Ella estaba muy enferma y paso su vida en hospitales, Pero reencarna como una hermosa mujer de cabello celeste, que solo quiere ser feliz.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Conde Vizoconti 3
Durante unos instantes, Aria no pensó en su vida anterior ni en la extraña manera en que había llegado a aquel mundo.
Solo se permitió disfrutar del calor de aquel abrazo.
Quizá no fuera su hermano de nacimiento.
Quizá jamás llegara a comprender del todo qué había sucedido.
Pero aquel hombre la estaba tratando con un cariño que no necesitaba explicaciones.
Y ella quería conservarlo.
Finalmente, el conde se apartó ligeramente para observarla.
—Ahora debes desayunar y descansar.
Aria asintió.
—Sí, hermano.
—Y si vuelves a tener una pesadilla, puedes llamarme.
Ella sonrió con dulzura.
—Lo haré.
El hombre se levantó y se dirigió hacia la puerta.
Antes de salir, volvió la cabeza.
—Ah, Aria.
—¿Sí?
—No tienes que preocuparte por los pretendientes. Me encargaré de que nadie te moleste.
La joven sintió una emoción tan intensa que estuvo a punto de llorar otra vez.
[¡¿Cómo es posible que exista un hermano tan maravilloso?!].
El conde sonrió.
—Descansa, mi pequeña.
Y salió de la habitación.
Cuando la puerta se cerró, Aria permaneció sentada en la cama durante varios segundos.
Después se dejó caer lentamente sobre las almohadas.
Luego observó las cortinas.
Finalmente, giró la cabeza hacia la ventana, donde los rayos del sol iluminaban los jardines de la mansión.
Estaba sola.
Por primera vez desde que había despertado en aquel cuerpo, estaba completamente sola.
Y podía pensar con tranquilidad.
Aria levantó ambas manos frente a su rostro.
Sus dedos eran delicados.
Su piel estaba sana.
No había marcas de agujas ni señales de tratamientos médicos.
Movió los hombros, estiró las piernas y respiró profundamente.
Su cuerpo respondió sin dificultad.
Una sonrisa comenzó a dibujarse en sus labios.
—Estoy viva...
Lo dijo en voz baja.
Después volvió a repetirlo, esta vez con mayor seguridad.
—Estoy viva.
Y, de pronto, se echó a reír.
No era una risa elegante.
Tampoco era la risa delicada que una dama de época debía ofrecer en un salón.
Era una risa espontánea, casi incrédula, nacida de una felicidad que llevaba veinte años esperando experimentar.
¡Estaba viva!
¡Tenía un cuerpo sano!
¡Vivía en una mansión!
¡Su hermano era un hombre cariñoso y aparentemente rico!
¡Y acababa de conseguir que suspendiera cualquier conversación sobre matrimonio!
Aria se incorporó de golpe.
—¡Esto es maravilloso!
Se detuvo.
Miró la puerta.
Después se llevó una mano a la boca.
[¡Cuidado! ¡No puedes gritar como una loca cada vez que te emocionas!].
Inspiró profundamente y volvió a sentarse con dignidad.
O, al menos, lo intentó.
Porque unos segundos después recordó algo todavía más importante.
La comida.
El desayuno que su hermano había prometido enviar.
Aria miró hacia la puerta con expectación.
[Espero que tengan pan recién horneado].
Pensó en los pasteles.
[¿Habrá tartas?].
Pensó en las frutas.
[¿Y fresas?].
Después recordó las imágenes de los mercados y sus enormes bandejas de quesos.
Sus ojos brillaron.
[¡QUESO!].
Se llevó las manos al pecho.
[¡Puedo comer queso! ¡Puedo comer pasteles! ¡Puedo probar todas las comidas que quiera!].
Por supuesto, no debía comportarse de manera descontrolada.
Era una señorita noble.
Tenía una reputación que proteger.
Y, además, todavía necesitaba descubrir cuáles eran las costumbres de aquella casa para no levantar sospechas.
Pero aquello no significaba que no pudiera disfrutar de su nueva vida.
Al contrario.
Tenía la intención de disfrutarla con todas sus fuerzas.
Durante veinte años había soñado con cosas que nunca pudo hacer.
Ahora tenía la oportunidad de realizarlas.
Quería pasear por los viñedos, conocer las ciudades del reino de Vagur, visitar los templos donde los magos estudiaban sus habilidades y descubrir si la magia era tan extraordinaria como parecía.
Quería probar los quesos de cada región.
Quería visitar las mejores pastelerías.
Quería tener vestidos hermosos, aunque no necesitara dos habitaciones para guardarlos.
[Quizá una habitación y media...].
Negó rápidamente con la cabeza.
[¡No! ¡No empieces a comportarte como la antigua Aria!].
Después sonrió.
En realidad, no necesitaba convertirse en una persona completamente distinta.
Podía disfrutar de los vestidos bonitos sin pasar horas preocupándose por su apariencia. Podía ser amable con los demás sin renunciar a sus propios deseos. Podía aceptar los regalos de su hermano sin utilizar su cariño para manipularlo.
Y podía vivir sin apresurarse a buscar un esposo.
Si algún día se enamoraba, lo consideraría.
Pero por el momento, tenía asuntos mucho más urgentes.
Por ejemplo, descubrir cómo funcionaba el sistema de magia de aquel mundo.
Y averiguar si los pasteles de la región eran tan deliciosos como parecían.
Aria se deslizó bajo las sábanas, abrazó una almohada y miró hacia la ventana con una sonrisa soñadora.
[Gracias].
No sabía a quién dirigía aquellas palabras.
Quizá al destino.
Quizá a algún dios de aquel mundo.
Quizá simplemente a la vida.
[Gracias por darme otra oportunidad].
Sus ojos se humedecieron ligeramente.
Esta vez, sin embargo, no lloró de tristeza.
Sonrió.
[La vida anterior me enseñó lo que significa no poder hacer las cosas que deseas. No voy a desperdiciar esta oportunidad].
Se acomodó entre las almohadas.
[Así que, querido destino, prepárate].
Su sonrisa se volvió cada vez más amplia.
[¡La señorita Aria Vizconti piensa disfrutar de su segunda vida!].
Y mientras una doncella se acercaba por el pasillo con una bandeja de desayuno, la nueva Aria comenzó a elaborar una lista mental de todas las cosas que quería hacer.
Visitar el jardín.
Conocer la biblioteca.
Probar el queso local.
Comprar un vestido nuevo, porque tampoco era necesario exagerar con la austeridad.
Y, por supuesto, aprender todo lo posible sobre la magia.
En cuanto al matrimonio...
Aria cerró los ojos y abrazó con más fuerza la almohada.
[Queridos pretendientes del reino de Vagur.. pueden esperar sentados].
Después de todo, había pasado veinte años esperando vivir.
No pensaba desperdiciar ni un solo día de su nueva vida buscando marido.
Que tierno