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El Sacrificio De Angrod Caranthir

El Sacrificio De Angrod Caranthir

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Amor eterno / Matrimonio entre clanes / Batalla por el trono / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo mágico / Completas
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Jisieli

La tarea del príncipe elfo es sencilla; debe preparar una humana para sellar el pacto entre el mundo de ella y el de él. La conoce desde niña, y cuando descubre que el ritual es un sacrificio y lo empiezan a presionar para que la entregue, hará lo que sea necesario para salvarla.

NovelToon tiene autorización de Jisieli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 9 El precio del silencio

Amanecía sobre Hassan.

Angrod lo supo antes de abrir los ojos: la luz violeta se filtraba a través de sus párpados, tiñendo la oscuridad habitual de un tono lavanda. Pero esta vez era diferente. Esta vez la luz no era fría.

Esta vez, la luz tenía calor.

Ella seguía allí.

Leila dormía enredada en las sábanas, su cabello dorado derramado sobre la almohada como un río de sol. Un brazo cruzado sobre su pecho desnudo, las costillas marcándose con cada respiración lenta y profunda. Su mejilla, ligeramente amoratada por la barba incipiente de él, mostraba el rastro de la noche anterior.

Angrod contuvo el aliento.

Es real, pensó. No es un sueño. No es el cristal. No es mi imaginación hambrienta. Está aquí. En mi cama. En mi mundo. En mi vida.

El pecho le dolía. No por la herida —esa estaba casi cerrada, gracias a su luz—, sino por la inmensidad de lo que sentía.

Te amo, quiso decir. Te amo desde que tenía trece años y olía a mar. Te amo de una forma que no sé nombrar, que no cabe en palabras, que me desborda por dentro como un río que nunca encontró su cauce.

Pero no dijo nada. Solo la miró dormir, memorizando cada detalle: la curva de sus pestañas, el brillo de sus labios entreabiertos, el latido tenue de su pulso en la garganta.

Ella movió la cabeza. Frunció el ceño. Y entonces, lentamente, abrió los ojos.

—Angrod —susurró.

—Soy yo.

Ella sonrió. Esa sonrisa dulce que él había visto mil veces a través del cristal, pero que nunca —nunca— había sido para él.

—Creí que era un sueño —dijo.

—No lo es.

—Menos mal.

Estiró el brazo y le tocó el rostro. Sus dedos recorrieron la línea de su mandíbula, el arco de sus cejas, el puente de su nariz. Como si también ella estuviera memorizándolo.

—¿Tienes que irte? —preguntó.

—Sí.

—¿Vuelves?

—Siempre vuelvo.

Ella asintió. Apartó la mano. Pero antes de que él pudiera levantarse, lo agarró de la muñeca.

—Angrod.

—¿Qué?

—Lo de anoche... ¿fue real?

Él la miró largamente. Luego inclinó la cabeza y depositó un beso en el centro de su palma.

—Lo más real que he tenido nunca —respondió.

Y se fue antes de que ella pudiera ver cómo le temblaban las manos.

---

Las mazmorras de Hassan olían igual que siempre.

Humedad, desesperanza, siglos de silencio acumulándose en las grietas de la piedra. Angrod bajó los escalones con paso firme, pero su corazón latía con un ritmo que no lograba controlar.

Leila, pensó. Desnuda en mi cama. Sonriendo. Diciendo mi nombre como si fuera una bendición.

Y yo voy a arrojarme a la muerte.

No se arrepentía. No dudaba. Pero el dolor de lo que iba a perder le atravesaba el pecho como una daga.

El hechicero lo esperaba.

—Vienes temprano, pajarito negro —dijo sin abrir los ojos—. ¿Tan ansioso estás por morir?

—Quiero aprender —respondió Angrod—. Todo lo que sepa. Todo lo que pueda enseñarme.

El anciano abrió los ojos. Esas cuencas ciegas, vacías, que sin embargo parecían verlo todo.

