Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 13
El auto avanzaba en silencio.
Pero no era el mismo silencio de siempre.
Este…
Era distinto.
Más pesado.
Más incómodo.
Más real.
Elena miraba por la ventana.
Sin hablar.
Sin moverse.
Sin reaccionar.
Leonardo estaba a su lado.
También en silencio.
Pero atento.
Demasiado atento.
No le preguntó nada.
No explicó nada.
No intentó justificar lo que había pasado.
Y eso…
Confirmó todo.
Cuando el auto se detuvo frente a la mansión, Elena bajó primero.
Sin esperarlo.
Sin mirarlo.
Sin decir una sola palabra.
Entró.
Caminó.
Subió las escaleras.
Y desapareció en su habitación.
Como si él…
No existiera.
Y eso…
Eso fue nuevo.
Porque antes, aunque fuera poco…
Ella reaccionaba.
Miraba.
Respondía.
Ahora no.
Ahora…
Era silencio.
Frío.
Distante.
Igual que él.
Pero diferente.
Porque el de ella…
Dolía.
Esa noche no cenaron juntos.
Ni siquiera coincidieron.
Leonardo se quedó en su oficina.
Trabajando.
O intentando hacerlo.
Pero no funcionaba.
Porque su mente…
No estaba en los números.
Estaba en ella.
En cómo lo había mirado.
En cómo se había ido.
En lo que dijo.
“La escena ya está hecha.”
Esa frase seguía ahí.
Repetida.
Molesta.
Y lo peor…
Era que tenía razón.
Leonardo cerró el archivo frente a él.
Se apoyó en la silla.
Y exhaló lento.
No estaba acostumbrado a eso.
A tener que explicar.
A tener que pensar en alguien más.
A sentir que algo…
No estaba bajo su control.
Y eso…
Le resultaba incómodo.
Mucho.
Al día siguiente…
Elena no bajó a desayunar.
Marta fue quien lo mencionó.
—La señora pidió que le suban el desayuno.
Leonardo no respondió.
Pero lo registró.
Pequeño cambio.
El segundo día…
Tampoco.
El tercero…
Igual.
Elena ya no recorría la casa.
No caminaba.
No esperaba.
Se quedaba en su habitación.
Salía lo justo.
Hablaba lo necesario.
Y en los eventos…
Era perfecta.
Más que antes.
Sonreía.
Acompañaba.
Respondía.
Sin fallas.
Sin emoción.
Sin nada.
Exactamente…
Como él quería.
Y eso…
Era el problema.
—Estás distante.
La voz de Leonardo llegó una noche, cuando regresaban de otro evento.
Elena no giró.
—Estoy cumpliendo.
—No es lo mismo.
Eso la hizo mirarlo.
Por primera vez en días.
—Es exactamente lo que pediste.
Silencio.
—No.
Respuesta corta.
Pero diferente.
Elena lo observó.
—Entonces no entendí el contrato.
—No es eso.
—¿Entonces qué?
Silencio.
Leonardo no respondió de inmediato.
Y eso…
Eso no era normal en él.
Elena volvió la mirada hacia la ventana.
—No importa.
Y ahí…
Ahí estuvo el golpe.
Porque antes…
Ella preguntaba.
Insistía.
Buscaba.
Ahora no.
Ahora…
No le importaba.
Esa noche, cuando llegaron a la casa…
Volvió a pasar.
Ella subió.
Sin mirar atrás.
Sin esperar.
Sin nada.
Leonardo se quedó en el living.
De pie.
Mirando la escalera.
Pensando.
Algo no encajaba.
Esto…
No era lo que esperaba.
No era lo que había planeado.
Porque el contrato decía:
✔ una esposa discreta
✔ una presencia correcta
✔ una imagen perfecta
Y eso era exactamente lo que tenía.
Pero aún así…
No era suficiente.
Arriba…
Elena se sentó en la cama.
En silencio.
No lloró.
No pensó demasiado.
No sintió.
O al menos…
Eso intentaba.
Porque lo que había visto…
Lo había dejado claro.
No era especial.
No era importante.
No era diferente.
Era…
reemplazable.
Y eso…
Lo cambiaba todo.
Esa noche, antes de dormir…
Una decisión se formó en su mente.
Clara.
Fría.
Definitiva.
No iba a sentir nada por él.
No otra vez.
No por alguien que ni siquiera la veía.
Mientras tanto…
Abajo…
Leonardo seguía despierto.
Mirando su teléfono.
Sin usarlo.
Pensando.
Porque por primera vez…
El silencio en esa casa…
Ya no era cómodo.
Era…
un problema.