NovelToon NovelToon
El Dulce Aroma Del Peligro

El Dulce Aroma Del Peligro

Status: Terminada
Genre:Romance / Omegaverse / Fantasía LGBT / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞El Alfa se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio personal de Cass. El olor a roble y romero se volvió tan fuerte que Cass sintió un mareo súbito. El Alfa inhaló profundamente, llenando sus pulmones con el aroma a miel y café del Omega. Una atracción peligrosa, pero predestinado.🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Está mal

El aire dentro de la mansión de Danilo se volvió gélido, pero no era por el clima. Era una presión atmosférica que solo un Alfa al borde de la locura podía generar. Cass, encerrado en su habitación de paredes frías, lo sintió primero. No fue un sonido, fue una vibración en sus huesos. El lazo en su cuello, que hasta hace unos minutos se sentía frío y apagado, de repente se encendió como un cable de alta tensión. El aroma a roble y romero golpeó las paredes externas de la casa con tal fuerza que el muchacho pudo saborear la madera en su propia lengua.

—Ya está aquí —susurró el joven, poniéndose de pie con una energía que no sabía que tenía.

Afuera, el estruendo fue ensordecedor. No hubo advertencias ni negociaciones. Kenny no llamó a la puerta; simplemente la borró del mapa. El sonido del metal retorciéndose y el motor de su camioneta rugiendo mientras atravesaba el gran salón de la entrada llegó hasta los oídos de Cass. El Alfa había llegado como un huracán de venganza, y no venía solo.

En el pasillo, Cass escuchó los gritos de los hombres de Danilo y el sonido seco de los disparos. Pero por encima de todo el ruido, lo que dominaba era el olor. El jengibre y el ciprés de Danilo estaban luchando desesperadamente por mantener su territorio, pero el roble de Kenny era como un incendio que lo consumía todo a su paso. Era un aroma rudo, cargado de una rabia posesiva que hacía que incluso Cass, a través de las paredes, se sintiera pequeño y reclamado.

De repente, la puerta de su habitación se abrió de golpe. No era Kenny. Era Danilo, con el rostro desencajado y un arma en la mano. Su aroma a jengibre ahora olía a miedo podrido.

—¡Muévete! —gritó Danilo, agarrando a Cass del brazo con una fuerza que le dejó marcas instantáneas en la piel—. Si ese animal cree que puede entrar en mi casa y salir con vida, está muy equivocado. Te vas conmigo al sótano. Vamos a ver si sigue siendo tan valiente cuando tenga que elegir entre tu vida y la de tu preciado Beta.

Cass intentó resistirse, clavando los talones en el suelo, pero Danilo lo arrastró por el pasillo. Mientras bajaban las escaleras hacia la oscuridad del sótano, el Omega sintió a Kenny. Estaba cerca. Tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo a través del lazo.

—¡Kenny! —gritó Cass con todas sus fuerzas, su voz rompiéndose por la desesperación.

—¡Cállate! —Danilo lo empujó hacia una habitación subterránea iluminada por una sola bombilla que parpadeaba.

En el rincón, atado a una silla y con una venda en los ojos, estaba Santi. Estaba drogado, pálido y temblaba, pero seguía vivo. Camilo sintió un alivio inmenso mezclado con un terror paralizante. Danilo se colocó detrás del Omega, sujetándolo por el cuello y apuntando con el arma hacia la puerta.

—¡Entra, Kenny! —gritó Danilo hacia la oscuridad del pasillo—. ¡Sé que estás ahí! ¡Entra y mira cómo termina tu pequeña fantasía!

El silencio que siguió fue más aterrador que los disparos. Entonces, unos pasos lentos y pesados resonaron en el cemento del sótano. Kenny apareció en el umbral, y la imagen hizo que Cass soltara un sollozo.

Kenny estaba cubierto de polvo y sangre, pero no parecía humano. Sus ojos eran dos brasas ardientes, totalmente negros, entregados al instinto del Alfa. Su aroma a roble era tan denso que casi se podía ver en el aire, una neblina de feromonas que hacía que el jengibre de Danilo pareciera una broma pesada. El Alfa no miró a Danilo; sus ojos estaban fijos en la marca del cuello de Cass y en la mano de Danilo que lo sujetaba.

