Catalina es la primogénita de la familia Bloemen, un ducado de gran importancia en el imperio de Blodau, pero a pesar de eso su vida siempre estuvo lejos de ser la de una dama noble, por lo que desde que recuerda su mayor deseo es huir de su disque familia, algo que logra de la mano de un desconocido que llego a su puerta sin avisar y del que se enamoró perdidamente.
La pareja enamorada hizo su vida lejos de los lujos de la nobleza, felices simplemente con estar el uno al lado del otro, pero algo empañaba esa felicidad y eso eran las preguntas que existían alrededor de Jared, Jared no recuerda nada de su pasado, solo su nombre y descubrir quién es él y encontrar a sus padres es algo que desea hacer, pero Jared no es quien él cree que es, y su verdadera identidad sumergirá a la pareja en un mundo lleno de peligros del que creían que eran ajenos.
¿Podrán Catalina y Jared superar los obstáculos que los esperan y ser felices?
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Capítulo 10
Mientras Jared y Oliver se dirigían al palacio, Catalina y la emperatriz seguían reunidas en aquel salón, y es que Catalina aún seguía asimilando la información que acababa de recibir.
—Disculpen mi grosería, pero es que ni siquiera les pregunté sus nombres —habla Hana tras varios minutos de silencio.
—Mi nombre es Catalina, su majestad, y él es Ren —se presenta Catalina, casi de manera automática.
—Bueno, Catalina, me gustaría saber, ¿por qué Basil nunca intentó ponerse en contacto con nosotros? ¿Acaso están en peligro? —pregunta la emperatriz.
—No es eso, simplemente Jared no sabía cómo encontrarlos —le responde Catalina, quien empieza a despejarse poco a poco.
—¿Cómo que no sabía cómo encontrarnos?
- Hace 7 años, cuando Jared y yo nos conocimos, él estaba herido y, debido a un golpe en la cabeza, perdió la memoria. Durante los últimos años hemos buscado a su familia, pero es más que obvio que buscamos en el lugar equivocado.
Hana queda conmocionada con la respuesta de Catalina, ya que eso era lo último que esperaba escuchar, que su hijo la había olvidado; sin lugar a dudas era un fuerte golpe para su corazón.
—Eso explica muchas cosas. Bueno, debo hablar con mi esposo; él debe saber que Basil sigue vivo. Rosalina, asegúrate de que mi nuera y mi nieto estén cómodos; volveré pronto —dice Hana, y Catalina se sonroja un poco al oír a la emperatriz llamarla nuera.
A decir verdad a Catalina no le hacía ninguna gracia volver a la vida en la nobleza, por muchos años sufrió debido a esta, pero si tenía que volver lo haría, si eso ayudaba a su esposo, quien no era para nada quien ella creía, pero aun así lo amaba y lo apoyaría hasta el final, y mientras veía a la emperatriz irse algo dentro de ella le decía que en esta ocasión las cosas serian diferentes, ya no estaría sola, tendría el apoyo de alguien más y más que nada, tendría a su familia estaría a su lado.
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Jared llegó al palacio acompañado de Oliver; ninguno de los dos dijo mucho en el trayecto. Oliver aún estaba asimilando el hecho de que su amigo haya perdido la memoria, y Jared, quien tenía un millón de preguntas que hacerle a Oliver, no pudo hacerlas, ya que el dolor de cabeza se hacía cada vez más agudo, impidiéndole pensar con claridad.
Al llegar al palacio, Oliver le pidió a Jared que se cubriera con una capucha y lo guio por el palacio hasta la oficina del emperador.
Durante todo el trayecto Oliver pensó en lo que debería de hacer una vez llegaran al palacio y llego a la conclusión que lo mejor que podía hacer era ir a ver el emperador, su tío solía tener mejor control en sus emociones que su tía, por lo que si alguien sabría cómo proceder de mejor manera, ese era Elm, además de que si lo que dijo el mensajero es verdad, la emperatriz ya está al tanto de todo, y había grandes probabilidades de que su tío aún no se hubiera enterado y él quería darle tan buena noticia.
Por su parte, Jared miraba con atención el lugar, y a su mente venían un sinfín de imágenes sin orden alguno, algo que en vez de aclarar su mente solo lo confundía aún más, aumentando su dolor de cabeza.
—Mi señor, si puedo preguntar, ¿me está llevando con mi familia? —pregunta Jared, refiriéndose a su esposa e hijo.
