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Mi Querida Enemiga!

Mi Querida Enemiga!

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Atracción entre enemigos
Popularitas:530
Nilai: 5
nombre de autor: RealtiveRat

Un listón morado. Un brazalete rojo. Y una regla que ninguno debe romper.

​En la prestigiosa Academia Élite Amagi, la guerra entre chicos y chicas no es un juego: se dividen en pabellones opuestos, compiten por cada rincón del campus y nadie se atreve a cruzar "La Línea Roja".

​Al frente de esta rivalidad están Aoi Kisaragi, la implacable y elegante presidenta de las chicas, y Ren Kageyama, el imponente y serio líder de los chicos. Para todos en el colegio, son rivales acérrimos que no se pueden ni ver.

​Pero detrás de su mirada fría y su postura inquebrantable, Ren guarda el secreto más peligroso de la academia: lleva más de un año perdidamente enamorado de Aoi.

​¿Qué pasará cuando un encuentro fortuito a solas amenace con sacar a la luz su secreto? En un internado donde amar al enemigo es una traición, mantener las apariencias será su batalla más difícil.

NovelToon tiene autorización de RealtiveRat para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

De Vuelta a la Normalidad

La mañana posterior al gran festival de la Academia Élite Amagi se sintió como el día después de una catástrofe nuclear. Los pasillos, que usualmente resonaban con los pasos ordenados y los reportes académicos de los prefectos, estaban cubiertos de restos de papel picado, carteles caídos de la obra y latas vacías de refrescos. Los alumnos caminaban con ojeras de mapache, comentando en grupos pequeños el legendario plot twist de los eSports que había revolucionado el auditorio la noche anterior.

En el despacho del consejo estudiantil del Pabellón Blanco, sin embargo, el ambiente era gélido.

Aoi Kisaragi estaba sentada frente a su escritorio con la espalda recta como una regla de acero, revisando un informe de gastos con una velocidad que asustaba. Tenía los ojos ligeramente cansados, pero la mirada brillaba con una furia silenciosa. Cada vez que pasaba una hoja, el papel crujía como si estuviera a punto de romperse en pedazos.

—Presidenta... umm, ¿está segura de que no quiere descansar un rato? Ayer la función fue un éxito rotundo, los directores nos felicitaron por correo electrónico tres veces y... —comenzó Hana, asomando la cabeza con cautela por la puerta abierta, sosteniendo una taza de té tibio.

Aoi detuvo el bolígrafo en seco. Levantó la vista y clavó sus ojos azul claro en su amiga con tanta intensidad que Hana dio un paso instintivo hacia atrás.

—Hana. Si vuelves a pronunciar la palabra "éxito", "obra" o mencionas siquiera de manera indirecta a los simios del Pabellón Negro, te juro que te asignaré limpiar los archivos muertos del sótano hasta que te gradúes en la universidad —sesgó Aoi con voz de ultratumba.

—O-entendido. Cero menciones al circo gamer. Entendido y anotado —respondió Hana levantando las manos en señal de rendición y desapareciendo del dintel de la puerta a la velocidad de la luz.

Aoi exhaló un suspiro largo y pesado, apoyando la frente contra los nudillos de su mano. Lo que más le indignaba no era el caos del festival, ni siquiera el hecho de que su dicción clásica hubiera terminado compitiendo con efectos de sonido de videojuegos. Lo que le revuelve el estómago era el maldito recuerdo de haber tenido que actuar con naturalidad, sonreír frente a las cámaras y pretender, aunque fuera por guion, que podía tolerar la presencia de Ren Kageyama.

(Me da náuseas solo recordarlo...), pensó Aoi apretando los dientes con rabia. (Tuve que mirarlo a los ojos y decir las líneas del libreto como si no fuera el ser más irritante de este planeta. Jamás... ¡jamás volveré a bajar la guardia con ese idiota!)

