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DOMANDO A LA BESTIA

DOMANDO A LA BESTIA

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él juró protegerla del mundo, pero no sabe cómo protegerse de ella. Entre reglas rotas y secretos compartidos, Alexander descubrirá que su cicatriz no es lo más difícil de sanar, y que, a veces, para ser libre, hay que dejarse domar.
¿Podrá la luz de Isabella iluminar la oscuridad de la Bestia, o terminará ella consumida por sus sombras?

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 24

Narrado por: Isabella

El flash de las cámaras es lo más parecido que he conocido a un pelotón de fusilamiento. Estoy de pie frente al espejo del salón principal de la Torre Thorne, observando cómo Alexander me ajusta el collar de diamantes negros que descansa sobre mi clavícula. Llevo un vestido de alta costura rojo sangre, con un corte asimétrico que deja al descubierto una de mis piernas y un escote que desafía la gravedad. Es un color de guerra, de pasión y de herencia.

Hoy no soy la víctima. Hoy soy el verdugo del legado de mi padre.

—Estás temblando —susurra Alexander, su voz es un roce de terciopelo y acero cerca de mi oído. Sus manos, grandes y firmes, se deslizan desde mi cuello hasta mis hombros, apretando con una presión que me ancla a la realidad.

—No es miedo, Alexander —respondo, girándome para mirarlo. Él lleva un traje negro carbón, camisa negra y corbata de seda del mismo tono. Parece la personificación de la muerte elegante—. Es anticipación. En diez minutos, el nombre de Marcus Colón dejará de ser sinónimo de respeto para convertirse en un recordatorio de obsesión y traición.

Alexander se inclina, capturando mis labios en un beso que sabe a café amargo y a la adrenalina que compartimos. Sus manos bajan por mi espalda, perdiéndose en la curva de mis nalgas, apretándome contra la dureza de su cuerpo. La sensualidad que emana de nosotros en este momento es peligrosa; es el hambre de dos depredadores antes de la gran cacería. Siento su erección presionando contra mi muslo, un recordatorio de que, incluso en el borde del abismo social, nuestros cuerpos solo saben reclamarse.

—Si haces esto, no habrá vuelta atrás —dice él, separándose apenas unos milímetros. Sus ojos grises brillan con una intensidad depredadora—. Los socios de tu padre, los lobos que aún quedan en el consejo, intentarán despedazarte.

—Que lo intenten. Tengo la Bestia de mi lado, ¿no? —le devuelvo una sonrisa gélida, acomodando su corbata con dedos lentos y deliberados.

Salimos al estrado del auditorio de la Torre. El ruido de los periodistas es ensordecedor hasta que Alexander levanta una mano. El silencio que sigue es absoluto, el tipo de silencio que solo el poder absoluto puede comprar. Me sitúo frente al micrófono, sintiendo el calor de los focos quemándome la piel. Alexander se queda a un paso detrás de mí, como una sombra protectora, una presencia física que dice al mundo que cualquier ataque contra mí es un ataque contra él.

—Buenos días —mi voz resuena en la sala, clara y gélida—. He convocado esta rueda de prensa para aclarar la situación del Consorcio Colón y mi relación con Thorne Industries. Durante años, nos han contado una historia de rivalidad empresarial y tragedias fortuitas. Pero la verdad es mucho más oscura.

Proyecto en las pantallas gigantes los documentos que encontramos en la biblioteca. Las pólizas, las cartas, las pruebas del romance entre el padre de Alexander y mi madre, y la prueba definitiva de que Marcus usó a Varga para eliminar a su rival amoroso.

Escucho el jadeo colectivo de la prensa. Los flashes se intensifican. Veo a los abogados de mi padre en la primera fila, sus rostros palideciendo hasta volverse del color del papel.

—Mi padre, Marcus Colón, no fue un héroe caído —continúo, mi mirada fija en las cámaras—. Fue un hombre consumido por los celos que vendió a sus socios y a su propia esposa para saciar su sed de venganza. Y Alexander Thorne... Alexander fue el niño que pagó el precio de esos pecados. Hoy, anuncio la fusión total de nuestras empresas. No bajo el nombre de Colón, ni bajo el de Thorne. A partir de hoy, somos Phoenix Legacy.

El caos estalla. Los periodistas gritan preguntas, pero yo ya he terminado. Me giro y camino hacia la salida lateral. Alexander me sigue, su mano posesiva descansando en la base de mi espalda. En cuanto cruzamos el umbral y las puertas pesadas de roble se cierran tras nosotros, me desplomo contra la pared, respirando con dificultad.

—Lo hiciste —dice Alexander, acorralándome contra la madera. Sus ojos están llenos de una satisfacción salvaje—. Los has destruido a todos. El mercado va a colapsar hoy, pero mañana seremos los únicos dueños de los escombros.