—Así es —le responde Oliver, pero él refiriéndose al emperador.
Jared iba a preguntarle algo más, pero su pregunta es interrumpida debido a que llegan hasta la oficina del emperador.
—Díganle al emperador que deseo verlo —le dice Oliver a los guardias en la entrada, a lo que uno de estos entra y al poco tiempo la puerta se vuelve a abrir, permitiéndoles a Oliver y a Jared entrar en la oficina.
En el lugar solo está el emperador, quien se sorprende con la visita de su sobrino político, pero lo que lo sorprende aún más es el hecho de que este no viene solo, sino que trajo a un encapuchado con él.
—¿Qué sucede, Oliver? ¿Y quién es él? —le pregunta Elm a su sobrino.
—Tío, le traigo excelentes noticias —responde Oliver muy emocionado; por su lado, Jared cada vez se siente peor, su dolor es casi insoportable y siente que ya no puede mantenerse en pie —Este es Jared Loreak —lo presenta Oliver, dejando impresionado al emperador, ya que él conoce muy bien el seudónimo que su hijo solía usar.
Oliver, al ver que Jared no se mueve, él mismo le quita la capucha, dejando a la vista el rostro del peligris, un rostro que Elm reconoce de inmediato.
—Hijo, mi hijo —dice el emperador, acercándose a Jared, siendo esa frase lo único que se necesitaba para hacer colapsar a Jared, quien, al ver al emperador llamarlo hijo, un sinfín de imágenes de ambos juntos llenaron su cabeza, haciéndolo colapsar.
Jared se desmaya, cayendo al suelo sin previo aviso, preocupando a Oliver y a Elm, quienes van hacia él lo más rápido que pueden para asegurarse de que está bien, y al sentir su temperatura tan alta, ambos se preocupan.
—Debemos llevarlo a descansar a otro lugar —dice el emperador, quien carga a su hijo, como muchas veces hizo cuando este era un niño, y si bien ahora ya era un adulto, los deseos de Elm de cuidar a su hijo seguían intactos.
Antes de poder pensar un lugar a donde llevar a Jared, la puerta de la oficina se abre y quien entra por esta es Hana, quien se lleva ambas manos a la boca al ver a su hijo inconsciente en brazos de su padre.
Sin poder evitarlo, los ojos de Hana se llenan de lágrimas, de felicidad, temor, preocupación, alivio y un sinfín de emociones más; son tantas que Hana siente que puede colapsar en cualquier momento. Saber que su hijo está vivo es una cosa, pero verlo inconsciente en brazos de su padre es algo muy distinto.
A pesar de su sentir, Hana se traga todo lo que siente e intenta mantener la cabeza fría; deben atender a Basil y deben hacerlo ahora.
—Hay que llevarlo a mis aposentos, allí estará bien —habla Hana.
—¿Y cómo lo llevamos hacia allí sin llamar la atención? —pregunta Oliver.
—Oliver, los guardias de la puerta son de mi absoluta confianza; sal y ordénales que despejan el camino hacia los aposentos de la emperatriz; son discretos, no preguntarán nada; una vez hagas eso, yo me encargaré de llevarlo hasta allí —dice Elm, a lo que Oliver asiente y va a hacer lo que le han pedido.
Al poco tiempo, Elm va rumbo a los aposentos de su esposa, con su hijo en brazos, a quien por precaución lo cubren con la capucha que llevaba.
Una vez en la habitación, Elm lo coloca en la cama, y los tres ven con preocupación que Basil parecía no estar bien, parecía tener mucho dolor y no sabían la causa.
—Hay que llamar al médico —opina Oliver.
—No podemos hacerlo, hace semanas que comenzamos a sospechar del médico real y no conocemos a algún otro médico que sea de confianza —dice el emperador.
Y es que hacía unas semanas Elm comenzó a sospechar que el médico estaba intentando envenenarlo y, si bien la investigación en su contra aún no había terminado, todo apuntaba a que sus sospechas eran ciertas, por lo que traerlo a ver a su hijo era una pésima idea.
—Creo saber a quién llamar, espérenme aquí —dice la Hana y va en busca de Catalina y Ren. La pelimorada le dijo que encontró a Basil herido, lo que significaba que alguien tuvo que haberlo tratado en ese momento; tal vez esa persona era a quien necesitaban.