milena es una princesa que luchara por el trono
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El camino hacia la verdad
El mapa crujía entre las manos de Milena mientras el viento del amanecer agitaba su capa. La marca señalada por Darian no era un lugar cualquiera… estaba lejos, más allá de las fronteras del reino.
Demasiado lejos para ser casualidad.
—Ese punto… —dijo Lysandra, observando el mapa—. Está fuera de nuestras tierras.
Milena asintió.
—En las montañas de Varkel.
El nombre pesó en el aire.
—Nadie va allí —añadió Lysandra—. Es territorio olvidado… peligroso.
—Por eso lo eligieron —respondió Milena.
Guardó el mapa con cuidado.
—Si esa organización existe, no se escondería en un lugar fácil de encontrar.
Lysandra cruzó los brazos.
—Entonces estamos hablando de un viaje largo… y probablemente mortal.
Milena la miró con calma.
—No tienes que venir.
Lysandra alzó una ceja.
—Después de todo esto… ¿de verdad crees que te dejaré ir sola?
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Milena.
—Entonces necesitaremos provisiones.
Horas después, el castillo parecía ajeno a su partida. Nadie sabía realmente lo que estaban a punto de hacer… y era mejor así.
El rey las recibió antes de irse.
—¿Estás segura de esto? —preguntó, con tono serio.
Milena sostuvo su mirada.
—Si no lo hago, esto volverá a repetirse.
El rey asintió lentamente.
—Entonces no irás como soldado… sino como lo que eres ahora.
Milena frunció el ceño.
—¿Y qué es eso?
El rey dio un paso adelante.
—La protectora del reino.
Milena no respondió.
Pero entendió.
No era solo una misión.
Era una responsabilidad.
Minutos después, partieron.
El camino las llevó lejos de las murallas, lejos de todo lo conocido. Bosques, ríos, montañas… cada paso las acercaba a algo incierto.
Y a algo peligroso.
—Darian sabía exactamente a dónde enviarnos —dijo Lysandra mientras avanzaban—. Eso significa que estuvo más cerca de la verdad de lo que creíamos.
Milena apretó ligeramente las riendas de su caballo.
—Y que confió en que yo terminaría lo que él empezó.
El viaje continuó durante días.
El clima se volvió más frío.
El terreno más difícil.
Y el silencio… más pesado.
Hasta que finalmente lo vieron.
Las montañas de Varkel.
Altas.
Imponentes.
Cubiertas de niebla.
—Ahí está —murmuró Lysandra.
Milena detuvo su caballo.
Observó el lugar con atención.
Algo no se sentía bien.
—No estamos solas —dijo en voz baja.
Lysandra llevó la mano a su arma.
—¿Qué sientes?
Milena no respondió de inmediato.
Sus ojos se movían, analizando cada sombra.
Cada movimiento.
—Nos están observando.
El silencio se rompió con un sonido seco.
Una flecha cayó frente a ellas.
Clavándose en el suelo.
Ambas reaccionaron al instante.
Más figuras emergieron entre las rocas.
Encapuchados.
Silenciosos.
Rodeándolas.
Milena desenvainó su espada.
—Parece que llegamos al lugar correcto.
Uno de los encapuchados dio un paso al frente.
—Depende —dijo con voz grave—. ¿Buscan la verdad…
o la muerte?
Milena sostuvo su espada con firmeza.
—La verdad.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza.
—Entonces tendrán que sobrevivir lo suficiente para encontrarla.
El ataque comenzó.
Y en ese instante…
Milena comprendió algo.
Este no era solo el inicio de una misión.
Era la entrada a un mundo oculto.
Uno donde las reglas eran distintas.
Y donde la verdad…
tenía un precio mucho más alto.