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Enamorada De Un Zorro

Enamorada De Un Zorro

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Demonios / Mundo de fantasía / Polos opuestos enfrentados
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Marceth S.S

Lolo siempre ha creído que los mitos pertenecen a los libros… hasta que regresa al valle de su infancia y descubre que el bosque esconde secretos que nadie quiere nombrar.

Entre leyendas de kitsune, advertencias silenciosas y una familia que parece saber más de lo que dice, Lolo se adentra en un mundo donde lo sobrenatural no solo existe, sino que observa, espera… y recuerda.

Cuando conoce a un ser tan hermoso como peligroso, Lolo deberá decidir si está dispuesta a confiar en alguien que no pertenece al mundo humano. Porque amar a un zorro no es solo un riesgo para el corazón, sino una amenaza para todo lo que cree conocer.

NovelToon tiene autorización de Marceth S.S para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 11: Sangre Real

—Es un Oni —respondió Evan, tensando cada músculo de su cuerpo—. Son una clase de Yokai similares a ogros que roban las almas de los inocentes y custodian las puertas del infierno.

¿Un Oni? ¿Qué sigue ahora? ¿Un oso demonio volador gigante con ametralladoras? ¡Venga ya! El universo no me estaba dando un respiro, y por la forma en que el Oni rugía fuera de la barrera, supe que aquel escudo de luz no duraría para siempre.

—De seguro viene por el medallón —sentenció el abuelo con una voz que ya no temblaba. Con una parsimonia que me dejó helada, empezó a desenrollar las vendas que siempre cubrían sus manos y antebrazos, revelando una piel marcada por tatuajes de sellos antiguos que empezaron a brillar con una luz mortecina. Miró a Evan con una complicidad que no esperaba—. ¿Estás listo, muchacho?

—Viejo, ¿estás seguro de querer quedarte? Esto no va a ser una pelea limpia —Evan le sonrió, pero era una sonrisa de guerrero, una que mostraba sus colmillos empezando a asomar.

—Este viejo aún tiene un par de trucos bajo la manga —respondió el abuelo, irguiendo la espalda como si se hubiera quitado décadas de encima en un segundo.

Fuera de la barrera, el Oni soltó una carcajada que hizo que los cristales del templo vibraran.

—¡Ya me estoy cansando de este juego de niños! —rugió la bestia. Alzó su garrote de hierro tachonado hacia el cielo oscuro. Como si respondieran a su llamado, una serie de rayos negros surcaron las nubes y cayeron directamente sobre la barrera del templo.

El estruendo fue ensordecedor. Vi con horror cómo las runas de luz empezaban a agrietarse como cristal herido. El Oni no perdió tiempo, desenfundó su katana gigante, una hoja negra que parecía absorber la poca luz que quedaba, y la clavó con toda su fuerza en la fisura del escudo.

Un resplandor cegador nos obligó a cubrirnos los ojos. El aire se llenó de un olor a ceniza. Cuando pude volver a abrir los ojos, el corazón se me cayó a los pies, la barrera había desaparecido. Ya no había nada que nos separara de los miles de espectros que esperaban en el cielo.

—¡A por la sangre de Diosa! —gritó el Oni.

Las sombras empezaron a descender como una lluvia de brea. En un parpadeo, mis defensores se transformaron. Yune soltó un rugido que hizo eco en las montañas y se convirtió en el imponente Bakeneko, sus garras destellando en naranja. Evan desplegó sus nueve colas de plata, que ondularon como llamas vivas, mientras sus orejas y colmillos aparecían con una elegancia letal.

Pero lo más impresionante fue el abuelo. Con movimientos rápidos y precisos, trazó círculos extraños en el aire con sus manos tatuadas, ante él empezaron a materializarse mandalas de luz dorada, círculos mágicos que vibraban con un poder sagrado.

Los tres se cerraron en un círculo perfecto alrededor de mí.

—¡No te alejes de nosotros, Loraine! —rugió Evan mientras lanzaba una ráfaga de fuego negro que desintegró a una docena de espectros.

El abuelo lanzó ráfagas de energía desde sus sellos mágicos, y Yune despedazaba cualquier sombra que intentaba colarse por los flancos. El templo se convirtió en un campo de batalla de proporciones épicas. Gritos, explosiones de luz y el rugido del Oni llenaban mis sentidos.

¡¡QUE MIERDA ESTA PASANDOOOOOO!! —grité para mis adentros, encogiéndome sobre mí misma mientras apretaba el anillo en mi pecho. Mi vida normal se había esfumado y, en su lugar, me encontraba en el centro de una guerra mitológica de la que, al parecer, yo era el premio mayor.

Ver a Evan luchar con sus garras desgarrando el aire, al abuelo trazando sellos sagrados y a Yune rugiendo como una bestia ancestral me provocó una punzada de amargura. Me sentía pequeña, una carga, una pieza inútil escondida detrás de sus espaldas mientras ellos arriesgaban la vida por mí. No podía permitir que siempre resolvieran mis problemas, no si yo era la razón por la que el cielo se estaba cayendo.