—Suéltalo —la voz de Kenny no era una voz, era un rugido que vibró en el pecho de todos los presentes.

—¿O si no qué? —desafió Danilo, apretando el arma contra la sien del joven —. Da un paso más y el suelo se llenará de miel y sangre. Elige, Kenny. ¿Salvas al Omega o salvas al amigo? No tienes tiempo para los dos.

Kenny soltó una risa ronca, un sonido diabólico que hizo que Danilo temblara.

—No tengo que elegir —dijo Kenny, su voz cargada de una seguridad aterradora—. Porque tú ya estás muerto, Danilo. Solo que todavía no te has dado cuenta.

En un movimiento antinatural, Kenny no disparó a Danilo. Disparó a la bombilla del techo, sumergiendo el sótano en una oscuridad absoluta. Cass sintió el caos de inmediato. Escuchó un grito de dolor, el sonido de un cuerpo chocando contra la pared y el aroma a jengibre siendo sofocado por una explosión de roble fresco.

Cass sintió que unos brazos fuertes y conocidos lo envolvían en medio de la negrura. El calor era instantáneo, el olor a roble y romero lo inundó, borrando todo el miedo y la suciedad que Danilo había dejado en él.

—Te tengo —susurró la voz de Kenny en su oído. No era una orden, era una promesa cumplida.

Kenny lo levantó en brazos, pero Cass se aferró a su camiseta.

—¡Santi! ¡Tenemos que sacar a Santi! —gritó Cass.

Kenny no respondió con palabras. Con una mano sujetaba a Cass y con la otra usó un cuchillo para cortar las cuerdas de Santi en la oscuridad. El Beta, aturdido y llorando, fue empujado por Kenny hacia la salida mientras él mantenía su cuerpo como un escudo humano para proteger a ambos.

Salieron del sótano justo cuando la mansión empezaba a arder por los explosivos que los hombres de Kenny habían colocado. El cielo nocturno estaba teñido de naranja y rojo. Kenny llevó a Css hasta la camioneta y lo depositó en el asiento del copiloto con una delicadeza que contrastaba con la carnicería que acababa de provocar.

Se tomó un segundo para mirar al joven a los ojos. El Alfa estiró la mano y tocó la marca en el cuello del Omega, comprobando que seguía allí, que seguía siendo suya.

—Te dije que nadie me quita lo que es mío —dijo Kenny, su respiración todavía agitada.

Cass, con las lágrimas corriendo por sus mejillas pero con una sonrisa diabólica, lo tomó por el cuello de la chaqueta y lo atrajo para un beso rudo, desesperado, que sabía a humo, a metal y a una victoria sangrienta. En ese momento, al muchacho no le importaba que su vida fuera una locura, no le importaba que Santi estuviera en shock en el asiento de atrás, ni que la policía estuviera en camino.

—Me encantas—susurró Cass contra los labios de Kenny—. Amo cómo destruyes el mundo por mí.

Kenny cerró la puerta y rodeó el vehículo para subir al asiento del conductor. Mientras aceleraba lejos de la mansión en llamas, el lazo entre ellos vibraba con una fuerza nueva, una unión que ya no era solo biológica, sino forjada en el fuego de una guerra que habían ganado juntos.

"Está mal", pensó Cass mientras veía el reflejo del incendio en el espejo. "Es una mierda total. Es una locura". Pero mientras inhalaba el aroma de su Alfa, supo que no cambiaría ese desastre por nada del mundo.

1
Erika Peña
muy buena me gustó la trama
corta pero muuuuyyyy sustanciosa como dice el dicho
Skay P.: ¡Gracias, cielito!😘👆
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Pues si las cosas salen mal que sea responsable y no se queje
Maru19 Sevilla: Muchas gracias, ya la estoy disfrutando 🥰🥰🥰🥰
total 2 replies
Maru19 Sevilla
Promete ser muy interesante 👏👏👏
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play