—Algo ha cambiado en ti —dijo—. Hueles diferente.

Angrod no respondió.

—Ah —sonrió el hechicero—. La humanita. Al fin te atreviste.

—No es asunto suyo.

—Todo lo que ocurre en este reino es asunto mío. Llevo cincuenta años encerrado, príncipe. Cincuenta años sin más entretenimiento que los sonidos que llegan hasta esta celda. Aprendes a escuchar. Aprendes a oler. Aprendes a saber.

—Y usted sabe —dijo Angrod, con voz plana— que voy a morir.

—Sí.

—Y que ella vivirá.

—Eso no depende solo de ti.

—Dependerá. Haré que dependa.

El hechicero guardó silencio. Luego, lentamente, se incorporó. Los grilletes de plata tintinearon con el movimiento.

—¿Sabes lo que pides? —preguntó—. No es un entrenamiento. No es una lección. Me pides que te enseñe a convertirte en arma. En cuchillo. En sacrificio.

—Sí.

—Morirás solo. Lejos de ella. Sin que nadie lo sepa.

—Lo sé.

—Ella quizá nunca sabrá lo que hiciste.

—Lo sé.

—Y aún así quieres hacerlo.

Angrod levantó la mirada.

—Ella es la única persona que me ha mirado como si yo fuera humano —dijo—. No como un monstruo. No como una herramienta. Como un hombre. ¿Cómo no voy a dar mi vida por eso?

El hechicero lo estudió largo rato.

—Tu madre —dijo al fin— también amaba así.

Angrod sintió el nombre como un puñetazo en el estómago.

—No hable de ella.

—Alguien debe hacerlo. Tú nunca preguntaste.

—No necesitaba preguntar. Ella me odiaba.

—Te odió, sí. Se obligó a odiarte. Pero antes de eso... antes de que tu padre le arrancara el amor a golpes de amenazas... te miraba igual que tú miras ahora a la humanita.

Angrod cerró los puños.

—¿Por qué me dice esto?

—Porque necesitas saberlo. Tu madre no te maldijo por crueldad. Te maldijo por desesperación. Malakor le prometió que la oscuridad te haría invencible, que nadie podría matarte. Ella solo quería que vivieras.

—Y viví —dijo Angrod, con amargura—. Viví vacío. Viví odiado. Viví deseando haber muerto aquella noche en el mar.

—Pero no moriste. Porque una niña de siete años te sacó del agua y te devolvió la vida. ¿Crees que fue casualidad?

—No creo en casualidades.

—Yo tampoco. La magia no funciona con casualidades. Funciona con hilos. Con destinos. Con deudas que se pagan a lo largo de los siglos.

El hechicero se inclinó hacia adelante.

—Tu madre te maldijo para que vivieras. La humanita te salvó para que encontraras por qué vivir. Y ahora tú quieres morir para que ella viva. ¿No lo ves, príncipe?

—¿Qué?

—El círculo. La deuda. El equilibrio. Tu madre no pudo romper su maldición, pero tú puedes romper la tuya. No con odio. No con venganza. Con amor.

Angrod sintió que algo se quebraba en su pecho.

—¿Y ella? —preguntó—. Leila. ¿Qué gana ella en este equilibrio?

—Ella gana la vida que le fue robada. Gana el derecho a elegir su destino. Gana la libertad que tú nunca tuviste.

—Pero pierde...

—¿Qué pierde?

Me pierde a mí, pensó Angrod. Pierde al hombre que acaba de aprender a amarla. Pierde el futuro que apenas comenzamos a construir. Pierde todo lo que podría haber sido.

Pero no lo dijo.

—Nada —respondió—. No pierde nada.

El hechicero sonrió, triste.

—Mientes muy mal, príncipe. Siempre lo has hecho.

---

El entrenamiento comenzó.