Mientras tanto, al otro lado del patio central, en la guarida del Pabellón Negro, las cosas eran completamente distintas.

Ren estaba sentado en el respaldar de un sillón viejo de la sala de reuniones, dando vueltas a una pequeña llave de tuercas entre sus dedos con una sonrisa de oreja a oreja. A su alrededor, Daichi revisaba métricas en su tableta y Kenji presumía las estadísticas de visualización que había alcanzado el video de la obra en las redes sociales del internado.

—Oye, jefe, tengo que admitir que la jugada del acto final estuvo épica —comentó Kenji dándole un codazo amistoso a Ren—. ¡Vio la cara que puso la presidenta Kisaragi cuando le apareció el menú de selección de personajes? ¡Casi le da un derrame cerebral en vivo para todo el colegio!

Ren soltó una carcajada corta, recordando la expresión de absoluta incredulidad que Aoi había puesto en el escenario antes de darle el empujón.

—Fue una obra maestra, no lo niego —admitió Ren, dejando la llave de tuercas sobre la mesa—. Pero lo mejor no fue el show, Kenji. Lo mejor es ver cómo intenta mantener esa fachada de chica intocable cuando sé perfectamente que la volví loca de los nervios.

—No te confíes, Kageyama —intervino Daichi sin levantar la vista de su pantalla, ajustándose los anteojos con frialdad—. Los registros históricos de la conducta de Kisaragi indican que, tras una humillación pública de esta magnitud, su nivel de agresividad contra nuestro pabellón va a aumentar en un trescientos por ciento. Prepárate para una contraofensiva.

—Que lo intente. Justo eso es lo que hace que las semanas aquí no sean aburridas —respondió Ren con una sonrisa retadora, poniéndose de pie y acomodándose el pañuelo rojo en el brazo.

Decidido a comprobar la teoría de su estratega de inmediato, Ren salió al pasillo principal del ala norte, justo en el momento en que Aoi venía cruzando con su carpeta de reportes bajo el brazo, caminando a paso firme hacia la dirección.

Los dos se encontraron en medio del corredor vacío.

El aire pareció volverse pesado de inmediato. Aoi se detuvo en seco, y sus ojos se estrecharon hasta convertirse en dos rendijas de hielo puro al ver quién estaba parado frente a su camino. Ren, por su parte, frenó con una sonrisa descarada en los labios, bloqueándole el paso intencionalmente.

—Vaya, vaya. Si es la máxima autoridad del buen gusto literario —saludó Ren con tono burlón, cruzándose de brazos—. Buenos días, alteza. ¿Durmió bien o las pesadillas con los eSports no la dejaron pegar los ojos anoche?

Aoi sintió que la sangre le hervía a presión en las venas. Sus nudillos se volvieron blancos de la fuerza con la que agarraba la carpeta.

—Apártate de mi camino, Kageyama —siseó Aoi con una voz tan peligrosa que asustaría a un oso pardomontañés—. Tienes exactamente dos segundos antes de que use esta carpeta de metal para reescribir tu árbol genealógico a golpes.

—Oye, qué genio matutino. Solo quería saludar a mi compañera estelar de la obra —bromeó Ren, inclinándose un poco para verla de cerca, disfrutando demasiado de la reacción—. Digo, después de la química tan brutal que demostramos en el escenario, pensé que podríamos...

—¡¡TE ODIO!! —estalló Aoi perdiendo el control por completo, dándole un empujón con ambas manos en el pecho que hizo retroceder a Ren dos pasos hacia atrás—. ¡Te detesto con cada célula de mi maldito cuerpo! ¡Largo de mi vista, imbécil!

Aoi pasó de largo a toda velocidad, dejándolo plantado en el pasillo con una estela de furia y perfume floral a su paso.

Ren se quedó con una sonrisa de medio lado, sacudiéndose el suéter donde lo había empujado, sintiendo que el asado de la rivalidad escolar volvía a encenderse con la mejor leña posible.

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