Isabella Mondragón es una joven que, en su primera vida, crece sin el cariño suficiente de su padre y se enamora de un duque joven y atento. Por descuido y traiciones en la corte, su vida termina trágicamente; su padre, desesperado, usa un hechizo prohibido para retroceder en el tiempo y tratar de salvarla, pagando un precio alto por ese poder. Gracias a ese retroceso, Isabella vuelve nueve años atrás: recupera una edad distinta y la oportunidad de rehacer su destino sin que todos sepan lo ocurrido en su anterior vida.....
NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 09
Isabella y Mateo se reconcilian tras una dura discusión.
El bosque que rodeaba el campamento estaba sumido en un silencio sepulcral, roto únicamente por el crujido de la escarcha bajo las botas de Isabella. Se había alejado tanto que las luces de las antorchas eran apenas puntos distantes. Su respiración formaba pequeñas nubes blancas en el aire gélido, pero por dentro, Isabella sentía que se quemaba. El Fuego Supremo y el Hielo Supremo luchaban en su interior, una manifestación física de su agitación emocional.
—¡Isabella! ¡Detente, por favor! —la voz de Mateo resonó entre los árboles, cargada de una angustia que ella rara vez le había escuchado.
Ella se giró bruscamente. Sus ojos brillaban con una intensidad eléctrica, reflejo del don de los Rayos que amenazaba con desbordarse.
—¿Para qué, Mateo? ¿Para que me digas que debo calmarme? ¿Para que me hables de "deber" y "lealtad" hacia un hombre que permitió que mi madre fuera cazada como un animal? —su voz se quebró en un sollozo seco—. Toda mi vida me sentí incompleta, preguntándome por qué mi madre no fue lo suficientemente fuerte para sobrevivir a mi nacimiento. ¡Y resulta que fue asesinada por la espalda por la política de este imperio podrido!
Mateo se detuvo a unos metros, manteniendo las manos a la vista, como si tratara de calmar a una criatura herida.
—No iba a decirte nada de eso. No defiendo al Emperador, Isabella. Mi lealtad no es hacia un trono manchado de sangre, es hacia ti. Desde que éramos niños y te vi por primera vez practicar con tu padre, supe que tu destino era más grande que cualquier corona.
—¡No mientas! —gritó ella, y un estallido de viento derribó varias ramas a su alrededor—. Tú eres un BlackRaven. Tu familia ha sido la espada del emperador por generaciones. Si yo decido que este imperio no merece mi protección, si decido que el Norte tiene derecho a reclamar lo que Mario Cylrus robó... ¿qué harás tú? ¿Me pondrás la guillotina de nuevo?
Esa última frase escapó de sus labios antes de que pudiera filtrarla. Mateo frunció el ceño, confundido por la referencia a la guillotina, pero detectó el terror genuino en su mirada.
—¿De qué estás hablando? ¿De nuevo? Isabella, mírame —él dio un paso firme, ignorando la electricidad que erizaba el vello de sus brazos—. No sé qué pesadillas te atormentan o por qué hablas como si ya hubieras vivido mil tragedias, pero sé quién soy yo. Soy Mateo. El chico que te ayudaba a esconderte de las lecciones de etiqueta. El hombre que daría su vida para que tú pudieras tener un solo día de paz. Si decides darle la espalda al emperador, yo seré tu sombra. Si decides marchar hacia el Norte, yo abriré el camino. Pero no me apartes, no me dejes fuera de tu dolor.
Isabella sintió que la fuerza la abandonaba. El frío de su magia de hielo comenzó a retraerse, dejando paso a una vulnerabilidad humana y cruda. Se dejó caer de rodillas sobre la nieve, cubriéndose el rostro con las manos.
—Es demasiado peso, Mateo... Siento que si amo a alguien, si confío en alguien, el destino se encargará de arrebatármelo para castigarme. Mi madre murió por mí. Mi padre vive con una culpa que lo carcome. Y yo... yo solo quiero proteger a Vladislav. No quiero que mi hermano crezca en un mundo donde su hermana es una asesina o una traidora.
Mateo se arrodilló frente a ella y, esta vez, la envolvió en sus brazos con una firmeza inquebrantable. Isabella se resistió un segundo, pero luego se aferró a él, hundiendo el rostro en su hombro, permitiendo que las lágrimas fluyeran finalmente. El calor de Mateo no era mágico; era humano, real y reconfortante.
—No eres una traidora por querer la verdad —susurró Mateo, acariciando su cabello oscuro—. Y no estás sola en esto. Tu padre, Viktor, te ama más que a su propia vida. Elisa te ve como a su propia hija. Y yo... Isabella, yo te amo desde antes de entender qué significaba esa palabra. No eres un puente entre dos mundos, eres el mundo entero para mí.
Isabella levantó la vista, encontrando los ojos oscuros de Mateo. En ellos no había sombra de engaño, solo una devoción pura que la hizo sentirse, por primera vez en dos vidas, verdaderamente a salvo.
—¿Incluso si el mundo entero se pone en nuestra contra? —preguntó ella en un susurro.
—Especialmente entonces —respondió él.
Mateo acortó la distancia y la besó. Fue un beso que sabía a despedida y a promesa al mismo tiempo, un contacto que selló su unión más allá de los títulos y las guerras. En ese momento, bajo la luz plateada de la luna y rodeados por la nieve que Isabella había invocado inconscientemente, el vínculo entre la heredera de los Mondragón y el general de los BlackRaven se volvió irrompible.
Se quedaron así un largo tiempo, compartiendo el calor en medio del invierno. El miedo a la guillotina, la sombra del emperador y el secreto de su madre seguían allí, pero ya no eran muros. Eran obstáculos que enfrentarían juntos.
Un momento romántico fortalece su vínculo antes de otra batalla.