—Necesito salir de aquí —jadeo, mis manos buscando desesperadamente los botones de su chaqueta.

La tensión del acto público se transforma instantáneamente en una necesidad física abrasadora. Alexander me levanta, mis piernas se enredan instintivamente en su cintura, y me lleva hacia su despacho privado, cerrando la puerta con llave. No hay tiempo para palabras, ni para la cama de cuero que domina la habitación.

Me sienta sobre el escritorio de cristal, apartando los informes financieros y los teléfonos que no dejan de sonar. Me despoja del vestido rojo con una urgencia que bordea la violencia, dejando mi cuerpo expuesto bajo la fría luz del despacho. Sus manos recorren mi piel con una devoción febril, sus labios buscan mis pechos con una intensidad que me hace arquear la espalda y soltar un gemido ronco.

—Eres increíble —gruñe él, sus manos sujetando mis muslos mientras se deshace de su ropa—. Eres la mujer más poderosa y letal que he conocido.

Nos unimos en un estallido de sensaciones. Es un acto de dominio compartido, una celebración de nuestra victoria sobre los fantasmas del pasado. El cristal frío de la mesa contra mi espalda y el calor abrasador de su cuerpo crean un contraste que me vuelve loca. Nos movemos en un ritmo salvaje, una danza de poder y entrega que resuena en las paredes de la Torre. En este momento, no hay secretos, no hay traiciones; solo existe el lenguaje de nuestros cuerpos reclamando el derecho a existir en este nuevo mundo que hemos creado.

—Mía —dice él, su voz rompiéndose mientras alcanza el clímax dentro de mí.

—Tuya —respondo, mis uñas marcando sus hombros, sintiendo cómo el peso de la historia finalmente se levanta de mis hombros.

Nos quedamos abrazados sobre el escritorio, mientras el sol del mediodía ilumina la ciudad que ahora, legal y emocionalmente, nos pertenece. Pero la paz es corta. El intercomunicador de la oficina emite un pitido insistente.

—Señor Thorne... —es la voz de Miller, sonando más grave que nunca—. Tenemos un problema. Harris... ha escapado del sótano. Y no se fue solo. Se llevó los archivos originales de Valente. Los que tienen las grabaciones de su voz, señor.

Alexander se tensa sobre mí, sus ojos volviéndose de nuevo ese acero frío y mortal. Los lobos han sido heridos, pero un animal herido es el más peligroso de todos.

—¿Cómo? —la voz de Alexander es un susurro que hiela la sangre.

—Hubo una brecha de seguridad. Alguien de dentro ayudó. Señor... Harris se dirige a la fiscalía. Si llega allí, la fusión será lo de menos. Usted irá a prisión por conspiración.

Me levanto, ajustándome el vestido rojo, sintiendo el frío regresar a mi corazón. Miro a Alexander. Él ya se está vistiendo, su máscara de Bestia regresando a su lugar con una precisión aterradora.

—Vete a la mansión, Isabella —me ordena, su voz no admite réplica—. Miller te escoltará. Yo voy a cazar a Harris. Y esta vez, no habrá sótanos. Habrá un final definitivo.

—Alexander, ten cuidado —le digo, tomando su rostro entre mis manos.

Él me besa una última vez, un beso que sabe a despedida y a una promesa de sangre.

—El Fénix acaba de nacer, alegría —dice, caminando hacia la puerta—. No voy a dejar que un contable de tercera lo queme antes de que aprenda a volar.

Sale del despacho, y me quedo sola en la inmensidad de la oficina. Hemos revelado la verdad sobre nuestros padres, pero nuestras propias sombras siguen acechándonos. Mientras miro por el ventanal hacia la ciudad, sé que la guerra solo ha cambiado de forma.

La Reina de las Cenizas tiene su trono, pero el Rey está a punto de descender de nuevo al infierno. Y esta vez, no sé si podré traerlo de vuelta.

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Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Te da miedo enamorarte y no lograr protegerla de ti mismo 🤣, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay bestia, tu serás el domado por Isabella, estas muy seguro de que ganarás 🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Tanto miedo le tienes a Isabella que no quieres ni que te mire, eres un blanducho no mas 🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Tu derribaras las barreras de ese corazón de hielo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Comenzó muy buena, pero triste para Isabella, ciando se entere 👏👏👏
Edith Hernandez
muy bonita la novela
Ivis Medina
muchas cosas no tienen sentido pero aquí de paso, como va a dejar una carta el Marcus protegiendo al fénix ? el fénix no existía antes de su muerte,
Ivis Medina
muchas cosas no tienen sentido pero aquí de paso, como va a dejar una carta el Marcus protegiendo al fénix ? el fénix no existía antes de su muerte,
Susy
Excelente historia me encantó♥️♥️♥️
Susy
Que capítulo 😈
Susy
Triste 😔
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