Decidida, y aprovechando una brecha que abrió Evan con una explosión de fuego negro, me alejé del círculo de protección.

Corrí hacia uno de los santuarios interiores, el más antiguo del complejo del templo. Este lugar era sagrado, un receptáculo de oraciones de siglos, tenía que haber algo allí que sirviera para herir a esas sombras.

Al entrar, el aire se volvió denso y frío. Mis ojos se posaron de inmediato en un Kake —un soporte de madera— que descansaba sobre el altar principal. Sobre él, una katana de funda negra y empuñadura envuelta en seda blanca parecía emitir un pulso rítmico. En la base del soporte, grabado en oro, leí un nombre que resonó en mi mente como un trueno,

—Takemikazuchi —susurré. Al pronunciar el nombre del dios del trueno y la espada, sentí que el arma me llamaba, una vibración eléctrica que recorrió mis pies hasta llegar a mi corazón.

—¡Maldición, Loraine, vuelve acá! —El grito de Evan llegó desde fuera, seguido del sonido de garras chocando contra acero—. ¡No te separes!

Ignoré su orden. Alargué la mano y cerré los dedos alrededor de la empuñadura. En el instante en que toqué el metal, una descarga de energía recorrió mis venas, borrando el dolor de mi pierna herida y reemplazando el miedo por una determinación gélida.

Salí del santuario con la espada en la mano, mis dedos temblaban, pero mi alma estaba firme.

—¡¡Loraine, sal de ahí!! —rugió Evan al verme expuesta.

Una docena de espectros, detectando mi vulnerabilidad, se lanzaron en picado desde las nubes como flechas de oscuridad. Sus garras de sombra estaban a centímetros de mi rostro. En un acto de puro instinto, desenfundé la hoja y la blandí en un arco amplio.

No fue un movimiento de experta, pero no importó. De la hoja de Takemikazuchi brotó un resplandor blanco azulado, un relámpago que cortó la negrura del jardín. Los espectros no solo retrocedieron, se evaporaron al contacto con la luz, deshaciéndose en una lluvia de cenizas plateadas antes de que pudieran siquiera tocarme.

El silencio que siguió fue sepulcral, solo roto por el crujir de los escombros bajo mis pies.

—Tú... ¿qué demonios hiciste? —Evan me miraba con una mezcla de sorpresa y un respeto que nunca antes le había visto. Se detuvo en seco, con sus nueve colas ondeando inquietas mientras las cenizas de los enemigos caían sobre su cabello plateado.

—No lo sé... pero se sintió bien —respondí, apretando la empuñadura.

Me sentía segura. No era solo la maravillosa espada, era la sensación de que, por primera vez, no estaba sola frente al abismo. Miré a Yune y luego a Evan. Ya no los veía solo como un gato mágico y un protector arrogante

. Eran parte de mí, de mi nueva realidad. Éramos una familia, aunque fuera la más extraña de todo Japón.

Desde el cielo, el Oni soltó una carcajada maníaca que hizo vibrar mis dientes.

—Así que este es el poder de la sangre real cuando empuña a Takemikazuchi —dijo el gigante, mirándome con una codicia renovada que me dio ganas de borrarle la sonrisa de un tajo—. Estás despertando, al fin.

—¿Despertando? —pregunté con la voz firme, aunque por dentro todo era confusión.

—Nos veremos pronto, Megami —sentenció el Oni con una reverencia burlona.

Con un movimiento de su capa de sombras, se desvaneció en el aire, llevándose consigo la oscuridad del cielo y dejando que los primeros rayos del sol real iluminaran el desastre del templo.

El abuelo, Evan y Jean se quedaron en silencio, rodeándome. Sus miradas estaban fijas en mí, buscando respuestas que yo misma no tenía. Había usado un arma legendaria, había desintegrado un ejército de sombras y un demonio gigante acababa de llamarme "Diosa".

Oh, mierda... mi vida de estudiante normal acababa de morir oficialmente bajo la luz de ese relámpago.

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EYAM
ya quiero más capítulos porfavor está súper buena la novela ☺️
Lisandra Alvarez
exelente,me gusta mucho esta novela
Yooung
que lindo 😩
~Mio^Mio~
Que maravilla de historia... Me encanta 🤗
~Mio^Mio~
🤣🤣 ¡Diablos senorita!
Me encanta la referencia ... o asi lo entendí 🤣🤣🤣
tamaky
Que montón de cosas están pasando 😩
pero está muy interesante, es la primera vez que leo un libro de romance que tenga tanto folklore japonés 🤭
tamaky
Ay yo JAHSJAJAJA
Yooung
Que atrevido 🤭
~Mio^Mio~
Que emoción!
~Mio^Mio~
Me gusta 🤗. Esta interesante
~Mio^Mio~
🤣
MONICA GODOY RIOS
🤯🤯🤯🤯😱😱😱😤
MONICA GODOY RIOS
Ella no estudia, no trabaja ,🤔
MONICA GODOY RIOS
Interesante 🤔y original
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