendo en Lissa, ni cuán intensas y devastadoras podían resultar. Era como si estuviera hablando sin pensar, sin medir las repercusiones emocionales de lo que decía. Lissa, por su parte, se sintió cada vez más lastimada y vulnerable, lo que intensificó su tristeza y confusión al mismo tiempo.
_ Es como si estuviera clamando por ayuda, pero en un silencio tan profundo que nadie puede percibir mi sufrimiento. Me siento derrotada... he tomado la decisión de no ocultar más mis lágrimas, de no disimular mi dolor tras una sonrisa falsa. _ Exclamó Rachel. _ Ya no tengo la fortaleza para seguir llevando esa máscara, lo siento de verdad. Echo de menos aquellos momentos en los que las cosas no me herían con tanta intensidad, cuando lo que ocurría a mi alrededor no lograba impactarme de esa manera tan profunda. Cuando compartí con mis padres la experiencia dolorosa que había vivido y todo lo que me habían hecho, mi padre, con una actitud aparentemente no comprensiva, simplemente me respondió: “Si tuviste el coraje para enfrentarlo, entonces serás lo suficientemente valiente para superarlo”. Sin embargo, sus palabras me lastimaron mucho más de lo que podría aparentar. Esa frase, en lugar de brindarme el consuelo que buscaba, me dejó una sensación de soledad y desamparo, como si mi dolor no fuera realmente entendido o validado.
_ Tenía la impresión de que tú eras una persona completamente diferente, alguien con una gran fortaleza, especialmente por la forma en que te comportabas y reactuabas ante determinadas situaciones. La manera en que enfrentabas los desafíos y cómo te relacionabas con los demás me hacían pensar que poseías una gran resiliencia y una personalidad firme.
_ No soy lo que estás proyectando en tu mente, así que sería recomendable que evites esas suposiciones. Una vez más, debo decirte que las cosas no se encuentran en un buen estado. No importa cuántos esfuerzos haga o cuántas veces intente cambiar la situación, al final, todo parece desmoronarse y quedar en la nada. En ocasiones, prefiero la soledad, ya que así nadie puede negar que he intentado dar lo mejor de mí.
_ Rachel, por favor, tranquilízate... _ imploró su amigo con voz suave y comprensiva, tratando de calmar la creciente ansiedad que llenaba el ambiente.
_ No tienes ni la más mínima noción de lo que estoy experimentando en este momento, así que sería mejor que te quedaras callado. Ya no deseo continuar sintiéndome así. Hay situaciones que duelen en exceso y no hay forma de transformarlas. Me siento estúpida por haberme dejado llevar por mis sentimientos hacia él. Cuando pensé que finalmente había logrado superar esta etapa, caí de nuevo en la misma tristeza que intentaba evitar. Me resulta difícil encontrar palabras que puedan expresar la profunda melancolía que me embarga por dentro. Hay instantes en los que las personas simplemente se saturan de todo esto...
_ Porque no eres capaz de imaginar que aquello que creías que había ocurrido en realidad nunca sucedió...
_ Lo mencionas de una manera que parece trivial, pero ¡no es así de fácil! Tú no has experimentado el sufrimiento que yo he tenido que enfrentar y mucho menos has sido víctima de una... _ hizo una pausa, interrumpiendo lo que estaba a punto de decir, y luego continuó _ nunca has estado en una situación similar a la que yo enfrenté, por lo que realmente no puedes comprender la magnitud de lo que eso significa.
_ ¿Víctima de qué? _ le preguntó Lissa, con la intriga reflejada en su mirada.
_ De nada, simplemente olvídalo _ dijo ella con un gesto desinteresado.
_ Chicas, esperenme aquí. Ahora regreso _, exclamó Castiel.
_ ¿A dónde vas? _ preguntó Lissa con curiosidad.
_ Voy a ocupar un tiempo para solucionar algunas cuestiones que necesitan mi atención. _ inquirió mientras se alejaba rápidamente, dejando a las chicas en el lugar, expectantes y curiosas sobre por qué se había apresurado a marcharse.
Su tono era decidido, y su expresión reflejaba una mezcla de urgencia y determinación.
Castiel salió de la casa, sintiendo una brisa fresca que le acariciaba el rostro. Se dirigió hacia la vivienda de Evand, cada paso resonando en la acera contigua. Al llegar, se detuvo frente a la puerta, respirando hondo antes de levantar la mano y dar un ligero golpe en el cristal.
