Yo solo iba a entregar flores a la iglesia de San Gennaro.
No sabía que el ramo escondía un micrófono.
Ni que el hombre que me sonrió desde el altar era el Capo de Nápoles.
Ni que esa sonrisa sería lo último inocente que vería en mi vida.
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Cuando esto acabe nos casamos.
Enzo Rinaldi.
Entonces que corran las 23 horas.
Porque Don Greco cree que viene a matar a una florista de 19 años.
Se va a encontrar con la Donna Rinaldi_y con toda Sicilia esperándolo.
23:00 horas para el infierno. Villa Rinaldi se convierte en fortaleza
_Enzo no perdió ni un segundo.
> Hora 1: Tomás en el teléfono. "Palermo, contesta. Le debes la vida a Don Enzo. Se cobra hoy."
> Hora 2: Carmine abre el armero. El real. El que ni Sofía conocía. Fusiles, granadas, chalecos.
> Hora 3: Enzo lleva a Vittoria al campo de tiro. Le pone una Glock 19 en las manos.
> Enzo. No cierras los ojos —ordena—. No dudas. Disparas al pecho. Dos veces. Como te enseñé.
Ella dispara. Falla. Dispara. Acierta. Dispara. No falla más.
> Hora 8: Llegan los primeros coches. No son Greco. Son aliados.
Los Vitelli de Palermo. Los Mancini de Catania. Hombres que le deben la vida a Il Lupo.
30 hombres armados hasta los dientes rodeando los limoneros.
> Hora 12: Zia Carmela no cocina. Carga escopetas. "En mi cocina no entra nadie", escupe, con un Rosario en una mano y una Benelli en la otra.
> Hora 18:Enzo y Vittoria en el techo. Él con un Barrett. Ella con binoculares.
> Enzo¿Miedo? —pregunta él.
> Vittoria. No—miente ella. Luego sonríe—. Bueno, sí. Pero más rabia.
Él le besa la sien. —La rabia es buena. Te mantiene viva. Vittoria baja un momento.
> Hora 22: Villa Rinaldi ya no es una casa. Es una trinchera.
Luces apagadas. Hombres en posición. Los limoneros llenos de francotiradores.
Enzo baja. Busca a Vittoria. La encuentra en su habitación. Poníendose un chaleco antibalas. Le queda grande.
> Enzo. Vittoria Caruzzo —dice, apoyándose en el marco.
> Vittoria. ¿Qué?
> Enzo. Cuando esto acabe, nos casamos —no es pregunta. Es hecho—. Por iglesia. Con limones en el altar. Para que Sicilia entera se trague tu apellido.
Ella se gira. Chaleco puesto. Glock al cinto. Pelo recogido.
> Vittoria. Cuando esto acabe, Rinaldi —dice, caminando hacia él—, te digo que sí.
Lo besa. Corto. Duro. A pólvora y a promesa.
Hora 23:59:
Tomás susurra por radio: "Luces en el camino. Son ellos."
Enzo se pone al frente. En las escaleras. Donde recibió a Sofia hace 12 horas.
Vittoria a su lado. No detrás. No escondida. Al lado.
> Enzo. Greco quiere una florista —dice Enzo, amartillando—. Le vamos a dar una Donna.
Vittoria amartilla también.
Y los faros de 40 coches iluminan Villa Rinaldi.
La guerra llegó._
Lo que viene ahora...
...Vittoria dispara
Ya no es la chica que fallaba. Esta noche aprieta el gatillo. Y Enzo la ve. Y se enamora otra vez.
Mientras Greco ni cuenta sé ha dado de la ausencia de su única hija... Sofia no está con su padre.
Se quedó en Palermo. Porque le dio el plan a Vittoria. Porque eligió. Y Don Greco no lo sabe aún.
Y Enzo había hecho una propuesta...
Él no pide. Decreta. Porque si van a morir, mueren con anillo. Y si viven, Sicilia la llama Donna Rinaldi, desde mañana.
Don Greco se baja del primer coche. Ve la casa llena de hombres. Ve a Enzo. Y ve a Vittoria.
Con chaleco. Con arma. Con los ojos de una Rinaldi.
Y entiende que no vino a matar a una chica.
Vino a matar a una dinastía.
Los hombres de Greco dicen...
¿Disparamos? Porque la hora cero llegó. Y los limoneros van a beber algo más que agua esta noche.
Y entonces Sicilia ardió.
23:59 se volvió medianoche.
Y la medianoche se volvió pólvora.
_Don Greco no habló.
Levantó la mano buena. La izquierda. La que sangro con aquel anillo de puntas.
Y la bajó.
Fue la señal.
Cuarenta fusiles escupieron fuego a la vez.
La fachada de Villa Rinaldi desapareció bajo una lluvia de plomo. Mármol, vidrio, estuco de 200 años. Todo saltó en pedazos. Los limoneros más jóvenes cayeron como soldados.
> Enzo ¡ABAJO! —gritó Enzo, tirando a Vittoria al suelo de las escaleras.