No era un entrenamiento físico —Angrod ya sabía pelear, sabía matar, sabía sobrevivir. Era algo más profundo, más oscuro. Era aprender a concentrar su propia esencia en un punto, a convertir su vida en una llama que pudiera extinguirse en el momento justo.

—Tu poder —explicó el hechicero— no es la oscuridad. Tu poder es el vacío. La ausencia. Lo que queda cuando todo lo demás ha sido consumido.

—¿Y eso sirve para matar a Malakor?

—Sirve para cerrar el portal. Malakor es inmortal; no puedes matarlo con acero ni con magia. Pero puedes matar su conexión con este mundo. Puedes cortar el hilo que lo ata a los vivos.

—¿Cómo?

—Con un sacrificio de sangre maldita. La tuya. La de tu madre. La de todos los que llevan la oscuridad en las venas. Si viertes tu sangre en el altar, el portal se cerrará para siempre.

—Y yo moriré.

—Y tú morirás.

Angrod asintió.

—Enséñeme.

---

Pasó la mañana entre mazmorras y sombras.

Aprendió a ralentizar su pulso, a concentrar su esencia en la yema de los dedos, a visualizar el momento exacto en que su corazón dejaría de latir. El hechicero era implacable, exigente, cruel.

—Otra vez —decía—. Otra vez. Otra vez.

Y Angrod obedecía.

Porque cada repetición lo acercaba un paso más a la meta. Cada segundo de dolor era un segundo menos que Leila tendría que sufrir. Cada gota de sudor era una promesa.

Vivirás, pensaba. Vivirás aunque yo muera. Vivirás y serás feliz y algún día recordarás al príncipe que te salvó y sonreirás.

Eso es suficiente. Tiene que ser suficiente.

---

Cuando salió de las mazmorras, el sol violeta estaba en su cenit.

Debía ir a verla. Había prometido volver. Y aunque cada fibra de su ser deseaba correr a sus habitaciones, encerrarse con ella y no salir nunca más, sabía que no podía.

No podía mirarla a los ojos sabiendo lo que iba a hacer.

No podía besarla sabiendo que cada beso sería el último.

No podía...

—Angrod.

La voz lo detuvo en seco.

Leila estaba al final del pasillo, apoyada contra la pared. Vestía una túnica sencilla, su cabello recogido en una trenza. Y lo miraba con esos ojos verdes que todo lo veían.

—Te he estado buscando —dijo.

—Tenía asuntos que atender.

—¿Qué asuntos?

—Cosas del reino.

Ella arqueó una ceja.

—Mientes.

—Siempre miento.

—Conmigo intentas no hacerlo.

Las palabras de ella, devolviéndole las suyas. Angrod sintió que el suelo se abría bajo sus pies.

—No puedo decírtelo —dijo—. Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque si te lo digo, intentarás detenerme. Y no puedes.

—¿Por qué no?

—Porque esto es algo que tengo que hacer yo solo.

Ella lo miró largamente. Luego, lentamente, cruzó la distancia que los separaba.

—No sé qué estás planeando —dijo—. Pero sé que tiene que ver conmigo. Y sé que tienes miedo.

—No tengo...

—Sí lo tienes. Te tiemblan las manos.

Angrod miró sus manos. Eran rocas, acero, instrumentos de muerte. Pero ahora, bajo la mirada de ella, temblaban.

—No quiero perderte —dijo, sin querer decirlo—. No quiero que esto se acabe.

—¿Por qué tendría que acabarse?

—Porque las cosas buenas siempre se acaban. Esa es la regla.

—Entonces cambiemos la regla.

Ella tomó sus manos temblorosas entre las suyas. Cálidas. Firmes.

—No sé qué estás tramando —dijo—. No sé qué secreto te carcomé por dentro. Pero sea lo que sea, lo enfrentaremos juntos. ¿Me oyes? Juntos.

Angrod quiso creerla.

Quiso decirle la verdad, arrodillarse ante ella y confesarle su plan, pedirle perdón por adelantado por el dolor que iba a causarle.

