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Las Vueltas Del Destino Entre Sombras Y Verdades

Las Vueltas Del Destino Entre Sombras Y Verdades

Status: En proceso
Genre:Mafia / Traiciones y engaños / Amor prohibido
Popularitas:833
Nilai: 5
nombre de autor: Jszkina

¿Qué harías si la persona que te salvó de la tormenta fuera el verdadero peligro?
Para Leyla, el mundo siempre ha tenido reglas claras y predecibles. Sin embargo, bastan unos minutos en los pasillos de una exclusiva gala para que toda su seguridad se desmorone bajo la presión de un depredador al acecho. De la nada, una mano firme y una voz cortante la rescatan del abismo. Su nombre es Lorenzo.
Tras esa noche, una atracción inevitable y cargada de preguntas sin respuesta empieza a cercar a Leyla. Mientras intenta mantener a flote su cotidianidad en la universidad, una inquietante sensación de paranoia la persigue a cada paso. Hay secretos flotando en su entorno que se niegan a permanecer enterrados, y la figura de Lorenzo se vuelve un enigma cada vez más oscuro.
Las vueltas del destino es un thriller adictivo sobre las líneas invisibles que cruzamos sin saberlo y el peligroso despertar de una mujer que se niega a seguir siendo la pieza de un juego que no comprende.

NovelToon tiene autorización de Jszkina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5.2

Seguí bajando

Había que llegar bastante más abajo para encontrar lo otro.

No eran artículos. Eran entradas en foros, comentarios en hilos que alguien había intentado enterrar bajo capas de contenido más reciente, testimonios sin firma en páginas que yo no había visitado nunca. El lenguaje era el de siempre en esos casos: acusaciones sin fundamento, campaña de desprestigio, daño deliberado a la imagen de un empresario reconocido. Una nota de prensa de su equipo legal de hacía dos años calificaba las denuncias como coordinadas y malintencionadas. Otra, de hacía cuatro, hablaba de intentos de extorsión por parte de ex empleadas resentidas.

Leí igual.

Leí porque la noche anterior había sentido su mano cerrarse sobre mi brazo y había escuchado su voz cerca de mi oído, y eso me daba una perspectiva que los desmentidos de su equipo legal no podían deshacer. No eran acusaciones coordinadas. Era un patrón. Nombres distintos, años distintos, ciudades distintas, y la misma descripción del mismo hombre haciendo las mismas cosas con la misma certeza de que podía hacerlas.

Cerré el buscador.

No sentí alivio por haber buscado ni satisfacción por haber encontrado. Sentí algo más parecido al frío: la confirmación de que lo que había ocurrido en ese pasillo no era un incidente aislado sino uno más en una lista que nadie había podido hacer pública sin que alguien se encargara de desacreditarla.

Guardé el teléfono.

Volví a la mesa.

Allen levantó la vista cuando me senté, evaluó mi expresión durante el segundo que necesitaba para leerla, y no preguntó nada, volvió a su libreta. Eso también era Allen: sabía cuándo una pregunta iba a llegar sola sin que ella tuviera que empujarla.

Me quedé observando hacia el ventanal de la cafetería, entre la multitud, parado cerca de uno de los árboles del campus, divisé una silueta. Logan. Tenía las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta oscura, la espalda apoyada contra el tronco y la mirada perdida en el edificio. No estaba haciendo nada en específico. Solo estaba allí, como solía estarlo muchas tardes. Un chico guapo, callado, que parecía preferir la distancia a la interacción, nunca me había parecido extraño verlo allí. Hoy sí

Además, pensando en esa noche, note algo a lo que en su momento no le presté atención, que cuando Beto llegó a buscarme a la gala, sus ojos no se cruzaron con los míos con la típica mirada escudriñadora que me da para saber que todo está bien. Beto tenía la mandíbula tensa, una urgencia militar en los movimientos que nunca antes le había visto. Todo a mi alrededor se sentía extrañamente pesado, y yo, me encontraba analizandolo todo desde lo que pasó…

—¿Te pasa algo? —Allen finalmente dejó el lápiz y se inclinó sobre la mesa, intentando seguir la línea de mi mirada.

—No es nada —respondí rápido, enderezando la espalda y dando un trago largo a mi café, que ya se había entibiado—. Solo... me distraje.

Allen entornó los ojos, sospechosa, pero antes de que pudiera interrogarme, una vibración pesada sobre la madera de la mesa nos interrumpió. Era mi teléfono.

El nombre de mi madre parpadeaba en la pantalla. Sentí un vuelco en el estómago.

Yessica Smith rara vez me llamaba a mitad de la jornada escolar a menos que fuera una emergencia de su taller de costura o diseño.

—Tengo que tomar esto —le dije a Allen, poniéndome de pie.

—Ve. Te guardo el sitio, pero de la conversación sobre tus ojeras no te escapas, Gutiérrez.

Salí al pasillo de la cafetería, buscando un rincón donde el ruido fuera menor. Deslicé el dedo por la pantalla y me llevé el teléfono al oído.

—¿Mamá? ¿Pasó algo?

—Leyla, cariño —la voz de mi madre no sonaba histérica, pero tenía esa cadencia acelerada que usaba cuando intentaba camuflar que estaba bajo mucha presión—. Necesito que vuelvas a casa en cuanto termines tus clases de hoy. Beto ya va en camino a buscarte.

—Mamá, todavía me queda una clase de historia del arte...

—No —la interrupción de mi madre fue inusualmente tajante, casi seca. Ha surgido un cambio de último minuto...

—¿Qué cambio? —pregunté, sintiendo que el aire del pasillo se volvía más denso.

—La reunión fue cambiada para hoy, en dos horas debemos estar allá, ve a casa cámbiate, te veo allá.

Colgó, y como siempre no espero respuesta, sin nada que hacer salí de la universidad Beto me esperaba afuera llegue a casa, fui a mi habitación me di un baño rápido y me cambie. En el trayecto, por el pasillo, pasé frente al espejo grande que había junto a la escalera y me detuve un segundo sin saber exactamente por qué.

Me veía cansada. Eso era lo que había dormido —nada— y lo que había hecho desde entonces —nada útil—. Pero había algo más debajo del cansancio, algo que no era exactamente preocupación ni exactamente anticipación sino algo en el medio que no tenía nombre todavía.

Aparté la vista. Seguí caminando.

En el coche, con Beto conduciendo y mi madre repasando algo en el teléfono y la ciudad pasando por la ventana con esa indiferencia suya de siempre, ¿Qué clase de personas cambian una reunión de un momento para otro? Me pregunto,¿por qué mi madre insistió tanto para que esté ahí? Y si eso significaba algo, o si simplemente era la manera en que funcionaban los negocios cuando uno no era parte de ese mundo y no conocía sus reglas.

Me pregunté también, brevemente, si Lorenzo tenía algo que ver con italia.

Lo descarté antes de que el pensamiento terminara de formarse, porque era una conexión absurda construida sobre nada más que un acento que no había llegado a identificar con certeza.

No significaba nada. Probablemente no significaba nada.

El coche giró hacia el hotel y yo seguí mirando por la ventana, con esa sensación extraña de estar yendo hacia algo sin saber todavía qué era.

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