La espera comenzó; el sonido del reloj en la distancia marcaba el tiempo mientras los minutos pasaban lenta y pesadamente. Después de lo que pareció una eternidad, finalmente escuchó un movimiento al otro lado de la puerta. Con un leve chirrido, esta se abrió, revelando a Evand, que lo recibió con una sonrisa curiosa.
_ Evand, realmente no logro entenderte.
_ ¿De qué estás hablando? _ preguntó confundido.
_ ¿Por qué intentaste abusar de Rachel? _ preguntó Castiel, con una mirada intensa y una voz firme que reflejaba su preocupación y desagrado por la situación.
_ Realmente no sé qué me sucedió... _ respondió Evand.
_ Claro, como si fuera tan fácil...
_ Te lo aseguro de corazón... No tengo la más mínima idea de lo que me ocurrió la noche pasada...
_ Debiste haberla observado... Su estado era de total desolación.
_ No deseo que ella desarrolle sentimientos de amor hacia mí.
_ Entonces, ¿fue esa la razón por la que elegiste comportarte de esa forma?
_ No... no tengo idea de por qué, pero me vuelve a invadir un malestar por cosas que en realidad no deberían afectarme _, comentó con un tono impregnado de melancolía. _ ¿Rachel sigue en tu casa?
_ Sí... _ respondió él, con un aire un tanto distante que no pasó desapercibido.
_ Está bien... _ concluyó Evand, dejando en el ambiente una palpable sensación de incomodidad y preocupación que flotaba entre ellos.
Castiel se despidió de su amigo con un cálido apretón de manos y una sonrisa sincera, sabiendo que su encuentro había sido breve pero significativo. Se dio la vuelta y comenzó a caminar por la calle, sintiendo la suave brisa del atardecer acariciar su rostro. A medida que avanzaba, los sonidos de la ciudad comenzaron a desvanecerse lentamente, sustituidos por el murmullo de sus pensamientos.
Los colores del cielo se tornaban en tonos naranjas y lilas mientras el sol se ocultaba en el horizonte, marcando el final de un día lleno de memorias.
...<3 Días Después>...
Rachel ya había alcanzado un estado de calma. Tras reflexionar sobre su situación, tomó la decisión de regresar a su hogar. No obstante, Lissa sintió un leve atisbo de duda al pensar en dejarla sola, por lo que decidió acompañarla hasta su casa.
Una vez que ambas llegaron al destino, Lissa se despidió afectuosamente de Rachel y comenzó su camino de regreso a su propio domicilio. Por su parte, Rachel, sintiéndose algo más tranquila, optó por entrar a su casa. Sin embargo, al cruzar la puerta, se topó con una sorpresa inesperada que la dejó completamente atónita.
_ Mamá, papá, ¿qué hacen aquí y también el Sr. Stickman y su esposa? _ preguntó Rachel, sorprendida al verlos reunidos en el lugar.
_ A ti te estábamos esperando, Rachel _ respondió el Sr. Stickman con una sonrisa amable.
_ ¿Dónde has estado, Rachel? _ inquirió su padre, con un tono grave que indicaba su seriedad.
_ Estuve con Lissa _ contestó ella, procurando aclarar lo que había ocurrido _. Pero, por favor, cuéntenme qué hacen ustedes aquí.
_ ¿Acaso no somos bienvenidos en tu casa? _ preguntó el Sr. Jeseen, mirando a Rachel con una expresión de inquietud.
_ Bueno, sin dar más rodeos, Rachel, por favor, toma asiento _ intervino el Sr. Stickman, con un tono más directo.
_ Está bien _ replicó Rachel, con un aire de resignación y sin añadir nada más.
_ Ese día, cuando organizamos la cena, les solicitamos que vinieran con el fin de entablar una conversación con ustedes. Sin embargo, a causa de la discusión que surgió entre Evand y mi esposa, que se encuentra aquí presente, no pudimos llevar a cabo la charla que habíamos planeado. Por eso, decidimos venir a este lugar para realizar lo que no pudimos lograr en aquella ocasión _ expresó...
_ Ya basta, me estás cansando. Habla de una vez, _ dijo Evand, con seriedad.
Al escuchar estas palabras, el señor Stickman dirigió su mirada hacia su hijo Evand, decidiendo simplemente ignorar la falta de paciencia que este mostraba.