Pero no podía.

Porque si se lo decía, ella intentaría detenerlo. Y si ella intentaba detenerlo, él no sería capaz de seguir adelante.

—Te oigo —respondió.

—¿Y?

—Y... gracias.

Ella frunció el ceño, insatisfecha. Pero no insistió.

—Ven —dijo, tirando de su mano—. Me prometiste una segunda lección de magia.

—¿Ahora?

—Ahora. No hay tiempo que perder.

No hay tiempo que perder, pensó Angrod. Solo me quedan días. Horas. Y quiero pasar cada segundo contigo.

La siguió sin resistirse.

---

Esa noche, cuando Leila durmió en sus brazos, Angrod permaneció despierto.

Miró el techo de piedra negra. Escuchó su respiración acompasada. Sintió el calor de su cuerpo pegado al suyo.

Podría ser feliz así, pensó. Podría pasar el resto de mi vida en esta cama, con ella, sin que nada más importe.

Pero no podía.

Porque fuera de esa cama, Malakor reunía su ejército. Porque fuera de esa habitación, su padre tramaba su muerte. Porque fuera de ese palacio, el pacto seguía vigente y Leila seguía siendo un sacrificio.

No hay tiempo, se recordó. No hay tiempo para ser feliz. Primero, salvarla. Luego, quizá, el resto.

Pero sabía que para él no habría "luego".

Para él, solo quedaba "ahora".

Y ahora, ella dormía en sus brazos.

Ahora, por fin, era amado.

Y eso tendría que ser suficiente.

---

Ella cree que lo enfrentaremos juntos.

Ella cree que hay un futuro para nosotros.

Ella no sabe que yo ya elegí mi final.

Y lo peor no es morir.

Lo peor es que ella nunca me lo perdonará.

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Maria Elena Maciel Campusano
Bueno Leila dió el paso decisivo y se entregó a Agrod ahora juntos enfrentarán al Malechor de Malakor 🤨🤨
Maria Elena Maciel Campusano
Quien lo diría Leila está enamorada de Agrod y él que temía ser rechazado, pero la unión hace la fuerza y quizás unidos logren vencer al tal Malechor perdón Malakor 🤔🤔
Maria Elena Maciel Campusano
🤔🤔🤔 Qué sacrificio tan grande hizo la mamá de Agrod por amor a su hijo, ahora él decidió sacrificar su existencia por amor a Leila 😔😮‍💨
Maria Elena Maciel Campusano
Estuvo interesante todo lo que Leila descubrió a través de leer un libro, pero lo mejor fué cuando Agrod logró hacer que ella despertara su poder🤔🤔
Maria Elena Maciel Campusano
Realmente es una historia interesante, pero mientras no se aclare sobre el dichoso pacto entre el mundo de Leila y el mundo de Agrod, seguiremos junto con Leila intrigados sobre el porqué de su encuentro y de ese pacto🤔🤨🤨🤨
Maria Elena Maciel Campusano
Debe ser muy impactante ser arrebatada de tu vida, de tu hogar, de tus amigos, familia y actividades así nada más 🤨🤨🤨
Lorena Itriago
Excelente Novela, Felicidades
Lorena Itriago
Que pasó con Elara?
welimar hernandez lobo
Buen historia lo malo es que la gente no lo conoce, gracias autora por publicar esto.
Jisieli: También te recomiendo mi otra novela "El Archiduque Bestia y la Esclava"
Feliz tarde 🤗
total 2 replies
Maria Elena Maciel Campusano
Vaya manera de llevarse a Leila a su mundo, fué muy impresionante leer sobre las sensaciones que sentía y la manera en que las sombras la arrastraron hasta cruzar el umbral del espejo 😨😰😱😱
Maria Elena Maciel Campusano
Me atrapó ésta historia, empezó con acción y la manera en que conoció a su destinada☺️👍👍👍
Jisieli
Me pareció encantadora la historia 🤗
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