Le cayó encima. Tapándola con su cuerpo. Con su chaleco. Con sus años de guerra. Las balas pasaban silbando sobre ellos, arrancando trozos de columna.
Tomás devolvió el fuego desde el tejado. "¡FUEGO LIBRE!" Su voz por la radio.
Treinta Rinaldi respondieron. Los Vitelli. Los Mancini.
Villa Rinaldi escupió muerte de vuelta.
Vittoria se arrastró. Con las manos tapándose los oídos. El ruido era Dios. Era infierno.
> Enzo. ¡Quédate aquí! —le gritó.
> —¡No! —gritó ella de vuelta, amartillando la Glock—. ¡Al lado!
Se asomó por la barandilla rota. Apuntó. Recordó: No cierras los ojos. Dos al pecho.
Disparó.
Un Greco cayó.
Enzo la vio. En medio del infierno, con el pelo lleno de polvo, con la cara manchada, matando por él.
Y no supo si besarla o gritarle.
Marco Alessi corrió por el jardín. Con una escopeta. Gritando el nombre de Vittoria.
Carmine salió de la cocina. Zia Carmela detrás.
—¡En mi casa no! —gritó la vieja, y descargó la Benelli.
Marco se tiró al suelo. Vivo. Por poco.
Lanzagranadas.
Un estallido tiró la mitad del balcón. Enzo y Vittoria rodaron escaleras abajo, entre escombros.
Él se levantó primero. Sangrando de la ceja. La de siempre. La de la primera cicatriz.
La agarró. La revisó.
> Enzo.¿Estás bien? ¡¿Estás bien?!
> —¡Sí! —mintió ella, con un corte en el brazo—. ¡Sigue!
El aire olía a sangre, a quemado, a limón reventado.
Hombres caían en los dos bandos. Gritos. Órdenes. Radio saturada.
Don Greco, detrás de un coche, recargando con la mano izquierda, con la cara desfigurada por la rabia.
—¡RINALDI! —bramó—. ¡TE VOY A ENTERRAR CON ELLA!
Enzo se asomó. Disparó. Le voló el espejo retrovisor al lado de la cabeza de Greco.
—¡VEN POR MÍ, VIEJO! —respondió.
Minuto 10
Y entonces. Paró.
No de golpe. Fue como si la guerra se quedara sin aire.
Un cargador vacío aquí. Un hombre recargando allá.
Un segundo de silencio que duró una eternidad.
El humo subía. Los limoneros ardían. Los oídos pitaban.
Enzo agarró a Vittoria. La pegó a la pared.
> Enzo. No te muevas —susurró. Tenía sangre en los dientes.
En ese silencio absoluto, se oyó.
Clink. Metálico. Pequeño. Final.
Una granada.
Rodando.
Despacio.
Por la grava del jardín.
Directo hacia el grupo de Greco.
Don Greco la vio. Marco la vio. Benedetto la vio.
Tiempo se detuvo.
Don Greco miró a Enzo. A veinte metros. Enzo miró a Don Greco.
Y en ese segundo, antes del estallido, antes de la muerte, no eran Don.
Eran dos hombres. Dos animales salvajes por la rabia, entendiendo que la guerra se los comió a todos.
Vittoria cerró los ojos. Se enterró en el pecho de Enzo.
_BOOM._
El mundo se volvió blanco.
Después negro.
Después silencio.
Más silencio que antes.
El de después...
¿Quién lanzó la granada?
¿Tommaso? ¿Un Vitelli? ¿Carmine? Da igual. Cambió la guerra.
El silencio es peor que los tiros
Porque en el silencio cuentas los muertos. Porque en el silencio oyes si ella respira.
Don Greco y Enzo se miraron
Un segundo de humanidad antes de que todo volara. Porque ambos saben que ya perdieron. Aunque ganen.
El humo baja.
Enzo tose. Tiene a Vittoria debajo.
> Enzo. ¿Amore? —susurra, buscándole la cara entre el polvo—. ¿Amore mio, estás?
Ella no contesta.
Por un segundo, a Il Lupo se le para el corazón.
Hasta que la siente. Temblando. Viva.
> Vittoria. Aquí —susurra ella—. Aquí estoy.
Y en el jardín, entre cuerpos, Don Greco se levanta. Cojeando. Quemado. Vivo.
> Y ve a Marco en el suelo. No se mueve.
La guerra le acaba de costar un hijo, el lo crío como hijo, sabe que ese niño al que moldeo a sangre y pólvora ya no se mueve, ya no respira.
Pero Don Greco sigue de pie.
Y Enzo sigue teniendo a Vittoria en brazos.
La noche aún es joven. Y Sicilia aún sangra.
Mis queridos lectores les traigo un nueva novela, donde el amor pasa por muchos estados, y la mafia siempre quiere imponer, les agradezco de antemano, sus me gusta, sus regalos, sus comentarios, que otra mi es importante. 🥰