_ A partir de hoy, comenzaremos a hacer las decoraciones para la boda _, continuó el padre, intentando mantener la calma.
_ ¿Qué? ¿Hoy, dices? _ respondió Rachel, visiblemente sorprendida.
_ Si hoy...
_ ¿Y cuándo se llevará a cabo la boda, señor Stickman? _ preguntó Rachel con un tono de curiosidad en su voz.
_ Dentro de una semana _ comunicó de manera firme, sin dudar.
_ Sin embargo, todavía hay un montón de cosas por hacer _ replicó ella, dejando entrever su inquietud.
_ No se preocupen, tengo todo bajo control _ afirmó el Sr. Jeseen, proyectando una confianza que buscaba calmar sus ansias.
_ ¿Ya han finalizado? _ inquirió Evand, quien parecía haber alcanzado el límite de su paciencia ante la conversación que se prolongaba.
_ Si ya hemos terminado... _ dijeron ambos al unísono, sus voces resonando en la sala.
_ Entonces, ¿qué están esperando para irse...? _ preguntó Evand, con una expresión grave en su rostro.
Después de pronunciar esas palabras, los padres de ambos jóvenes abandonaron la casa envueltos en una profunda indignación. Se notaba que estaban claramente impactados por lo que había declarado Evand, ya que sus palabras revelaban sin lugar a dudas su anhelo de que abandonaran su hogar. Su enojo era manifiesto, y el ambiente que se había creado en la sala estaba impregnado de una intensa tensión inmediatamente después del acalorado intercambio verbal que había tenido lugar.
Después de ese momento, Rachel se quedó simplemente observando a Evand. Tras unos instantes de silencio, decidió subir a su habitación. Una vez que llegó, optó por tumbarse en su cama, sintiendo el suave acolchado bajo su cuerpo. Tomó su celular, que reposaba sobre la mesa de noche, y conectó los audífonos. Luego, se dispuso a sumergirse en el mundo de la música, eligiendo escuchar sus canciones de K-pop favoritas, dejando que las melodías y ritmos vibrantes la transportaran a otro lugar, lejos de sus preocupaciones.
En ese momento, Evand cruzó la puerta de la recámara de Rachel y, con un paso decidido, se acercó a la cama. Una vez frente a ella, tomó asiento cuidadosamente al borde del colchón, asegurándose de no perturbar el ambiente tranquilo que reinaba en la habitación. Su mirada se posó sobre Rachel, quien estaba reclinada, y su presencia parecía tener un aire de familiaridad y apoyo en ese espacio tan personal.
_ Rachel, ¿podemos hablar? _ dijo Evand, mirándola fijamente a los ojos.
Su tono era serio y cargado de una mezcla de nerviosismo y determinación. La tensión en el ambiente era palpable, y Rachel sintió que algo importante se estaba gestando en ese instante.
Rachel decidió no prestarle atención y se mantuvo concentrada en lo que realmente le interesaba: disfrutar de su música. Con los auriculares bien colocados, se sumergió en las melodías y ritmos que la rodeaban, desconectándose por completo de lo que sucedía a su alrededor. Su mundo ahora giraba en torno a las notas y letras que palpitaban en su interior, ignorando cualquier distracción externa.
_ Rachel _ exclamó Evand con un tono de súplica, pero se dio cuenta de que su llamada se perdía en el aire y que, aparentemente, ella lo estaba ignorando _. Comprendo que estás enfadada conmigo y que no deseas hablarme en este momento. Si estuviera en tu situación, probablemente haría lo mismo... Sin embargo, aunque no quieras admitirlo, sé que en el fondo sientes un rencor profundo hacia mí.
_ Si en este momento elijo no comunicarme contigo, no es porque sienta rencor o desprecio hacia ti. Más bien, proviene de un profundo dolor que me impide expresar lo que siento. La tristeza y el sufrimiento han llenado mi corazón, y esas emociones me hacen dudar de cómo interactuar contigo. Quiero que entiendas que mi silencio no es una manifestación de odio, sino un reflejo de una herida interna que aún no he logrado sanar.
_ Perdóname, Rachel. Siento muchísimo lo que sucedió, te prometo que no tenía la intención de hacerlo. Nunca quise causarte dolor ni ofenderte de ninguna manera.
