Saena es una madre soltera de 30 años que, en medio del caos, logró salir adelante y convertirse en una médica renombrada, especializada en hematología.
Aunque nunca contó con el apoyo de su familia —nadie la ayudó cuando más lo necesitaba—, Saena siguió luchando por sus sueños, gracias a la ayuda de una desconocida que la apoyó incondicionalmente.
Enrico Villar, de 32 años, es un CEO autoritario y justo, soltero y muy codiciado. Le gusta las fiestas, pero su familia insiste en que encuentre el amor y abandone la vida de soltero.
¿Cómo se cruzarán sus caminos?
¿Nos embarcamos en esta historia?
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Capítulo 22
Al día siguiente Saena se despertó temprano, y fue a dar un paseo por el condominio donde vive, estaba tensa y preocupada por qué hacer, al pasar por la entrada principal ve a quien menos quería.
Cíntia: ¿Saena?
Saena: ¿Qué haces aquí? ¿Y cómo descubriste dónde vivo?
Cíntia: Necesito hablar contigo.
Saena: No tenemos nada de qué hablar.
Todo lo que tenías que decirme, ya lo dijiste hace 11 años.
Morí, ¿recuerdas?
Cíntia, con lágrimas en los ojos, se arrodilla y le pide a Saena que escuche lo que tiene que decir, desde lejos Doña Noêmia observaba todo, sabía que Saena todavía estaba herida pero necesitaba tener esa conversación, ella se acerca y toma a la joven por los hombros, quien inmediatamente se gira y la mira sin expresión alguna.
Noêmia: Es hora de enfrentar el pasado y dejarlo atrás.
Escucha lo que tiene que decir, deja que ese dolor de tu corazón salga, así serás verdaderamente feliz.
Saena: ¿Abuela?
Noêmia: Vamos.
Ella autoriza la entrada de Cíntia, Saena se da la vuelta y se dirige a la casa, Doña Noêmia entra a continuación, abre la puerta de la oficina y ambas entran, Saena se sienta y tiene una expresión fría en la mirada.
Cíntia: Has cambiado mucho.
Estás muy bonita.
Saena: ¿Para eso viniste?
Cíntia: No, quiero hablar contigo sobre tu padre.
Saena: Él no es mi padre.
Me mataron en vida.
Lo único que soy es su médica.
Cíntia: Saena, no sabes cuánto me arrepiento, nunca debí haberme dejado llevar por la familia de tu padre, nos equivocamos al no protegerte y en el momento de la rabia dijimos cosas que no debíamos.
Sé que nada justifica, podría pasar horas aquí justificando, y nada se resolvería.
En la última consulta tu padre recibió el resultado de esos exámenes, donde muestra que su organismo no está reaccionando, desde entonces él se ha estado culpando, y quiere abandonar el tratamiento, él dijo que este es su castigo.
Él no soportó ver tu desprecio, tu frialdad, actuando como si no lo conocieras.
Saena: Pero yo no los conozco.
Mis padres me abandonaron, tú y Sérgio son extraños para mí.
¿Puedo estar siendo cruel? Sí, pero ustedes fueron peores conmigo, yo solo era una niña, fui abandonada por mis padres, y por el progenitor de mi hija.
Me sentí peor que un perro, me sentí una basura, cometí un error por haberme enamorado.
¿Pero quién nunca se equivocó porque se enamoró? No fui la primera ni seré la única en cometer ese error.
¿Tienes noción de lo que pasé?
Si no fuera por mi abuela Noêmia, no sé qué habría sido de nosotras, hasta a Sávio ustedes lo renegaron por querer protegerme, e incluso yo pidiéndole que se quedara, él no se quedó, quiso estar a mi lado y dijo que juntos saldríamos de esta situación, y así fue.
Tenemos todo aquí, amor, cariño, respeto.
Trabajé con Doña Noêmia, nunca quise un centavo de ella, además de darnos un techo, ¿aún iba a darnos dinero?
Sávio se convirtió en pasante en la empresa de ella, y así fuimos adquiriendo nuestra independencia.
Ella podía y puede darnos todo, pero nunca quisimos.
Saena deja que las palabras salgan de su boca y junto las lágrimas, este está siendo la hora del desahogo, todo lo que ella guardó para sí misma lo está dejando salir, Cíntia traga saliva y comienza a llorar al oír el desahogo de su hija, y en aquel momento ella quería poder abrazarla.
Saena: Ahora es fácil llegar aquí y pedir perdón, cuando llegué a su puerta Helóa había cumplido un año de vida, fui llena de esperanzas de que ustedes habían cambiado, pero para mi decepción ustedes me expulsaron y pidieron que nunca más volviera, allí murió todo lo que aún tenía aquí dentro.
¿Puedo perdonar? Quién sabe un día, pero convivir con ustedes y quererlos en mi vida es diferente.
Nada de lo que digas o hagas cambiará el pasado.
Si es para mirarlo y decir que yo perdono, puedo hacer eso, pero ¿sería suficiente? ¿Lo haría de corazón?
Necesito tiempo, pero sepa que no quiero contacto con ninguno, en el hospital yo soy la médica, fuera yo no soy nadie.
Sávio entra en la oficina y va a abrazar a su hermana.
Sávio: Todo lo que yo más quería un día era volver a verlos, aún fui algunas veces y nunca tuve coraje de enfrentarlos, pues todos los días yo oía a Saena llorar y pedir perdón para ustedes, y aquello me partía entero.
Ella no tuvo culpa, confió en la persona que decía amarla, pero ¿quién nunca se equivocó por amor?
Mientras ustedes estaban presos en aquella creación del siglo pasado, ella sufría callada, e incluso delante de eso al día siguiente ella colocaba la mejor sonrisa y luchaba para tener un futuro mejor y dar un buen futuro para mi sobrina, ustedes perdieron todas las mejores fases de la vida de la nieta por orgullo y por seguir consejos de quien ni siquiera se importaba con nosotros, me acuerdo que mi abuelo poco se importaba con Saena, solo por el hecho de ella ser mujer, la señora se callaba y no la defendía.
Y desde ahí yo decidí, que yo iba siempre a proteger y defenderla de todo y todos, y fue eso lo que hice, yo no me arrepiento, tengo orgullo de la mujer que ella se convirtió y de la profesional que ella es, que incluso teniendo todos los motivos para pasar el caso de él para otro médico, ella continuó, eso muestra lo fuerte que ella es.
Cíntia: Perdón, me arrepiento diariamente.
Fuimos los peores padres del mundo, nos equivocamos mucho.
Necesito apenas el perdón de ustedes, sé que nada será como antes.
Saena: El pasado no vuelve, como dije.
Denme tiempo, necesito poner la mente en orden.
Pensar en todo, pedir perdón es fácil, pero perdonar es lo difícil.
Incluso que yo diga para mí misma que yo ya perdoné, ese perdón es de la boca para afuera, esta conversación fue necesaria.
Hasta luego.
Saena va hasta la puerta de la oficina y abre, Cíntia mira a los dos allí y se va llorando, ella pasa por Doña Noêmia sacude la cabeza y sale, la señora entra y encuentra a los hermanos abrazados, ella cierra la puerta y va a hablar con el chofer para llevar a Helóa a la escuela, ella inventa una excusa y dice que Saena necesitó salir a las apuradas, y así fue hecho.
Cuando ella se recompuso los dos salen de la oficina, como siempre hacía ella coloca la mejor sonrisa, Doña Noêmia explica todo, Saena y Sávio agradecen, los dos siguen su día como de costumbre.