_ Pedir perdón puede parecer una tarea fácil y rápida, algo que se puede hacer con solo pronunciar algunas palabras. Sin embargo, el verdadero acto de perdonar es un proceso mucho más complicado y profundo. En mi corazón, no albergo resentimientos hacia ti; sin embargo, lo que tengo claro es que no estoy segura de si seré capaz de ofrecerte mi perdón en algún momento.
Evand comprendió lo que le había dicho y decidió acostarse de lado sobre la cama. Con un movimiento calmado, tomó la manta que se encontraba sobre ella y se envolvió en ella, cubriéndose desde los pies hasta la cabeza. La suave tela le proporcionó una sensación de calidez y protección, mientras se acomodaba en su nuevo refugio.
_ ¿Qué estás haciendo? _ interrogó Rachel, dejando entrever en su tono una combinación de curiosidad y un leve desánimo.
_ Yo, en realidad no estoy haciendo nada especial. Solo tengo la intención de quedarme aquí hasta que decidas perdonarme _ replicó Evand, intentando transmitir una sensación de calma con la confianza en su voz.
_ Evand, muévete un poco hacia un lado _, dijo Rachel con una voz decidida y autoritaria.
A pesar de su claro pedido, Evand optó por hacer lo contrario; en lugar de apartarse, se acercó aún más a ella, mostrando una total indiferencia hacia la solicitud que le había hecho. Su gesto dejó en evidencia que no tenía intención de escuchar lo que Rachel había pedido.
_ Está bien, como tú prefieras... _ inquirió Rachel, con una entonación que reflejaba una mezcla de resignación e indiferencia.
_ ¿Eso quiere decir que me has perdonado? _ preguntó Evan, su voz temblando ligeramente ante la incertidumbre de la respuesta que podría recibir.
_ No he dicho nada _ exclamó, mientras se acomodaba en la cama, ajustando las sábanas a su alrededor y buscando la posición más cómoda para recostarse.
Su voz, llena de incredulidad, resonaba en la habitación, y su rostro reflejaba una mezcla de sorpresa y desconcierto ante la situación.
......
La mañana había llegado y, al abrir los ojos, Rachel se despertó lentamente. Al observar a su alrededor, notó que Evand no se encontraba en la cama a su lado. Con un suave suspiro que escapó de sus labios, decidió que era momento de arreglar el desorden. Comenzó a deshacer la cama con cuidado; retiró las sábanas arrugadas y desordenadas, y las reemplazó por unas limpias y frescas que tenían un aroma agradable a lavanda.
Después de haber hecho la cama y dejar todo en perfecto orden, sintió que era el momento adecuado para regalarse un instante de tranquilidad y autocuidado. Así que decidió que lo mejor sería disfrutar de una ducha revitalizante. Con determinación, comenzó a quitarse cada prenda que llevaba puesta, sintiendo cómo cada pieza de ropa se deslizaba suavemente sobre su piel. Una vez despojada de todo, se envolvió con una suave toalla, percibiendo la delicadeza del tejido al tocar su cuerpo. La toalla la envolvía cálidamente, brindándole una sensación de confort y bienestar que la invitaba a relajarse por completo.
Se acercó a la puerta con una determinación palpable en su andar y, al llegar frente a ella, la abrió cuidadosamente, asegurándose de no causar ningún ruido innecesario. Una vez que logró ingresar al interior, no quiso perder un instante y se encaminó de inmediato hacia la ducha, deseando sentir la caricia revitalizante del agua sobre su piel.
Después de lo que parecieron interminables minutos, Rachel finalmente había concluido con su tarea. Se tomó un momento para cambiarse de ropa, dedicándose a elegir un atuendo que se ajustara a la ocasión. Pasados unos minutos, logró terminar de vestirse y, sintiéndose satisfecha con su apariencia, se acercó a la puerta de su recámara.
Con un suave empujón, abrió la puerta y salió al pasillo. Al descender las escaleras hacia la sala, su mirada se posó en el comedor, donde encontró a Evand sentado, sumido en sus pensamientos. La escena transmitía una sensación de calma en el ambiente, marcando un contraste con la actividad que había estado realizando momentos antes.
_ Te estuve esperando _, dijo él, esbozando una sonrisa cálida.
_ ¿Solo estuviste aquí? _ preguntó Rachel, su tono entrelazando curiosidad y asombro mientras sus ojos se abrían un poco más, sorprendidos ante la revelación.
_ Sí, ¿por qué preguntas eso? _, respondió Evand, sosteniendo su mirada en la de ella, intentando descifrar el motivo detrás de su pregunta.
Cada palabra de Rachel le parecía cargada de un significado más profundo y quería comprenderlo.
_ Por nada, olvídalo.
Rachel tomó la decisión de sentarse a la mesa para disfrutar de su desayuno. Una vez que terminó de comer, se levantó con una sonrisa y se acercó a Evand, ofreciéndole su ayuda para lavar los platos. Con un gesto amable y una actitud colaborativa, se colocó a su lado y, juntos, comenzaron a limpiar la cocina. Mientras realizaban esta tarea, conversaban de manera amena y distendida, compartiendo risas y anécdotas. La atmósfera se llenó de una sensación de compañerismo y diversión mientras trabajaban codo a codo en la limpieza.
Luego de que Evand y Rachel terminaran de lavar los platos, Rachel decidió ir a sentarse en el sofá. Con un gesto despreocupado, encendió el televisor, sumergiéndose en la luz y el sonido que surgían de la pantalla. Por su parte, Evand optó por no seguirla. En lugar de eso, se dirigió al balcón, donde decidió sentarse en una de las sillas. Allí, en medio del aire fresco y la tranquilidad exterior, se permitió disfrutar de un momento de calma y reflexión.
Después de haberse sentado durante varios minutos frente a la televisión, Rachel comenzó a sentir un notable cansancio a causa de la excesiva exposición a la pantalla. La experiencia de las imágenes en movimiento y los sonidos resonantes, que en un principio la habían cautivado, comenzó a resultar agotadora y monótona. Fue entonces cuando tomó la decisión de levantarse y descubrir qué estaba haciendo Evand, quien había estado en otra habitación.
Con pasos suaves, se dirigió hacia el lugar donde él se encontraba, sintiendo la necesidad de desconectarse de la luz brillante del televisor. A medida que se acercaba, podía escuchar un leve murmullo y el sonido de objetos moviéndose.
_ ¿Qué es lo que estás haciendo? _ inquirió Rachel, mostrando en su rostro una evidente curiosidad que reflejaba su interés por la situación.
_ Solo me estoy tomando un momento para respirar aire fresco _ replicó Evand, con una voz serena y tranquila, mientras llenaba sus pulmones con una profunda bocanada de aire.
_ ¿Te gustaría que te acompañara? _ preguntó Rachel con una sonrisa cálida y amigable en su rostro.
_ Por supuesto, siempre y cuando no te sientas incómoda _ respondió Evand, observando a Rachel con un notable interés en su mirada.
Rachel se acomodó a un lado de Evand, dejando que su mirada se perdiera en el magnífico cielo azul que se extendía sobre ellos, lleno de tonalidades vibrantes y nubes esponjosas. Mientras tanto, Evand, en silencio, la contemplaba, disfrutando de la serenidad del momento y de la belleza que ella emanaba.
_ Es hermoso, ¿no crees? _ comentó Rachel, con una sonrisa que iluminaba su rostro, mientras seguía admirando el cielo radiante.
_ ¿Qué…? _ preguntó, con sorpresa y confusión.
_ El cielo… _ respondió, mirando hacia arriba, como si buscara respuestas en la inmensidad del firmamento.
_ Tienes un deseo tan profundo de morir _ comentó Evand, con una mezcla de seriedad y atención en su voz.
_ Por supuesto que no, tonto _, comentó Rachel con una sonrisa que reflejaba una mezcla de diversión y desdén.
_ Y entonces, ¿qué pasa ahora? _ preguntó, buscando claridad en medio del intercambio.
_ Simplemente olvídalo, si.. _ respondió ella, dejando entrever una sensación de resignación en su voz, como si no valiera la pena seguir discutiendo el asunto.
_ Está bien... Oye, Rachel, ¿podría hacerte una pregunta? _ preguntó Evand, notándose un ligero temblor en su voz, lo que revelaba su nerviosismo.
_ Por supuesto, pregúntame lo que desees _ respondió Rachel, con una sonrisa amable que iluminaba su rostro.
_ Antes de que decidieras comprometerte conmigo, ¿tuviste alguna relación con alguien más? _ indagó Evand, sintiendo cómo su corazón se aceleraba, lleno de ansiedad mientras aguardaba la respuesta.